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Final Argentina

Era una figura repetida y la ocasión más oportuna para volver a verse las caras. Argentina de Messi con todo su arsenal dispuesto a llevarse puesto a un Paraguay que aparecía guapo, irreverente, con el recuerdo fresco del debut donde aguantó a pie firme el vendaval albiceleste, se recompuso y sacó una igualdad que lo catapultó hasta estas instancias de copa. Era una nueva ocasión para el equipo de Martino, de hacer una actuación acorde con las figuras estelares con que cuenta y que no había podido reflejarlo en el marcador de manera contundente.
 
Todos habían esperado una oportunidad para conseguir la consagración en el juego, logrando poner en la red todo lo que genera este equipo, cuando Messi se enchufa, trasciende en el juego asociativo, Di María vuela como hijo del viento y el Kun Agüero es una pesadilla de alto calibre para toda defensa. Esta vez con la frescura y la desvergüenza de un Pastore, que se hizo figura en cada partido y le pone el toque de locura, la exquisitez para el segundo pase y la efectividad cuando está de cara al gol. El único problema que no ha podido resolver a medias es la salida en defensa, un talón de Aquiles que los paraguayos buscaron sacar ventaja. Lo aguantaron los primeros 15 minutos, hasta que Rojo pintó la señal del triunfo.
 
Después se vino Pastore definiendo a lo crack, luego el “fideo” por partida doble, para la ventaja, pero el descuento paraguayo vino de Lucas Barrios -como la vez anterior- definiendo luego de una fallida salida de Otamendi anticipada por la fortaleza paragua, que agarró en paños menores a toda la defensa albiceleste. Luego el Kun pone la tranquilidad para el quinto de la noche y el “Pipita” recién ingresado pone este 6-1 que mete miedo a un Chile que espera en su fortín, haciendo cuentas para buscar hacer realidad su sueño acariciado. Esta vez la historia no fue igual para un Paraguay rendido, se definió como debió ser en el debut, pero fue una clara muestra que el fútbol da revanchas.
 
Esta Argentina resulta de apetito insaciable para devorar el gol, lo ha buscado todo el torneo y se dio contra un Paraguay que mostró aleteos de defensa, pero que sucumbió ante el poderío de la artillería pesada que soltaron Messi y sus amigos, fue la noche que apareció el fideo, más entero, doblegando metros sin cansancio y fue la noche en que la albiceleste ha logrado convencerse a sí mismo que lo único que faltaba para ganar confianza y ser un equipo demoledor, era el gol, tan acariciado tan peleado y negado también y que hoy llegó en abundancia y cada grito sonó como un canto a la confianza. Si algo faltaba era descargar toda la munición guardada en los pies de sus delanteros y hoy aparecieron en su real dimensión letal y contundente.
 
Este partido de la Argentina tuvo casi el mismo libreto, pero resulto siendo diferente a los otros La misma intención de control del balón y del juego, pero muy diferente porque esta vez acompaño la efectividad, quizás solo faltaba el gol de Messi, quien fue gestor de cuatro de ellos, pero fue desprendido para que sean sus compañeros los que anoten. Total a Leo no le quita el sueño quien sea el autor, le interesan las consecuencias. Igual la “pulga” sigue siendo determinante en sus arranques frenéticos de tres cuartos desparramando rivales y con los ojos puestos en el compañero, solo le falta ponerle su firma al gol, para refrendar una presencia insustituible, para este equipo que ha empezado a dormir junto a la gloria.
 
Se han pasado 8 largos años para que Argentina ponga su nombre en una final de Copa América, la cual Chile nunca la pudo levantar y tampoco Messi. Una gran ocasión para quitarse el maleficio para ambos y una oportunidad de medir cuan poderosos son el equipo avasallador de Martino y el vertiginoso Chile de Sampaoli. Por lo pronto en el banco, ya hay final argentina.
 
 
 

KUN mucha dificultad

Partido durísimo, difícil para ambos, primero porque Uruguay sin Suarez, es consciente que  es huérfano arriba y Cavani solo de punta, es una lanza tirada al azar para ver si incrusta algún pecho rival. Argentina, sabedor que tiene más fútbol y la garantía que puede desnivelar en la individual, apegado al discutible estilo tan manoseado, se jugó tomar la iniciativa, jugando el balón pegado al piso buscando abrirse paso en un cerco de piernas y rostros rabiosos que cerraban cada avance. Pero este Uruguay, ordenado y férreo en la marca, impuso carácter, para hacerse sentir y marcar su terreno, mientras Argentina porfiando más de la cuenta y estrellando sus intentos en los cuerpos de los muchachos de Tabárez, que cortaban el juego, a la buena o a la mala y sin sonrojarse. Messi corrido del área por la rudeza de la marca, dejaba espacios para que los demás asuman protagonismo y fue Pastore el que se fue convirtiendo en figura descollante.
 
Clásico del Río de la Plata, clásico de los mates y las historias. Se había hablado tanto del estilo y de que Argentina es solo Messi, se había ninguneado a Uruguay por su carencia de fútbol, pero en la cancha había por un lado, a un equipo uruguayo defendiendo y atacando en bloque, sólido,  seguro y decidido a no abrir la puerta ni para saber quien toca y por el otro un puñado de nombres argentinos, que no encontraban forma de romper la cerradura. La abrumadora posesión del balón no fue garantía de encontrar la llave del partido, por ello la intensidad del juego se hizo un concierto de brincos y roces, con Godín rascando y afirmando presencia, Mascherano pasado de revoluciones y con un Messi que se vio obligado a guapear cuando los sorbos aislados de jerarquía, no brindaban los espacios para jugar libre.   
 
Y fue Pastore que regaló una genialidad iniciando el segundo tiempo, se sacó de encima un rival con un amague impensable, fuera de contexto, para el cabezazo del  'Kun' Aguero tras el centro desde la derecha de Pablo Zabaleta. Un golazo de 9, de puro macho, zambullendo su humanidad por entre los defensores uruguayos, a desmedro de lastimarse el hombro. Esta fue la diferencia en el marcador, porque en la cancha Uruguay lo emparejó a punta de huevos, metiendo, entregando todo y arriesgando la contra argentina que no estuvo fina en la conclusión. La entrada de Tevés fue una suma más a los nombres, aunque el “Apache” entró enchufado. A pesar del gol en contra Uruguay la tuvo, hasta dos veces, para empatarlo y ganarlo, si no fuera por las manos del “Chiquito” Romero y la poca fortuna de Rolan, que no es lo mismo que Forlan, lastimosamente para los uruguayos.
 
