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COMO NO TE VOY A QUERER


“Como no te voy a querer… Si eres mi país querido, el país bendito que me vio nacer”. Suena el cántico en las gradas con los peruanos que no quieren abandonar el mítico Maracaná y siguen saltando y gritando desaforados. Sus voces lejos de quebrarse por el lamento, se hacen más fuertes y se confunden con sus lágrimas, pero de orgullo, por su selección, por sus jugadores que ven desplomar sus últimas fuerzas en el verde y también por las de todo un país, que unido en una sola fuerza ha vivido esta final histórica de Copa América abrazados a una misma ilusión. La realidad le ha golpeado el pecho con desaire y desahoga su tristeza desgañitando su garganta y su voz pareciera ser más fuerte que los bramidos cariocas que vitorean a sus indiscutidos campeones en este templo del fútbol mundial.

Nada que reprocharte PERÚ. Aunque muchos hayan perdido la esperanza y te ningunearon por no saber entender la fatalidad y lo que significa un accidente en el fútbol. Pero al final comprendimos todos los peruanos el significado de la fuerza de voluntad para romper paradigmas, superar nuestras limitaciones y enfrentar al destino con actitud positiva, ser capaces de convertir un problema en una oportunidad. Pudiste hacer consciente lo inconsciente y fuerte de la cabeza para levantarte desde la adversidad.

Nos llevaste por los caminos de la perplejidad, la encrucijada y el júbilo extremo. De un comienzo impreciso y sinuoso quedaste al filo de la expiración. Te adormeciste en un letargo pero despertaste recuperando la memoria y nos regalaste ramilletes de flores de colores. Uruguay -amigo generoso- y su poderío fue un escollo que superaste con esfuerzo supremo y Chile, el rival eterno, el del clásico de nunca perder, fue la demostración magistral de nuestra identidad, nuestro ADN y la forma más hermosa de gozar un triunfo categórico que tuvo ribetes de epopeya futbolística.

Enfrentaste a un Brasil distinto a su tradición, mucho más pragmático y menos hechicero, ordenado y eficaz, a quien Tite le agregó una dosis extrema de AGRESIVIDAD. Gareca fiel a su convicción, hizo el mismo planteamiento de la debacle. Decidiste enfrentarlo más que reverenciarlo. Duelos personales patrones a definir. Fuiste valiente para disputar las condiciones y llevar el juego al límite. Pero si algo positivo tiene este Brasil son sus variantes de juego. Cambia de lado con propiedad y presiona sobre el trivote rival. Se recoge rápido y siempre se ve bien cubierto. Te destruye por las bandas. Lo controlaste hasta el sablazo inicial que emparejó un penal narcótico y duró como un soplo, hasta la cuchillada destructiva. Lo combatiste con sudor y lágrimas. Lo pujaste y lo tuviste a merced, pero la sapiencia de Tité reordenó todo y la estocada final llegó cuando tus fuerzas daban su último aliento. Allí quedaron regadas nuestras esperanzas, pero muy arriba del cielo quedó retratada tu dignidad.

Miraste a los ojos al gigante sin complejos. Es verdad que impusieron su jerarquía y superioridad en los momentos claves, pero nunca renunciaste a pelear. Esta historia no acaba con este final. Lo más importante es que se ha recuperado la CONFIANZA de hinchas y jugadores. La imagen del pasillo del campeón Brasil a nuestra selección es un RECONOCIMIENTO ante los ojos del mundo. No perder este protagonismo requiere seguir siendo COMPETITIVOS. El fútbol es el gran juego de las emociones, que sobrevienen en acciones y decisiones que derivaran en resultados y por ende sus consecuencias. En ello es factor importante seguir afianzado el COMPROMISO.

Pero cuanta ilusión generaste en todos nosotros PERÚ, y cuán grandioso te miramos, que nos cuesta conformarnos con este segundo lugar. Una señal de inconformidad que cuestiona entender la importancia de este subcampeonato, porque volamos imaginariamente demasiado lejos y aún tenemos nublada la reflexión. Solo nos queda dar las GRACIAS por todos estos momentos vividos y que nos han reconciliado como país y nos ha vuelto a unir en un gran abrazo de gol.

Como no te voy a querer, mi PERÚ querido, si eres el país bendito que me vio nacer.




PERÚ ALEGRE Y FINALISTA

PORTO ALEGRE ciudad de la alegría peruana, la que hoy se discurre por todo el cuerpo y se destila como nuestro pisco por cada rincón del país. El regocijo de cada corazón peruano que late más acelerado que nunca. El júbilo que estalla como fuegos artificiales y dibuja en el firmamento todas las emociones encendidas. Perú después de 44 años es finalista de una Copa América y como la clasificación al mundial, sentimos hoy que la espera vale la pena porque se disfruta con algarabía contenida. La resaca del triunfazo nos va a durar varios días, quizás toda una vida, porque noches como esta nos dejan con los ánimos inflamados y nuestros sueños en forma de balón tienden a ser más placenteros y celestiales.

Ganarle a Chile tiene un sabor distinto, por todo lo que encierra como clásico y rivalidad que suele traspasar las fronteras del tiempo y del fútbol mismo. Hacerlo de la forma tan contundente y en la instancia que se ha brindado adquiere un valor histórico. Un 3-0 lapidario, en un partido de un Perú dinámico con mucha personalidad, inteligente y solidario, superándose a sí mismo en una actuación redonda e inolvidable. 

Para doblegar a Chile era necesario neutralizar el origen de su juego, cortar muy arriba y desconectar a Vidal, Aranguiz y Pulgar, aislando el vínculo con Alexis y Vargas. Tarea demandante de mucho sacrificio y desgaste físico. Gareca plantea el 4-2-3-1 con variantes de 4-4-2 recogiéndose para presionar en cada sector, ocupar los espacios con relevos oportunos y ser vertical con disposición estratégica para llevar a Chile al desconcierto, convertirlo en la antítesis del equipo compacto y que caiga en un cúmulo de inseguridades. Chile fue asfixiante al inicio de los dos tiempos, pero se pegó un portazo con la eficacia peruana. Siempre que quiso generar, sus intenciones se cayeron como castillo de naipes.

Una noche soñada que empezó bien y se fue haciendo portentosa. Yotun nuevamente siendo el protagonista del juego junto a un Tapia gigante que terminó devorándose hasta el pensamiento de sus rivales. Zambrano en toda la dimensión de un Kayser, firme con carácter y autoridad y un silencioso pero efectivo Abram que es su mejor complemento. Sociedad en las bandas de Advíncula y Trauco con un Carrillo muy voluntarioso y Flores mordaz y efectivo. Cueva sin llegar a ese nivel de desequilibrio, sumado a la tarea del voluntariado y arriba un Paolo Guerrero en toda la plenitud de capitán de barco. Con toda la madurez que le brindan los años y la sapiencia de su kilometraje futbolístico. En subrayado y negrita está Gallese invulnerable, reivindicado y haciendo que cada atajada fuera como un gol celebrado. Mientras Perú fue una fuerza asociada, Chile apeló al brillo de alguna estrella solitaria. 

