EL INICIO DEL CAMINO

Si hay un hincha que hoy tiene el orgullo inflado en el pecho, como un globo de gas, ese es el peruano. Quizás se deba a ese kilométrico periodo de anonimato mundialista, la forma vibrante y excitante de la clasificación a Rusia o simplemente se trata de un estado emocional de desfogue, producto de una coyuntura política y social de un país éticamente destartalado, que encuentra en el fútbol ese bálsamo que permite calmar su decepción. Es la única explicación para lo que se vivió en el Hard Rock Stadium de Miami, que pareció el Nacional de Lima, con banderas y gente de rostros felices, comparsas y el aliento desgañitado del hincha, que ya no solo sigue a su selección a todas partes, ahora cree en ella y apuesta la camisa. Un marco impresionante que conmovió a todos por TV, una experiencia inmortal para los que cantaron el himno con lágrimas en los ojos y una daga de nostalgia en el corazón.
 
Estos partidos de preparación, antes de la justa mundialista, son tubos de ensayo, sondeos que hacen los técnicos, para evaluar el terreno que pisan y hacer las pruebas de sus equipos, sus sistemas y el funcionamiento colectivo más allá de una evaluación de rendimiento individual. Para Gareca fue precisa la ocasión, Croacia un rival con nombres descollantes y con similitudes a Dinamarca, primer rival a vencer en Rusia, el primer y más importante escollo a salvar.
 
Se hizo un buen primer tiempo, con el posible once titular y un 4-4-2 con variantes y cambios posicionales en los hombres de avanzada, con Farfán y Carrillo en buen nivel competitivo, Cueva y Flores más laboriosos que lucidos, solidarios para la oportuna presión alta, reduciendo espacios a una Croacia que no está aún en su pico de rendimiento, pero que tiene a un excelente jugador como Modric, al que Tapia anuló con marca posicional, siendo baluarte en la recuperación y el equilibrio con Yotun para la salida prolija. En defensa, un nombre para ponerle atención al rezo de contar con alternativas de titularidad permanente: Anderson Santamaría.
 
Hacer un partido con un buen resultado como este 2-0 ante Croacia apagando estrellas de la talla de Modric, Rakittic, Perisic, Kalinic y Mandzukik, tiene su valor agregado, desde la premisa de acostumbrarnos a esta sana costumbre de saborear la victoria, tuteando a cualquier rival y sus emblemas, jugando sin complejos y con mucha actitud. La templanza de un jugador, justamente parte por creer primero en sí mismo, en su capacidad física y técnica, para luego medirlo ante el rival. El primer gol de Carrillo, fue producto de provocar el error pujando y porfiando bien arriba, sin miramientos a los galones. El segundo fue una conclusión de imponer un estilo, una forma de juego autentica, del toqueteo y la sorpresa vertical, como alternativa valida y plausible de llegar a la red.
 
Gareca sigue encontrando esas variantes que requiere para el ensamble, basado en la versatilidad de sus jugadores, no es bueno hacerse predecible y que los rivales nos encuentren muy fácil la tuerca. El balón al piso, siendo muy ordenados para pararnos defensivamente, mucha movilidad cuando se recupera el balón y profundidad cuando se busca la verticalidad en ataque. Precisión para enlazarnos mejor con el balón y edificar el juego desde el fondo. Una idea de juego que se intenta fortalecer, jugando bien, que no necesariamente tiene que ver con lo estético, pero muy tácticos, para los relevos, el retroceso y copamiento de los espacios. En todo ello hay un porcentaje de riesgo que debe asumirse en cada partido y en ello se ve una buena disposición para encarar el reto con una buena cuota de valentía.
 
Era una oportunidad para ver a Benavente, aunque pisó el verde en un momento complicado, cuando los técnicos hacen las variantes. El hincha calenturiento desea ver al “Chaval” eludiendo rivales y anotando o que Beto da Silva sea el nuevo Paolo, No razona que con los cambios los rivales corren y meten, haciendo un partido más peleado que jugado. Lo importante en estos partidos es que con los reemplazos no se pierda la posición y el juego no decaiga, que se priorice el funcionamiento colectivo antes que el individual, apuntar a un plantel y no solo a un equipo. Este resultado es importante, pero solo es anécdota, hay muchas conclusiones que tendrá Gareca, el hincha por su parte celebra y tiene la sonrisa limpia, eso está bien, pero tranquilos, esto simplemente es un ensayo y solo es el inicio del camino.
 