 
Argentina adoleció en el comienzo de una falta de movimientos tácticos oportunos para romper el esquema defensivo uruguayo y requería de un Messi más metido en campo contrario y no pidiéndole el balón a Mascherano. Se perdió la sorpresa y Uruguay se vio gigante por momentos, golpeando con ataques fulminantes aprovechando las  dudas que tiene la zaga argentina cuando retrocede. El partido cambia cuando Messi se adelanta y Pastore se consolida en la cancha. Trepar por las bandas era la consigna, Zabaleta se la puso al “Kun” y vacunó con raza en la jugada crucial del partido. La sombra del partido contra Paraguay se paseaba por el arco del “Chiquito”, pudo ser otro empate, estaba para cualquiera, uno lo liquidaba o el otro lo parchaba.
 
Fue un clásico durísimo, Argentina lo tuvo que aguantar con el equipo metido atrás y pidiendo la hora. Uruguay no claudicó nunca, se fue encima con todo lo que le quedaba en los bolsillos y solo el pitazo final les pudo frenar el ímpetu y la vehemencia. El resultado ha dejado al equipo de Martino -que se fue expulsado- acomodando la idea de pasar a cuartos y a Uruguay que deberá vérselas con Paraguay, en un partido donde el fútbol bien jugado estará ausente y los dientes apretados será la etiqueta visible. El Clásico del Río de la Plata esta vez se lo llevó Argentina, pero no se puede dejar de admitir, que fue KUN mucha dificultad.
 
 

Empate Pelado

La mar estaba en calma y la noche Serena, los adictos al fútbol, los que siguen al mejor del mundo, se habían regodeado durante 45 minutos con un equipo argentino, fiel a este nuevo estilo que impone el Tata Martino, de nuevos movimientos tácticos, intentando ser un equipo radicalmente ofensivo, que presiona arriba y la posesión del balón, es una obsesión para dejar que el genio explote en el momento oportuno. Una constelación de nombres que recarga el volumen en cancha contraria y que disimula algún problema defensivo, que se resuelve en la medida que Messi frote la lámpara.
 
 
Y ante un Paraguay con un objetivo directo del “pelado” Díaz de maniatar a Messi, con escalas en su recorrido, de plantar dos líneas de cuatro esperando que Leo no enlace con los de arriba, la predisposición para defender con todo y contra todo. Aguantar el embate hasta donde se pueda. Y Leo creaba, dibujaba y pintaba, Agüero punzaba y Pastore acoplaba. El gol era una cuestión de tiempo, la duda era cuanto tiempo podía aguantar Paraguay. Vino el primero del Kun y el segundo de penal de Messi. Todo pintaba para fiesta, para goleada y en media mitad de juego.
 
 
Pero el fútbol tiene estas cosas, los goles que no se consiguen, cuando el partido se presenta preciso de definir, producen una ansiedad cuando el contrario se repotencia de esa eventualidad. No se presumía que Paraguay podía revertir ni siquiera el juego, no había generado ninguna en el primer tiempo, pero se alimentó de la intranquilidad albiceleste, de su indefinición frente al arco, de sus ansias de seguir siendo netamente ofensivo, se fue quedando largo y Paraguay, cogió las oportunidades. Primero para el empate en una dividida y otra en el epílogo, para mojar la torta de la decepción y apagar las velas de la fiesta por el primer triunfo con aroma de goleada.
 
 
Ni las apiladas y genialidades de Messi, que pudo haber marcado dos goles de antología, ni los cambios del Tata, pudieron mantener el ensueño del primer tiempo, al albirroja se superó a sí mismo, con una presión más lejos de su área y ganando todo por arriba y vivos para la segunda jugada. Lo que pegaron los paraguayos ante la complicidad del arbitro y Argentina se sintió tomada en la torre, se sintió estremecida y el empate final pudo ser un resultado bizarro y hasta trágico. Después de haber estado con las banderas listas para pasearlas por las calles celebrando un debut apoteósico, el equipo de Martino, sintió un mazazo que lo adormeció y paso de hacer un inicio con triunfo asegurado a un simple y luchado empate pelado.
 
 

HALLO BERLIN

Era una epopeya para el Bayern remontar el 3-0 del Nou Camp, primero porque debía hacer el mismo marcador y después superarlo, cuidar que no le hagan ninguno y custodiar celosamente que el tridente asesino culé, no funcione y que todos sean relojitos para evitar darle espacios a Messi y no dejar por ningún motivo que frote la lámpara. El Pep había calculado todo en la pizarra, avasallar desde el vamos y meter al Barsa en su cancha. Cuidar los arranques de Suarez con Xabi Alonso de tapón y alejarlo de Neymar con el trabajo dúctil de Schweinsteiger. En 7 minutos Benatia empezó a ilusionar el Allianz Arena con un testarazo y ponía en ámbar un resultado viable desde la actitud de sus jugadores y toda la gente que hacía un mosaico gigante en la tribuna que mostraba “Una ciudad, un sueño".
 
Pero Messi y su banda, son especialistas en destruir sueños cuando se conectan sin necesidad de cables y su Wi Fi mental los enlaza casi sin mirarse, casi sin siquiera hablarse y solo les basta seguirse con los ojos para buscar el espacio justo, picar para el desequilibrio detrás de la defensa rival. Primero Leo con un pase exquisito para Luisito y este habilita a Neymar Jr. que define en la cara de Nuer. Emparejados en el marcador, favorable para el Barsa y cuesta arriba para el Bayern, que debía comenzar a remar de nuevo. El segundo vino de la misma manera y en medio tiempo de fútbol de alto nivel, el tridente hacía oído a la música y el Barsa avasallaba en el marcador final.
 
La obligación de una goleada utópica no amedrentó al equipo de Guardiola que nunca renunció a pelear cada centímetro de posibilidades, las tuvo claras, jugando contra las ansias, cuando el partido se hizo de poder a poder y también en el segundo tiempo cuando se aburguesó el equipo de Enrique, producto de la ventaja de la ida que le permitía sacar el pie del acelerador. Dominio permanente del Bayern pero no llegaba al gol por obra y gracia de Ter Segen, el arquero alemán que pelea el puesto con Neuer en su selección y que paradójicamente se convirtió en el otro muro de Berlin con camiseta culè. Sacando pelotas de gol, impidiendo el grito bávaro. La mejor de todas, una atajada a dos tiempos a Lewandowsk, que dejó la duda en la raya junto al poste.
 
Fueron varios los sustos en arco del Barsa, desde el empuje de Müller y una actuación memorable de Lewandowski que logra el empate en una jugada pintada que dejó en ridículo a Mascherano. Enganche por izquierda y amague por perfil derecho, sacando el toque sutil que dejó parado a Stegen. Crack total. La diferencia la hace Müller con un golazo premio a la insistencia aunque con una fiera lucha contra el tiempo, pero sacando el orgullo interior alemán. Un Bayern luchando hasta el pitazo final con una actitud digna. El 3-2 no alcanzó y Barcelona jugará en Berlín su quinto título de Champions League de su historia, esperando al rival del duelo entre el Real Madrid y la Juventus.
 