El primer grito nace de un centro que Carrillo no alcanza a cabecear y se la encuentra el “Orejas” Flores que mete la estocada para abrir el partido. La insistencia chilena genera espacios y de contra Zambrano lanza largo para Carrillo que saca al arquero. El centro de la “culebra” cae en el pecho de Yotun y con precisión de cirujano hace el segundo. En media hora pintaba para debacle chilena y gloria peruana. El mismo “Yoshi” se devora el tercero que hubiera sido lapidario. Pero estaba escrito que Paolo debía escribir su nombre. Tapia redondea la faena y pone una delicia. El “Depredador” se saca el overol y se pone el smoking, con autoridad elimina al arquero para definir al estilo callejero. Un CRACK de élite. En el epilogo Gallese ataja el penal a Vargas en un mensaje subliminal de que no hay nada que cambie cuando la luna decide alumbrar para un solo lado.

El futbol es cambiante como las personas y la vida misma. Perú enderezó el barco que andaba vacilante en su ruta mientras Chile que asomaba como sólido, vio pulverizada sus intenciones. En esta victoria, el factor mental fue muy importante, no se trata de incluir ningún chip de actitud y tampoco alguna sesión matinal de charla motivacional. El factor psicológico ya tiene base cierta desde antes del Mundial, hoy se trabaja en recuperar la capacidad individual, haciendo consciente aquello que el subconsciente genera como un factor limitante. Superarse a sí mismo anexiona el aporte al colectivo y fortifica el compromiso.

El solo hecho de pensar que Perú estará en el mítico Maracaná ante Brasil en la final de la Copa América, estremece las emociones. Una revancha después del papelón solo deja la alternativa de revertir el pasado haciendo un partido inteligente, de seguro con el doble del esfuerzo desplegado pero confiados en haber recuperado la memoria. Dejar los miedos afuera, seguir fortaleciendo la confianza y asumir que para que pueda surgir lo posible, debe intentarse muchas veces aquello que nos parece imposible. Pase lo que pase tenemos contento el corazón y sublime la confianza. Hoy somos un Perú alegre y finalista.

VAMOS PERU!!



FLORES DE BARRIO


La pandilla va en busca de su mejor exponente. Apuran el paso, se van pasando el balón, cruzan la calle y después de sacarle la vuelta a dos semáforos llegan a la casa. El más robusto lanza el grito: “Edisoooonnn…” y todos le hacen el corillo. El chico con cara de buenito saca la mano asintiendo que ya baja sin mediar palabra. Los chicos bajan a la vieja canchita de cemento, cuyos arcos de metal lucen oxidados por efectos del tiempo y la desidia. Es el lugar donde Edison a quien le dicen “orejas” ha desplegado su alegría, corriendo por los cerros de Collique y aprendiendo a valorar el amor por el fútbol en compañía de sus amigos entrañables.


Hoy figura de nuestra selección, Edison Flores, el engreído de Gareca estaba incómodo en la banca. Pero el fútbol es generoso y te da revanchas. Le tocó entrar en un momento en que Perú requería cerrar el partido contra Bolivia. Farfán aprovecha una contra imponiendo el músculo y habilita a Flores que pica como una tromba, en ese instante entra en un “Deja Vu” recordando sus días de travesuras en su Collique querido. Mete un freno espectacular que hace pasar dos defensas y saca al arquero de su lugar. Se perfila para su zurda, la pisa, la enseña pero no la suelta, amaga con lisura soltando un globito delicioso y el balón casi sonriendo besa la red haciendo explotar a un país entero. Un gol de esquina, de barrio y de palomilla callejero.

Bolivia no es igual que Venezuela, pero tiene una forma de jugar que siempre nos ha complicado más de la cuenta. Chumacero su mejor valor recarga su juego por izquierda y es quien mejor habilita a Martins. Por ello Gareca puso alguien con mejor lectura táctica. Polo por Gonzales variando de un 4-3-1-2 a un 4-2-3-1 que al principio no encontraba precisión para la profundidad, había dominio territorial pero sin imaginación. Se presionaba muy arriba asumiendo el riesgo que en el retroceso quedemos descompensados. Se neutralizaba pero se dejaba de jugar. La fatalidad nos toca la puerta temprano con un penal otorgado por el VAR. Lo más adecuado era empatarlo y mucho mejor que termine el primer tiempo.

Paolo tantas veces Paolo. Siempre determinante en situaciones claves. Cueva que aún no hace un partido redondo le puso el pase perfecto y en su arremetida Guerrero pareció recordar que en ese mismo Maracaná, el Rey Pelé hizo sus mejores goles. Hace una jugada de super crack, a velocidad supera la defensa y se la toca sutilmente a Lampe para abrirse un poco y pasar por detrás definiendo como los dioses. Era el empate que ayudaba a recuperar la confianza y avizorar un futuro incierto cuando ya no tengamos con nosotros a nuestro Paolo Guerrero. El puto amo del gol.
   
Si siempre reclamamos la falta de jerarquía hoy Paolo y la “Foquita” firmaron el acuerdo de hacer felices a todos. En el 2T fue muy distinto Perú, pudo ser más claro en los ataques, su paciencia no se hizo pasividad. Variantes de juego donde Guerrero y Farfán fueron determinantes. Impusieron su categoría haciendo que lo individual sume al colectivo donde seguimos en deuda. Paolo desde la izquierda le pone un centro al “10 de la calle” y como en el  Lokomotiv ruso conecta un cabezazo inatajable para el 2-1. Una actuación destacada de este par que cada día imaginariamente queremos inyectarles 20 años más de vigencia. Otro valor importante hoy fue Tapia y su capacidad para devorarse la cancha imponiendo toda su personalidad y contagiando al resto.

Aunque esta Bolivia haya sido muy distinta a la del 1T ante Brasil y tenga muchas limitaciones, es virtud de Gareca las prioridades que decide. Este triunfo reconforta en al ánimo, pero tampoco debe esconder la basurita debajo de la alfombra. Nos falta recuperar ese “punch” que nos hacía pensar que podíamos competir de igual contra cualquiera. Es cuestión de seguir confiando que el equipo va a crecer, necesita esa evolución. Brasil puede que sea local y la bestia de siempre, pero el fútbol ha cambiado tanto que ya no resulta loco pensar solo en no perder, se puede lograr algo mas, porque no?

El epílogo de este triunfo está en el rostro del “oreja” Flores celebrando ese tercer gol, que lo gritó con el alma, con la rabia contenida por sentirse importante y por todo lo que se le reprochó por el gol fallado ante Venezuela. Como decía el gran Daniel Peredo:“Paren las orejas, cuando aparece Flores, pasan cosas”.




UN CAFÉ REPARADOR

Colombia vino de visita, lo hicimos pasar a la sala y lo invitamos a departir una amistosa reunión. La charla placentera se fue haciendo altisonante conforme las bromas fueron subiendo de tono y la irreverencia de la visita tocó las fibras sensibles de nuestra tolerancia. Caímos en el juego irónico de las palabras mal intencionadas de este vecino petulante y decidimos echarlo a la calle no sin antes dejarnos una frase de tres segundos: “Te has creído demasiado grande, cuando en realidad siempre has sido un chico que quiere crecer demasiado rápido”.

