Mostrando entradas con la etiqueta CR7. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta CR7. Mostrar todas las entradas

UN CRISTIANO DE TODAS LAS NACIONES


El día que la UEFA decidió crear la Liga de Naciones para darle una categoría más competitiva a las fechas FIFA quitándole el carácter de “amistoso” aprovechando la pausa entre el final del Mundial y las eliminatorias rumbo a la Eurocopa, eligió también que en su primera versión, la final del torneo se daría en Portugal en el Estadio Dragao, donde suele jugar el Porto. Pero nunca pensaron que tamaña decisión tendría una feliz coincidencia para el propio anfitrión, que en base a una excelente campaña dio la vuelta olímpica y fue la copa  número 32 para un futbolista nacido para ganar y criado entre trofeos: CRISTIANO RONALDO. Así con mayúsculas.

Después de una semifinal electrizante Holanda había dejado atrás a Francia y la poderosa Inglaterra, mientras que Portugal llegó a la final del torneo tras derrotar a Suiza por 3-1 con un “Hat-Trick” y una actuación memorable de Cristiano Ronaldo. Una final con mucha expectativa por el resurgir de una renovada selección holandesa y un derroche de juventud que deja para la imaginación el futuro del futbol del viejo continente. Buscaba reivindicarse tras quedarse fuera del Mundial 2018 y la Euro 2016. Portugal por su parte viene constituyéndose en una fuerza competitiva en Europa que suma a su palmarés su segundo cetro continental en menos de 3 años.

Cristiano Ronaldo es uno de los grandes futbolistas de todos los tiempos, para muchos es el mejor del mundo por encima de Lionel Messi, en su disputa mediática. CR7 es un ganador sin discusión, el portugués ha demostrado a lo largo de su carrera ser un jugador completo y un goleador especial. En el área es un “animal del gol”. Posee una mentalidad de hierro que lo ayuda a sentirse siempre mejor que el resto y logra demostrarlo en hechos reales. Algo que se confunde con el ego, pero que compone su personalidad que rompe las barreras de lo habitualmente correcto. Portugal guarda en su baúl estadístico un antes y un después de CR7.

Portugal ganó el duelo a Holanda 1-0 siendo la figura Gonçalo Guedes quien anotó el único tanto y aunque en esta final CR7 no gravitó tanto por la marca superlativa que le impuso el notable central Virgil van Dijk, con quien disputa junto a Messi el premio para el Balón de Oro, igual al final festejó con una alegría inusitada. Estaba en casa, con su gente, recordando quizás con melancólico regodeo aquella final de la Euro del 2016 que no jugó ante Francia por lesión y lo dejó con un sabor agridulce. Esta vez dio la vuelta olímpica bañado en euforia, sintiéndose absoluta e inmensamente consagrado. Para eso se mentaliza y se esfuerza física y psicológicamente cada minuto de su existencia, para ser un ganador y triunfador. Una leyenda.

Mientras en Sudamérica seguimos con los partidos amistosos, en Europa le dieron un valor agregado, un nivel competitivo que en la práctica mide fuerzas reales de las potencias futbolísticas del viejo continente. Agrupados en Ligas por niveles y de acuerdo a su ranking mundial, este torneo que nació sin muchas expectativas, ha terminado siendo una real competición. Esta vez lo ganó Portugal y en su propia casa, celebrando como si hubiera ganado un Mundial. Lo merecía el equipo luso que se ha superado a sí mismo y lo merecía también Cristiano Ronaldo, un predestinado para el triunfo y alguien para quien los títulos son su razón de ser y existir. Quien sabe cuántos años más le quede a este monstruo victorioso en el fútbol. Por ahora disfruta de este nuevo galardón y de ser un Cristiano de todas la Naciones.




URUGUAY NOMA!!

TRIUNFAZO!!! Para jugar al futbol debe existir primero la amistad entre los compañeros. Para ser parte de una selección, debe ser parte inevitable el compromiso de cada uno de los jugadores. Para jugar un mundial, debe tenerse bien claro el objetivo, de acuerdo a la capacidad del equipo y de cada uno de los seleccionados. Pero para ganar partidos de un mundial, hay que tener la convicción que todo lo dicho anteriormente es real y hay que poner media vida en lograr conseguirlo. Creer en tus fortalezas, olvidarte por 90 minutos de tus debilidades y ser un convencido que las cosas más difíciles se pueden lograr, si se ponen los huevos y se olvida quien está al frente. 
 
Este Uruguay demuestra siempre de lo que es capaz. Convencido de ello, afronta el reto más complicado, siempre fiel a su tradición. Su futbol tiene el condimento perfecto de raza y temperamento, a ello le añade una pizca de técnica. Portugal no sería tan temible si no contara con ese portento de la definición y animal del gol que es Cristiano Ronaldo. Si antes de ser campeones de Europa, debían someterse a una actuación increíble del luso, hoy es un equipo ordenado, que trabaja coordinadamente para que sea su figura estelar, la que brille de cara a la red. 
 