Un partido definitorio que encontró a un equipo alemán que no quiso sucumbir a la resignación y que dejó más que intenciones en la cancha, que quizás en la utópica posibilidad que hubiera podido remontar, le hubiera costado un desgaste físico descomunal que le hubiera pasado factura en la final. Este Bayern no tiene a Ribery, Robben y dista mucho de su mejor versión. Barcelona tiene otra realidad, disfruta su mejor momento, es finalista en la Copa del Rey, está a un triunfo del título en la Liga española y cuenta en su pico de rendimiento al tridente MSN (Messi, Suarez, Neymar) el sueño de lograr el triple título tiene color esperanza. Por ahora saluda en idioma Alemán. HALLO BERLIN.
 
 

GENIO de otra galaxia

Dicen que los genios del fútbol viven en una galaxia distinta, tienen su propio hábitat, sus estrellas brillan de otra manera y su vía láctea tiene marca registrada. Dicen que debe existir un Olimpo en donde reposan sus talentos y regodean sus ánimos, disfrutando un confort con privilegios, solo reservados para los que tienen el don especial de tratar bien al balón. Dicen que de cuando en vez, suelen hacerse mortales y aparecer en el momento justo, en una cancha de fútbol, para frotar la lámpara y desparramar gestos inmortales que alegran los corazones de los amantes del fútbol. Debe ser cierto, porque lo que hizo Leo Messi ante el Bayern se acerca mucho a esos rasgos de extraterrestre.
 
Y resulta difícil hallar otra explicación a este triunfo culé de marcador abultado, sin subrayar el nombre de Messi, si hasta las premonitorias palabras del Pep Guardiola "Así como está, Leo es imposible de parar" se cumplieron a plenitud, la pulga en tres minutos hizo un doblete espectacular y generó un desequilibrio que buscó todo el partido pero que le costó superar ante la marca escalonada y la buena disposición del Pep, que arrancó con línea de tres pero cambiando ante la avalancha culé en una línea de cuatro definida para tener solidez en el fondo. El inicio vertiginoso del Barsa originó que el mejor arquero del mundo se haga notar. Primero un mano a mano a Suarez, otro a Neymar Jr. y otro a Dani Alvez salvando con el pie. Neuer, era la figura del partido y el muro de Berlín puesto en el arco bávaro. Se jugaba al límite con un ida y vuelta a mucho vértigo, con un Barcelona punzante y profundo, pero un Bayern, solido por momentos y llegando con lo justo arriba. Lewandowsky ante desborde de Müller llega tarde y pierde la mejor ocasión.
 
Luis Enrique priorizó mantener cerrada las subidas de Lam tirando a Neymar por su lado y buscar las asociaciones de su tridente apoyados de un Rakitic siempre prolijo y un Mascherano que remendaba todo lo que se descocía. Pero quien conoce más su obra que su propio creador. En el complemento el Pep cesó el vértigo del Barcelona en base al mejor manejo del balón, un tiki taka pausado y lejos de su arco. Mejor parado en la cancha, se hizo corto aunque sin generar peligro para el arco de Stegen. Era un control del juego pero no del partido. La figura de Mascherano crece cortando avances y habilitando mejor. Las ausencias de Robben y Ribery, se hicieron notar más de lo debido. Pero el equilibrio estaba dado para jugar contra el reloj y partir a casa con las maletas llenas de esperanza. La mano de Guardiola se veía por partida doble en el Camp Nou que empezaba a impacientarse.
 
Pero ante un sistema defensivo escrupulosamente efectivo y las ansias por las agujas del reloj, no había otra, hay que tocarle la puerta al Olimpo, para que el genio se haga mortal y decida bajar a la tierra y nos regale un final feliz de goles. Y no fue uno, fue un doblete. El primero, Dani Alves roba un balón y de reojo habilita a Messi, quien pisando el área suelta un latigazo terrible que bate a un Neuer que parecía un muro inexpugnable. El Pep se exalta por la desconcentración de su defensa y Leo lo celebra efusivamente con la gente. Tres minutos más tarde, vino la oda al embrujo que tiene Messi en los botines. La recibe frente al arco y encara a Boateng, quien en su intento de adivinar el perfil, queda desparramado ante el amague de adentro hacia afuera que hace Leo a una velocidad vertiginosa y frente a Neuer, con segundos para decidir, la pica de derecha para hacer un globo de perfección y encanto, que se cuela junto a la desesperación bávara y la exaltación de la gente culé que se expande por el mundo entero. GOLAZO!!!... Una joya, un pedazo de gol que por su ejecución, sentenciaba todo en Barcelona y se escuchaba el aplauso eterno para esta genialidad descomunal, porque nos dejaba pensando en verdad de qué planeta ha venido.
 

Con un Bayern al borde del KO, el Pep arriesga y pone toda la carne al asador, buscando acortar la diferencia apuesta por ir al frente, pensando más en la revancha que el propio partido. Pero fue una acción suicida, con espacios este Barsa mata, el tridente de Messi, Neymar Jr y Suarez, desacomoda las intenciones y es letal de contra. Se vino el tercero casi en el epílogo y realmente fue una sinvergüencería de Neymar Jr. Balón robado y habilitación de Leo para que el brasileño defina con mucha calle y esquina por entre las piernas de Neuer decretando la diferencia marcada, para ir a la revancha con medio boleto en el bolsillo. Aunque con los alemanes nada es definitivo. Nada tiene final hasta que termina.
 
Solo queda darle gracias al barbas, por el fútbol, por los goles y por esta magia llamada MESSI. Gracias Leo, gracias GENIO, la única manera de vencer al Goliat del arco era con la honda del talento y la magia de tu botín (Te la debía del mundial). Dicen que los genios del fútbol son así, parecen mortales y resulta tan gratificante tenerlos en la tierra para disfrutarlos y admirarlos como exponentes máximos del fútbol, aunque a veces y solo a veces, pareciera que pertenecen a otro planeta y que son genios venidos de otra galaxia.
 
 
 

Messi, el superheroe

Todo comenzó con un bombazo. El pase a Di María para que el “fideo” defina en su mejor perfil. El Zurdazo fue seco pero hubo rebote. El Lio que la sigue y a la carrera suelta el botín mágico para inflar el arco de Enyeama aquel arquero que en el 2010, le impidió con su humanidad y una actuación memorable que se haga presente en el marcador. El grito de la tribuna fue descomunal, por la velocidad del arranque argentino, por la justeza de la jugada y por la definición magistral de Messi, porque otra vez era el que se hacía presente, con todo el brillo de su talento, para comandar el barco. Comienzo electrizante, espectacular.
 
