UN CAFÉ BIEN AMARGO


Un debut amargo para Argentina, tan amargo como el mate y contrario al sabroso café colombiano. Si se mira desde el resultado el 2-0 hace presumir una superioridad en el verde que no fue tan marcado. Colombia es hoy por hoy no un equipo solamente, es un plantel con jugadores de nivel competitivo y que ya mostró sus credenciales de candidato. Argentina en cambio, presenta un equipo renovado, nuevos nombres y el debut de un DT joven y que aún no da visos de ser el realmente idóneo para dirigir a una selección con un entorno tan complejo.

Para Argentina tener a Messi le brinda una categoría especial, pero ello le resulta más para los rivales que para su propia gente y aquellos que viven en una eterna comparación esperando cualquier traspiés para soltar toda su antipatía encubierta. Es cierto que Leo en su selección no logra los picos de rendimiento que en el Barcelona, pero no es el único. Agüero es un 9 brillante en el City y referente de Guardiola, pero tampoco da la talla en este equipo, donde le cuesta asociarse y generar el desequilibrio. Di Maria figura del PSG, flojísimo y pasa desapercibido. Otamendi no es el central de lujo que se requiere al fondo y los recién llegados les va a costar suplir a los nombres en función y rendimiento. Pero siempre será Leo el que reciba los palos.

Colombia ha hecho un cambio estructural en su juego, tiene que ver con la idea de Queiroz, que basado en su potencia muscular imprime precisión, orden e intensidad para jugar, coordinación para presionar enérgicamente y solidez defensiva para avanzar con su 4-3-3 clásico y colectivamente hoy posee mejores jugadores que Argentina. Es un plantel que no tiene suplentes, pues cualquiera que ingresa lo hace mejor que el anterior. La albiceleste en cambio postula un 4-4-2 desprolijo que le cuesta lograr que sus piezas logren el engranaje en la elaboración, se hace demasiado dubitativo y previsible. Entonces las miradas van para Messi, que sin espacios y con tres hombres que le hacen la marca zonal y con relevos, lo desconectan, no encuentra la sociedad, se aísla y se hace más terrenal. La magia no aparece y el rival se devora la imaginación ajena. Leo tiene una forma de jugar, ha crecido en un entorno netamente europeo, donde las licencias y respeto a la integridad es otra. Cuadrado pudo irse antes por una falta a Leo y quizás la historia cambiaba, pero en Sudamérica le cuesta a cualquier figura estelar ser el mismo de siempre.

Tampoco se puede lapidar a Argentina por un partido. Un resultado que se define en el tramo final, en su mejor momento y cuando más cerca estaba de imponer condiciones en el arco de Ospina. James hace un cambió de frente con precisión y Roger Martínez impone el músculo para la diagonal y suelta un bombazo que se clavó como daga filuda en la confianza gaucha que hasta allí, latía con ganas para irse con un mejor resultado. A sufrir cuesta arriba y cuando trataba de esfumar los fantasmas Colombia le dio el cachetazo de realidad, con la triangulación de Lerma, Martinez y la “bestia” Zapata que culminó una contra infernal para terminar de pisotear el orgullo argentino.

Argentina muestra ser un equipo en formación que le va a llevar tiempo consolidar. Colombia en cambio ya tiene una identidad de juego, su individualidad está marcada y tiene un respaldo colectivo que muestra un equipo sólido, muy fuerte atrás y con un trivote con mucha dinámica. Barrios y Cuadrado repercuten más que Rodríguez y Paredes. Martínez y Zapata en eficacia pesan mucho más que Lo Celso y el “Kun” y James insertado en el colectivo trasciende más que el propio Messi. En una valoración objetiva un mejor plantel siempre termina doblegando a un equipo que basa su poderío en un solo jugador.

Colombia le sirvió a Argentina un café amargo y de paso una exposición vivencial de lo que es un equipo que tiene chapa de campeón. Pero el fútbol es generoso y también de momentos, por eso esperemos tranquilos y sigamos disfrutándolo que esto recién empieza.