CORAZÓN PARA COMPETIR

La premisa de no celebrar los empates es una acción forzada en el fútbol. Pero cuando se tiene un rival de categoría como Boca, hay de por medio un respeto extremo por la historia y delante se tienen figuras que destacan en el firmamento internacional, se valora mucho una paridad, mas allá del juego, es por la actitud, por el temple y por los huevos que se pusieron para emparejar rendimientos colectivos y dejar sentado en el marcador que así como se pudo perder, también se pudo ganar. Jugar partidos de copa son muy distintos al torneo domestico, las referencias de cotejos anteriores quedan de lado, pues se afronta un duelo con el orgullo del país en la espalda primero y con la capacidad individual y colectiva después. Alianza hizo su debut y no hay nada reprochable en la intención de hacerse competitivo.
Un partido intenso, con un Boca intencionado a llevarse el juego de arranque y un Alianza que le costó ir llevando el trámite a su objetivo de neutralizar en su campo desde un 4-5-1 muy marcado, alejando a Hohberg del resto y posicionando en medio a Costa como primer volante y emparejando a Velarde y Ramirez en el retroceso con Jara y Fabra. Por otro lado Lemos y Cruzado tomaban a Buffarini y Reynoso, en una idea de aislar a Tévez, que ya no será el “Apache” que resolvía partidos, pero sigue teniendo en su movilidad su mejor arma de desequilibrio. Boca en un 4-3-3 fijo con mucha rotación de sus interiores, buscando las espaldas de los centrales y abriendo la cancha para hacer daño por bandas.
El Boca de todas las semanas tiene en Cristian Pavón su mejor jugador es el eje donde Guillermo fija el rendimiento del equipo. Como cualquier jugador, tuvo una noche oscura, en parte por la desidia y también la marca celosa de Costa y Lemos. La responsabilidad recayó entonces en Cardona, jugador de físico descuidado, pero que es un crack en cada kilo demás que lleva en el cuerpo, maneja con inteligencia y decide los cambios de ritmo oportunos, sumando categoría al ataque en sociedad con su compatriota Fabra por banda izquierda. Alianza controlaba el juego, Boca los tiempos. Una posición pacifista de ambos para no presionarse muy arriba y descuidar las espaldas. Pero fue Boca el de las más claras, Butrón con desgarro y todo salvó hasta dos seguidas Tevéz dejó una en el poste y a Lemos por Alianza le faltó centímetros al cuello para abrir el marcador antes de darse ánimos para la segunda parte.
El segundo fue otro partido, con más intensidad, más riesgos que asumía Alianza y más profundidad que le imponía Boca. Tévez asumió la conducción por fuera para verticalizar sus ataques y Cardona sumaba más protagonismo al juego. Creció Cruzado en Alianza, mandando, marcando y dejando que ese buen pie otorgue una salida prolija desde el fondo. El ingreso de Ascues, aun sin estar físicamente diez puntos, fue positivo para darle movilidad al ataque. Buen partido de Godoy atrás, Costa ganando siempre el segundo balón y un renglón aparte para Hohberg. Tenía el 8 en la espalda pero debajo llevaba ese 9 de guerrero solitario, le corrió a todas las pelotas divididas en un derroche de energías encomiable, un despliegue de ganas y pundonor que resultó conmovedor. Pudo salir como héroe del Nacional si le bajaba un cambio en ese rush final que lo suele desequilibrar. Hoy se hablaría más del pase a “Cachito” que de la propia culminación de la jugada. El hincha llevado por la emoción pide selección, resulta comprensible, pero con ojos de Gareca aparte de dispersar carácter y energías, le exigirá un cachito de eficacia y orden táctico, ojalá siga en ese nivel ascendente, porque el corazón, a veces y solo a veces, también juega.
El empate para Alianza reconforta desde el dolor de Leao para dejar un puesto clave en manos inexpertas, pero que cumplieron su cometido. Desde la inexperiencia de Garro y Duclós para enfrentar con valentía a los duetos Cardona-Fabra y Pavón-Jara, nada menos. Desde el kilometraje de Cruzado y “Cachito” para verse respaldados por el carácter de Costa, Lemos y Godoy, aunados a la solvencia de Araujo y el desprendimiento vibrante de su propia existencia de Hohberg. Mucho sacrificio para frenar a un Boca diminuido, pero con un plantel rico, que puede echar mano del banco para cada puesto. Alianza debió asumir un talante distinto, mirando de frente a los ojos al rival, neutralizarlo y proponer ganarlo, como ese bombazo de Cruzado que se fue diciéndole algo al poste, ese mismo poste que le negó dos veces a Boca y que en algo contribuyeron a que el “Xeneize” se lleve el trago amargo a Buenos Aires. Como decía el buen Daniel Peredo “Los palos son así, a veces juegan para los porteros …”
En el inicio de copa, el resultado no es malo para Alianza, aunque lo que viene será tan igual o más de complicado y en ello Bengoechea debe hilar fino, no siempre los postes podrán salvarlo y en el juego quedan dudas de funcionamiento, no siempre la pasión y la entrega resultarán suficientes, Por ahora sirve para apaciguar el ímpetu, antes del partido se veía a Boca como un monstruo de siete cabezas, con sus figuras rutilantes y un presente victorioso, pero que en la cancha del Nacional, Alianza para igualar capacidades, tuvo que hacerse competitivo, mostrando raza, mucha actitud y dejando una parte de su corazón en la tribuna y otra muy significativa –y muy necesaria- en la cancha.