Pero ante este Uruguay, hay que hacer mucho más que contar con una súper estrella. Equipo con las ideas convencionales de su técnico por 12 años, el Maestro Tabáres, que plantea un esquema conservador quizás, pero que explota con los dos misiles que tiene arriba. Suarez y Cavani, que pueden jugar con los ojos vendados y más de tres pases coincidirían. La dupla de Godin y Gimenez, es el respaldo en defensa para ser el soporte que requieren Torreira y Nandez, como contra Portugal o Arriscueta y Sanchez cuando les toca. Con mucha flexibilidad para los posicionamientos, de acuerdo al rival. Un equipo sólido para defender, que achica espacios y que sobre la marcha puede cambiar de esquema, aunque a veces no sea estético, resulta altamente efectivo.
 
Este partido de octavos, es una instancia más seria del mundial, donde se deben asumir riesgos. La premisa del maestro Tabáres, consistió en anular a CR7, respirarle siempre cerca y dejarle sin espacios dentro del hábitat donde se siente cómodo. Cuando fue el 9 de siempre, se eliminó el peligro con los turnos de los centrales. Cuando fue por izquierda era tomado en marcas escalonadas, logrando que sean infructuosos todos sus intentos. En esta labor Torreira el émulo de Arévalo Ríos, jugó el partido de su vida, dejando parte de ella en el sudor hecho sacrificio. Portugal siempre busca la asociación para terminar con centros buscando la cabeza de CR7 o balones perdidos que sabe muy bien aprovechar. Sin ocasiones claras, la impotencia lo fue anulando hasta hacerle perder los papeles.
 
El primer gol fue una pared increíble de 50 metros. Cavani recogido, busca a Suarez al otro lado del campo, en un cambio de orientación perfecto. El “Pistolero” controla, se perfila y lanza un pase largo devolviendo el balón a la cabeza de Cavani que llega justo y define de un testarazo que levantó el Fisht Olympic Stadium. De ahí la labor de aguante uruguayo. Con mucha propiedad para mantener el control del balón, neutralizando a un Portugal que se volvió más incisivo y peligroso. La única ocasión de descuido en la zaga charrúa, lo aprovecha Pepe para poner el 1-1 que no duro mucho.
 
Si hay algo que sabe manejar este Uruguay, son los momentos cruciales, pareciera que es cuando más crece. En la misma férrea idea del principio, encuentra el desnivel a través del mismo héroe. Edison Cavani, de una actuación estelar, recibe de Betancur y define deliciosamente poniendo el 2-1 que a la postre fue el definitivo. Otra vez a soportar los sofocones, sufrir más de lo adecuado. Lo lamentable fue la salida de Cavani. Sintió un pinchazo y se fue lesionado. Ojalá y no sea de consideración, pues Uruguay perdería mucho peso ofensivo.
 
Uruguay despachó a CR7, lo mandó a cruzarse con Messi en el aeropuerto. No será un equipo vistoso, de juego atildado ni tampoco procesa algún código especial que garantice superar el rival que tengan enfrente, con algún sistema distinto a lo tradicional. Tiene la idea de juego clara, utiliza lo que tiene a la mano y se acomoda más a un estilo pragmático. Levanta una fortaleza atrás y lanza dos dirigibles que destruyen murallas ajenas. Es su estilo de siempre, ese que resulta tan conocido, previsible de afrontar, pero tan difícil de superar. Este es URUGUAY NOMA.
 
 

TRES VECES CRISTIANO

Podrán discutir su ego super dimensionado, su extravagancia para tomarse las cosas y su extralimitado desborde de superioridad, cuando se describe a sí mismo y hace alarde de sus cualidades personales. Pero jamás será materia de discusión, ni siquiera con el pensamiento, su capacidad de aniquilación en el área y la fortaleza que posee para mentalizarse en sus objetivos mas lejanos, que le permiten revertir los momentos críticos. Una gran capacidad inventiva para la generación de juego asociado, con una constante movilidad que desequilibra las posiciones rivales. Cristiano Ronaldo, un animal del gol, un tocado por algún ser superior que lo hace bendito en la efectividad consumada. 
 
Un tremendo partidazo este Portugal – España, por la dimensión de los equipos y por la trascendencia de sus historias enfrentadas. Un partido perfecto para CR7. Prácticamente lo empareja solo, con Hat Trick inolvidable, para hacer del mejor partido del mundial, hasta el momento,  una forma de medición de su real valía para lograr la eficacia. Y la capacidad técnica de CR7 no solo ha pasado por los goles, va también asociado a sus movimientos perfectos. Para sacar de su lugar a Piqué y aislarlo de Sergio Ramos, para generar juego y  sean sus compañeros los que también trasciendan. Algo que no ocurre, como si logra con el Real Madrid a quien ya le dio tres Champions seguidas. 
 
