UN ABRAZO DE GOL

El auto recorre la ruta y va dejando a su paso las imágenes paganas, que fueron compañía en los últimos días. Atrás va quedando el parque “El Arboretum", a orillas del lago Zurich y las noches de insomnio. El destino es el Hotel Lowen Montafon en la ciudad de Schruns, Austria, donde se concentra la Selección Peruana. Paolo Guerrero ha recibido la buena nueva del Tribunal Federal Suizo, quien accediendo a una medida cautelar, le ha otorgado un efecto suspensivo de su sanción y podrá participar en el Mundial. A su lado Edwin Oviedo, presidente de la FPF, lo mira condescendiente como quien lo hace ante el hijo, al que ha podido ayudar. Han sido días complicados y de mucho desgaste mental, pero finalmente, un atisbo de justicia, le permite compartir estos momentos de alegría y satisfacción que celebran todos los peruanos.
 
El goleador reposa su cabeza sobre la ventana y se deja llevar por la nostalgia. Atrás se han quedado los días de vacilación, que no le permitieron estar junto a sus compañeros, recibiendo la gratitud y el cariño de un país entero que vive una fiebre mundialista al extremo. Algo que le pertenece y del que es su estandarte representativo. Aquella sensación de impotencia de no poder realizar su mayor sueño ha cambiado como el cielo austriaco que le regala un horizonte prometedor. En una hora debe estar arribando a la concentración y poniéndose a órdenes de Gareca. Ha pasado la tormenta y la zozobra, ahora puede respirar un aire distinto de tranquilidad y equilibrio emocional.
 
Paolo no pudo estar en la despedida memorable que el país entero le brindó a nuestra selección en el Estadio Nacional y en el Aeropuerto Jorge Chavez. Aunque ha sentido el apoyo moral de todo el país, le fue esquivo sentir directamente el cariño y la admiración sincera de la gente que enfundados en su camiseta bicolor, se apostaron en veredas, calles y sus hogares, con sus hijos en brazos. Su única razón, saludar a sus héroes que respondían desde el bus, cual papa móvil futbolístico, que trasladaba sus ilusiones, abriéndose paso entre canticos vivas y buenos deseos. La gente les brindaba a sus héroes, un baño de optimismo y agradecimiento convulsionado. Una comunión entre el hincha y su selección, que se ha convertido en un dogma de fe. Algo indescriptible y conmovedor que sacó más de una lágrima de alegría.
 
Esta selección de Gareca, ha conseguido ensamblar el apego emocional con un presente futbolístico. Un tramo de invicto con resultados y números positivos, con un funcionamiento colectivo, que se ha impuesto por sobre lo individual. Pero aunque el momento sublime conmueve corazones, también confunde emociones, sobre todo los partidos de preparación antes del debut mundialista. Son solo tubos de ensayo, que permiten visualizar el presente de cada jugador. Todos no llegan igual física y técnicamente. Se debe ajustar personalmente a cada uno para ponerlos al mismo nivel. En la cancha se debe experimentar el posicionamiento, las variantes de juego y los movimientos tácticos. El no hacer partidos extraordinarios, es parte de ello. Jugar diez puntos todos los partidos previos, no garantizan que en el mundial se sufra un revés. Hay que tomar el resultado de estos encuentros con mesura, la presión debe ser de otros.
 
Por un momento Paolo cierra los ojos y recorre sus recuerdos. Tiro libre indirecto y la mano santa de Ospina que nos puso en el repechaje. “La tocó, la tocó". Las cosas enigmáticas que se fueron sucediendo, los astros que se fueron alineando y la fe inquebrantable de un pueblo entero que se fue fortaleciendo con los momentos felices. Las mismas cosas que pasan hoy, para consigo mismo y que han logrado su presencia en Rusia. Por su mente trascurren las horas de incomprensión, cuando no pudo estar en la cancha para disfrutar de la alegría inmortal de clasificar al Mundial después de 36 años. Una alegría que tuvo que celebrar en silencio, masticando su impotencia.
 
El auto se detiene frente al Hotel Lowen Montafon y Paolo Guerrero baja sonriente. Se dirige hacia el comedor donde saluda a cada uno de sus ahora, compañeros de concentración. La tibieza aparente es un mensaje subliminal: “Bienvenido y súmate a nosotros”. Jefferson Farfán, el hermano, el amigo fiel, le brinda su mejor sonrisa. Ya tendrán tiempo para entusiasmarse y compartir su alegría, recordando ese momento glorioso de la celebración del gol de la clasificación, que fue una evocación a la promesa que hicieron de niños, de jugar juntos un mundial. Paolo, luchó indesmayablemente dentro y fuera de la cancha. Jefferson, es el hermano de la vida que nunca perdió la fe. El deseo infinito, es que ambos puedan volver a celebrar juntos, -una vez más- escuchando en el viento la voz de Daniel Peredo y la emoción de su voz conmovedora, que hoy se ha vuelto un canto celestial, cada vez que la explosión de un gol, nos confunde a todos los peruanos, en un solo abrazo bicolor. UN ABRAZO DE GOL.