Demasiado temprano para morir. No duró demasiado la alegría, vaya uno a saber, aun se estaba saboreando el primer gol argentino y las repeticiones hacían sentir el saborcito de dulzura en la boca, cuando vino el empate. Contragolpe Nigeriano agarró en subida al equipo, en plena cuesta, Musa, la pone lejos del “chiquito”, que fue a destiempo y la igualdad llegaba justo para ponerle más picante a este inicio vertiginoso. El gol fue un desbarajuste que se tiene de forma, de base, es la parte neurálgica de la albiceleste, la pata coja de la mesa. El sistema defensivo, que es un viento tibio y no hace sintonía con el vendaval del ataque. No son los nombres, es la forma como se defiende, hay un ataque demoledor que cuando llega al área contraria, deja al desamparo los espacios y ello para un equipo tan potente de músculo como el Nigeriano resulta fatal si te encuentra desacomodado.
Pero tener al mejor jugador del mundo, a veces no es un plus, es una bendición. Lo que jugó Messi hoy es lo que produjo Argentina. Lo que significó Messi hoy, definitivamente es lo que pesa en este equipo. Es el todo y el complemento, es el mas y el distinto. Quizás quien por ahora lo secunde sea Di María, pues el "hijo del viento" al que solo e falta el gol, pasa por el mejor de sus momentos. Cuando se iba cerrando el primer acto, vino la obra de arte en escena. Ya lo había avisado antes. Falta contra el 10 que acomoda para su zurda. El chanfle fue perfecto, exquisito y elegante, la pelota se fue haciendo una parábola y dibujando un cuadro de colección. El buen arquero Enyeama no quiso malograr el trance, solo la siguió con los ojos, la pelota obediente, fue a descansar donde el genio ordenó. Tremendo pedazo de gol. En el día siguiente del cumple, era la cerecita en la torta. Bajen el telón.
Inicio del complemento arrebatador, Argentina al frente y otra vez lo dicho, nula culminación en ataque y contragolpe fatal. Desconectados al medio y cierre remendado. Otra vez Musa, como para que lo recuerden en sus sueños, despunta por el medio y clava el empate, sorpresivo sí, pero muy ajustado a lo que pasaba en la cancha. No pasaron ni cinco minutos y un bombazo en el corner, encuentra a Rojo, que tenía pensado cabecear, terminó metiéndola de rodilla, acaso importaba, era el gol que daba tranquilidad. El que daba la calma para esperar el tope en octavos con la siempre difícil Suiza. Era el momento para darle un respiro a Messi y ensayar a tenerlo cerca, pero a jugar con su ausencia. Y se hizo diferente, todo, se empezaba a jugar a media luz.
Por ahora sirve este resultado, desde el mejoramiento en el juego, aunque con la siempre materia pendiente atrás. El curso de cargo, la mochila pesada. Hay un problema serio por resolver. Puede que con otros equipos y en otras instancias, se juegue diferente. Pero se sigue en el mismo problema. Lo mejor está en el ataque, es fulminante, pero el recorrido de Mascherano y Gago se empequeñecen cuando le quedan hectáreas de terreno por cuidar. Argentina puede hacer cuatro goles, pero fácilmente puede encajar lo mismo. En su área, en el mano a mano, hay distensión, puede que cuando se transforme todo lo que se elabora, la basurita se esconda en la alfombra, pero sigue la duda y crece el rezo para que Messi siga frotando la lámpara.
Hoy estuvo el Pep Guardiola en butaca, ha gozado con los goles de su hijo putativo, lo vino a saludar por el cumple y lo ha vuelto a mimar y se ha sentido complacido de volver a sentir de cerca su magia. Pero Messi aunque parezca a veces que es de otra galaxia, es tan humano como cualquiera, es un predestinado y genio del futbol, pero a partir de ahora, ya no hay tiempo para equivocarse, a partir de ahora empieza a jugarse el todo o nada. Es tiempo que los otros también intenten ser protagonistas. Por ahora alcanza para zafar y Messi sigue siendo el superhéroe, el que ha hecho todo y ha dejado desparramada la esperanza argentina por todo el planeta, porque hasta ahora solo se ha visto, la magia de Lio Messi y los demás. Es difícil, pero ojalá que con solo eso alcance.
 

Es Messi, que queres que te diga

En el futbol dicen que un equipo juega hasta donde le permite el rival y lógicamente si hay trabas, ofuscación y mucha presión, esto se hace cierto independientemente quien sea el equipo. Argentina salió al debut esperanzado como todos, en lo que podía hacer Messi, pero nadie reparo en sus acompañantes. Bosnia le apuntó no al 10 argentino sino a los que debían surtirlo de balones para que el genio frote la lámpara. Y lo que metió el equipo bosnio, lo que corrió en la primera media hora de juego, defendiendo con 9 hombres bien distribuidos, respirándole la nuca a todos los de celeste y mordiendo los tobillos de los más creativos. Atacando en bloque y en un gran despliegue de energías, terminando de taponear todas las salidas albicelestes.
 
Ni siquiera el gol tempranero que cayó como un bálsamo, fue aliciente para jugar bien. No prevaleció en su juego la circulación del balón, con el fin de hacerlo dinámico para marcar el desnivel, desde la capacidad para asociarse. El “Pachorra” diseño un esquema 5-3-2 que alejó y retrasó a Messi y mantuvo a Di Maria aislado, lejos de encontrarse con el Kun que más andaba peleando que jugando. Si arriba no funcionaba el equipo, abajo se generaban dudas. No había una salida limpia, no había precisión para tocarla bien y llegar de manera higiénica al área contraria. Siempre había una pierna bosnia que interceptaba las ideas. Siempre ganaban las divididas y se veía un equipo argentino demasiado largo, frustrado y sin ideas.
 
Messi no trascendía, tampoco el equipo argentino, que llegaba poco al área rival, pero sí lo hizo Bosnia, primero con un mano a mano que salvó Romero y segundo cuando salvó en la línea un potente cabezazo. Si entraba la historia hubiera sido terriblemente distinta. Se jugaba mal y lo poco de inventiva se esfumaba demasiado rápido. La idea de Sabella de los 5 defensores no pudo durar más de 45 minutos. Porque en definitiva, Argentina terminaba perdiendo su potencia ofensiva y no solucionaba para nada las incertidumbres atrás. Los ingresos de Gago e Higuain estaban cantados.
 
Para el segundo Argentina volvió a la vida. Gago fue el patrón, se vio otra intención en la salida, en el inicio de la jugada. En la precisión tan escasa.  Messi, encontró la sociedad y volvió a tener protagonismo. El tridente ofensivo volvió a estar vivo y demostraban que había sido error de Sabela no arrancar de esta manera. Y apareció el que tenía que aparecer. Lionel Messi, un toqueteo con el “pipita” deja a Leo de cara frontal al arco y se perfila para su perfil zurdo, en su clásica jugada, apila y amontona dos rivales, los deja enredados y suelta un zurdazo bajo, rasante que choca de carambola en los dos postes y se cuela en arco bosnio. Golazo que la “pulga” celebra desenfrenado, eufórico por el momento y por la bronca que acumulaba hace 8 años sin marcar en mundiales.
 