Colombia se ha convertido en duro escollo para Perú. Los cafeteros mantienen hace buen tiempo una estructura de juego que no ha cambiado en su esencia, solo sus intérpretes. Nuestra selección siente que juega contra un espejo, sus movimientos se hacen predecibles, se siente superada en el control del juego y termina cayendo en la impotencia que lleva a la fricción. Confunde la velocidad con el apresuramiento y el ritmo en un peligroso descarrilamiento emocional.

Perder siempre molesta, así sea amistosos, más por la forma que por el resultado. Los partidos de ensayo sirven para armonizar el funcionamiento del equipo, se priorizan los aspectos tácticos, el afinamiento del esquema y rodaje del posible equipo titular. El resultado siempre es una consecuencia. Pero cuando las cosas se salen de control, una expulsión idiota, seguido de un gol visitante y un devenir de vacilaciones que llevan al colapso generando un marcador humillante, es mejor bajar un cambio, reparar el pensamiento y hacer un replanteo reflexivo alejado de apasionamientos.

Es típico en los hinchas a nivel mundial -no es patrimonio peruano- que asocien de manera afiebrada los resultados inmediatos y saquen su bola de cristal con su predicción futurista. Hace menos de un año este mismo equipo de Gareca ofrecía actuaciones ilusorias en Europa y dejaba en el hincha la utópica sensación de poder ganar la Copa América. De pronto se crearon demasiadas expectativas en esta selección y por ello ese mismo hincha que salía por plazas y calles soltando su emocionado y orgulloso patriotismo, después de los últimos partidos y este testarazo colocho, cambió sus buenas vibras por dudas y no confía siquiera en pasar la primera ronda.

Perú no ha vuelto a ser el equipo con dinámica, de salida limpia, posesión y buena circulación del balón. Que sabía ser vertical y profundo para generar situaciones de gol y podía enfrentar a cualquiera. Hoy se ha vuelto demasiado previsible y tiene dificultad para amalgamar ese automatismo por el cual Gareca encontró alternativas de juego. La razón está en la individualidad. Nuestros mejores referentes no pasan por un buen momento en sus clubes. Para una justa competitiva de esta índole, los automatismos requieren de todos los jugadores 10 puntos. Antes que beligerante en su actuar Perú necesita recuperar su identidad para jugar.

El tema defensivo tan cuestionado, no se resuelve por reprochar las parejas de centrales, sí por las variantes posicionales para neutralizar al rival desde su campo propio. Fuera Hurtado, no es descabellado pensar que Ballon vaya a ser más protagonista de lo que pensamos. Nuestra mejor virtud fue el juego colectivo y el virtuosismo (el conocido “Chocolate”), regresar a ello con argumentos ofensivos es la prueba para Gareca. Recuperar algo que parece adormitado es la premisa, pero gran parte de ello radica en mantener seguridad atrás y las ideas en orden en el mediocampo.

Los amistosos previos a la Copa América dejaron un margen a la duda, pero es hora de confiar, no hay de otra, tirar nombres nuevos en esta hora resultan monedas al pozo de los deseos. Es momento de elevar las banderas del optimismo, no somos potencia solo por haber ido al Mundial, tampoco los peores por perder partidos de ensayo y mucho menos poseemos un plantel que genere envidias ajenas. Seamos conscientes de lo que tenemos y valemos, salgamos a competir, que fue un objetivo logrado y dejemos que la historia se escriba paso a paso y no cayendo en ese juego perverso de las predicciones oportunistas. A seguir alentando. Vamos PERÚ!!.



UNA CUESTIÓN DE CONFIANZA


Una nueva Copa América y otra vez se vuelven a encender los faroles del entusiasmo post mundialista. Perú integra el Grupo A junto a Brasil, Bolivia y Venezuela. El 15 de junio en Porto Alegre es el debut frente a una Venezuela que ya no es la misma de antes –ninguna selección lo es- y será un escollo difícil de superar. El primer partido resulta clave para presupuestar la estancia larga en Brasil.


La lista final de Gareca tiene nombres que no tienen discusión y otros que despiertan el debate frecuente en el hincha y el periodismo que asume discordancias que obedecen más a gustos personales o comparaciones antojadizas que a un análisis técnico consecuente. El tema Pizarro rompió los cristales del equilibrio emocional. Primero Gareca que en su afán de reforzar su decisión de convocatoria, expuso una autoexclusión de Claudio y la respuesta del “bombardero” fue un misil que terminó por destruir –lo que quedaba- cualquier escondida intención de invitación. El “Tigre” en su afán de mantener su diplomático discurso en ritmo de milonga, se excedió en la motivación y recibió un cachetazo irrespetuoso con letra y música de Reggaeton.

El retorno de Zambrano tiene un mensaje claro de Gareca, atrás requiere un hombre de carácter, ese que le ha jugado en contra del central y que se espera los años hayan hecho mella en su personalidad, no por nada se hizo el viaje hasta Suiza a observarlo. Finalmente el “Tigre” terminó brindándole una oportunidad al “Leon” para compartir el mismo hábitat futbolístico. Lo de Aquino tiene un inoportuno fundamento médico y Ramos solo es la “sombra” del mundialista. Se quedaron fuera Joel Sánchez y Da Silva al igual que Arias y Cartagena, que en teoría pudieron ser  interesantes recambios. Gareca siempre ha priorizado el grupo, por encima de los nombres, en el tiempo lo ha fortalecido con jugadores que han sabido suplir las ausencias y prevalecer el plantel por encima de un equipo.

En el análisis de los últimos partidos jugados por la selección, se ha visto un desequilibrio entre líneas y desfases para mantener el ritmo de juego. La constancia de Gareca para vigorizar el estilo que postula y el respeto a la identidad, desde una salida pulcra, triangulaciones con mucha dinámica para buscar el control del juego y la descarga vertical lo hicieron demasiado predecible, algo que los rivales le tomaron la mano y le complicaron poder jugar bien -no bonito que es diferente- haciéndose difícil ganar con propiedad que siempre es importante, sobre todo a equipos que tienen similitud en características técnicas y sistemas de juego.

De cara a la Copa América Gareca busca priorizar en la selección un cambio estructural en el juego. Para ello se nutre de jugadores de mucha versatilidad, entiéndase esta cualidad a la capacidad de adaptación con rapidez y facilidad a distintas funciones que el futbol moderno exige. Polo y Hurtado que pueden ser cuestionados cumplen con ese requisito al igual que Carrillo, Cueva o Flores que en su polifuncionalidad son útiles para los enroques. De los nuevos “Canchita” Gonzales ha resultado una grata alternativa, no solo brinda desborde en banda, hoy es más dúctil y ha sumado una vocación defensiva con salida prolija. A ello hay que sumarle las variantes que Gareca intenta aplicar al sistema para que los movimientos posicionales no perjudiquen el esquema táctico, mejorar la sincronización cuando la presión alta genera descompensaciones en el retroceso, controlar el vértigo y que la paciencia no se convierta en una peligrosa pasividad.