 

SALAH MADRID

Otra final de Champions. Otra vez el Real Madrid y esa hegemonía para trasladar al verde su sapiencia, su jerarquía obtenida por sus horas de juego. Mientras el Liverpool, es como ese barco viejo que lo renuevan cada cierto tiempo, le dan una mano de pintura, reparan sus velas y lo vuelven a echar al mar. El Madrid en cambio, es como un rompehielos que navega imponente, destrozando los icebergs que se le cruzan en el camino.
 
Jürgen Klopp estuvo acostumbrado a pelear toda su vida. Siempre barbado, mirando firme y con el cabello alborotado, un fiel seguidor del Heavy Metal, que ha sumado a su carácter, ese temperamento que fue el eufemismo para asolapar sus limitaciones en sus épocas de jugador. Hoy como entrenador es un motivador por excelencia, logra trasladar a sus jugadores, ese genio rebelde que libera para ayudarlos a repotenciar sus cualidades transformando una capacidad limitada en una destreza vigorizada
 
Zidane sigue el legado de lo que fue su época de extraordinario jugador. Un exquisito futbolista que jugaba con frac y que desde el banco ha logrado que este Real Madrid sea un equipo con oficio, con un alto grado de eficacia y con ese necesario instinto asesino que le permite agazaparse en el aparente sometimiento, para sacudirse con elegancia y una dosis de perversidad, para rematar los partidos donde se ha sentido sofocado.
 
Un primer tiempo arrollador del Liverpool, controlando el juego con un pressing asfixiante y movimientos prolijos para sectorizar el campo. Un 4-3-3 de rotaciones justas y su martilleo constante del tridente mortal de Salah, Firmino y Mane –de gran actuación-mantenían la preocupación en el fondo merengue que sufría estragos en la salida. Un Madrid que no podía dar tres pases seguidos era muestra de que Kloop hacía eficaz un planteamiento donde prevalecía la presión alta, la dinámica y la paciencia para rotar el balón. Liverpool tenía posesión y mucha profundidad, dominaba el juego. El Madrid, solo tenía –otra vez- a Navas y a un siempre peligroso Benzemá.
 
Pero este Madrid es una bestia gigante que adormita profundamente. Si logras entrar a sus dominios, a pies juntillas, debes liquidarlo en su peor momento de confusión, herirlo de muerte al menos. Porque si despierta y te pilla que has osado acercarte demasiado, sin haberle hecho ningún rasguño, lo más probable es que mirándote directo a los ojos y sin el más mínimo complejo de culpa, te destrozará el alma de un solo zarpazo.
 
El punto de quiebre del partido tuvo dos momentos distintos pero decisivos. El primero fue ese instante fatídico para el Liverpool, cuando mejor estaba posicionado y tenía sobre las cuerdas al Madrid. Salah hace la diagonal buscando sacar del fondo a Ramos, la maña del español predomina ante la pasividad del egipcio. En una llave típica de lucha libre, Ramos lo engancha y se lo lleva al piso, donde el hombro de Mohamed grita el nombre de Alá y siente el crujido. El español -con antecedentes similares- solo veía complaciente como el mejor valor del Liverpool -que pintaba para levantar la orejona- debe irse de la cancha a la media hora de juego, con el llanto y desilusión dibujado en el rostro.
 
El segundo momento fue algo insólito para estas instancias de exigencia y competencia futbolística. Error amateur de pichangas de barrio del portero del Liverpool. Quiso apurar el juego con las manos sin detectar que Benzemá, sacando su pasado palomilla, esperaba el error grosero que normalmente no sucede, pero que le permitió la apertura del marcador en un momento crucial. Los arqueros son la piedra angular de los equipos, que están para evitar los goles contrarios y salvar muchas veces a su equipo de una derrota. Esta vez al portero del Liverpool, este absurdo error le salió demasiado Karius.
 
Cuando una pareja termina su relación, ambos sufren el dolor de la ausencia, pero siempre uno de los dos termina perdiendo más que el otro. Salah es para el Liverpool, el soporte de habilidad y explosión que desacomoda centrales y ha logrado formar un tridente letal con Firmino y Mané. Carvajal es para el Madrid, la salida prolija y el sostén de la banda derecha que cuida las espaldas de Modric. Si el Liverpol tiene buenos jugadores y un buen funcionamiento colectivo, el Madrid, tiene un gran plantel y una banca de lujo. Mientras uno tiene como sostener el funcionamiento, el otro depende de los once que saltan a la cancha. Con las lesiones de Salah y Carvajal, el Liverpool terminó perdiendo más de la cuenta. No eres tu soy yo.
 