Esta España golpeada en el ánimo, pero muy consciente de su valía, no deja de ser ese equipo compacto y muy exquisito por momentos, con una contundencia fuerte arriba. Los años de Iniesta quizás, lo hacen más vulnerable para aislarlo del juego, pero tiene en Isco y Busquets socios que no dejan que su hipnótico talento se termine de despedir. España más dispuesto a la posesión y la recuperación del balón. Hierro debe seguir el trabajo pre concebido antes del despido de Lopetegui. Portugal agresivo y solidario, para arroparse con criterio y desde la voz de CR7 salir en tropa para la contra. Allí se hace importante CR7, cuando encara, cuando enfrenta la dificultad con personalidad. Ha tenido partidos, donde ha preferido la espera y la quietud para ser oportunista. Hoy no solo fue el mejor jugador portugués, fue todo Portugal representado en sus botines.
 
 
 
Y  fue un partido de 6 goles, España hizo dos en los pies de Diego Costa y una joyita de Nacho, que pareció pegarle con una raqueta. Pero por parte de Portugal, los otros tres del empate fue obra maestra de CR7 el último balón de oro. El primero se fabricó un penal con una bicicleta previa, que cuanto más conocida es, más difícil se hace de parar también. El segundo fue a pura intuición, con la complicidad del portero De Gea, que se come el gol por la potencia como le pega de zurda Cristiano. Y el tercero fue una obra de arte. Es difícil cerrar el estadio, al inicio del mundial, pero bien que lo merecía. Tiro libre y mucho tiempo que no ensayaba ese misil que le valieron otros memorables goles. El balón se metió, por el último hombre, haciendo una parábola, besando la red y dándole las gracias por tremenda joya. Pedazo de gol, que digo gol GOLAZO.
 
España muy al margen de esta actuación colosal de CR7, es candidato siempre, asocia muy bien. Toquetea y fabrica peligro desde la inventiva de sus hombres, Ramos cuando decide jugar es portentoso atrás. Hoy hizo un juego intermitente, pero muy efectivo de forma vertical. Posiciona y triangula con eficacia. Para su mala suerte, hoy se topó con un Cristiano celestial que se hizo gladiador material. Un animal de linajudo pelaje, corajudo y mas líder que nunca, que quizás haya hecho su mejor presentación en la historia de los mundiales. El mejor delantero goleador que puede ser capaz de cambiar la historia de un partido y quien sabe también de un mundial.
 
El marcador final lo dice todo: CRISTIANO RONALDO 3 vs ESPAÑA 3
 
 

SALAH MADRID

Otra final de Champions. Otra vez el Real Madrid y esa hegemonía para trasladar al verde su sapiencia, su jerarquía obtenida por sus horas de juego. Mientras el Liverpool, es como ese barco viejo que lo renuevan cada cierto tiempo, le dan una mano de pintura, reparan sus velas y lo vuelven a echar al mar. El Madrid en cambio, es como un rompehielos que navega imponente, destrozando los icebergs que se le cruzan en el camino.
 
Jürgen Klopp estuvo acostumbrado a pelear toda su vida. Siempre barbado, mirando firme y con el cabello alborotado, un fiel seguidor del Heavy Metal, que ha sumado a su carácter, ese temperamento que fue el eufemismo para asolapar sus limitaciones en sus épocas de jugador. Hoy como entrenador es un motivador por excelencia, logra trasladar a sus jugadores, ese genio rebelde que libera para ayudarlos a repotenciar sus cualidades transformando una capacidad limitada en una destreza vigorizada
 
Zidane sigue el legado de lo que fue su época de extraordinario jugador. Un exquisito futbolista que jugaba con frac y que desde el banco ha logrado que este Real Madrid sea un equipo con oficio, con un alto grado de eficacia y con ese necesario instinto asesino que le permite agazaparse en el aparente sometimiento, para sacudirse con elegancia y una dosis de perversidad, para rematar los partidos donde se ha sentido sofocado.
 
Un primer tiempo arrollador del Liverpool, controlando el juego con un pressing asfixiante y movimientos prolijos para sectorizar el campo. Un 4-3-3 de rotaciones justas y su martilleo constante del tridente mortal de Salah, Firmino y Mane –de gran actuación-mantenían la preocupación en el fondo merengue que sufría estragos en la salida. Un Madrid que no podía dar tres pases seguidos era muestra de que Kloop hacía eficaz un planteamiento donde prevalecía la presión alta, la dinámica y la paciencia para rotar el balón. Liverpool tenía posesión y mucha profundidad, dominaba el juego. El Madrid, solo tenía –otra vez- a Navas y a un siempre peligroso Benzemá.
 
Pero este Madrid es una bestia gigante que adormita profundamente. Si logras entrar a sus dominios, a pies juntillas, debes liquidarlo en su peor momento de confusión, herirlo de muerte al menos. Porque si despierta y te pilla que has osado acercarte demasiado, sin haberle hecho ningún rasguño, lo más probable es que mirándote directo a los ojos y sin el más mínimo complejo de culpa, te destrozará el alma de un solo zarpazo.
 