Costa Rica ha sido el primer ensayo que deja una satisfacción equilibrada. Buena por el resultado ante un rival que fue exigente y tranquilizante por la seriedad como fue asumido el encuentro de manera colectiva aunque se hayan visto altibajos propios de estos partidos amistosos. Ofensivamente aplicados con mucha dinámica en el arranque y defensivamente laboriosos con una pareja de centrales Araujo – Abram que ha traído consigo el punche y pegada argentina. Tapia respaldado por un Gonzales sorprendente y Ruidiaz en su mejor versión con la selección. Cueva arropado por Gareca nos regaló una pintura de gol, a desmedro de la cintura del central tico y que por esta noche lo ponemos en un cuadro en la sala de la casa.

Se viene Colombia, rival con más fuste y que es nuestra imagen y semejanza contra quien siempre se nos hizo complicado hacerle buen juego. Es el último ensayo antes del viaje a Brasil y tomando la cautela del caso debe asumirse con la misma seriedad. Gareca desde la convocatoria ha dado muestras de seguridad en su criterio, dejemos que el “Tigre” siga haciendo su trabajo, siempre hay cosas para corregir, su crédito aún tiene saldo a favor y por ahora todo resulta siendo una cuestión de confianza.



Una gran WADA

Camilo acomoda su indumentaria deportiva que lo acompaña en estos días de efervescencia mundialista. Ata sus gastadas zapatillas, se amolda el short a su cuerpo delgado y acerca la camiseta de la selección a su rostro. La suspira hondamente, sintiendo ese olor a limpio que su madre Carmen le ha infundido. La extiende sobre su cama, pasa su mano por la banda roja y observa con ternura el dorsal, dejando que sus dedos jugueteen por el número 9 y por cada letra del nombre grabado de GUERRERO. A sus casi 7 años siente que el fútbol, es su pasión y que su mayor sueño es llegar a ser como el goleador. Vivir enamorado de la red y gozar de esa sensación extraña que le causa ver explotar la tribuna.
 
José tiene 6 años y está en el Aeropuerto recibiendo a su ídolo. No entiende mucho lo que escucha y dicen por la TV o lo que manifiesta la gente que arremolinada en el Jorge Chávez, hace canticos alusivos a la inocencia de Paolo, a la injusticia y al respaldo que le ofrecen. Apeado en los hombros de su padre, intenta distinguir la figura del héroe a lo lejos, sintiendo para sus adentros, que el máximo placer que se le antoja, es solo poder verlo y tocarlo. Ello lo llenaría de mucha más alegría, que todos los pedidos que grita la gente.
 
Mario celebró su cumpleaños 8 con una torta del mundial. Le cuesta entender, como el sueño de ir al mundial de Paolo Guerrero, se pudo tropezar con el infortunio. Una negligencia involuntaria, pero negligencia al fin y al cabo, que sacudió las entrañas y la frustración de un país entero, que lo ha sentido como una patada artera en la boca del estómago. Aún es muy chico para comprender cuan severos pueden resultar los reglamentos antidopaje de la FIFA, en su afán de evitar que en el fútbol se actúe de forma fraudulenta y se intente sacar ventaja competitiva.
 
La Agencia Mundial Antidopaje (WADA), es el organismo que en su impositivo objetivo de control, aleja el principio de la presunción de inocencia, para hacer primar el de culpabilidad. Su actuar draconiano resulta lesivo contra los derechos fundamentales de los deportistas, que ante todo son seres humanos y no merecen ser tratados como escorias, por el simple hecho de asumir una inconducta. Muy por el contrario, en esa situación, requieren coexistir en su entorno. Con el caso de Paolo -lastimosamente será el chivo expiatorio- se refuerza la reivindicación mundial, para que se evalúen las formas de valoración del acto doloso, así como la proporcionalidad de las sanciones.
 
Paolo Guerrero, hoy no es solo el mayor referente futbolístico para los peruanos. El fajarse con los respetables apellidos, Godin, Otamendi o Funes Mori y anotar goles colosales en la gesta mundialista, le dieron el prestigio de goleador beatificado. Ante su inminente ausencia del mundial, tiene paralizado a un país entero, en un rezo magnánimo y al mundo del fútbol compungido y solidarizado. Paolo ya es un tótem. Un emblema de la bandera que los peruanos sienten arrebatada. Es el héroe, el capitán que pierde su selección, como sostén de personalidad, para fortalecer su temperamento. Algo que costó conseguir un país entero y por lo que se luchó demasiado. Tantas veces dijimos, que sería de Perú el día que ya no tengamos a Paolo. Será un antes y un después. Pero jamás, imaginamos que tendría que ser de esta forma, tan fatídica, pero sobre todo tan injusta. Porque si alguien tenía un lugar asegurado en el sitio de los héroes peruanos en el mundial, ese era Paolo Guerrero.
 
Pero el hincha peruano, llevado por el apasionamiento, alborota sus banderas y en su deseo infinito de ver a Paolo en el mundial, cae en un estado de negación. No acepta que es justa y necesaria una autocrítica. Empezando por el mismo Paolo y su entorno familiar. La presencia mediática de su Madre, que desde todo punto de vista es abnegación pura y sentida, pero muchas de sus idas y venidas, como la toma de decisiones, para decir o hacer algo trascendente, han partido del seno maternal.
 
Debe aceptarse que las reglas por muy extremistas o lesivas, son las que están vigentes y rigen los procesos antidopaje, teniendo claro que las instituciones prevalecen por sobre las personas. No dejando de lado hacer un mea culpa, por el mal manejo como se llevó el proceso de defensa, dejando abiertas distintas posibles formas de contaminación, que incluyeron el bendito té y la sombría tetera, el escurridizo mozo, la inexpugnable zona FPF del venerable Hotel, que jamás iba a desprestigiar su renombre internacional, para inmiscuirse en una defensa a ultranza del jugador.
 
La búsqueda desesperada de ruptura de la realidad, ha llevado a Paolo por la reconciliación con la FPF y a su propia solicitud, una visita a la FIFA, para trasladar el clamor de un pueblo y el pedido de clemencia mundial a través de FITPRO. Infantino solo ha accedido a un acto de cortesía, zanjando el tema y derivándolo al TAS y al Tribunal Suizo, que es adonde pertenece jurisdiccionalmente y donde deberá decidirse, si resulta procedente quemar el último cartucho.
 
Camilo, José y Mario no se conocen y quizás nunca lo hagan. Ellos viven un sueño distinto en forma de balón, ligado a esta fiebre mundialista. A sus edades solo respiran el fútbol en su esencia pura, en su contexto primigenio de satisfacción. Acaso y no sepan ni les importe cómo funciona el TAS y menos lo que presume la FIFA. Ellos como todos lamentamos la ausencia injusta de Paolo Guerrero, pero es hora de pasar la página y poner la atención en los otros 23 héroes que se preparan para ir a Rusia. Es hora de recomponer el optimismo y potenciar la mentalidad. A partir de ello, los rezagos que queden de los temas reglamentarios y procesales, resultarán siendo una gran WADA.
 