Con el control del partido, el Madrid, se halla en su hábitat. Logra desplegar su juego de contundencia y predomina la jerarquía de sus hombres. Zidane hace gala de su buena óptica. Ante la nube gris que acompañaba a CR7, tira a la cancha a Bale. Un jugador que pareciera jugar por puro hobbie y que le importan dos centavos estar en el verde o en el banco. Esta vez estaba pintado su nombre de héroe. En la prueba más grande que no existe exclusividad de una jugada, ensaya una tijera fabulosa, una acrobática acción para la historia. Le puso nombre y apellido al triunfo. Más tarde desde 30 metros le quiebra las manos a Karius, en otro error grosero del portero que difícilmente va superar este trance en un corto tiempo. Punto final
 
Tantas veces se ha dicho que la modernidad en el futbol camina de la mano del Management para conseguir la acción conjunta de la eficacia, en busca de buenos resultados. Una final de Champions, es una instancia superlativa, que se planifica no solo para ganar un partido, sino para alcanzar la gloria. Pero olvidamos que el futbol siempre será un deporte ejecutado por humanos, tan proclives al error y el acierto. Tan vulnerables a cometer una acción desafortunada, que puede echar abajo todo lo planificado, todo lo que se pudo lograr como equipo, pero que se pierde por un error individual.
 
Madrid otra vez, 13 orejonas en su haber. El éxtasis nuevamente lo acompaña como tantas veces. Esta vez Gareth Bale fue el protagonista, antes que un gris CR7 que al final hizo el berrinche del niño mimado, anunciando que nadie quiso jugar con su pelota. Lo conmovedor fueron los rostros compungidos de los vencidos. No había forma de consolar el infortunio. Podrán criticarse las formas, pero el Madrid tiene todas las ventajas, incluso las que le brindan las adversidades ajenas. Hoy se quedó en Kiev la interrogante que pudo existir un trámite distinto, pero el futbol no distingue de posibilidades aventureras y solo acepta realidades. Solo queda saludar al vigente campeón: SALAH MADRID.
 
 

Una gran WADA

Camilo acomoda su indumentaria deportiva que lo acompaña en estos días de efervescencia mundialista. Ata sus gastadas zapatillas, se amolda el short a su cuerpo delgado y acerca la camiseta de la selección a su rostro. La suspira hondamente, sintiendo ese olor a limpio que su madre Carmen le ha infundido. La extiende sobre su cama, pasa su mano por la banda roja y observa con ternura el dorsal, dejando que sus dedos jugueteen por el número 9 y por cada letra del nombre grabado de GUERRERO. A sus casi 7 años siente que el fútbol, es su pasión y que su mayor sueño es llegar a ser como el goleador. Vivir enamorado de la red y gozar de esa sensación extraña que le causa ver explotar la tribuna.
 
José tiene 6 años y está en el Aeropuerto recibiendo a su ídolo. No entiende mucho lo que escucha y dicen por la TV o lo que manifiesta la gente que arremolinada en el Jorge Chávez, hace canticos alusivos a la inocencia de Paolo, a la injusticia y al respaldo que le ofrecen. Apeado en los hombros de su padre, intenta distinguir la figura del héroe a lo lejos, sintiendo para sus adentros, que el máximo placer que se le antoja, es solo poder verlo y tocarlo. Ello lo llenaría de mucha más alegría, que todos los pedidos que grita la gente.
 
Mario celebró su cumpleaños 8 con una torta del mundial. Le cuesta entender, como el sueño de ir al mundial de Paolo Guerrero, se pudo tropezar con el infortunio. Una negligencia involuntaria, pero negligencia al fin y al cabo, que sacudió las entrañas y la frustración de un país entero, que lo ha sentido como una patada artera en la boca del estómago. Aún es muy chico para comprender cuan severos pueden resultar los reglamentos antidopaje de la FIFA, en su afán de evitar que en el fútbol se actúe de forma fraudulenta y se intente sacar ventaja competitiva.
 
La Agencia Mundial Antidopaje (WADA), es el organismo que en su impositivo objetivo de control, aleja el principio de la presunción de inocencia, para hacer primar el de culpabilidad. Su actuar draconiano resulta lesivo contra los derechos fundamentales de los deportistas, que ante todo son seres humanos y no merecen ser tratados como escorias, por el simple hecho de asumir una inconducta. Muy por el contrario, en esa situación, requieren coexistir en su entorno. Con el caso de Paolo -lastimosamente será el chivo expiatorio- se refuerza la reivindicación mundial, para que se evalúen las formas de valoración del acto doloso, así como la proporcionalidad de las sanciones.
 