El punto de quiebre del partido tuvo dos momentos distintos pero decisivos. El primero fue ese instante fatídico para el Liverpool, cuando mejor estaba posicionado y tenía sobre las cuerdas al Madrid. Salah hace la diagonal buscando sacar del fondo a Ramos, la maña del español predomina ante la pasividad del egipcio. En una llave típica de lucha libre, Ramos lo engancha y se lo lleva al piso, donde el hombro de Mohamed grita el nombre de Alá y siente el crujido. El español -con antecedentes similares- solo veía complaciente como el mejor valor del Liverpool -que pintaba para levantar la orejona- debe irse de la cancha a la media hora de juego, con el llanto y desilusión dibujado en el rostro.
 
El segundo momento fue algo insólito para estas instancias de exigencia y competencia futbolística. Error amateur de pichangas de barrio del portero del Liverpool. Quiso apurar el juego con las manos sin detectar que Benzemá, sacando su pasado palomilla, esperaba el error grosero que normalmente no sucede, pero que le permitió la apertura del marcador en un momento crucial. Los arqueros son la piedra angular de los equipos, que están para evitar los goles contrarios y salvar muchas veces a su equipo de una derrota. Esta vez al portero del Liverpool, este absurdo error le salió demasiado Karius.
 
Cuando una pareja termina su relación, ambos sufren el dolor de la ausencia, pero siempre uno de los dos termina perdiendo más que el otro. Salah es para el Liverpool, el soporte de habilidad y explosión que desacomoda centrales y ha logrado formar un tridente letal con Firmino y Mané. Carvajal es para el Madrid, la salida prolija y el sostén de la banda derecha que cuida las espaldas de Modric. Si el Liverpol tiene buenos jugadores y un buen funcionamiento colectivo, el Madrid, tiene un gran plantel y una banca de lujo. Mientras uno tiene como sostener el funcionamiento, el otro depende de los once que saltan a la cancha. Con las lesiones de Salah y Carvajal, el Liverpool terminó perdiendo más de la cuenta. No eres tu soy yo.
 
Con el control del partido, el Madrid, se halla en su hábitat. Logra desplegar su juego de contundencia y predomina la jerarquía de sus hombres. Zidane hace gala de su buena óptica. Ante la nube gris que acompañaba a CR7, tira a la cancha a Bale. Un jugador que pareciera jugar por puro hobbie y que le importan dos centavos estar en el verde o en el banco. Esta vez estaba pintado su nombre de héroe. En la prueba más grande que no existe exclusividad de una jugada, ensaya una tijera fabulosa, una acrobática acción para la historia. Le puso nombre y apellido al triunfo. Más tarde desde 30 metros le quiebra las manos a Karius, en otro error grosero del portero que difícilmente va superar este trance en un corto tiempo. Punto final
 
Tantas veces se ha dicho que la modernidad en el futbol camina de la mano del Management para conseguir la acción conjunta de la eficacia, en busca de buenos resultados. Una final de Champions, es una instancia superlativa, que se planifica no solo para ganar un partido, sino para alcanzar la gloria. Pero olvidamos que el futbol siempre será un deporte ejecutado por humanos, tan proclives al error y el acierto. Tan vulnerables a cometer una acción desafortunada, que puede echar abajo todo lo planificado, todo lo que se pudo lograr como equipo, pero que se pierde por un error individual.
 
Madrid otra vez, 13 orejonas en su haber. El éxtasis nuevamente lo acompaña como tantas veces. Esta vez Gareth Bale fue el protagonista, antes que un gris CR7 que al final hizo el berrinche del niño mimado, anunciando que nadie quiso jugar con su pelota. Lo conmovedor fueron los rostros compungidos de los vencidos. No había forma de consolar el infortunio. Podrán criticarse las formas, pero el Madrid tiene todas las ventajas, incluso las que le brindan las adversidades ajenas. Hoy se quedó en Kiev la interrogante que pudo existir un trámite distinto, pero el futbol no distingue de posibilidades aventureras y solo acepta realidades. Solo queda saludar al vigente campeón: SALAH MADRID.
 
 

LA JOVEN SEÑORA Y LA VIEJA COSTUMBRE

El “catenaccio” es un sistema defensivo que fue inventado para no asumir riesgos en el fútbol, predispone el “cerrojo” con 8 hombres pensando en arco propio, con marca hombre a hombre y líbero flotando detrás de la defensa. Sistema que renuncia al espectáculo y resultadista por antonomasia, tiene etiqueta italiana que predominó en los 60’s pero que ha sufrido adaptaciones por la modernidad del juego y la óptica de los DTs amantes de este estilo que han tenido en Mourinho su mejor exponente, quien tiene tantos trofeos en su vitrina como detractores en la tribuna. Pero es un sistema válido, que colisiona con la revolución de Guardiola y su tenencia del balón, el toqueteo infernal para conseguir los mismos resultados pero de manera antagonista. Cuestión de estilos y también de consecuencias.
 