PERDIDOS EN UN VAR


Gareca termina la conferencia de prensa con una frase “No me voy conforme con el resultado, pero si con el rendimiento”. Repasando el partido el cuestionamiento radica en la forma y no en el fondo. Esta Venezuela no tiene ninguna similitud con equipos de antaño. Ha trabajado bien la parte física y su renovación constante le da alternativas para sus variantes de juego. Se hace un equipo muy duro y complicado por el orden que impone en sus líneas y la forma de Dudamel para preparar los partidos. Se ha hecho fuerte atrás, trabaja bien la contención y le impone vértigo a la contra. No tiene la jerarquía de otras selecciones pero sigue progresando a grandes pasos.

El “Tigre” es consciente que Yotun y Cueva no recuperan aun su nivel. Carrillo no ha vuelto a ser el mismo del Mundial. La “culebra” pareciera estar cambiando de piel y su veneno haber perdido su poder letal. Por ello se entiende la formación de Gareca y el 4-3-2-1 nominal con rotación al 4-3-3 o 4-4-2 sin balón. “Canchita” Gonzales por Flores como aporte de Tapia y Yotun para priorizar el orden. Farfán en la función de ser el enlace para dejar que Paolo aguante en el frente. La cautela como síntoma de precaución y evitar sorpresas desagradables. Esperar en  tres cuartos de cancha, algo no inusual en el equipo, pero las circunstancias lo ameritaban. Perú parecía visitante y Venezuela el local.

En este tipo de partidos un gol inicial cambia el ritmo y condiciona cualquier planteamiento original. Con la vinotinto como protagonista Perú encuentra el gol en definición deliciosa de “canchita” Gonzales, pero que Roldan nos hizo tragar nueva saliva, cuando decide anularlo por un fino adelanto, luego de verificarlo en el VAR. El partido fue parejo y la impaciencia acompaño al equipo de camino al camarín. Un 2T con mejores variantes. Flores sin estar 10 puntos resulta más acoplado al grupo y suma en la elaboración. El ingreso de Polo fue una apuesta de Gareca para el desborde y no pasó de un regular intento. Carrillo jugó el epílogo sin tiempo de mostrar demasiado. Se reclama la actitud del DT pero es el que conoce de primera mano el estado físico, técnico y mental de sus jugadores.

El partido pudo definirse en forma contundente. Primero fue el VAR para anular el cabezazo de Farfan por un ligero adelanto de Trauco y luego la milagrosa mano de Fariñez -el joven portento de arquero que de seguro esta Copa América será su trampolín a Europa- luego que Flores se la había encontrado a dos metros de su arco. No se pudo hacer un partido bueno pero quizás uno que puede denominarse como correcto y al final el resultado no se ajusta a lo que sucedió en el verde. Perú tuvo los méritos para ganarlo, pero jugó como para solo empatarlo. No es malo el resultado si se gana el próximo partido, pero sobre todo se recupera el nivel de los que marcan el orden y el equilibrio del equipo.

El VAR es una herramienta tecnológica que se ha impuesto como ayuda para los jueces a impartir justicia. Hoy resulta negativo para los que prefieren que el margen de error sea parte de la fiesta del futbol y otro sector opina que brinda la seguridad que ningún cobro tenga visos de ilegalidad. Pero de una u otra manera –como hoy a los peruanos- va a generar una obligación a mantener contenido el grito y congelar la celebración, hasta que el árbitro corrobore que nuestra alegría tiene fundamento válido. Si es a nuestro favor –como en el Mundial- de seguro nos quedaremos callados, pero si es en contra nuestra  –como el de hoy- nuestra bronca tendrá una motivación cuestionable.

Hoy en el Arena do Gremio de Porto Alegre, Perú pudo ganarle a Venezuela en condiciones normales de apreciación del árbitro, pero tuvimos que mordernos los labios de impotencia dos veces y devolver el grito a la garganta por orden de la tecnología. Un empate que nos ha dejado a todos los peruanos con un trago desabrido en la boca y perdidos en un VAR.