Paolo Guerrero, hoy no es solo el mayor referente futbolístico para los peruanos. El fajarse con los respetables apellidos, Godin, Otamendi o Funes Mori y anotar goles colosales en la gesta mundialista, le dieron el prestigio de goleador beatificado. Ante su inminente ausencia del mundial, tiene paralizado a un país entero, en un rezo magnánimo y al mundo del fútbol compungido y solidarizado. Paolo ya es un tótem. Un emblema de la bandera que los peruanos sienten arrebatada. Es el héroe, el capitán que pierde su selección, como sostén de personalidad, para fortalecer su temperamento. Algo que costó conseguir un país entero y por lo que se luchó demasiado. Tantas veces dijimos, que sería de Perú el día que ya no tengamos a Paolo. Será un antes y un después. Pero jamás, imaginamos que tendría que ser de esta forma, tan fatídica, pero sobre todo tan injusta. Porque si alguien tenía un lugar asegurado en el sitio de los héroes peruanos en el mundial, ese era Paolo Guerrero.
 
Pero el hincha peruano, llevado por el apasionamiento, alborota sus banderas y en su deseo infinito de ver a Paolo en el mundial, cae en un estado de negación. No acepta que es justa y necesaria una autocrítica. Empezando por el mismo Paolo y su entorno familiar. La presencia mediática de su Madre, que desde todo punto de vista es abnegación pura y sentida, pero muchas de sus idas y venidas, como la toma de decisiones, para decir o hacer algo trascendente, han partido del seno maternal.
 
Debe aceptarse que las reglas por muy extremistas o lesivas, son las que están vigentes y rigen los procesos antidopaje, teniendo claro que las instituciones prevalecen por sobre las personas. No dejando de lado hacer un mea culpa, por el mal manejo como se llevó el proceso de defensa, dejando abiertas distintas posibles formas de contaminación, que incluyeron el bendito té y la sombría tetera, el escurridizo mozo, la inexpugnable zona FPF del venerable Hotel, que jamás iba a desprestigiar su renombre internacional, para inmiscuirse en una defensa a ultranza del jugador.
 
La búsqueda desesperada de ruptura de la realidad, ha llevado a Paolo por la reconciliación con la FPF y a su propia solicitud, una visita a la FIFA, para trasladar el clamor de un pueblo y el pedido de clemencia mundial a través de FITPRO. Infantino solo ha accedido a un acto de cortesía, zanjando el tema y derivándolo al TAS y al Tribunal Suizo, que es adonde pertenece jurisdiccionalmente y donde deberá decidirse, si resulta procedente quemar el último cartucho.
 
Camilo, José y Mario no se conocen y quizás nunca lo hagan. Ellos viven un sueño distinto en forma de balón, ligado a esta fiebre mundialista. A sus edades solo respiran el fútbol en su esencia pura, en su contexto primigenio de satisfacción. Acaso y no sepan ni les importe cómo funciona el TAS y menos lo que presume la FIFA. Ellos como todos lamentamos la ausencia injusta de Paolo Guerrero, pero es hora de pasar la página y poner la atención en los otros 23 héroes que se preparan para ir a Rusia. Es hora de recomponer el optimismo y potenciar la mentalidad. A partir de ello, los rezagos que queden de los temas reglamentarios y procesales, resultarán siendo una gran WADA.
 

 
 

TU AMOR ME HACE BIEN

Tu amor me hace bien, pero necesito saber cómo reaccionaré, cuando te sienta ausente, cuando los momentos felices sean escasos y mis sentimientos se pongan a prueba. Tu amor me hace bien, pero necesito experimentar y aprender de los errores. Solo así sabré cuán grande es lo que siento y cuanto debo mejorar para recompensar ese amor, que me hace tanto bien.
 
Otro triunfo y otra demostración que se va por el camino correcto. Otra oportunidad para revalidar la pasión del peruano que vive un estado de gracia y sumido en la embriaguez mundialista. Ese hincha que hoy embandera su pecho con orgullo y camina por la calle con su camiseta bicolor o se vuelca en muchedumbre al estadio en cualquier parte del mundo. Ese hincha que se ve reflejado en su selección, que solo le regala ocasiones para tener una sonrisa imperecedera. Ese hincha que hoy saborea su presente y mira con optimismo el futuro mundialista, sintiendo confianza y credibilidad en ese grupo que representa a su patria.
 