 
 

Descarriado sufrimiento

Era un partido de esos donde la premisa que si no puedes ganarlo, debes hacer todo lo posible para no perderlo. Demasiada restricción en una Argentina quebrada de argumentos de funcionamiento colectivo, con una confianza cuarteada por su propio entorno, por no responder sus nombres supervalorados y los resultados que los lapidan con sus pergaminos, los goles en sus equipos y todos sus millones en el banco. Una situación que hacía ver un rival desesperado, al cual había que enfrentar con mucha cautela, demasiada sensatez para plantearlo desde un sistema defensivo, fijo, ordenado y despliegue de manera inteligente.
 
Los rostros y gestos de los jugadores argentinos cantando su himno, distaban de los peruanos que lo entonaban con euforia y emoción, quizás en la continuación de toda la embriaguez emocional del hincha que abanderó la ciudad para hacer sentir a sus jugadores un respaldo que obligaba a una entrega sin reservas. Y es que quizás el hincha solo vive de emociones inmediatas y le cuesta analizar, como se plantea un juego, desde la búsqueda de un resultado basado en la lectura del rival primero y la disposición táctica que permita anular la del contrario después.
Argentina con Messi como bandera, presumía un juego de tromba desde el comienzo, con presión alta para neutralizar a Perú desde la creación del juego. Los perfiles cambiados de Di María y el “Papu” Gómez, ganar la primera pelota con Banega y Biglia, adelantado Mascherano y Otamendi encima de Paolo. Sufrimos sin el balón y sin brújula. Costaba mantener el balón, más preocupados en cortar el juego y sin poder hacer tres pases seguidos. Flores y Farfán tapados y anticipados siempre, bloqueados en la salida por las bandas. Argentina solo esperaba con paciencia que llegue el gol. La tuvieron justas, pero la sacamos barata, Gallese empezaba a ser figura, Tapia a ser importante y Araujo a consolidarse con Rodríguez.
Las ausencias importantes de Cueva y Carrillo, gravitaron en el engranaje ofensivo y esa transición que permite mantener al rival en su campo y el recorrido adecuado para recortar los espacios, abrir la cancha o proponer la contra. Este Perú que juega de manera inteligente, de acuerdo al rival y las exigencias, se fue haciendo sólido y fuerte, desde la impotencia de Argentina, que solo era protagonista cuando arrancaba Messi, aun así le costaba romper la doble línea de cuatro que planteó Gareca para retroceder sin dejar espacios. Aunque la posesión fue argentina, no tuvo el cambio de ritmo y la sorpresa que pudiera generar alternativas de juego más contundentes.
Un segundo tiempo que marcó una actitud más arriesgada de Sampaoli, para encontrar el gol del equilibrio. Aquí se hizo héroe Gallese y sus manos benditas que evitaron la caída de su valla, incluso hasta con su propia humanidad. Primero ante Benedetto, después otro de Biglia que le pega de afuera, un desborde de Acuña y la apilada de Messi que Rigoni estrella en el arquero peruano. Tantos remates de Messi que rebotaban en el bosque de piernas peruanas, que hacían ver impotente al mejor del mundo y generando un cúmulo de ocasiones de infarto, donde Perú dejó de ser ofensivo, para ser solidario y defender con la vida misma el resultado.
La entrada y salida de Gago, debido a una dramática lesión, mientras aún no lo terminaban de aplaudir y la hinchada de Boca coreaba su nombre, fue el punto de quiebre. Sampaoli debió replantear, su necesidad y Gareca tuvo mejor respiro, en una zona donde se definía la posesión del balón. Pero ni aún la entrada de Polo pudo abrir la cancha, una Argentina jugada, mas desesperada que nunca y jugándose la hora y su destino, no dejaba espacios para recuperar el balón y generaba un coágulo de emociones en el corazón, el reloj parecía detenido y la angustia hacía olvidarnos del juego y mirar los movimientos del árbitro brasileño de actuar localista. Qué manera de sufrir, al mejor estilo peruano, como antes y como siempre.
A un equipo desesperado se debe enfrentarlo con cautela, mucho temple y priorizando el factor defensivo. Lo que hoy se vio de Argentina es lo mismo de los últimos partidos, no concreta lo que genera, se puede medir cuando el arquero peruano es figura. Hoy no funcionaron las transiciones de defensa a ataque, porque Sampaoli planteó bien el partido, cortando los circuitos y la asociación, casi la misma decisión de Gareca para no preparar un plan de anular a Messi, pero sí de cortarle los caminos de tránsito. El epilogo del partido encontró a un Perú jugado en temperamento, luchando cada balón, con un fresco Cartagena y un Aquino cada vez más sólido. Con un Araujo de rendimiento superlativo y un Tapia cada vez más líder.
Hoy Gallese fue un titán en el arco, que calló las bocas en la misma Bombonera y quien sabe al final de la clasificatoria, lo terminen culpando de la eliminación Argentina. El pitazo final nos dejó la tranquilidad de un resultado aceptable, con un rendimiento parejo y solidario del equipo, esta vez los otros resultados no ayudaron y se acortaron los tiempos y quedan 90 minutos de infarto fulminante, para seguir haciendo fuerza. Es hora del descanso y preparar energías, Perú depende de su propia decisión, queda un partido de definición contra una Colombia sorprendida, en Lima, con su gente, con esa misma hinchada que pintó de rojo y blanco Buenos Aires y que espera que el sueño se haga realidad, de una buena vez, para terminar este descarriado sufrimiento.




 

 

 

El Señor de los cielos

TRIUNFAZO!!!
Son partidos como este, los que hacen olvidar a los peruanos, que hace unos meses tiraban por la borda todas sus ilusiones y pisoteaban su esperanza. Son triunfos como este, los que rompen los esquemas del sentimiento, los que desfogan las emociones y hacen samaquear el corazón a una intensidad de 9.9 en la escala de Richter.
 
Son epopeyas como esta, las que exaltan el fervor y unen en un solo abrazo a los 30 millones de peruanos, marcando la escarapela del orgullo patriotero en su pecho. Son este tipo de resultados, por la trascendencia, el rival y sobre todo porque se rompió una hegemonía de muchos años, los que en una etapa crucial de clasificación, encienden la flama de la ilusión que entusiasman más de la cuenta, desbocando el sentido común, el equilibrio y el raciocinio. Y es que el hincha es así, le cuesta entender que hay motivos para celebrar, pero también para poner los pies bien fijos sobre la tierra.
 
HAZAÑA EN LAS ALTURAS
Era un partido que definía la suerte de ambos. Debía asumirse riesgos para romper una supremacía de resultados adversos. Gareca optó por partir el esquema, fijando bloques de contención, con un 4-3-3 para controlar el posicionamiento rival y neutralizar el desborde por bandas, anticipando a los grandotes fuera del área. Arriba un tridente para hacer presión alta en momentos justos y ventilar la recuperación, evitando que Ecuador realice ese juego de demolición con sus aviones por los costados y cuando se tenía el balón, administrarlo con propiedad.
 