La Juventus pese a ser italiano, no es un exponente del estilo ultradefensivo, pues en el fútbol de hoy nadie se puede dar el lujo de mantenerse 90 minutos cuidando la puerta, porque las individualidades pueden demoler en un segundo todo el andamiaje con una genialidad y peor aún si en el rival hay más de un talentoso. Por ello con el marcador a favor los “bianconeros” con Carlitos como bandera, fueron a Madrid para arroparse en el medio y cortar los circuitos madridistas pero sin dejar de mirar a los ojos a Casillas. Inteligentes para aislar a James y someter al error a Bale, CR7 y Benzemá con un Vidal peligroso, un Tevez laburador, un Pogba sobresaliente ante la desidia de Pirlo y un Morata oportuno y demoledor arriba
 
Control mediano al inicio de la Juventus, luego manejo del balón del Real Madrid y también del marcador con un cobro dudoso a James. El punto de penal da a CR7 su décimo gol en la Champions y enciende la antorcha de la ilusión en el Bernabeu, que conforme sumaba ataques hacia valiosos a Chiellini y Evrá en la Juve que tenía un Marchisio dúctil para el desdoble y ante un Carlitos tapado, un Pogba en la mejor expresión del futbolista total para la recuperación y generación de ataque, aunque impreciso en el último pase. Equilibrio de ataques con su razón de ser en la lucha intensa del mediocampo, lugar donde nacen las ideas y que era compartido por el reparto de opciones. Gianluigi Buffon a desmedro de sus años, desde el inicio se hizo figura descollante. El portero italiano y su potencia de piernas le sacó sendos remates de Bale y otro a Benzemá y fue un envión anímico para su equipo.
 
Morata, un jugador con los genes del Real Madrid, que fue desechado por 20 millones y la imposibilidad de jugar ante tantas figuras, se convierte en el verdugo de capucha negra. En la ida dio inicio al triunfo y en Madrid simplemente fue el elegido. El español recoge un rebote en el área, la acomoda con el pecho y suelta el latigazo que castiga a Casillas que ya había sacado en un mano a mano, el gol de la garganta a Marchisio. Un marcador duro para el Madrid, pues en la remontada había que poner mucho más que gel y piernas. Allí el “catenaccio repotenciado” de la Juve fue vital para ser disciplinados y tapar bien los espacios, dejando sin opciones claras a un Real Madrid que fue diluyendo sus ansias y sucumbiendo lentamente.
 
La Juventus, disputará ante el Barcelona, su octava final de Champions, con su cuarto scudetto en el bolsillo y una historia rica en competiciones. Mientras el Real Madrid solo le hará oídos a la “maldición del campeón” que no permite dos títulos consecutivos desde que otro equipo italiano como el AC Milan logró en el 89-90. Se viene un partido de alto voltaje con dos estilos definidos. El de posesión y desequilibrio del Barsa y el explosivo como disciplinado del “bianconero” que pondrá en el césped del Olímpico de Berlin un duelo sudamericano de Messi y Neymar Jr ante Tevez y Vidal. Pero quizás el encuentro mediático esperado será la de Luisito Suarez y Chiellini, después del mordisco del último mundial.
 
El Barcelona primero debe definir el título de Copa del Rey y la Liga Española antes de pensar en Berlín, habrá un desgaste natural que Juventus, puede aprovechar y que irá preparando desde ahora, primero para utilizar el mejor sistema defensivo similar al “catenaccio” para frenar al tridente MSN y ser letales arriba A la joven señora por estos días no le disgusta para nada, la idea que para ganar la Champions, deba apelar a una vieja costumbre.
 
 

El Fuerte Apache

El cielo de Turín albergaba estrellas que se movían al compás de los cánticos de los tifosi en las gradas, que bailaban ansiosos y libertinos por seguir alargando esta resaca efervescente de embriaguez triunfal. Estos partidos de semis de Champions concitan la atención mundial tanto o igual que los partidos de mundial, el nivel superlativo lo amerita y siempre se espera en estas instancias, partidos vibrantes y llenos de adrenalina. Abajo en el verde, estaba el grupo, el plantel de esta Vecchia Signora que aparece repotenciado, con su scudetto bajo el brazo y sus ganas permanentes de querer devorarse el mundo de un solo bocado. El rival, un Real Madrid siempre temible, siempre prolijo y último campeón de Champions. El mundo paralizado esperaba un encuentro vibrante con buen fútbol y una lucha de poderes en el campo que debían definirlos los que saben jugar este tipo de partidos.
 