Islandia fue el rival aparente para mostrar cuan fuertes estamos de la cabeza –literalmente- por ese encadenado trance que pasamos cada vez que un equipo de juego frontal, con jugadores de físico superior, cimienta su juego en meter bombazos al área, donde siempre hemos pasado zozobra y mas expuestos a errores nos mostramos. Además resulta exigente al ser extremadamente ordenado defensivamente en el repliegue, formando una cortina de hierro infranqueable, obligando a la inventiva para penetrar el muro, con paciencia y movimientos adecuados, llevando el balón a zonas específicas de la cancha, buscando la oportunidad de profundizar y generar riesgo. Es cuando se debe ensayar en pleno partido, la rotación de puestos, los cambios de ritmo y variantes para equilibrar las acciones, acomodando el juego a nuestro antojo y conveniencia.
 
Rendimientos para resaltar: Tapia más sólido que nunca y Flores de buen “partner”. Cueva con mejor panorama por el medio. Carrillo sobresaliente en ese atrevido perfil que se necesita para romper esquemas y un Jefferson Agustin Farfán, en toda la expresión de CRACK, solidario, eficiente y eficaz, con un despliegue encomiable en bien del colectivo. En la dificultad encajamos un gol en pelota parada y aún falta ser más prolija la determinación para vincularse con el balón, buscando el control del juego. Un PT áspero y equilibrado, se corrigió en el segundo sin ejercer presión alta. A un equipo rustico, sin buen manejo del balón en salida, es mejor darle espacios que venga y triangular para salir desde el fondo sin rifarla.
 
Han quedado reflexiones y también algunas dudas, quizás solo de nombres, pues el funcionamiento que requiere el equipo para que se potencien, hace sinergia con la idea de Gareca, que en líneas generales, apuesta por un ESTILO DE JUEGO, no tenemos porque ser rústicos ni mecánicos, nuestra esencia es ese toque fino, la triangulación, la filigrana, a ello debe adicionarse la potencia, el musculo, la velocidad y precisión, requisitos ineludibles del futbol de estos tiempos.
 
Los partidos de ensayo son valiosos, cuando más allá del resultado se justiprecia la forma como se ha conseguido. Gareca viene apostando por lograr un modo de juego, una identidad que predica ejercerla de acuerdo al rival con quien se enfrenta y que prime el juego colectivo por encima de la individualidad. Este partido fue especial por la similitud del rival con Dinamarca y Australia, que permitió hacer ese juego en bloque vertical y al ras el piso, buscando la profundidad para desarmar un esquema defensivo a ultranza. En ambos partidos se hizo notorio ser uno mismo e imponerse al rival en base a una capacidad propia, no negociable.
 
Hay un balance positivo y existe una sintonía agradable en este amor de música ligera que genera en el hincha, pero requiere hacerse fuerte desde el aprendizaje de los errores, no hay que cegarse por un presente auspicioso, hay que ser permeable para aceptar que en la dimensión como se piensa afrontar el futuro en Rusia, debe existir mucho de raciocinio y sentido común, el ensayo es el mejor método para discernir las dificultades y superarlas, no solo con el marcador a favor, sino con un rendimiento que sea soporte de la confianza. Aunque falte aún parte del tramo experimental, de cara a la justa mundialista, se ha consolidado el amor filial entre el hincha y su selección, se ha esperado tantos años, pero hay que ir con calma, seguir experimentando de los errores y las falencias para fortalecer las virtudes y este amor por la blanquiroja siga creciendo y haciéndonos tanto bien.
 

 
 

EL INICIO DEL CAMINO

Si hay un hincha que hoy tiene el orgullo inflado en el pecho, como un globo de gas, ese es el peruano. Quizás se deba a ese kilométrico periodo de anonimato mundialista, la forma vibrante y excitante de la clasificación a Rusia o simplemente se trata de un estado emocional de desfogue, producto de una coyuntura política y social de un país éticamente destartalado, que encuentra en el fútbol ese bálsamo que permite calmar su decepción. Es la única explicación para lo que se vivió en el Hard Rock Stadium de Miami, que pareció el Nacional de Lima, con banderas y gente de rostros felices, comparsas y el aliento desgañitado del hincha, que ya no solo sigue a su selección a todas partes, ahora cree en ella y apuesta la camisa. Un marco impresionante que conmovió a todos por TV, una experiencia inmortal para los que cantaron el himno con lágrimas en los ojos y una daga de nostalgia en el corazón.
 
Estos partidos de preparación, antes de la justa mundialista, son tubos de ensayo, sondeos que hacen los técnicos, para evaluar el terreno que pisan y hacer las pruebas de sus equipos, sus sistemas y el funcionamiento colectivo más allá de una evaluación de rendimiento individual. Para Gareca fue precisa la ocasión, Croacia un rival con nombres descollantes y con similitudes a Dinamarca, primer rival a vencer en Rusia, el primer y más importante escollo a salvar.
 