 
Aunque Bosnia, no renunció a encontrar el empate a toda costa y a cualquier precio, saco a relucir su rebeldía, no se creyó inferior, pero cundo dejo de apretar y debía jugar se encontró con una realidad carente de una mejor disposición táctica ofensiva que lo ayude a remontar. El descuento de Ibisevic a los 84 minutos fue más un premio a la insistencia que al buen juego. Ya nadie quería arriesgar las piernas y el pitazo final hizo pasar la mano por la frente, satisfacer la conciencia y silbar distraído para irse de la cancha tranquilos por el resultado pero inconformes con el rendimiento colectivo e individual. Messi hizo un partido discreto pero el golazo que marcó lo eleva a la máxima potencia de su capacidad para trascender en el partido.
 
Este triunfo no esconde las dudas del funcionamiento, hay demasiadas cosas para mejorar, empezando por la extremada dependencia de su mejor futbolista, deberá descubrir el verdadero potencial en el transcurrir de los partidos, por ahora los puntos dan tranquilidad, pero queda latente la duda si podrá Argentina mostrar su mejor versión. No se puede descalificar a nadie por un solo partido, tampoco un funcionamiento intermitente de 30 o 45 minutos, lamentablemente la expectativa sobre el mejor jugador del mundo y el equipo argentino tiene tintes mediáticos, por eso sus errores y deficiencias colectivas e individualidades suelen ser magnificadas. Por ahora sirve, mas adelante se verá realmente si hay fundamentadas razones para creer o no en el repunte, ya sabemos que solo Lionel Messi tiene el poder para cambiar en un segundo las montañas de críticas en cordilleras de elogios desmesurados. Es Messi, que queres que te diga.

 
 

Gracias por existir

Partidazo. Para recordarlo siempre. Cada Derby es una alegoría al fútbol, puede ganar cualquiera de los dos, una vez Barcelona otra Real Madrid, incluso hasta en la igualdad son los partidos que paralizan el planeta y para los amantes del buen fútbol, resulta siendo un bálsamo para terminar la semana contento del espíritu. Y es que solo cuando se apuesta por jugar sin mezquindad resultadista, el fútbol se transforma en un concierto de goles y pasiones.
Queda demostrado que los números y las estadísticas o los buenos momentos que pasan los equipos y hasta los jugadores, se puede esfumar en 90 minutos. Las estadísticas son meros datos referenciales, porque cada partido es una nueva hoja de este libro llamado fútbol. El Real venía avasallador, contundente, con un CR7 hecho un animal, un definidor imparable, un Benzemá efectivo y un Bale destructor con una bazuca en su botín, llegaba mejor que este Barza del “Tata” que no cuaja del todo, porque es como ese amor que se fue y que se compara con la que está de turno. Juega a lo que puede hacer Messi, con una dependencia marcada, a falta de la regularidad de Xavi o de Iniesta, para encontrar su mejor juego o sus futuros reemplazantes. Este Barza cuestionado que a los tumbos levantaba cabeza y debía definir su futuro inmediato en este Bernabeu que gozaba el clímax de una segura victoria.
 
La voluntad de ir por el triunfo le puso la sangre caliente a los dos, ninguno aflojó, ninguno fue mezquino, para proponer juego. Y se vino una secuencia de goles ante la desnudez de las defensas. Pudo ser distinto el marcador, el Madrid después de recibir el primer golpe, arrinconó al Barcelona. Las subidas de Di María eran una daga filuda y el olfato de Benzemá, más la potencia de CR7 se acercaban a la red, pero son estos partidos donde se ve la real capacidad de las individualidades y su trascendencia en el juego. Ronaldo le podrá ganar un balón de oro a Leo, cuando el argentino baje la guardia, pero no le puede quitar esas inmensas ganas de hacer del fútbol un deleite, apareciendo en los momentos claves para definir, jugar y hacer jugar a sus compañeros. Para meterse en la historia con otro record en una noche mágica, memorable, logrando tres goles en la casa del enemigo íntimo, sobrepasando los números y siendo la figura excluyente de este clásico que puso nuevamente al mundo de pie.
 
Y también dan ganas de hacer una campaña mundial, una oración eterna, para que Iniesta nunca abandone el fútbol, que ese toque de lujo y esa capacidad de ser un titiritero refinado no se acabe nunca. Ganas de proponer que todos los partidos que tengan esta categoría sean premiados con 10 puntos adicionales a repartir equitativamente. Ganas de que todos los DT que pierden, sean como Ancelotti que no busca pretextos ególatras y solo habla de los errores futbolísticos que ocasionaron el resultado. Deseos y sueños utópicos que se hacen enemigos de la realidad. Y es que el fútbol fue inventado para jugarlo, para disfrutarlo y disputarlo en buena ley. El resultado será siempre una consecuencia, de ideas y planteamientos previos, pero por encima de todo, de una propuesta de juego.
 
No hay reproches para el vencido. Fue partidazo porque la secuencia de los goles y jugadas emotivas fueron mayores que las acciones polémicas Y uno se engancha cuando siente que ninguno merece perder, que cualquiera que gane resulta indiferente, que cualquiera sea el resultado, hay un aplauso que nace del alma, para agradecerle a los dos por tremendo espectáculo. Goles, penales y jugadas de alto nivel, emoción en cada arco, hacen que el tema técnico táctico, quede para el análisis posterior, para cuando ya todos estemos más reposados, para cuando nos queden ganas de hablar de lo estadístico, numérico y estratégico, por ahora solo es tiempo de disfrute.
FUTBOL, gracias por existir.
 
 

Y ya lo ve, es Messi y su ballet

Que difícil se hace el no querer sonar a exagerado. Pero después de ver otra vez a este Barcelona de Messi, de Xavi, Iniesta, de Guardiola, que en tres años ha terminado besando otra copa y una historia brillante. No se puede uno quedar inconmovible ante tanta belleza junta desparramada en el césped, si son los equipos como este Barsa los que te hacen sentir que el fútbol es el deporte más lindo del mundo.

Si uno rememora esta final de Champions, no puede dejar de admitir que fue un baile, con orquesta incluida. Hubo un cachito de tiempo al inicio que hizo pensar que el Manchester iba hacer sentir una supremacía. Pero al igual que la rosa en el ojal que llevaba Fergusón, se fue marchitando conforme el Barsa se adueñaba del balón, lo escondía, lo jugueteaba y lo movía a su regalado antojo. Un primer tiempo donde el gol rondaba el área de Van der Sar y los intentos ingleses solo eran pelotazos para un “Chicharrito” que se quedó dormido en el camarín y fue un opaco participante.