LA CASA SE RESPETA


Se subió el telón para esta Copa América 2019 y el anfitrión Brasil, vivió en carne propia la presión de su propia gente. La imagen del final de los primeros 45’ con el Morumbí retumbando no en aplausos pero si en rechiflas, eran un mensaje directo a cada jugador que abandonaba la cancha después de una primera parte donde las buenas intenciones se estrellaron contra un planteo defensivo natural de una Bolivia que apeló a todos sus recursos para no verse vulnerable.

Quién sabe si por la cabeza de los torcedores, la inoperancia en el marcador, le traía recuerdos aciagos del 2014, una herida curada pero no cicatrizada del todo y que ante circunstancias azarosas las vuelve a sentir en carne viva. Esa coerción ejercida por la “torcida” representa el reclamo de un país futbolero que desea a toda costa ganar esta copa, para que sirva de ofrenda por ese dolor vivido.


















El “Scratch” tiene un plantel rico en potencialidades y una diversidad de opciones para facilitar las decisiones de Tite. Un primer tiempo flojo como la propia inauguración. Los ataques veloces por bandas con Neres y Richarlison no encontraron un buen enganche. En el replanteo se buscó generar mejor los espacios y romper las dos líneas de cuatro que hizo Bolivia. Un acierto radicó en sacar fuera del área a Firmino y tirarlo por bandas para que Coutinho despliegue su juego en libertad, esa que pareciera no tener en el Barca. La no presencia de Neymar le quita explosión al ataque, Tité suple aquello con la versatilidad de sus medios para que siempre haya uno o dos jugadores libres y generen espacios. Su trivote defensivo no está en su mejor momento pero lo suple con variantes posicionales que lo hacen mas compacto en sus líneas.

Brasil es como esa fiera salvaje que adormita su flojera y se despanzurra por su hábitat doméstico, pero basta que algún atrevido intruso le pise la cola o lo despierte con intencionalidad malsana, para ser capaz de levantarse de súbito y en su enojo despedace la humanidad del fisgón de un solo zarpazo.  La impaciencia de la “Torcida” en la tribuna, era la llamada de alerta para el equipo entendiera el mensaje. Primero se hizo notar quien no debía. Pitana recurre al VAR (novedad en este torneo) y Coutinho abre el marcador. Después un desborde de Firmino que el azulgrana conecta de oportunísimo testarazo (atención Perú). Desde allí el trámite se hizo manejable. El ingreso de Evertón fue oportuno para que nos regale un tremendo pedazo de gol. Al mejor estilo de Neymar hizo una diagonal fulminante y la puso lejos del portero Lampe. GOLAZO!!

No fue un partido de luces con sabor y sandunga, una Bolivia demasiado cautelosa que va a extrañar y sentirse huérfana cuando ya no juegue Martins y un Brasil que al final cerró un marcador que dejó no contentos a todos pero si tranquilos. Brasil siempre empieza caminando y acelera según las circunstancias, hasta que logra arrollar sin contemplaciones. Normalmente cuando vemos este tipo de partidos, hacemos conjeturas sin medir la jerarquía que posee el equipo brasileño. Dejemos este partido en el archivo, hay que esperar que nuestra selección brinde una muestra de rebeldía y supere este momento de oscilación entre lo que logramos como grupo y lo que nos está costando recuperar como equipo. A seguir alentando.


UN CAFÉ REPARADOR

Colombia vino de visita, lo hicimos pasar a la sala y lo invitamos a departir una amistosa reunión. La charla placentera se fue haciendo altisonante conforme las bromas fueron subiendo de tono y la irreverencia de la visita tocó las fibras sensibles de nuestra tolerancia. Caímos en el juego irónico de las palabras mal intencionadas de este vecino petulante y decidimos echarlo a la calle no sin antes dejarnos una frase de tres segundos: “Te has creído demasiado grande, cuando en realidad siempre has sido un chico que quiere crecer demasiado rápido”.