Se hizo un buen primer tiempo, con el posible once titular y un 4-4-2 con variantes y cambios posicionales en los hombres de avanzada, con Farfán y Carrillo en buen nivel competitivo, Cueva y Flores más laboriosos que lucidos, solidarios para la oportuna presión alta, reduciendo espacios a una Croacia que no está aún en su pico de rendimiento, pero que tiene a un excelente jugador como Modric, al que Tapia anuló con marca posicional, siendo baluarte en la recuperación y el equilibrio con Yotun para la salida prolija. En defensa, un nombre para ponerle atención al rezo de contar con alternativas de titularidad permanente: Anderson Santamaría.
 
Hacer un partido con un buen resultado como este 2-0 ante Croacia apagando estrellas de la talla de Modric, Rakittic, Perisic, Kalinic y Mandzukik, tiene su valor agregado, desde la premisa de acostumbrarnos a esta sana costumbre de saborear la victoria, tuteando a cualquier rival y sus emblemas, jugando sin complejos y con mucha actitud. La templanza de un jugador, justamente parte por creer primero en sí mismo, en su capacidad física y técnica, para luego medirlo ante el rival. El primer gol de Carrillo, fue producto de provocar el error pujando y porfiando bien arriba, sin miramientos a los galones. El segundo fue una conclusión de imponer un estilo, una forma de juego autentica, del toqueteo y la sorpresa vertical, como alternativa valida y plausible de llegar a la red.
 
Gareca sigue encontrando esas variantes que requiere para el ensamble, basado en la versatilidad de sus jugadores, no es bueno hacerse predecible y que los rivales nos encuentren muy fácil la tuerca. El balón al piso, siendo muy ordenados para pararnos defensivamente, mucha movilidad cuando se recupera el balón y profundidad cuando se busca la verticalidad en ataque. Precisión para enlazarnos mejor con el balón y edificar el juego desde el fondo. Una idea de juego que se intenta fortalecer, jugando bien, que no necesariamente tiene que ver con lo estético, pero muy tácticos, para los relevos, el retroceso y copamiento de los espacios. En todo ello hay un porcentaje de riesgo que debe asumirse en cada partido y en ello se ve una buena disposición para encarar el reto con una buena cuota de valentía.
 
Era una oportunidad para ver a Benavente, aunque pisó el verde en un momento complicado, cuando los técnicos hacen las variantes. El hincha calenturiento desea ver al “Chaval” eludiendo rivales y anotando o que Beto da Silva sea el nuevo Paolo, No razona que con los cambios los rivales corren y meten, haciendo un partido más peleado que jugado. Lo importante en estos partidos es que con los reemplazos no se pierda la posición y el juego no decaiga, que se priorice el funcionamiento colectivo antes que el individual, apuntar a un plantel y no solo a un equipo. Este resultado es importante, pero solo es anécdota, hay muchas conclusiones que tendrá Gareca, el hincha por su parte celebra y tiene la sonrisa limpia, eso está bien, pero tranquilos, esto simplemente es un ensayo y solo es el inicio del camino.
 