Fue la magia de Xavi la que mandaba en el Barsa. Un portento de jugador que se inventa la jugada a imagen y semejanza antes que reciba el balón. El que ve lo que otros no ven. Era el maestro de ceremonias que tomaba la batuta, para mostrarse siempre, para despertar de la modorra a Iniesta y hacerle un guiño a Messi, y empezar con la sinfonía. El 1-0 vino con una asistencia monumental de Xavi, que dejó cara al gol a Pedro. Creció el Barsa y se achicó el Manchester. Cuando se venía el segundo, bastó un descuido, para que el Manchester acertara dos pases y Giggs (ligeramente adelantado) dejara a Rooney para que defina con calidad el empate. Fue un cachetazo que sacudió al Barsa y le dio un envión al equipo inglés. Pero, en la práctica, pareció que sólo fue para estirar un poco más el suspenso.

Esta historia terminó en el segundo tiempo. Después de tanto merodear el área de Van der Sar, sin poder acertar el tiro de gracia, el toqueteo plural se fue haciendo singular para hacer aparecer a Lionel Messi en su máxima dimensión. Al filo de los 20 minutos enfiló un zurdazo furibundo y rabioso, desde afuera del área y la estirada, tardía, del holandés no alcanzó para nada. Allí se empezaba a escribir las letras del campeón con tinta color azulgrana, que ya empezaba a soñar con el paseo por la rambla con la Orejona en las manos. El tercero empezó en una corrida fenomenal de Messi, que desbordó por derecha. Tumulto en el área, balón para el “Guaje” mara…Villa, que fulmina con una parábola espectacular. Fin de la historia. Lo demás fue un baile donde la propia gente del Manchester quería su boleto para no perderse una pieza.

Y se vienen a la mente las odiosas comparaciones. Será este Barsa el mejor equipo de todos los tiempos?. Resulta fácil testificarlo hoy, aunque un poco discutible aseverarlo, pero es una dulce tentación decirlo. Hubo tantos equipos fabulosos. Pero alguno habrá sido tan excitante ante la vista como este Barcelona?. No sé si habrá existido otro equipo que se mostrara tan seguro e inquebrantable, que hace ver al rival más renombrado como un equipo maniatado y sin recursos. No es que hoy el Manchester de Ferguson haya sido menos, lo que pasa es que el Barsa de Guardiola, fue tan artístico y exquisito que resulto viéndose demasiado grande. Y es que no hay forma de pararlo. Si lo esperas, con paciencia y toqueteo diabólico te mata. Si lo buscas, dejas espacios y te mata igual. Puedes intentar asemejarlo, pero igual sabes que vas a morir.

Hoy Messi fue determinante. Monstruoso para la gambeta corta, para driblear en velocidad, para definir, para ser vertical y agresivo con la pelota pegada al botín. Este Barsa de toque primoroso, combina la dinámica y belleza con Xavi e Iniesta por los costados, como los dos cerebros que con talento, técnica e inteligencia, potencian al Lio para que sea más estrella de lo que ya es. No es normal que exista una coincidencia respecto a un equipo que se esfuerza en arrullar el balón al ras del piso y que se defiende con la pelota en los pies. Un equipo, que se da el lujo de bailar a un rival en una final de Champions como si estuviera en una pichanga con los amigos. Y lo hace en un fútbol muy distinto al de otras épocas, donde se marcaba y corría menos, Pero hoy, donde se trata de no dejar jugar, este equipo de Messi y su ballet, siempre juega y juega bien.

Dicen los seguidores de Mourinho, que es el único que ha podido parar a este equipo de ensueño, aún a costa de su propia identidad. Que al no estar en competencia, Ferguson solo ha sido una víctima más de su toqueteo diabólico. Allá ellos que quieran hacer prevalecer los números y estadísticas en lugar de un balón de fútbol. Nosotros, los que sentimos el fútbol en las venas, nos vamos a sentir felices cada vez que Messi y su ballet artístico, pisen una cancha. No sé cuanto dure este sueño, pero mientras exista nos hace demasiado felices. Déjenme vibrar con el toque exquisito, el regate elegante y los goles de antología, aparten de mi ese cáliz infame de los números y resultados, El fútbol es para disfrutarlo con el corazón y no para hacerle conflictos a la razón.

Gracias Dios, por el fútbol, por este Barcelona de fantasía y por el Lio Messi, el mejor del mundo

















El hijo de D10s

El día que nació, era tan pequeño como una pulga y escurridizo como un pez travieso y juguetón. El día que empezó a darle al balón, algún iluminado, miró al cielo para agradecerle, la dicha de tener ante sus ojos al Mesías del fútbol. Aquel que debía ocupar el trono del D10s. Sus primeras pinceladas con el balón, no fueron con los “cebollitas” y tampoco fue Villa Fiorito donde había escogido nacer. Fue la ciudad de Rosario, Santa Fe, suelo tan argentino como el tango, donde un día pegó su primer grito y el soplo de vida le vino al cuerpo en aquella mañana de junio del 87’. Era apenas, un año después que Diego Maradona, había plasmado con letras de oro, su nombre en el mundial de México 86’ y se convirtió en el D10s del fútbol y regresó al olimpo, para señalar el camino donde debía ir la estrella fugaz.

Lionel Messi ha sido galardonado como el mejor jugador mundial de la FIFA, coronando un año 2009 perfecto para el astro argentino, quien con el Barcelona ganó la liga y la copa de España y la Champions League, además de que obtuvo el Balón de Oro al mejor jugador de Europa. Para sellar este año soñado, ganó la primera copa del Mundial de Clubes del Barcelona con un gol suyo en tiempo extra, venciendo a Estudiantes de la Plata. Un cúmulo de galardones que lo hicieron en una especie de Rey Midas del fútbol, al convertir en oro todo lo que tocaba.

Acaso y cuando el Lio recibía su merecido premio, le pasaron muchas cosas por la cabeza. Se habrá acordado de su abuela Celia, la abnegada mujer que llevaba a sus hermanos a entrenarse al potrero y él, pequeñito, con 5 años a cuestas, se colgaba de su brazo y los acompañaba. De aquel día cuando Aparicio, el técnico del club Grandoli, a petición de su abuela, lo alentó a meterlo al equipo de niños mayores que él, porque le faltaba un jugador y cuando agarró la pelota, gambeteó a todos, quedando asombrados de su habilidad. Desde ese día que le pusieron “La Pulga” por su forma de jugar y el tamaño que tenía.