Salir a matar desde el banco, esa fue la actitud de la Juve. Generar peligro a partir del desconcierto que suele acompañar al Madrid, cuando sus individualidades andan dispersas y no se saludan en la cancha. Una actitud que requiere todo un andamiaje colectivo, para taponar las salidas del rival y disipar los atisbos de ataque merengue, teniendo el balón en su cancha. Arrinconando sus intenciones debajo de su arco. Fue muy temprano que Tevez encuentra un claro para pegarle con el alma, Casillas responde a medias y Morata –gran actuación- vacuna a placer. El mejor inicio del partido aunque no durara mucho tiempo. Antes de ir a la pausa CR7 de actuación intermitente empareja todo debajo del arco, James había errado previamente de “palomita” lo que pudo cambiar el rumbo, era hora de empezar de cero. El gol de CR7 tiene doble validez y puede gravitar en el desempate del Bernabeu.
 



Fue un partido que tuvo momentos de buen fútbol, pero también con algunos baches. Si la Juve se aplanó con el empate, el Madrid no tuvo determinación para buscar el triunfo, teniendo tan buena cuota de fútbol. A pesar de la intensidad que se jugaba, no trascendieron algunas individualidades, trivial Bale, desorientado Ramos de improvisado medio y despistado Isco que no es lo mismo que Modric, quizás James era el más claro con el balón aunque impreciso en el Madrid. Pirlo en la Juventus, demasiado discreto y Vidal bien controlado, solo Morata y Tevez que intentaban más con pasión que con claridad. El 1-1 era buen negocio para el RM y un dolor de cabeza por todo el cuerpo para la Juve. Alguien debía ponerse el casco y arriesgarlo todo.
 
Y tuvo que ser Carlitos, embanderando su cuerpo con decisión y en el mejor momento del Madrid, hizo una corrida memorable de 50 metros, con el corazón de Tevez, con los huevos de Tevez, para inventarse un penal que el mismo cobró con rabia y calidad, mostrando en la celebración el arrebato hacia los hinchas que lo idolatraban en la tribuna. Ese mismo arrebato que lo acompañó en los instantes finales en que Allegri decide su cambio y se fue puteando al mundo entero. Y es que Carlitos es así, siempre intenso y explosivo, quiere jugarlo todo de principio a fin, siempre con esa sonrisa dispareja en los instantes de júbilo y su cara de perro enojado cuando le chocan por atrás, al coche de su paciencia. Hoy su botín derecho puso la diferencia y sabe que en Madrid puede pasar cualquier cosa, incluso perder.
 
Si la Juventus hoy tiene un sello distinto, más que por individualidades es por el colectivo que ofrece, no es un dechado de virtudes, pero es meritoria la intensidad que imponen sus líneas, ha consolidado su sistema táctico, fortaleciendo su forma de juego, pero principalmente porque ha asumido como etiqueta, la personalidad de un Carlitos Tevez, que está en su plenitud física y madurez, es su goleador y máxima figura, que quiere la orejona y va por ella, para besarla en la cúspide de su carrera. Es la bandera turinense que la Vecchia Signora enarbola en su presente mediático que vive. Carlitos es el jugador determinante que desahoga la presión que meten los tifosi, con esa actitud de irreverencia y desfachatez para estar siempre mirando el arco contrario, que le ha valido su momento especial con la Juventus, que lo encuentra fortalecido y convertido en el jefe vigilante de este, su Fuerte Apache.
 
 
 

Champion Chip

El conmovedor y estupendo triunfo del “Atleti” ante el Chelsea tuvo su valor, por tener al frente a Mourinho, el mayor exponente del futbol defensivo e inexpugnable. Aquel día el colchonero hizo gala de una rebelión provocadora y expuso agresividad, táctica, inteligencia para doblegar al rival, pero sobre todo, jugo bien al futbol. Se hizo una versión mejorada de sí mismo. El título de la liga, fue la consecuencia de su buen momento. Un equipo que no necesitó poner un camión en su arco, presionando arriba, corriendo lo que necesitaba y jugando lo que podía. Demasiado compromiso y mucho vigor para pelear y ser un justo campeón. Hubo desprendido derroche de energías, demasiada celebración, pero un natural desgaste que más temprano que tarde te extiende la cuenta. 
 
El Real Madrid en la previa fue el enunciado del futbol moderno en su máxima expresión, agazapado con inteligencia, jugando a la velocidad del ultra sonido y con la precisión escrupulosa de un bisturí. El cuarteto de porta aviones con Bale, Di María, Cristiano y Benzema, no corrió, voló y muy alto. Ancelotti la tuvo siempre clara, si todos trabajan para el equipo y luego aparece la calidad individual, se da el partido perfecto. La paliza a la aplanadora del Bayern Munich lo confirmó y de qué manera. 
 