CORAZÓN PARA COMPETIR

La premisa de no celebrar los empates es una acción forzada en el fútbol. Pero cuando se tiene un rival de categoría como Boca, hay de por medio un respeto extremo por la historia y delante se tienen figuras que destacan en el firmamento internacional, se valora mucho una paridad, mas allá del juego, es por la actitud, por el temple y por los huevos que se pusieron para emparejar rendimientos colectivos y dejar sentado en el marcador que así como se pudo perder, también se pudo ganar. Jugar partidos de copa son muy distintos al torneo domestico, las referencias de cotejos anteriores quedan de lado, pues se afronta un duelo con el orgullo del país en la espalda primero y con la capacidad individual y colectiva después. Alianza hizo su debut y no hay nada reprochable en la intención de hacerse competitivo.
Un partido intenso, con un Boca intencionado a llevarse el juego de arranque y un Alianza que le costó ir llevando el trámite a su objetivo de neutralizar en su campo desde un 4-5-1 muy marcado, alejando a Hohberg del resto y posicionando en medio a Costa como primer volante y emparejando a Velarde y Ramirez en el retroceso con Jara y Fabra. Por otro lado Lemos y Cruzado tomaban a Buffarini y Reynoso, en una idea de aislar a Tévez, que ya no será el “Apache” que resolvía partidos, pero sigue teniendo en su movilidad su mejor arma de desequilibrio. Boca en un 4-3-3 fijo con mucha rotación de sus interiores, buscando las espaldas de los centrales y abriendo la cancha para hacer daño por bandas.
El Boca de todas las semanas tiene en Cristian Pavón su mejor jugador es el eje donde Guillermo fija el rendimiento del equipo. Como cualquier jugador, tuvo una noche oscura, en parte por la desidia y también la marca celosa de Costa y Lemos. La responsabilidad recayó entonces en Cardona, jugador de físico descuidado, pero que es un crack en cada kilo demás que lleva en el cuerpo, maneja con inteligencia y decide los cambios de ritmo oportunos, sumando categoría al ataque en sociedad con su compatriota Fabra por banda izquierda. Alianza controlaba el juego, Boca los tiempos. Una posición pacifista de ambos para no presionarse muy arriba y descuidar las espaldas. Pero fue Boca el de las más claras, Butrón con desgarro y todo salvó hasta dos seguidas Tevéz dejó una en el poste y a Lemos por Alianza le faltó centímetros al cuello para abrir el marcador antes de darse ánimos para la segunda parte.
El segundo fue otro partido, con más intensidad, más riesgos que asumía Alianza y más profundidad que le imponía Boca. Tévez asumió la conducción por fuera para verticalizar sus ataques y Cardona sumaba más protagonismo al juego. Creció Cruzado en Alianza, mandando, marcando y dejando que ese buen pie otorgue una salida prolija desde el fondo. El ingreso de Ascues, aun sin estar físicamente diez puntos, fue positivo para darle movilidad al ataque. Buen partido de Godoy atrás, Costa ganando siempre el segundo balón y un renglón aparte para Hohberg. Tenía el 8 en la espalda pero debajo llevaba ese 9 de guerrero solitario, le corrió a todas las pelotas divididas en un derroche de energías encomiable, un despliegue de ganas y pundonor que resultó conmovedor. Pudo salir como héroe del Nacional si le bajaba un cambio en ese rush final que lo suele desequilibrar. Hoy se hablaría más del pase a “Cachito” que de la propia culminación de la jugada. El hincha llevado por la emoción pide selección, resulta comprensible, pero con ojos de Gareca aparte de dispersar carácter y energías, le exigirá un cachito de eficacia y orden táctico, ojalá siga en ese nivel ascendente, porque el corazón, a veces y solo a veces, también juega.
El empate para Alianza reconforta desde el dolor de Leao para dejar un puesto clave en manos inexpertas, pero que cumplieron su cometido. Desde la inexperiencia de Garro y Duclós para enfrentar con valentía a los duetos Cardona-Fabra y Pavón-Jara, nada menos. Desde el kilometraje de Cruzado y “Cachito” para verse respaldados por el carácter de Costa, Lemos y Godoy, aunados a la solvencia de Araujo y el desprendimiento vibrante de su propia existencia de Hohberg. Mucho sacrificio para frenar a un Boca diminuido, pero con un plantel rico, que puede echar mano del banco para cada puesto. Alianza debió asumir un talante distinto, mirando de frente a los ojos al rival, neutralizarlo y proponer ganarlo, como ese bombazo de Cruzado que se fue diciéndole algo al poste, ese mismo poste que le negó dos veces a Boca y que en algo contribuyeron a que el “Xeneize” se lleve el trago amargo a Buenos Aires. Como decía el buen Daniel Peredo “Los palos son así, a veces juegan para los porteros …”
En el inicio de copa, el resultado no es malo para Alianza, aunque lo que viene será tan igual o más de complicado y en ello Bengoechea debe hilar fino, no siempre los postes podrán salvarlo y en el juego quedan dudas de funcionamiento, no siempre la pasión y la entrega resultarán suficientes, Por ahora sirve para apaciguar el ímpetu, antes del partido se veía a Boca como un monstruo de siete cabezas, con sus figuras rutilantes y un presente victorioso, pero que en la cancha del Nacional, Alianza para igualar capacidades, tuvo que hacerse competitivo, mostrando raza, mucha actitud y dejando una parte de su corazón en la tribuna y otra muy significativa –y muy necesaria- en la cancha.

CLASICO ES RECORDARTE

Era ahora Daniel, era hoy, justamente en un clásico, esos donde últimamente de futbol se hablaba poco y se peleaba más. Era ahora Daniel, para que esa gente vestida de blanquiazul se hermanara con la que poblaba su casa, el Monumental, izando banderas merengues y se fundieran en un aplauso intenso, sincero e interminable, como una loa a tu recuerdo, porque debías estar ahí, en la cabina, de 9 o de 10, jugando tu partido de cada semana, transmitiendo emociones como lo decías, como lo sentías. Y ese aplauso fue la muestra del reconocimiento para que nunca permita apagar la voz de quien seguirá presente, cada vez que empiece a rodar el balón y la emoción intente desbordarse.
 