Colombia se ha convertido en duro escollo para Perú. Los cafeteros mantienen hace buen tiempo una estructura de juego que no ha cambiado en su esencia, solo sus intérpretes. Nuestra selección siente que juega contra un espejo, sus movimientos se hacen predecibles, se siente superada en el control del juego y termina cayendo en la impotencia que lleva a la fricción. Confunde la velocidad con el apresuramiento y el ritmo en un peligroso descarrilamiento emocional.

Perder siempre molesta, así sea amistosos, más por la forma que por el resultado. Los partidos de ensayo sirven para armonizar el funcionamiento del equipo, se priorizan los aspectos tácticos, el afinamiento del esquema y rodaje del posible equipo titular. El resultado siempre es una consecuencia. Pero cuando las cosas se salen de control, una expulsión idiota, seguido de un gol visitante y un devenir de vacilaciones que llevan al colapso generando un marcador humillante, es mejor bajar un cambio, reparar el pensamiento y hacer un replanteo reflexivo alejado de apasionamientos.

Es típico en los hinchas a nivel mundial -no es patrimonio peruano- que asocien de manera afiebrada los resultados inmediatos y saquen su bola de cristal con su predicción futurista. Hace menos de un año este mismo equipo de Gareca ofrecía actuaciones ilusorias en Europa y dejaba en el hincha la utópica sensación de poder ganar la Copa América. De pronto se crearon demasiadas expectativas en esta selección y por ello ese mismo hincha que salía por plazas y calles soltando su emocionado y orgulloso patriotismo, después de los últimos partidos y este testarazo colocho, cambió sus buenas vibras por dudas y no confía siquiera en pasar la primera ronda.

Perú no ha vuelto a ser el equipo con dinámica, de salida limpia, posesión y buena circulación del balón. Que sabía ser vertical y profundo para generar situaciones de gol y podía enfrentar a cualquiera. Hoy se ha vuelto demasiado previsible y tiene dificultad para amalgamar ese automatismo por el cual Gareca encontró alternativas de juego. La razón está en la individualidad. Nuestros mejores referentes no pasan por un buen momento en sus clubes. Para una justa competitiva de esta índole, los automatismos requieren de todos los jugadores 10 puntos. Antes que beligerante en su actuar Perú necesita recuperar su identidad para jugar.

El tema defensivo tan cuestionado, no se resuelve por reprochar las parejas de centrales, sí por las variantes posicionales para neutralizar al rival desde su campo propio. Fuera Hurtado, no es descabellado pensar que Ballon vaya a ser más protagonista de lo que pensamos. Nuestra mejor virtud fue el juego colectivo y el virtuosismo (el conocido “Chocolate”), regresar a ello con argumentos ofensivos es la prueba para Gareca. Recuperar algo que parece adormitado es la premisa, pero gran parte de ello radica en mantener seguridad atrás y las ideas en orden en el mediocampo.

Los amistosos previos a la Copa América dejaron un margen a la duda, pero es hora de confiar, no hay de otra, tirar nombres nuevos en esta hora resultan monedas al pozo de los deseos. Es momento de elevar las banderas del optimismo, no somos potencia solo por haber ido al Mundial, tampoco los peores por perder partidos de ensayo y mucho menos poseemos un plantel que genere envidias ajenas. Seamos conscientes de lo que tenemos y valemos, salgamos a competir, que fue un objetivo logrado y dejemos que la historia se escriba paso a paso y no cayendo en ese juego perverso de las predicciones oportunistas. A seguir alentando. Vamos PERÚ!!.