CLASICO ES RECORDARTE

Era ahora Daniel, era hoy, justamente en un clásico, esos donde últimamente de futbol se hablaba poco y se peleaba más. Era ahora Daniel, para que esa gente vestida de blanquiazul se hermanara con la que poblaba su casa, el Monumental, izando banderas merengues y se fundieran en un aplauso intenso, sincero e interminable, como una loa a tu recuerdo, porque debías estar ahí, en la cabina, de 9 o de 10, jugando tu partido de cada semana, transmitiendo emociones como lo decías, como lo sentías. Y ese aplauso fue la muestra del reconocimiento para que nunca permita apagar la voz de quien seguirá presente, cada vez que empiece a rodar el balón y la emoción intente desbordarse.
 
En el verde un nuevo clásico, Universitario mermado de nombres, más comprometido por no perder el orgullo y tratando de suplir las carencias, pugnando por logar un funcionamiento adecuado a la mixtura de temperamentos. Alianza en cambio, de fisonomía distinta, con el título anterior bajo el brazo, buscando apuntalar en el juego, sus nuevos nombres a los ya conocidos que aportan el kilo demás en la balanza de la experiencia, tan vital y necesaria para este tipo de rigor de partidos. Pedro y Pablo en el banco, cada uno exponiendo su trabajo, buscando superar el déficit funcional natural que se genera en el inicio de temporada y que demandan un tiempo prudencial. Pero el hincha que no entiende de sistemas tácticos, ni de funcionamientos colectivos y menos de problemas internos, solo exige resultados y en ello, por ahora no le bastan las explicaciones. “No saben si es justo, solo saben que es cierto”.
 
Un primer tiempo donde la U domina con mucha intensidad, un 4-3-3 con posicionamiento defensivo para achicar espacios, marca agresiva y presión alta, neutralizando al rival lejos de su campo, hiriendo por bandas, donde Alianza sigue siendo endeble. Una defensa a ultranza ante el empuje de la juventud crema. Troglio tiró a Osorio jugándose el cuello y el chico no lo defraudó, desmarcándose siempre, buscando la asociación, cambia el 30 por el 9 en el dorsal y hace el primero, culminando un gran centro del “Chiquitin” Quintero -Aún le faltan horas de vuelo para recuperar su nivel de avión- y tuvo el segundo que el parante le niega para hacer una noche redonda. “Los palos son así, a veces juegan para el delantero y otras para el portero”.
 
Alianza recupera el aliento desde la habilidad de Quevedo y la constancia de Hohberg, falla en el retroceso crema, Schuler queda desairado y el de Alianza culmina en el testarazo que se cuela debajo del poste de Fernández. Una igualdad oportuna pues era el mejor momento de la U que no supo liquidarlo cuando tuvo el control del juego, primero por apresuramiento y otras por las benditas manos de “San Leao” que hicieron que los cremas se fueran al descanso rumiando su ineficacia. “Goles que no haces, goles que te hacen”.
 
El segundo fue distinto. Alianza replantea variantes posicionales para cortar la asociación en medio. Su 4-3-2-1 se hace funcional a un 4-3-3 con mejor rotación del balón, Bengoechea echa mano a su mejor plantel para contrarrestar la dinámica merengue. Hohberg empieza a ser pesadilla para la defensa crema y la figura del partido. Busca la personal y se cuela en el área, Schuler queda sin frenos y se lleva su humanidad. Penal indiscutible que la pegada de Cruzado, deja marcado en la red el desequilibrio íntimo. Pablo encuentra mejores variantes en el banco que Troglio. Primero Costa y después Velarde, le dan respiro a Cruzado que crece en el juego. La U se va quedando sin gasolina y es Vargas que intenta, hacer la del gladiador en solitario, corriendo la banda y lanzado balones espoleados. Pero a estas alturas para la U ya no le bastan solo el pundonor y los huevos de Vargas, hay que jugar bien y ello, sin piernas se hace casi imposible. El tercero cae más por error propio que virtud de un cuestionado Posito, que corre a Balbin y anota de remate mordido.
 
Alianza se lleva el triunfo, pero la sinceridad de Bengoechea, afirma que el marcador resultó demasiado premio. La U pudo asegurar el partido cuando mejor hacía lo trabajado en casa. Pero así como los clásicos no solo hay que jugarlos, sino ganarlos, esta vez el mayor kilometraje íntimo y su replanteamiento apoyado en mejor banca le paso la factura a la juventud merengue, que no supo controlar el vértigo y pago demasiado caro sus errores en defensa. Para Alianza de cara a su trascendental partido de copa ante Boca Juniors, este triunfo le entona el semblante y apuntala en el ánimo. Será otra historia totalmente distinta, con un rival de otro nivel y jerarquía, otra oportunidad para que un equipo peruano demuestre de que está hecho.
 