Con estos antecedentes, la final de Champions era el partido más esperado y el mundo en forma de balón se hizo uno solo. Una final madrileña, en un lugar lejano de casa y que paralizó los corazones de millones de hinchas. Se habló mucho que en Lisboa, CR7 sería el mimado y que el duelo entre “colchoneros” y “merengues” se definiría en las propias áreas. Pero el futbol de hoy, no solo da respuestas devenidas de la estadística o los fríos números resultadistas. Jugar para cuidar el cero no garantiza nada, un error individual y chau sistema, el replanteo no da espacio para márgenes de error continuo y aquí tiene que ver mucho un factor que se ha hecho ineludible en el futbol de hoy, que es el estado físico. Hoy, más que futbolistas, se requieren verdaderos atletas. 
 
Y fue una final con emociones, con nervios, garra, fútbol y drama, como deben ser todas las finales. Se esperaba que el RM sea el que proponga y el AM el que espere y responda. Pero fue el “Atleti” el que se expuso, Diego Costa se fue rápido, confirmando que su presencia obedecía a una urgencia que se zurró en el parte médico. Un primer tiempo donde el Colchonero se empotraba y presionaba en mitad de cancha complicando la posesión del Merengue. Había que frenar el vendaval blanco y los fines justificaban los medios. Andanada de faltas incesantes que pinto de amarillo a los albirrojos. Hasta que Casillas fue el mejor delantero del AM, salida infantil y nuevamente Godin puso la testa para generar el delirio en la tribuna y consolidar un efecto multiplicador en la cancha. Presión asfixiante, desesperación del rival y defender lejos de su arco, usar el reloj como el viento, para azuzar las velas de este barco que navegaba en mares de intranquilidad, buscando arribar pronto. 
 
El trajín albirrojo y su conmovedora solidaridad lograba que el RM se vea un equipo abrumado, desesperado y predecible. De salir con la mentalidad de ganar de contraataque, se quedó sin espacios y el argumento del bombazo fácil a Di María, porque CR7 estaba en un cerco eléctrico y Bale no acertaba de cara al gol, fue una oda a la improvisación. Ancelotti tuvo que cambiar el chip. El plan ofensivo inicial, se cambió por una exasperada manera de insistir con los centros. Una y otra vez, caían los balones sin punto fijo. Uno insistiendo y el otro aguantando. El tiempo, enemigo cruel para el que va perdiendo, le estaba dando los santos oleos al Real y haciendo realidad, el milagro del “cholo” Simeone. Pero los partidos y sobre todo las finales, se juegan y se viven desde el primer minuto hasta el último. No al 90” ni al 92”, solo hasta el último. Se llegó a ese epílogo milagroso, donde los mil centros del RM se hicieron plegarias y uno se convirtió en bendición. Sergio Ramos –otra vez- para poner su cabeza triunfadora y traer a la vida a este Real Madrid que volvió a respirar, después de haber estado en estado de coma. 
 
El primer suplementario sin novedad al frente. El Real bombardeando y el “Atleti” soportando con valentía, aparecieron los calambres, los cambios obligados que al final se pueden ver equivocadamente como errores del “cholo”, pero las epopeyas de clasificación y el título de liga, empezaron a pasar la factura. El AM había aguantado más de la cuenta, incluso a costa de verse mermado físicamente, hasta el punto de sentirse anémico de vigor, de fuerzas. Es en este trance, donde las piernas no obedecen al cerebro. El cuerpo se hace un guiñapo y solo queda sacar fuerzas de donde no existen y el amor propio, solo permite que se juegue esperando que el tiempo sea generoso.  
 
En el segundo suplementario cambio todo y aquí se consolida un concepto que algunos les cuesta aceptar en el futbol de hoy. Cuando los sistemas del rival son exageradamente defensivos y se hace imposible romper los cercos, o el rival por urgencias o necedad se mete en su arco, la única manera positiva es apelar a la individualidad. Aquí se tiene que poner en la mesa los costos de las plantillas y su verdadero valor en la cancha. Y aquí apareció el ángel salvador. Di María, en una corrida memorable, amontonó rivales, hizo un rush impresionante, se internó al área y definió bien, mejor fue la respuesta de Courtois, pero la dejo libre y Bale en su único acierto, puso en la red el gol de los 100 millones de dólares y allí se acabó todo. La reacción natural del AM solo dejo los espacios necesarios para que los portaviones merengues, concluyan el bombardeo, con detonaciones dirigidas a extinguir las ultimas fuerzas del enemigo. Los goles de Marcelo y el penal de CR7 solo fueron el epílogo, para una final de Champions llena de emociones. 
 
La diferencia en el marcador no es tan “Real” no hay mucho para argumentar un triunfo tan sorpresivo. El sistema inicial del RM tuvo un punto de quiebre desde sus carencias del juego y la imperiosa necesidad de justificar los 700 millones invertidos. Aquella premisa de que los equipos grandes y poderosos son favoritos colisiona con la realidad de encontrarse con equipos de menos presupuesto, pero altamente combativos y vigorosos como este “Atleti” que solo pudo ser vencido cuando las fuerzas físicas se hicieron intenciones y desfalleció en las instancias finales, que es donde realmente se definen los campeonatos. Pero hay un aplauso de pie para el “cholo Simeone y este grupo que lo llenó de orgullo por todo lo que vale y por todo lo que le regaló en esta temporada. 
 