UN CRISTIANO DE TODAS LAS NACIONES


El día que la UEFA decidió crear la Liga de Naciones para darle una categoría más competitiva a las fechas FIFA quitándole el carácter de “amistoso” aprovechando la pausa entre el final del Mundial y las eliminatorias rumbo a la Eurocopa, eligió también que en su primera versión, la final del torneo se daría en Portugal en el Estadio Dragao, donde suele jugar el Porto. Pero nunca pensaron que tamaña decisión tendría una feliz coincidencia para el propio anfitrión, que en base a una excelente campaña dio la vuelta olímpica y fue la copa  número 32 para un futbolista nacido para ganar y criado entre trofeos: CRISTIANO RONALDO. Así con mayúsculas.

Después de una semifinal electrizante Holanda había dejado atrás a Francia y la poderosa Inglaterra, mientras que Portugal llegó a la final del torneo tras derrotar a Suiza por 3-1 con un “Hat-Trick” y una actuación memorable de Cristiano Ronaldo. Una final con mucha expectativa por el resurgir de una renovada selección holandesa y un derroche de juventud que deja para la imaginación el futuro del futbol del viejo continente. Buscaba reivindicarse tras quedarse fuera del Mundial 2018 y la Euro 2016. Portugal por su parte viene constituyéndose en una fuerza competitiva en Europa que suma a su palmarés su segundo cetro continental en menos de 3 años.

Cristiano Ronaldo es uno de los grandes futbolistas de todos los tiempos, para muchos es el mejor del mundo por encima de Lionel Messi, en su disputa mediática. CR7 es un ganador sin discusión, el portugués ha demostrado a lo largo de su carrera ser un jugador completo y un goleador especial. En el área es un “animal del gol”. Posee una mentalidad de hierro que lo ayuda a sentirse siempre mejor que el resto y logra demostrarlo en hechos reales. Algo que se confunde con el ego, pero que compone su personalidad que rompe las barreras de lo habitualmente correcto. Portugal guarda en su baúl estadístico un antes y un después de CR7.

Portugal ganó el duelo a Holanda 1-0 siendo la figura Gonçalo Guedes quien anotó el único tanto y aunque en esta final CR7 no gravitó tanto por la marca superlativa que le impuso el notable central Virgil van Dijk, con quien disputa junto a Messi el premio para el Balón de Oro, igual al final festejó con una alegría inusitada. Estaba en casa, con su gente, recordando quizás con melancólico regodeo aquella final de la Euro del 2016 que no jugó ante Francia por lesión y lo dejó con un sabor agridulce. Esta vez dio la vuelta olímpica bañado en euforia, sintiéndose absoluta e inmensamente consagrado. Para eso se mentaliza y se esfuerza física y psicológicamente cada minuto de su existencia, para ser un ganador y triunfador. Una leyenda.

Mientras en Sudamérica seguimos con los partidos amistosos, en Europa le dieron un valor agregado, un nivel competitivo que en la práctica mide fuerzas reales de las potencias futbolísticas del viejo continente. Agrupados en Ligas por niveles y de acuerdo a su ranking mundial, este torneo que nació sin muchas expectativas, ha terminado siendo una real competición. Esta vez lo ganó Portugal y en su propia casa, celebrando como si hubiera ganado un Mundial. Lo merecía el equipo luso que se ha superado a sí mismo y lo merecía también Cristiano Ronaldo, un predestinado para el triunfo y alguien para quien los títulos son su razón de ser y existir. Quien sabe cuántos años más le quede a este monstruo victorioso en el fútbol. Por ahora disfruta de este nuevo galardón y de ser un Cristiano de todas la Naciones.




UNA CUESTIÓN DE CONFIANZA


Una nueva Copa América y otra vez se vuelven a encender los faroles del entusiasmo post mundialista. Perú integra el Grupo A junto a Brasil, Bolivia y Venezuela. El 15 de junio en Porto Alegre es el debut frente a una Venezuela que ya no es la misma de antes –ninguna selección lo es- y será un escollo difícil de superar. El primer partido resulta clave para presupuestar la estancia larga en Brasil.