En el verde un nuevo clásico, Universitario mermado de nombres, más comprometido por no perder el orgullo y tratando de suplir las carencias, pugnando por logar un funcionamiento adecuado a la mixtura de temperamentos. Alianza en cambio, de fisonomía distinta, con el título anterior bajo el brazo, buscando apuntalar en el juego, sus nuevos nombres a los ya conocidos que aportan el kilo demás en la balanza de la experiencia, tan vital y necesaria para este tipo de rigor de partidos. Pedro y Pablo en el banco, cada uno exponiendo su trabajo, buscando superar el déficit funcional natural que se genera en el inicio de temporada y que demandan un tiempo prudencial. Pero el hincha que no entiende de sistemas tácticos, ni de funcionamientos colectivos y menos de problemas internos, solo exige resultados y en ello, por ahora no le bastan las explicaciones. “No saben si es justo, solo saben que es cierto”.
 
Un primer tiempo donde la U domina con mucha intensidad, un 4-3-3 con posicionamiento defensivo para achicar espacios, marca agresiva y presión alta, neutralizando al rival lejos de su campo, hiriendo por bandas, donde Alianza sigue siendo endeble. Una defensa a ultranza ante el empuje de la juventud crema. Troglio tiró a Osorio jugándose el cuello y el chico no lo defraudó, desmarcándose siempre, buscando la asociación, cambia el 30 por el 9 en el dorsal y hace el primero, culminando un gran centro del “Chiquitin” Quintero -Aún le faltan horas de vuelo para recuperar su nivel de avión- y tuvo el segundo que el parante le niega para hacer una noche redonda. “Los palos son así, a veces juegan para el delantero y otras para el portero”.
 
Alianza recupera el aliento desde la habilidad de Quevedo y la constancia de Hohberg, falla en el retroceso crema, Schuler queda desairado y el de Alianza culmina en el testarazo que se cuela debajo del poste de Fernández. Una igualdad oportuna pues era el mejor momento de la U que no supo liquidarlo cuando tuvo el control del juego, primero por apresuramiento y otras por las benditas manos de “San Leao” que hicieron que los cremas se fueran al descanso rumiando su ineficacia. “Goles que no haces, goles que te hacen”.
 
El segundo fue distinto. Alianza replantea variantes posicionales para cortar la asociación en medio. Su 4-3-2-1 se hace funcional a un 4-3-3 con mejor rotación del balón, Bengoechea echa mano a su mejor plantel para contrarrestar la dinámica merengue. Hohberg empieza a ser pesadilla para la defensa crema y la figura del partido. Busca la personal y se cuela en el área, Schuler queda sin frenos y se lleva su humanidad. Penal indiscutible que la pegada de Cruzado, deja marcado en la red el desequilibrio íntimo. Pablo encuentra mejores variantes en el banco que Troglio. Primero Costa y después Velarde, le dan respiro a Cruzado que crece en el juego. La U se va quedando sin gasolina y es Vargas que intenta, hacer la del gladiador en solitario, corriendo la banda y lanzado balones espoleados. Pero a estas alturas para la U ya no le bastan solo el pundonor y los huevos de Vargas, hay que jugar bien y ello, sin piernas se hace casi imposible. El tercero cae más por error propio que virtud de un cuestionado Posito, que corre a Balbin y anota de remate mordido.
 
Alianza se lleva el triunfo, pero la sinceridad de Bengoechea, afirma que el marcador resultó demasiado premio. La U pudo asegurar el partido cuando mejor hacía lo trabajado en casa. Pero así como los clásicos no solo hay que jugarlos, sino ganarlos, esta vez el mayor kilometraje íntimo y su replanteamiento apoyado en mejor banca le paso la factura a la juventud merengue, que no supo controlar el vértigo y pago demasiado caro sus errores en defensa. Para Alianza de cara a su trascendental partido de copa ante Boca Juniors, este triunfo le entona el semblante y apuntala en el ánimo. Será otra historia totalmente distinta, con un rival de otro nivel y jerarquía, otra oportunidad para que un equipo peruano demuestre de que está hecho.
 
Quedará en el recuerdo, ese aplauso intenso, vibrante, por la memoria de un amante del futbol, un transmisor de emociones y caballero del análisis acertado. Quedará en la memoria el recuerdo de ese aplauso conmovedor despidiendo a la voz que nos llevó al mundial y que retumbaba en las cuatro tribunas del Monumental. Quedará en las retinas el mensaje de las camisetas blancas que portaban los jugadores de la U y Alianza “Hasta siempre Daniel. Gloria a ti en las alturas".