Quedará en el recuerdo, ese aplauso intenso, vibrante, por la memoria de un amante del futbol, un transmisor de emociones y caballero del análisis acertado. Quedará en la memoria el recuerdo de ese aplauso conmovedor despidiendo a la voz que nos llevó al mundial y que retumbaba en las cuatro tribunas del Monumental. Quedará en las retinas el mensaje de las camisetas blancas que portaban los jugadores de la U y Alianza “Hasta siempre Daniel. Gloria a ti en las alturas".
 

PERÚ de talla Mundial

Largo tiempo el hincha peruano oprimido, la ominosa cadena de la frustración arrastró, condenado a una cruel servidumbre de fracasos por largo tiempo en silencio gimió. Mas apenas el grito sagrado una noche en sus costas se oyó. La indolencia del destino cruel ya no sacude y la humillada cerviz por 36 años sin ir al mundial por fin levantó. Y fue en una noche mítica e inolvidable, una noche que nos va durar una eternidad en el corazón y en el sentimiento. Es el abrazo de todos por esta larga espera y por esta alegría infinita, por esta victoria que se ha hecho una gratitud para este grupo de guerreros que logró desmitificar la ingrata estrofa de nuestro Himno Nacional.

Se pasaron tan rápido los años y vaya que hemos sufrido demasiado. Pero estamos hechos para esto, para sufrir, para superar las adversidades, soportar los embates emocionales con firmeza y levantarnos de los escombros de las dificultades más abruptas. Nos diferenciamos de los demás seres de la tierra, porque podemos pasar del llanto de una tragedia por embates de la naturaleza, a la euforia infinita e incontenible que regala el fútbol. Y aunque nunca encontramos una razón entendible para seguir amando nuestra camiseta, nos dejamos llevar siempre por la PASION, esa de la que está hecha el fútbol y que por ello se hace sufrimiento. Cada partido, siempre es una nueva oportunidad de lograr ser felices y poder apaciguar esa angustia. Ir al mundial después de 36 años, para cada peruano significa hoy, haberse sacudido de una injusta maldición y aborrecible resignación que se había hecho una odiosa costumbre malsana.

Instante supremo e inmortal. El balón sacado del fondo por Trauco surca los aires buscando la humanidad de Cueva, quien lustra la lámpara de “Aladino” para hacer un control perfecto, monumental y de nivel A1, para encarar con atrevimiento y desparpajo a Reid, el central neozelandés que le lleva más de tres cabezas de ventaja. Tú tan alto yo tan bajo, tú tan rudimentario yo tan diestro. Lo mueve, lo desestabiliza con maña, con habilidad, lo mira a los ojos y ensaya el pase del desprecio, para dejarle el balón a la “Foquita” Farfán que atropella, como una tromba, descargando toda la euforia en un zapatazo que rompe el arco de Marinovic, que hace estallar la alegría de un país entero. GOLAZO de Jefferson, un jugador que fue resistido y que se jugó el partido de su vida. Por eso lo gritó con alma, corazón y vida.

Lo que vino después fue el conmovedor tributo al amigo, al compadre, al Capitán de todos, el que puso a Perú en esta repesca y al que se le debía un boleto en primera clase a Rusia. Era para ti, por ti PAOLO GUERRERO el gran ausente, una recompensa, un respaldo emocional de todo el pueblo peruano que en este gol enarboló su nombre. Una vibrante e inolvidable celebración. La imagen de Farfán con la camiseta #9, cubriendo su rostro perlado y soterrándolo después en el verde para ocultar su llanto desconsolado, rompe cualquier esquema sensitivo y estremece el alma hasta del más fuerte. Difícilmente se podrán olvidar esas escenas llenas de éxtasis consumado, con un estadio desaforado, entregado a la emoción del gol y la exaltación del hincha que confundía la alegría y sus sonrisas con sus lágrimas.

Era el comienzo de un final increíblemente fantástico, emocionante y grosero con el corazón, que calaba en lo más profundo de nuestra endeble tranquilidad, que hasta ese momento se tocaba de nervios y necesitaba ese bálsamo de sosiego, una emocionante luz de esperanza, para afianzar la ilusión. Christian Ramos, le dicen “sombra” pero tiene luz, es de esos jugadores que según Gareca, puede marcar un día a Suarez y al siguiente a CR7 sin siquiera notar la diferencia. Centro de Cueva que pasa entre las dudas y limitaciones de la defensa “Kiwi”, para que la “sombra” se haga parte de la historia con el segundo gol justo y determinante.