La lista final de Gareca tiene nombres que no tienen discusión y otros que despiertan el debate frecuente en el hincha y el periodismo que asume discordancias que obedecen más a gustos personales o comparaciones antojadizas que a un análisis técnico consecuente. El tema Pizarro rompió los cristales del equilibrio emocional. Primero Gareca que en su afán de reforzar su decisión de convocatoria, expuso una autoexclusión de Claudio y la respuesta del “bombardero” fue un misil que terminó por destruir –lo que quedaba- cualquier escondida intención de invitación. El “Tigre” en su afán de mantener su diplomático discurso en ritmo de milonga, se excedió en la motivación y recibió un cachetazo irrespetuoso con letra y música de Reggaeton.

El retorno de Zambrano tiene un mensaje claro de Gareca, atrás requiere un hombre de carácter, ese que le ha jugado en contra del central y que se espera los años hayan hecho mella en su personalidad, no por nada se hizo el viaje hasta Suiza a observarlo. Finalmente el “Tigre” terminó brindándole una oportunidad al “Leon” para compartir el mismo hábitat futbolístico. Lo de Aquino tiene un inoportuno fundamento médico y Ramos solo es la “sombra” del mundialista. Se quedaron fuera Joel Sánchez y Da Silva al igual que Arias y Cartagena, que en teoría pudieron ser  interesantes recambios. Gareca siempre ha priorizado el grupo, por encima de los nombres, en el tiempo lo ha fortalecido con jugadores que han sabido suplir las ausencias y prevalecer el plantel por encima de un equipo.

En el análisis de los últimos partidos jugados por la selección, se ha visto un desequilibrio entre líneas y desfases para mantener el ritmo de juego. La constancia de Gareca para vigorizar el estilo que postula y el respeto a la identidad, desde una salida pulcra, triangulaciones con mucha dinámica para buscar el control del juego y la descarga vertical lo hicieron demasiado predecible, algo que los rivales le tomaron la mano y le complicaron poder jugar bien -no bonito que es diferente- haciéndose difícil ganar con propiedad que siempre es importante, sobre todo a equipos que tienen similitud en características técnicas y sistemas de juego.

De cara a la Copa América Gareca busca priorizar en la selección un cambio estructural en el juego. Para ello se nutre de jugadores de mucha versatilidad, entiéndase esta cualidad a la capacidad de adaptación con rapidez y facilidad a distintas funciones que el futbol moderno exige. Polo y Hurtado que pueden ser cuestionados cumplen con ese requisito al igual que Carrillo, Cueva o Flores que en su polifuncionalidad son útiles para los enroques. De los nuevos “Canchita” Gonzales ha resultado una grata alternativa, no solo brinda desborde en banda, hoy es más dúctil y ha sumado una vocación defensiva con salida prolija. A ello hay que sumarle las variantes que Gareca intenta aplicar al sistema para que los movimientos posicionales no perjudiquen el esquema táctico, mejorar la sincronización cuando la presión alta genera descompensaciones en el retroceso, controlar el vértigo y que la paciencia no se convierta en una peligrosa pasividad.

Costa Rica ha sido el primer ensayo que deja una satisfacción equilibrada. Buena por el resultado ante un rival que fue exigente y tranquilizante por la seriedad como fue asumido el encuentro de manera colectiva aunque se hayan visto altibajos propios de estos partidos amistosos. Ofensivamente aplicados con mucha dinámica en el arranque y defensivamente laboriosos con una pareja de centrales Araujo – Abram que ha traído consigo el punche y pegada argentina. Tapia respaldado por un Gonzales sorprendente y Ruidiaz en su mejor versión con la selección. Cueva arropado por Gareca nos regaló una pintura de gol, a desmedro de la cintura del central tico y que por esta noche lo ponemos en un cuadro en la sala de la casa.