Fueron vitales en este orden táctico la zaga sin fisuras, con Rodriguez -pareciera que juega en la Premier League- ganando todo arriba, Ramos siendo la sombra y complemento así como Corzo para jugarse entero y cerrar su lado. Trauco, aún con desbalance y sufriendo el desborde de Valencia. Tapia como el soporte para recuperar y Yotún para la salida prolija. La ratificación de Cáceda repercutió en un arquero bañado en confianza y respondiendo acertadamente cuando le tocó actuar.
 
Costando la elaboración por la agresividad ecuatoriana en la marca, que importante resulta tener a Paolo arriba. Con lo que le cuesta jugar en altura, puede que no trascienda en el juego, pero es una pesadilla para el rival, logrando aligerar los espacios que recorren Cueva y Flores para el desequilibrio. Esta vez Carrillo fue el volante mixto para desbordar, pero copando defensivamente la franja por donde Ecuador es letal cuando hace la contra. Así como la tuvimos dificil, generamos de cara a la red. Los inicios de cada tiempo fueron trascendentales, para dar el equilibrio y oxigenación.
 
Europa nos ha devuelto a un Flores más entero físicamente, mas jugador, ya no es el “orejas” que solo escucha, también está bien de la cabeza y toma buenas decisiones. Si Perú hoy se ha reencontrado con los resultados, Flores ha resultado vital, marcando goles decisivos en momentos claves. Hoy es un referente de Gareca y funcional jugador, que es mas practico que vistoso, pero sumamente eficaz. En Quito no fue la excepción y abrió el camino con un sablazo cruzado que remeció el Perú entero.
 
Ingreso importante de Cartagena, en un momento crucial, quitó y la distribuyó adecuadamente, su actuación pasa por esa madurez futbolística que acentúa a su corta edad. Un buen prospecto y realidad vigente que se espera se consolide con más kilometraje. Cuando todo se orientaba que la “foquita” Farfan ingrese a recorrer la banda derecha y ser la puñalada asesina. Gareca optó por un “caballito” de Troya, un nombre desconocido para la zaga ecuatoriana, pero que en su mejor versión y apareciendo de sorpresa, hizo el segundo con una técnica exquisita, abriendo el pie y poniéndola tan justa a un rincón inexpugnable para Banguera.
 
LOS MOMENTOS DEL FUTBOL
Qué duda cabe hoy en día, el fútbol es de momentos. Mientras las selecciones referentes de Europa bostezan esperando a sus rivales de turno, en Sudamérica cada partido cuesta sudor y lágrimas. Los que empezaron como una tromba, han decaído por efectos de un recambio generacional que ha encontrado a equipos como Chile, Paraguay o Ecuador en momentos inciertos y a Perú en un momento sublime y con nuevos rostros. Argentina sin hallar el rumbo y Uruguay luchando siempre, aseguran una definición de infarto, como hace muchos años no se veía.
 
En el fútbol moderno las dependencias van quedando de lado, prevalece mucho mas el juego asociado y como las individualidades aportan al colectivo. Lo vemos en las selecciones donde los nombres relevantes no funcionan cuando deben ser equipo y les cuesta en demasía plasmar su categoría a los resultados inmediatos. Son estas eliminatorias las más duras y difíciles del mundo, donde cuesta demasiado sostener una regularidad.
 
TAN CERCA Y TAN LEJOS
Hoy seguimos tan cerca de las posibilidades reales de ir al mundial. Se depende de sí mismo y la capacidad para demostrarlo en el verde, pero a la vez nos sentimos lejos, por esas circunstancias ajenas que son parte del futbol, algunas que se juegan en un escritorio y otras que están ligadas al lado espiritual y mental, algo que adolecemos y que en el pasado nos ha pasado factura, que en verdad de Dios, esperemos no nos vuelva a suceder. No ahora que estamos tan cerca. Será vital en el tramo final de esta clasificación, la humildad, como el bálsamo para el manejo de las emociones y la jerarquía, para demostrar el aplomo y la capacidad en los momentos determinantes.
 
LA SUERTE DEL CAMPEON Y LA FE DEL HINCHA
Aunque siempre será discutible su existencia en el fútbol, mucho se habla de la suerte del campeón, aquella premisa que acompaña a los que logran objetivos sorteando dificultades que parecen inverosímiles. Quien sabe y si Perú clasifique al mundial, lo que más se recuerde, sea esa jugada fatídica de infarto que provocó el gol fallado por el Boliviano Justiniano en la puerta del arco peruano, en el minuto final, que nos hizo creer que ya nada pareciera imposible.
 
La bicolor se encuentra en zona de clasificación y a dos pasos de asegurar un cupo para Rusia. Es hora de poner los pies en la tierra, aún no es momento de comprar los boletos, ni de aventurar un epílogo glorioso. Por ahora solo se puede hacer las reservas, pero con cargo de devolución. Y cuan paradójico resulta el fútbol, que le brinda a Gareca la oportunidad, a su reniego de voluntad, de ir a Buenos Aires y darle a Perú la posibilidad más cercana de clasificación, en el mismo lugar donde un día se la quitó.
 
Se vienen las fechas decisivas en el mes de Octubre, mes de los milagros. El hincha peruano celebra jubiloso, porque tiene motivos para la sonrisa y hace de la fe una devoción en una montaña. Hoy ha ido a las Nazarenas, le ha puesto la bicolor al Cristo Moreno y ha rezado por su presente y su futuro, por este triunfo épico en las alturas, pero también para agradecer por esta realidad tan necesitada, al Señor de los Cielos.
  

PERU #Una sola fuerza

No fue una noche cualquiera, no fue un día cualquiera, había un pueblo herido en su sensibilidad, unido por condescendencia para con sus hermanos que viven horas amargas, víctimas de un injusto sufrimiento extremo. Gente que ha sido castigada con el juicio final adelantado y la ira despiadada del cielo que ha descargado su furia cruel inundando sus hogares, perdiendo sus seres queridos y enterrado en un lodazal sus esperanzas de vida. Peruanos que han visto desaparecer ante sus ojos su pasado y su presente, viviendo un panorama de desastre y consternación, que ha calado hondo en el sentimiento de un país, que se encuentra más unido que nunca contra la desgracia.
 
Y ese pueblo entero se vistió de blanquirrojo, tomó su bandera de la ilusión eterna abarrotando la grada de nuestro remozado Estadio Nacional, uniéndose en un solo abrazo, entonando un himno nacional histórico y vibrante, sintiendo latir en la sangre ese minuto de silencio conmovedor, que para el equipo bicolor significó una inyección de ánimo y confianza, en un acto simbólico de desagravio para esa gente que sufre y que lo ha perdido todo y para ese hincha peruano, que se hizo más mortal y más humano. Y es que el fútbol es así de único, es el deporte que tiene el poder de unir y desunir emociones distintas, juntar pueblos y deshacer diferencias, quizás no pueda solucionarlo todo, pero es un aliciente para calmar la angustia, apaciguar el alma y complacer al corazón.
 