El sueño se hizo posible, pero pasaron cosas antes. El futbol es de momentos y este era el que nos tocaba. Desde aquel cabezazo de Godín en el madero en la victoria histórica ante Uruguay. Desde ese remate al cielo que hizo Justiniano en el epílogo y Bolivia no nos deje sin piernas. Tres puntos benditos de escritorio que cayeron como maná del cielo. El triunfazo con baile en Asunción haciendo pedazos a una durísima Paraguay. El bombazo del “oreja” Flores que pasa entre las piernas y después Hurtado haciendo sutil lo que parecía inexpugnable, rompiendo paradigmas en las puertas del cielo de Quito. El cero en la mítica “bombonera” ante una Argentina que no pudo vencer a Gallese que se puso el traje de superhéroe. Para cerrar las señales, Paolo se jugó la historia de un país enderezando la orden del Árbitro y la mano cómplice de Ospina que nos puso en la repesca. Era ahora, no había otra oportunidad, cuerpo que pueda soportarlo y menos un corazón que pueda resistirlo más.

Cuesta aún asumir la realidad. La resaca de la celebración se va a prolongar unos cuantos días más. Es lo justo para estos alegres corazones que hoy se han dado un gran abrazo de gol, un abrazo del alma, el abrazo de un país, el abrazo de todos los peruanos. Es la hora de desfogar esta emoción contenida tanto tiempo, es la hora de soltar estas lágrimas, que se escapan por nuestras mejillas y humedecen esos rostros desencajados por el llanto descarnado y sincero. Esas lágrimas que antes fueron de tristeza y desengaño, que hoy son de alegría infinita, de recompensada satisfacción.

Gracias Dios, gracias futbol, gracias muchachos por este júbilo inmortal, por esta locura que nos va a durar una eternidad a todos los peruanos. Gracias Gareca por jugarte los pantalones y decidir con buenos cojones, el cambio de la hoja de ruta. Gracias al “ciego” Oblitas y su “visión” para registrar el #modoselección que entendieron los hinchas. Gracias blanquirroja, por haber logrado unirnos a los peruanos en la fe y la confianza. Gracias a la vida porque nos brinda la oportunidad de ver después de larga ausencia a nuestra selección en una justa mundialista. Las valijas ya están listas y los boletos confirmados para Rusia. Perú, el equipo de todos, que ha ganado el aprecio continental y mundial. Nuestra selección ya es de talla mundial.

ARRIBA PERÚ CARAJO!!!





Resultado futbolistico adverso

En tiempos de conflicto para tragar una realidad tan infausta como la de Paolo Guerrero, resulta mucho más difícil consentir la calma, ante un resultado en blanco que deja una ausencia para reconfortar la confianza, quizás porque nuestras expectativas siguen siendo demasiado inmoderadas y la confianza de superar a un rival que resultó demasiado modesto, se fue perdiendo como agua entre los dedos, a medida que se buscaba ser el mismo equipo de siempre, pero sin encontrar el rendimiento adecuado, quizás porque en el afán de querer superar a un rival con limitaciones técnicas, que apelaba al atropello, priorizando neutralizar en el medio, se fue viciando en el mismo afán y terminó enmarañado, confundido y tremendamente limitado para generar juego y ser prolijo en el manejo del balón, en la contundencia ofensiva y lograr la eficacia de cara al gol.
 
No se pudo jugar peor, así sea por desidia del rival y su actitud para esperar atrás o porque no le alcance para proponer mayor juego, pero se vio un equipo peruano, sin atrevimiento para ser osado y ejercer una presión alta, en momentos puntuales del partido, siempre hubo la ausencia de precisión en el último pase. A un equipo que hace de la fricción su modus operandi y que resulta limitado tácticamente, había que plantearle jugarle por bandas, abiertos y agresivos en el desborde. Ni Carrillo ni Flores, fueron los de siempre, tampoco Cueva lustró la lámpara y Yotun junto a Tapia, tuvieron siempre en la salida más de un hombre de blanco obstruyendo, rozando y no jugando pero tampoco dejando que Perú lo haga.
 
Era un partido para jugarlo con un gol de ventaja, para evitar que el agrupamiento a veces desordenado del rival, acorte los espacios y se genere más presión al equipo peruano que perdió claridad. Se tuvo el control del balón pero nos faltó el control del juego, ser más audaces para poder llevar la superioridad al marcador. El que Rodríguez haya sido el mejor jugador peruano, nos da un preocupante indicador del trámite final del juego, pero cada partido es totalmente distinto de otro, es una nueva historia.
 
El equipo de Gareca, tiene una deuda en el juego, que se hicieron notorios en los últimos partidos, más allá que los resultados maquillaron el desbalance en el funcionamiento colectivo, los encuentros ante Argentina y Colombia, nos hicieron ver limitados, fuimos presionados en campo propio sobre la salida y las cabezas pensantes, anulándose los automatismos en zonas específicas, característica de este Perú, que supo pararse bien en cualquier cancha. Luchamos más de lo que jugamos. Ante Nueva Zelanda -guardando las distancias- volvimos a vernos restringidos, la habilidad se mostró lejos del área, se hizo bien la horizontalidad, pero fuimos demasiado imprecisos en la profundidad y nos hicimos neutros ante un bosque de piernas. En la valija se llevaron buenas dosis de gambeta, talento, ilusión y esperanza, pero se dejaron olvidados en Lima los cartuchos de pólvora para los bombazos de fuera del área.
 