Se viene Colombia, rival con más fuste y que es nuestra imagen y semejanza contra quien siempre se nos hizo complicado hacerle buen juego. Es el último ensayo antes del viaje a Brasil y tomando la cautela del caso debe asumirse con la misma seriedad. Gareca desde la convocatoria ha dado muestras de seguridad en su criterio, dejemos que el “Tigre” siga haciendo su trabajo, siempre hay cosas para corregir, su crédito aún tiene saldo a favor y por ahora todo resulta siendo una cuestión de confianza.



EL HEAVY METAL DE KLOPP


Atrás se queda la última final de Champions. Desventurados los que esperaban un partido extraordinario, electrizante y que dejara un halo de satisfacción que dure más de una semana. Un Liverpool que convirtió la debacle azulgrana en un hito a la grandeza y un Tottenham que dobló la ilusión juvenil del Ajax en una epopeya excitante, no pudieron darnos esa final anhelada. La cautela nacida de un gol tempranero y el discernimiento fue más grande que las intenciones. Desventurados los que creen que los partidos pueden ser la misma historia de una instancia a la otra.

En el fútbol los grandes entrenadores -léase exitosos- tienden a imponer un estilo de juego que vaya con su propia manera de ver y sentir el fútbol. A pesar que hoy el uso de la tecnología y las estadísticas a gran escala resultan herramientas ineludibles de gestión y evaluación, es la personalidad de cada DT la que determina el desarrollo adecuado de las mismas. Algunos proponen las formas y otros los modos, pero todos entienden que el fin supremo que es el resultado, siempre es una consecuencia no una verdad absoluta.

Jürgen Klopp ha dejado de ser el personaje de papel secundario en la Champions con su Liverpool de juego contundente, alejado de la brillantez, pero fundido en la eficacia. Este gigante ingles fue amo y dueño de la Premier League hasta que el Manchester United de Ferguson usurpó su lugar y luego el City del glamuroso Guardiola. Hoy ya cuenta casi 30 años que no recupera el trono. Pero se hizo campeón de Champions por sexta vez, de la mano de Klopp, en un epílogo de alegrías intensas y jornadas épicas que le dieron un matiz memorable. Una transformación que el alemán de modales amables y de carácter explosivo, le costaron reveses y mayúsculas opiniones en contra, pero el tiempo lo hizo devolverlo distinto, más competitivo, arrollador y ganador.

Esta Champions resulta siendo un homenaje para Klopp, por ese trabajo tenaz y obsesivo con los “Reds” para imponer un estilo particular que prioriza la tenacidad para la recuperación del balón, un despliegue físico generoso para hacer presión alta y defender en el borde del campo contrario, bloques oportunos y disciplina táctica para no perder el orden, aunado a la precisión en los pases. Supo cuando ser vehemente y vertical o juicioso para dejarse llevar por la prudencia. Por ello no hubo reproche en la final cuando hubo que apegarse al pragmatismo.

Kloop ha sabido construir este equipo desde la intensidad que percibe del juego y el carácter que encarnan sus jugadores. Desde un Alisson seguro y ese portento de central como Van Dijk que tiene la calidad del tamaño de su estatura. Fabinho, Wijnaldum y Henderson son el soporte para el exquisito Salah y un Mané cada vez más explosivo y funcional, amén de Origi, que pateo tres veces al arco y fueron tres goles de oro. Todos han sido el equilibrio perfecto para transformar la eficacia en contundencia.

En un punto de inflexión Klopp ha sabido separar conceptos con un Guardiola omnipotente que encandila con su juego de posesión artístico y emocional. 

El alemán lo asemeja a una orquesta de melodía silenciosa, él prefiere la lucha en el barro, la insurrección a los conceptos clásicos, elige la música más irreverente que detone los sentidos. 

Sin perjuicio de que en la liga inglesa el Pep siga siendo el puto amo del fútbol  Klopp ha sido su verdugo convirtiéndose en su “Bestia Negra”. 

El fútbol es de momentos, esta vez le tocó a Klopp con su estilo y sus formas y merecidamente celebra esta recompensa. 

Si a Guardiola le deleita escuchar a Mozart, a Klopp lo seduce más el Heavy Metal.