Y nuestra selección se hizo pueblo, se hizo esperanza, tuvo una motivación diferente, para intentar hacer un partido de 8 puntos con rendimientos parejos, jugando más con la cabeza y el raciocinio que el propio sentimiento y el corazón. En estas instancias de eliminatoria, los segundos partidos, tienden a definirse en los 20 minutos iniciales, el desgaste obliga a resolver y después aguantar. Perú con su historial disparejo de primeros tiempos terroríficos, ha tenido el temperamento y la rebeldía, como factores que han consolidado una forma de jugar y afrontar las dificultades que se dan en todo partido. Gareca, gran admirador de la técnica del futbolista peruano, ha potenciado la mentalidad de sus jugadores, hoy tiene un equipo con recursos escasos, pero que pelea siempre y no renuncia nunca, quien sabe lo más rescatable del “tigre”, sea la exigencia de tener claro que el resultado es el objetivo primordial y hay que meter, luchar, batallar y neutralizar al rival, pero jamás dejar de JUGAR, fiel a nuestro estilo, a nuestra costumbre y devotos de nuestra identidad.
 
Uruguay llegó a Lima con el ojo morado, el labio roto y el orgullo magullado, Brasil había hecho una fiesta en su propia casa y se había divertido a sus costillas. Perú en cambio venía de saborear un resultado esquivo, cuando todo apuntaba a pintar una acuarela de regocijo. Los charrúas venían a remendar una mala racha, hicieron su apuesta con gente experimentada en el medio para neutralizar la creación de juego peruano, asfixiar a Cueva y aislar a Paolo, sometiendo los espacios que queden de las divididas, para que arriba Luisito sea el “pistolero” letal cuando se encuentre con Cavani. El aguante celeste, era lo opuesto al zarandeo que el equipo de Gareca propuso en el arranque. El triunfo para Perú no era una simple necesidad, más allá de una urgencia de puntos, era una obsesiva y extremada obligación.
 
El fútbol moderno demanda hoy en día, mucho músculo, dinámica, velocidad y precisión, ninguno es excluyente y para la confrontación de alta competencia es una exigencia que la mayoría de jugadores sudamericanos desarrolla en Europa, en cambio para los nuestros son muy escasos, no tenemos tantos en ligas competitivas y tampoco en la continuidad que se quisiera. Nuestros recursos resultan exiguos, si nos medimos con planteles que juegan con su libro de historia bajo el brazo. Uruguay resulta un rival de fuste, desde la categoría de sus jugadores de renombre y su legado que siempre produce un respeto innegable. Pero en el fútbol, no hay que confundir el respeto con el temor, la mejor forma de respetar al rival es superarlo y ganarle con las mejores armas.
 
Y en la cancha Perú superó a un Uruguay corajudo, utilizando el plan más adecuado, prevaleciendo la posesión del balón y el control del juego, pero sobre todo por la eficiencia y precisión para su traslado. Ante un rival que volcaba sus hombres copando el campo, el arma letal fue el balonazo largo buscando a Guerrero a las espaldas de los centrales, jugando en campo celeste con el toqueteo avispado en tres cuartos de cancha de Carrillo, Cueva y Flores. Abajo otra vez el “mudo” Rodríguez, siendo ese Ángel que se suspendía en el aire y ganando todas por arriba y Araujo, sin tener nada de novel, jugando como experimentado. Un planteamiento inteligente para abrir la cancha, presión alta a los volantes de primera línea, Vecino y el “tata” González, cerrando las bandas para evitar las subidas de Pereira y Fucile, originando que Suarez y Cavani no reciban balones limpios. La idea no era poner todas las armas en anular a Luisito, fue mejor decisión taponear a quienes suelen lanzárselos. Entonces Perú hizo un fútbol que más vistoso o agradable a los ojos, fue primordialmente fructífero y eficaz.
 
Punto aparte para nuestro Paolo Guerrero. Tan nuestro que lo sentimos como un patrimonio nacional, es tremendamente conmovedor como se transforma cuando se pone la bicolor, pareciera que se enfunda de un vigor y potencia extremo. Se viste de gladiador y más que jugar, pareciera que luchara por su tierra y por su gente. Tuvo una primera jugada excelsa. Trauco le pone el pie abajo para templar la pelota y en el aire Paolo la domina con su botín derecho y antes que caiga define ante Muslera, caprichosamente no entró, pero por la plasticidad de la jugada mereció otra suerte, que de seguro estaría entre los goles de élite mundial. El empate fue una jugada calcada, Yotun muy lúcido, suelta un pase celestial que encuentra a Paolo y Godin palmo a palmo. Guerrero pone la cabeza y supera al uruguayo dejándolo desparramado con todo y su cartel, para definir de manera despiadada, segura y letal. Una daga asesina que se clavó en el arco “charrúa” y levantó todo un país. Que sería de nosotros sin Paolo, de seguro que en el tiempo, cuando ya no esté en la selección, más allá de extrañarlo, asumiríamos que hubo un antes y un después de Paolo Guerrero.
 
Otro que se ha trasformado en este equipo de Gareca es Jhosimar Yotun. Veloz, sagaz y muy preciso para recuperar y dar el primer pase seguro, se ha hecho un exiguo lanzador. Si antes fue una alternativa, hoy resulta una admirable realidad, pues el aporte del zurdo le da un aire distinto a un equipo que le cuesta adaptarse a la modernidad del juego, que exige dinámica y velocidad. De igual forma el aporte del “oreja” Flores, es admirable por como adiciona al equipo el desgaste en su recorrido al que le agrega fútbol y eficacia de cara a la red. Hizo el segundo en un momento crucial del partido, pero perdió otro que pudo ser de antología, cuando se encontró frente a Muslera y decide bien por sombrearla, pero ejecuta mal, al pegarle muy abajo. Ese 3-1 nos hubiera evitado estar al borde del infarto, cuando ese balón pegó en el travesaño y el árbitro no cobra el penal de Polo. Esta vez tuvimos al árbitro de buen amigo y a la virgen de la buena ventura detrás del arco.
 
Este triunfazo ha dejado alegría dispersa entre un pueblo que llora su desgracia, primero por la forma como se ha conseguido y también por la jerarquía del rival. Pero hay que ser conscientes que nuestras limitaciones nos obligan a tener que pelear siempre, no alcanza por ahora nuestra realidad, aunque la tabla clasificatoria se haya desbaratado y cualquier cosa pueda suceder, aún estamos lejos de hacer realidad el sueño. Pero hay que reconocer que la mayor virtud que tienen los peruanos, es su fortaleza para asumir la adversidad como punto de partida para resurgir de entre las cenizas o el barro de un huayco, en ello el fútbol suele ser un bálsamo y un factor anímico que alimenta el espíritu de su gente, para recuperarse de forma valiente, con coraje, uniéndose en un solo puño y haciéndose una sola fuerza.
 