La ausencia de Paolo, es como sacarle un órgano vital al cuerpo, el reemplazo puede proporcionarle seguir con vida, pero nunca funcionará del mismo modo. Farfán de 9 era la opción de sustitución para este juego, pero no para chocar y jugar de espaldas aguantando, sino para ganar las espaldas de los centrales, haciendo las diagonales y ser el receptor del último pase. Jefferson tiene un estilo diferente, puede ir en el puesto de Guerrero, pero jamás será el Paolo que encara y se faja solo, que tiene la capacidad de tomar la espada y la capa, para asumir ese papel de titán que lo ha elevado a la figura de superhéroe de todos los peruanos. Si bien es cierto en el fútbol nadie resulta insustituible, para este Perú donde elegimos ser incondicionales, Paolo Guerrero, más que una pieza irremplazable, resulta siendo un emblema nacional.
 
Queda la última instancia para resolver esta duda que debe solventarse en la superioridad mostrada en la ida, es una obligatoriedad para la blanquirroja, un cambio radical en la esencia del juego, que cuando se cierren las puertas por ese agrupamiento restrictivo de hombres, aparezcan los nombres, la individualidades que rompan líneas, que generen valor en las divididas, que encaren su habilidad de forma vertical. La actitud, las ganas y la alegría siempre serán condimentos pero no una condición. El resultado siempre será una consecuencia de jugar bien, que no es lo mismo a jugar bonito, jugar bien es plasmar lo técnico y táctico al juego, con adecuados usos de la dinámica y los cambios de ritmo, lo estético es meramente complementario.
 
La esperanza se da un abrazo con la ilusión, en la espera nerviosa de estos últimos 90 minutos de tensión, de electrizante emoción que nos va a tener la vida pendiendo en un hilo, a pesar que se haya tenido por ahora un resultado futbolístico adverso, el hincha vuelca toda su confianza y su respaldo para este grupo que ha entregado demasiado. Vamos a necesitar de esa rebeldía, de ese atrevimiento del equipo de todos, que garanticen asegurar ese resultado positivo que esperan gritar las 30 millones de gargantas, ese grito final acumulado de 36 años que pueda llenar de felicidad cada hogar y cada corazón peruano que hoy late más fuerte que nunca.
VAMOS PERU CARAJO!!!!

Visa para un sueño mundialista

La fiesta estaba lista en la tribuna, en las calles, plazas y los corazones de 30 millones de peruanos, que cual antesala de fiesta navideña, decoró la sala con la parafernalia mundialista, puso a helar su confianza y a degustar los piqueitos de las ilusiones, bien cimentadas por un presente que no se esperaba meses atrás, pero que había calado hondo en toda esa gente, que pintó sus rostros de esperanza y se contagió irremediablemente con el bullicio y la efervescencia de una Lima agitada y futbolera, rememorando tiempos eufóricos de antaño. Resultaba materialmente imposible hacerle entrar en razón y ecuanimidad a ese hincha peruano, que después de 36 años de larga espera, veía a su selección a 90 minutos de alcanzar la justa mundialista.
 
Pero esa expectativa desbordante, que no tuvo límites ni parangón, ejerció una presión adicional. El torbellino de pasiones tribunero se bajó a la cancha y se posó en los rostros tensionados de los jugadores, en la entonación de los himnos. Un ambiente pasional que suele nublar las ideas, los nervios asaltan la cabeza y los reflejos no responden coherentemente. En esta instancia decisiva, resultaba determinante el manejo de la capacidad emocional para plasmar en el verde las cualidades hasta ese momento, súper dimensionadas por el entusiasmo exuberante y dramatizado por los sufridos resultados.
 
Si hay un equipo que se parece mucho al nuestro es Colombia, que al igual que Brasil, Argentina y Chile, nos hace ver desubicados e imprecisos, por el movimiento que tienen del balón, el traslado a las zonas específicas donde crear y desestabilizar el juego. A Peckerman -viejo zorro- le bastó ver el último partido de Perú para imitar a Sampaoli. Plantó un 4-2-3-1, con Aguilar encima de Yotún, Sánchez sobre Cueva, Cuadrado tapando a Carrillo, logró partir en dos a un Perú que se hizo largo, dejando en soledad a Paolo que peleaba con sí mismo y Murillo, su cancerbero. Gareca quiso jugar de memoria, fiel al libreto, pero sin espacios, el juego horizontal y el toque intrascendente no permitieron entrarle a una Colombia cautelosa, también circunspecta. Se hizo un partido táctico pero chato, de estrategias definidas, neutralizados ambos y con demasiadas reservas para no arriesgar más de la cuenta. Si en lo colectivo aparecíamos contenidos, aprisionados en actitud, en lo individual pecamos de cautelosos o temerosos por la instancia final.
 