Sus inicios, en el Newell’s Old Boys, siendo líder de aquel mejor equipo de las inferiores, denominada “La Máquina del 87”. Ese momento crucial, a los once años cuando fue rechazado por el River Plate a pesar de haber deslumbrado a los técnicos, cuando le detectaron esa enfermedad hormonal que afectaba su crecimiento y cuyo tratamiento nadie quería asumir. El esfuerzo de su padre Jorge, por sacarlo adelante y la partida a España buscando nuevos horizontes. De aquel día cuando fue a probarse al FC Barcelona, con 13 años y generó una gran impresión en Carles Rexach, pues jugaba con niños dos o tres años mayores que él, y los hizo trizas. Aquel día cuando el club catalán, asumió el tratamiento hormonal y fue el comienzo de una historia de esfuerzo personal y familiar.

Enrique Domínguez, su entrenador de inferiores, dijo alguna vez, que cuando pibe, Messi hacía con la pelota cosas que iban en contra de la física y que al único a quien había visto hacer jugadas parecidas eran a Diego Maradona. Y vaya que ha sido inevitable la comparación con el D10s. Durante toda su trayectoria, se ha convertido en un karma que lo acompaña desde el mismo momento que llegó a este mundo del fútbol, que espera ansioso que ocupe el lugar que dejó Maradona. El destino se ha encargado de pintar algunas señales en el verde, como aquel gol contra Getafe, emulando la portentosa jugada del siglo a los ingleses o incluso la misma “mano de Dios”.

Quien sabe para Lionel Messi le quede como materia pendiente, la consagración con la camiseta de la selección argentina. Talento y clase, le sobran y emergen a borbotones, las oportunidades que tendrá para demostrar su innata destreza con el balón. Hoy en día, es el jugador distinto, el que desequilibra las marcas, el que fascina con su magia que lleva en ese botín zurdo, tan suyo como prodigioso.

El Lio tiene claro, que en cada situación que tenga al frente, va a tener que eludir rivales, dentro y fuera de la cancha, porque lleva sobre su cabeza, un estigma que lo lleva por ser argentino y mas aún que no se hizo profeta en su tierra, pues mucho de su éxito mediático ha sido vistiendo una camiseta ajena a sus raíces. Sus compatriotas le reclaman de las peores formas, que se ponga la aureola de soberano y asuma el trono que ha dejado Maradona. Un papel que ni él mismo está seguro de poder asumir.

Abrazando su trofeo al mejor de todos en el 2009, el Lio escucha la ovación que le brinda el respetable y despierta de súbito para encarar este presente glorioso.

-“Es hermoso lograr un año que posiblemente no pueda ser mejorado” -comenta seguro de si mismo, besando su trofeo.

Hoy el Lio sabe que deberá seguir escribiendo su propia historia, porque el éxtasis de los halagos y los aplausos pueden envilecerlo en demasía y el fracaso puede ser una tumba para sus sueños inmediatos. Maradona fue su ídolo y le agrada que lo comparen con su grandeza, pero cada día que pasa se va convenciendo que tiene lo suyo y que le gente tiene derecho a pensar lo que le parezca. Acaso y para algunos sea el heredero, para otros el “Messias”, o el nuevo Rey del fútbol y quien sabe no resulte un acalorado pensamiento, al decir que es el “hijo de D10s”.





La trilogía mágica del fútbol

Hugo “Cholo” Sotil es una leyenda de nuestro fútbol. Un predestinado que hacía diabluras en una cancha de fútbol, capaz de darle un baile a sus rivales, en un metro cuadrado, siempre sonriente y divertido. Aunque por sus venas corra sangre aliancista, en su pasado glorioso se puso la franja de mi Muni querido y la selección nacional. Pero su mayor logro, fue allá en la madre patria, aquella tierra que nos trajo hijos paridos para conquistar y que con su gambeta endemoniada, logró resarcir el orgullo peruano. Fue ese sortilegio calzando botines, el que encandiló a un pueblo azulgrana, logrando que se rinda a sus pies y lo adore para siempre.

Hoy a sus 62 años, el “Cholo”, reposa en su sofá, toda la adrenalina vertida, después de haber visto como su Barza se ha llevado la Champions de una manera fabulosa. Tratando de esconder algún suspiro asolapado, ha dejado que los recuerdos vivitos le adormiten la mente. Fueron tantos momentos gratos, tardes gloriosas con la camiseta azulgrana y sobre todo aquella inolvidable Liga española de 1974, por la cual hasta el día de hoy, le guardan un agradecimiento demasiado especial.

De alguna manera, los peruanos nos hicimos hinchas del Barza, a partir de nuestro “Cholo” Sotil. Fue nuestro distintivo insertado en las páginas del libro de historia del Barcelona, un grande que ha visto pasar por sus filas fenómenos del balón, que marcaron épocas tan gloriosas algunas y tan desabridas otras tantas. Sotil y Cruyff antaño, la triple “R” brasileña, encumbrada con Romario, Ronaldo y Ronaldinho. Fue la cuna que recibió al D10s Maradona, a quien lo llenó de lisonjas por doquier, sin saber que empezaría entre sus brazos, esa terrible adicción a lo prohibido. De alguna manera siempre hubo una razón para sentirse admirador de este equipo catalán, que ni siquiera su archí enemigo el Real Madrid, con todos sus “galácticos” pudo destronarlo en simpatía.

Somos privilegiados observadores del Barcelona de estos tiempos, un equipo fantástico, que ha logrado el trébol de tres hojas, la Liga, la Copa nacional y finalmente la Champions de una manera encandiladora. Es una hazaña mítica que lo encumbra como una leyenda. Este Barza es un agradable deleite para la vista, un bálsamo para la pasión, cada vez que hace una oda al fútbol bello, produciendo sensaciones de placer que llegan al éxtasis. Este Barza, tiene todo lo que otros quieren y no le falta nada, de lo que otros tienen, le sobra eso que seduce al hincha, que vibra con ese toqueteo que trastorna al rival, lo saca de quicio y lo lleva por los caminos prohibidos de la seducción, hasta hacerlo su vasallo, un simple plebeyo que doblega sus fuerzas, ante tanta perfección que se desparrama en cada centímetro del terreno de juego.

No fue suficiente el arranque fantástico y agresivo de los hijos de la Reyna, tampoco aquel espíritu guerrero de un “apache” ni tampoco el pergamino de algún Cristiano ilustre. En Roma se ha consolidado la trilogía mágica MIX (Messi, Iniesta y Xavi) para hacer del Barza, el equipo del fútbol total, con ráfagas de preciosismo que pregona Xavi, el cerebro que se puso botines, el abanderado del pie fino, a veces tan perfecto y letal como un beso apasionado lleno de veneno. Iniesta, el genio con overol que trajina la cancha, doblegando las marcas y haciéndose espacios para generar la pared y el pase exacto, como alguna lección de geometría, y Messi, el cada vez más cercano sucesor del D10s, el sabio que se hizo futbolista, el pequeño gigante venido de alguna galaxia lejana, donde viven los dioses del balón. El mejor del mundo, que vino a Roma para llevarse la Champion y el balón de oro, en un solo paquete.