No caido, solo desplomado

A estas alturas quien podría discutir que estas eliminatorias sudamericanas, son las más duras del mundo. Jugar espaciadamente, con jugadores que solo tienen 5 días de integración antes de cruciales encuentros y un DT que si bien es cierto cuenta con algunos meses para diseñar una estrategia, tiene poco tiempo para ejercitarla. Debe evaluar entonces como vienen física y mentalmente, además de su nivel competitivo, según su realidad debe tomar decisiones por pensamiento antes que por convencimiento. Difícil misión para los que carecen de ese universo de jugadores de jerarquía y sobre todo con kilometraje y horas de vuelo, vital para este tipo de partidos.
 
Y la realidad de estas eliminatorias muestra que solo Brasil -que anda en un estado de gracia- se consolida en el puntaje perfecto, con un futbol de ensueño, juega y encanta, pero también arrasa y aplasta al rival, sea en el Maracaná o el mismísimo Centenario de Montevideo, en gran parte porque ha encontrado la cohesión de un grupo de talentosos que juegan a un ritmo impresionante, encabezados por un Neymar, que está en la edad y el momento justo para pasar de ser líder a luminaria, porque Crack ya es hace rato. Este Brasil de Tité, a su talento innato le puso vértigo y juego parejo, pasa de primera a la quinta marcha de manera extraordinaria, con una dinámica y velocidad que es muy difícil de parar. Este Brasil, pareciera haber retomado su esencia natural, a la cual le ha agregado la fortaleza mental y la recarga muscular necesaria para apuntalar esa nave verdeamarella, que pareciera ya tener asegurada una suite en Rusia, donde buscará resarcir aquella vergüenza marcada en el alma, desde aquel mundial del 2014.
 
Son esos los momentos que tiene el fútbol -rachas que le dicen- tiempos que pueden ser cortos o espaciados y que equipos como Argentina, Uruguay, Colombia, Chile o Ecuador, no consiguen hasta ahora esa continuidad en juego ni en resultados como anteriores eliminatorias, donde a estas alturas ya se vislumbraban las diferencias. Hoy anda todo emparejado, aun y cuando los países referentes tienen jugadores regados por el mundo y en niveles de competencia superlativos, a veces pareciera que ello no basta, pues cada fecha doble debe programarse para jugar un partido con la cabeza y el otro con el corazón. Los resultados dicen que se puede tener un buen equipo, pero lleva ventaja aquel país que tengan un gran plantel, aunque ni siquiera Argentina con el mejor del mundo en sus filas, puede respirar tranquilo, pues ha comprado boletos de oferta para Rusia, pero hasta el momento, solo figura como pasajero en lista de espera.
 
Y Perú, nuestra selección, es un punto aparte, un párrafo excluyente, una clausula extracontractual fuera del contrato de adhesión sentimental que tiene con el hincha, con su gente con su pueblo. Jugadores sin continuidad, nombres que los fines de semana llenan portadas, pero que con la selección enfrentan otra realidad, otro escenario. Y a diferencia de otras selecciones, los nuestros muchas veces juegan más con la pasión, que la propia capacidad que le brinda su talento. Gareca nos ha acostumbrado a plantear equipos de acuerdo al rival, ha sabido recomponer en el camino las adversidades del juego y los errores que muchas veces son atribuibles a casos individuales, pero que deterioran el colectivo. Pero siempre ha estado presionado a imponer los nombres por encima de los hombres, por una cuestión de urgencias y resultados, en la cual le cuesta demasiado tomar riesgos.
 
Contra Venezuela, que tiene la suerte echada, este 2-2 por la forma como se dio tiene sabor amargo a derrota. Contra un equipo joven y tan veloz como el venezolano, es difícil enfrentarlo desde el inicio saliendo como una tromba, es mejor ser cauteloso, bajarle las revoluciones y hacer de la pausa y la paciencia nuestras armas. El planteamiento de Gareca fue irreal, una cancha mojada y césped disparejo, no es mejor escenario para tocar rápido, el partido estaba más para disponer la actitud como equipo que desarrollar la aptitud o capacidad individual. Y si a esto se le agregan goles en contra, mas por errores nuestros que virtudes del rival, todo se pone cuesta arriba, es la figura repetida de los últimos partidos y otro primer tiempo para el olvido. El segundo nos muestra de lo que es capaz Perú cuando toma decisiones, cuando se planta bien y arriesga con criterio, a pesar de las adversidades, logra emparejar y superar en juego, en capacidad, pero si la superioridad no se deja sellada en la red, lo que se dibuja en el verde solo sirve para la anécdota.
 
Nombres para resaltar, “Oreja” Flores y su madurez para trabajar los espacios, lo de Cueva y su constancia para mostrarse siempre, aunque la del último suspiro, cuando pudo ser héroe, decidió en dos segundos ser villano. Paolo letal cuando se devolvió a su hábitat, el área chica y dejó de deambular alejado del arco buscando hacer juego, fuera de lo suyo, el gol. Carrillo, si quisieras Carrillo, no serías una “culebra” que zigzaguea alegre y coquetona, si quisieras Carrillo, serías una cobra asesina, letal, calculadora y veloz para el ataque mortal. Solo si tú quisieras. Un equipo blanquirojo que sacó a relucir otra vez rebeldía, para levantarse de entre lo adverso y estuvo tan cerca de revertir una realidad, pero que nuevamente esperó el primer golpe para reaccionar y se quedó al final, como siempre, con el “pudo ser” y el lamento del “hubiera sido mejor”.
 
En el fútbol el resultado es el Dios, estamos demasiado cerca tanto para levantar la mano y decir adiós, como para hacer un puño y volver a la carrera. Pero viene al caso nuestra modesta posición inicial: No vamos a ir al mundial, no lo merecemos, no tenemos con qué, no tenemos competitividad colectiva, salvo algunas individualidades. Empezaremos a creer que es posible, cuando veamos que nuestros equipos logran competitividad y pasen al menos una fase de Libertadores o Sudamericana, cuando nuestra Sub-17 o Sub-20 clasifiquen a un mundial, demostrando que se está trabajando en serio nuestro futuro, cuando los progresos de los vecinos no nos sean ajenos y cuando por fin se entienda que al mundial solo se llega con planificación y competitividad.
 
Como peruano, solo queda seguir brindando el aliento constante a nuestra selección, somos luchadores por naturaleza que ponderan los logros desde la tragedia, es nuestra idiosincrasia, como País, como sociedad, en esas circunstancias nos unimos, nos hermanamos, pero nos dura tan poco, que cuando pasa todo, volvemos a ser los mismos peruanos de siempre, los mismos ciudadanos desentendidos y los mismos hinchas del fútbol, que exigimos más de lo que tenemos y pretendemos hacer realidad ese sueño mundialista que sobreviene cada vez que se empieza una nueva eliminatoria, finalmente a pesar de la realidad, seguimos siendo ese hincha que asume hoy que su equipo no está caído, solo se ha desplomado.