Y es que este partido definitorio, no solo se jugaba en el Nacional. Se tenían los ojos en el verde del José Diaz y las orejas en otros escenarios, donde los resultados eran el aviso para ir regulando los cambios. Argentina superaba a Ecuador en actuación Messianica y Brasil hacia la tarea vapuleando a Chile. Mientras Perú y Colombia, en una disputa por el daño menor, pero de mayor impacto. Un error insulso en defensa dejó a James, para repetir un instante amargo y clavarla en el rincón de la angustia. Cuando el reloj de arena marcaba el tiempo junto a los latidos del corazón, un grito sonó en Asunción como si fuera en Lima. Venezuela, daba el batacazo y le ganaba a Paraguay. Y vino la jugada de la confusión divina. Corzo se juega la cabeza y el juez decreta indirecto. Paolo –según dice no lo advirtió- con la adrenalina en sus sienes, decide tirarla de frente. Una parábola exquisita que pareció rozar los cabellos de James y el manotazo de Ospina, del que solo se presume su intención de evitar culpabilidad posterior, pero que validó el golazo de la esperanza, el bálsamo para un pueblo angustiado y el corolario perfecto para que Guerrero sea el héroe, una vez más, como tantas otras veces.
 
Perú jugó contra su espejo y Colombia vino con clara intención de empatar, pero mirando de reojo los otros resultados. Ante tanta similitud, la presión de no arriesgar demasiado hizo ver a la bicolor exageradamente cautelosa, tratando de evitar el error, notándose débil de carácter en la instancia decisiva, sin atrevimiento para encarar y con bajos rendimientos individuales de Carrillo y Cueva, maniatados en su tránsito habitual. El propio Paolo sin encontrar su juego, a la espera del pelotazo que nunca llegó limpio. Estuvimos contenidos en lo colectivo, sin triangular por los costados, con poca imaginación para verticalizar el juego. Pero también vale el análisis del rival, con más kilometraje, hizo parecer a un Perú inoperante, sin recursos, pero que tuvo la entereza de revertir una realidad adversa, con más pasión que fútbol y más energía que dinámica.
 
El resultado no dejó satisfechos a muchos en la prensa, pero si a la gran mayoría de la gente, porque siente que sigue con la esperanza viva, aunque le cuestionen que celebre que estuvo a 15 minutos de la eliminación directa. Y es que existe un sector de hinchas que se obligan a minimizar las virtudes y a maximizar los defectos, cuestionan peyorativamente el rendimiento de Cueva y Carrillo, pero no enarbolan a ese portento de jugador que es Renato Tapia, que va asumiendo su papel del nuevo capitán y sigue jugando como en su barrio. No asumen el recorrido del equipo que hasta 6 fechas atrás no tenía ni siquiera pensado en comprar maletas y que ha cumplido su objetivo de ocupar ese quinto puesto negado otras veces. Y es que siempre terminamos pidiendo que el Sol valga más que el Euro y que nuestros jugadores actúen como si estuvieran disputando Champions League, todos los años. Un poquito más de humildad y pisar tierra no nos haría nada mal.
 
Pensar que el punto de quiebre tuvo que ver con Bolivia. Primero en esos 3 puntos del TAS, luego en esa última jugada errada de Justiniano que dio ánimos para ir a robarle los huevos al Aguila en Quito y posteriormente sacarla barata en Buenos Aires en la odisea memorable que estuvo a punto de dejar sin mundial a Messi. Pero que aunque se haya alargado el sufrimiento, se ha recuperado la confianza –tan devaluada- que se puede seguir creyendo en este plantel y en la prédica de Gareca para cumplirle el sueño del hincha peruano.
 
Es hora de ser agradecidos con estos muchachos, que en el resumen final de las eliminatorias, nos dejan un respiro y tienen una oportunidad más, para ir a la repesca y lograr otra vez que la gente se vuelva a unir en un solo abrazo y un solo aliento. Una ocasión más para que la blanquirroja otra vez nos pongan el alma en vilo y se jueguen los dos partidos de sus vidas, para hacer realidad el sueño mundialista de todos los peruanos de llegar a Rusia. Antes deben hacer una visita obligada a Nueva Zelanda, para renovar la visa, que debe durar 180 minutos -más descuentos- y recorrer 10,500 kilómetros de distancia.
 
VAMOS PERU!!!!
 
 
 
 

Descarriado sufrimiento

Era un partido de esos donde la premisa que si no puedes ganarlo, debes hacer todo lo posible para no perderlo. Demasiada restricción en una Argentina quebrada de argumentos de funcionamiento colectivo, con una confianza cuarteada por su propio entorno, por no responder sus nombres supervalorados y los resultados que los lapidan con sus pergaminos, los goles en sus equipos y todos sus millones en el banco. Una situación que hacía ver un rival desesperado, al cual había que enfrentar con mucha cautela, demasiada sensatez para plantearlo desde un sistema defensivo, fijo, ordenado y despliegue de manera inteligente.
 