El primero fue una puñalada de Iniesta al área y Eto’o se llevó de paseo a Vilic para ejecutar con rabia y dejarla en la red, en un instante del partido que fue fundamental para su trámite. El segundo, fue otro pase de Iniesta que surcando los aires, fue buscando destino. El Lio Messi, se eleva como un pajarillo doblegado por el viento y le pone la cabeza, como si fuera su propia zurda bendita. El balón, fue a dar al fondo, quedó sonriente, allí donde se esconden las ánimas y se producen las más grandes sensaciones de alegría. Fue suficiente para sentenciar un partido espectacular e inolvidable, que marcó el compás para esta danza de figuras dentro del Estadio Olímpico de Roma

El Pep Guardiola debe sentirse orgulloso hoy más que nunca, su sueño de estrellitas y duendes, se ha hecho realidad y ha entrado a la posteridad. Como el mejor técnico debutante de la historia. Ha logrado que su equipo, sea la fantasía acariciada de todos. La precisión y el pressing asfixiante, es su norma para jugar. Una tenaz lucha para recuperar el balón y echarse a jugar bonito cuando lo tienes consigo. Ese es el estilo de este Barcelona que ha roto el viejo paradigma, que los equipos bellos no ganan y tampoco saben ser campeones.

Hoy se han prendido las luces multicolores del Camp Nou, para albergar a sus hinchas, que reciben a sus héroes embriagados de gloria y los pasean por ese mítico escenario, que hoy es un coloso vestido de magia y regocijo eterno, nadie está sentado, todos están de pie, para ver pasar coronado a su nuevo rey, el que hoy es la mejor expresión del fútbol en el mundo y que se asemeja a la perfección divina de una trilogía fantástica y exquisita. Solo queda aplaudir, porque el fútbol bello y total si existe, que nunca se muera. Que Viva el Rey.


Argentina: El legado de los botines mágicos

El día que el D10s del fútbol, Diego Maradona, decidió marcharse de las canchas del fútbol, lo hizo sabiendo que debería dejar un legado, un heredero, que supliera su ausencia, para no resignar a los amantes del deporte más lindo del mundo, a quedarse sin alegría, afligidos y tristemente aferrados a su melancolía. Desde el olimpo imaginario del mundo futbolístico, el D10s lo fue creando –casi sin quererlo- sobre la base de su desidia por la vida y en cada acto indigno que el mundo condenaba con frenesí, pero también con estoicismo, porque en el fondo avizoraba que algún día el cielo se apiadaría de su ausencia y enviaría a la tierra, ese prodigio que llenaría el vacío de ilusiones y expectativas para devolverle la sonrisa perdida.

Y el D10s colgó los botines un día, abrió la puerta de su vitrina de cristal y les dio su bendición, allí se quedarían a la espera que apareciera el sucesor, el privilegiado mortal que se los vuelva a colocar para reverdecer tantas y maravillosas obras de arte con el balón. Dejó caer sus anhelos en la comodidad de sus decisiones y de tanto ir a hinchar por su Boca de toda la vida, descubrió un jugador distinto, elegante, fino, brioso y arrojado, en suma, un torero con frac en una cancha de fútbol, su nombre Juan Román Riquelme. Pero aún no era el elegido. Sin palabras y sin preámbulos inmediatos, fue hacia aquella vitrina y tomó el botín derecho, se lo entregó en un sincero acto de desprendimiento, simbólico suceso que el buen Román lo tomó como un honor y hasta demasiado indulgente para su humildad.

Aquel botín tenía encanto y embrujo, quizás por la bendición del D10s, pero el verdadero, el de la magia, el que debería recaer en el heredero, aún permanecía allí, sin dueño, irradiando un destello de hechizo, de sortilegio maravilloso que deslumbraba los ojos de un balón remendado que yacía a su lado. El genio, le pidió al infinito una plegaria y esperaba que el cielo le diera alguna señal, la que esperó con paciencia mediática.

Europa, había recibido a un pequeñín, que la ciencia lo había marginado, porque si bien es cierto tenía una innata habilidad para el fútbol, lo habían desahuciado a no desarrollar su estatura normal. Pero el cielo recogió la plegaria del genio, hizo que Barcelona, lo mire con otros ojos, lo mime y le brinde su logística millonaria, pudo crecer, no lo suficiente, pero si lo necesario, también creció su habilidad maravillosa y el mundo empezó a conocer sus dotes. El Diego seguía esperando.

Hasta que un día ese menudo portento del fútbol -que ya empezaba a saborear el éxito de los astros predestinados- se levantó distinto, como poseído, entró a la cancha iluminado y dibujó a su manera, la jugada más grande y maravillosa que vieron mis ojos en un campo de fútbol, que me hicieron brotar lágrimas de emoción, igual al de Diego en el 86 contra los Ingleses. Era la primera señal del cielo. La otra jugada, la hizo en una travesura de niño, igual al de Diego, emulando la famosa “manos de Dios”. Esa fue la segunda señal. Allí mismo el D10s se fue presuroso en busca del botín mágico, igual sin palabras, imaginariamente se lo entregó complacido, en señal que el cielo había nombrado por fin a su verdadero heredero, su nombre LIONEL MESSI.

Esos botines de ensueño, dejaron su huella contra Mexico. Román –botín derecho- ejecuta una falta y le pone el pie de una manera especial, justa, como los mejores, para la apertura del marcador, después brilló con pases de todos los calibres y distancias, finalmente cobró un penal, con una pinturita de pasmosa frialdad y categoría.
Pero el predestinado, Messi, tuvo una actuación que de seguro debe haber persuadido, que estamos ante el verdadero sucesor del D10s. Tuvo momentos importantes y trascendió en el juego con su desequilibrio: Para cerrar con broche de oro, hizo lo que solo saben hacer los genios, sin apurarse, le puso el pie justo, con una calidad extraordinaria, para que el balón, tome una altura descomunal y luego descienda, como un globo de caritas pintadas y caer al fondo, para desatar la histeria y el desenfreno. Allí mismo debieron apagar las luces e irnos todos a casa. Simplemente, ESPECTACULAR . El D10s de seguro se habrá sentido complacido, porque no se equivocó en la elección.

Viendo a esta Argentina, sobresaliente, prolija y efectiva, se llega a la conclusión que posee hoy en día -mas allá de los nombres consagrados- los mejores jugadores de nuestro continente y que si el fútbol se pusiera en la balanza de los merecimientos, deberían darle la copa América 2007, hasta sin jugar la final. Pero la bola tiene que rodar y a veces no siempre gana quien lo merece si no aquel que resulta siendo efectivo con las oportunidades que aprovecha. Si algo superlativo se deba rescatar de este equipo Argentino, es que nos enseña a todos –hasta el momento- una clara lección de cómo se puede defender, pero con la pelota en los pies.