El futbol se ha modernizado tanto que se va haciendo hora de cambiar el chip. Hoy el estado atlético resulta siendo primordial para que los sistemas tácticos tengan éxito. La unión material de lo físico con el talento, es una obligación. Finalmente el respeto por un estilo, solo sea una cuestión de gustos y ser pragmáticos antes que encantadores, quizás sea la tendencia moderna para romper paradigmas. Hoy, el Real Madrid reivindicó el concepto que los sistemas defensivos más inexpugnables, se pueden romper con una individualidad, a cargo de los verdaderos cracks y su jerarquía. Hoy, el AM nos mostró que el corazón, es un músculo sano, que ayuda al ánimo en el futbol, pero a veces y solo a veces, con solo eso no alcanza, mucho menos para una final de Champions.
 
  

Gracias por existir

Partidazo. Para recordarlo siempre. Cada Derby es una alegoría al fútbol, puede ganar cualquiera de los dos, una vez Barcelona otra Real Madrid, incluso hasta en la igualdad son los partidos que paralizan el planeta y para los amantes del buen fútbol, resulta siendo un bálsamo para terminar la semana contento del espíritu. Y es que solo cuando se apuesta por jugar sin mezquindad resultadista, el fútbol se transforma en un concierto de goles y pasiones.
Queda demostrado que los números y las estadísticas o los buenos momentos que pasan los equipos y hasta los jugadores, se puede esfumar en 90 minutos. Las estadísticas son meros datos referenciales, porque cada partido es una nueva hoja de este libro llamado fútbol. El Real venía avasallador, contundente, con un CR7 hecho un animal, un definidor imparable, un Benzemá efectivo y un Bale destructor con una bazuca en su botín, llegaba mejor que este Barza del “Tata” que no cuaja del todo, porque es como ese amor que se fue y que se compara con la que está de turno. Juega a lo que puede hacer Messi, con una dependencia marcada, a falta de la regularidad de Xavi o de Iniesta, para encontrar su mejor juego o sus futuros reemplazantes. Este Barza cuestionado que a los tumbos levantaba cabeza y debía definir su futuro inmediato en este Bernabeu que gozaba el clímax de una segura victoria.
 
La voluntad de ir por el triunfo le puso la sangre caliente a los dos, ninguno aflojó, ninguno fue mezquino, para proponer juego. Y se vino una secuencia de goles ante la desnudez de las defensas. Pudo ser distinto el marcador, el Madrid después de recibir el primer golpe, arrinconó al Barcelona. Las subidas de Di María eran una daga filuda y el olfato de Benzemá, más la potencia de CR7 se acercaban a la red, pero son estos partidos donde se ve la real capacidad de las individualidades y su trascendencia en el juego. Ronaldo le podrá ganar un balón de oro a Leo, cuando el argentino baje la guardia, pero no le puede quitar esas inmensas ganas de hacer del fútbol un deleite, apareciendo en los momentos claves para definir, jugar y hacer jugar a sus compañeros. Para meterse en la historia con otro record en una noche mágica, memorable, logrando tres goles en la casa del enemigo íntimo, sobrepasando los números y siendo la figura excluyente de este clásico que puso nuevamente al mundo de pie.
 
Y también dan ganas de hacer una campaña mundial, una oración eterna, para que Iniesta nunca abandone el fútbol, que ese toque de lujo y esa capacidad de ser un titiritero refinado no se acabe nunca. Ganas de proponer que todos los partidos que tengan esta categoría sean premiados con 10 puntos adicionales a repartir equitativamente. Ganas de que todos los DT que pierden, sean como Ancelotti que no busca pretextos ególatras y solo habla de los errores futbolísticos que ocasionaron el resultado. Deseos y sueños utópicos que se hacen enemigos de la realidad. Y es que el fútbol fue inventado para jugarlo, para disfrutarlo y disputarlo en buena ley. El resultado será siempre una consecuencia, de ideas y planteamientos previos, pero por encima de todo, de una propuesta de juego.
 
No hay reproches para el vencido. Fue partidazo porque la secuencia de los goles y jugadas emotivas fueron mayores que las acciones polémicas Y uno se engancha cuando siente que ninguno merece perder, que cualquiera que gane resulta indiferente, que cualquiera sea el resultado, hay un aplauso que nace del alma, para agradecerle a los dos por tremendo espectáculo. Goles, penales y jugadas de alto nivel, emoción en cada arco, hacen que el tema técnico táctico, quede para el análisis posterior, para cuando ya todos estemos más reposados, para cuando nos queden ganas de hablar de lo estadístico, numérico y estratégico, por ahora solo es tiempo de disfrute.
FUTBOL, gracias por existir.