Los rostros y gestos de los jugadores argentinos cantando su himno, distaban de los peruanos que lo entonaban con euforia y emoción, quizás en la continuación de toda la embriaguez emocional del hincha que abanderó la ciudad para hacer sentir a sus jugadores un respaldo que obligaba a una entrega sin reservas. Y es que quizás el hincha solo vive de emociones inmediatas y le cuesta analizar, como se plantea un juego, desde la búsqueda de un resultado basado en la lectura del rival primero y la disposición táctica que permita anular la del contrario después.
Argentina con Messi como bandera, presumía un juego de tromba desde el comienzo, con presión alta para neutralizar a Perú desde la creación del juego. Los perfiles cambiados de Di María y el “Papu” Gómez, ganar la primera pelota con Banega y Biglia, adelantado Mascherano y Otamendi encima de Paolo. Sufrimos sin el balón y sin brújula. Costaba mantener el balón, más preocupados en cortar el juego y sin poder hacer tres pases seguidos. Flores y Farfán tapados y anticipados siempre, bloqueados en la salida por las bandas. Argentina solo esperaba con paciencia que llegue el gol. La tuvieron justas, pero la sacamos barata, Gallese empezaba a ser figura, Tapia a ser importante y Araujo a consolidarse con Rodríguez.
Las ausencias importantes de Cueva y Carrillo, gravitaron en el engranaje ofensivo y esa transición que permite mantener al rival en su campo y el recorrido adecuado para recortar los espacios, abrir la cancha o proponer la contra. Este Perú que juega de manera inteligente, de acuerdo al rival y las exigencias, se fue haciendo sólido y fuerte, desde la impotencia de Argentina, que solo era protagonista cuando arrancaba Messi, aun así le costaba romper la doble línea de cuatro que planteó Gareca para retroceder sin dejar espacios. Aunque la posesión fue argentina, no tuvo el cambio de ritmo y la sorpresa que pudiera generar alternativas de juego más contundentes.
Un segundo tiempo que marcó una actitud más arriesgada de Sampaoli, para encontrar el gol del equilibrio. Aquí se hizo héroe Gallese y sus manos benditas que evitaron la caída de su valla, incluso hasta con su propia humanidad. Primero ante Benedetto, después otro de Biglia que le pega de afuera, un desborde de Acuña y la apilada de Messi que Rigoni estrella en el arquero peruano. Tantos remates de Messi que rebotaban en el bosque de piernas peruanas, que hacían ver impotente al mejor del mundo y generando un cúmulo de ocasiones de infarto, donde Perú dejó de ser ofensivo, para ser solidario y defender con la vida misma el resultado.
La entrada y salida de Gago, debido a una dramática lesión, mientras aún no lo terminaban de aplaudir y la hinchada de Boca coreaba su nombre, fue el punto de quiebre. Sampaoli debió replantear, su necesidad y Gareca tuvo mejor respiro, en una zona donde se definía la posesión del balón. Pero ni aún la entrada de Polo pudo abrir la cancha, una Argentina jugada, mas desesperada que nunca y jugándose la hora y su destino, no dejaba espacios para recuperar el balón y generaba un coágulo de emociones en el corazón, el reloj parecía detenido y la angustia hacía olvidarnos del juego y mirar los movimientos del árbitro brasileño de actuar localista. Qué manera de sufrir, al mejor estilo peruano, como antes y como siempre.
A un equipo desesperado se debe enfrentarlo con cautela, mucho temple y priorizando el factor defensivo. Lo que hoy se vio de Argentina es lo mismo de los últimos partidos, no concreta lo que genera, se puede medir cuando el arquero peruano es figura. Hoy no funcionaron las transiciones de defensa a ataque, porque Sampaoli planteó bien el partido, cortando los circuitos y la asociación, casi la misma decisión de Gareca para no preparar un plan de anular a Messi, pero sí de cortarle los caminos de tránsito. El epilogo del partido encontró a un Perú jugado en temperamento, luchando cada balón, con un fresco Cartagena y un Aquino cada vez más sólido. Con un Araujo de rendimiento superlativo y un Tapia cada vez más líder.
Hoy Gallese fue un titán en el arco, que calló las bocas en la misma Bombonera y quien sabe al final de la clasificatoria, lo terminen culpando de la eliminación Argentina. El pitazo final nos dejó la tranquilidad de un resultado aceptable, con un rendimiento parejo y solidario del equipo, esta vez los otros resultados no ayudaron y se acortaron los tiempos y quedan 90 minutos de infarto fulminante, para seguir haciendo fuerza. Es hora del descanso y preparar energías, Perú depende de su propia decisión, queda un partido de definición contra una Colombia sorprendida, en Lima, con su gente, con esa misma hinchada que pintó de rojo y blanco Buenos Aires y que espera que el sueño se haga realidad, de una buena vez, para terminar este descarriado sufrimiento.