Mostrando entradas con la etiqueta James Rodríguez. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta James Rodríguez. Mostrar todas las entradas

UN CAFÉ BIEN AMARGO


Un debut amargo para Argentina, tan amargo como el mate y contrario al sabroso café colombiano. Si se mira desde el resultado el 2-0 hace presumir una superioridad en el verde que no fue tan marcado. Colombia es hoy por hoy no un equipo solamente, es un plantel con jugadores de nivel competitivo y que ya mostró sus credenciales de candidato. Argentina en cambio, presenta un equipo renovado, nuevos nombres y el debut de un DT joven y que aún no da visos de ser el realmente idóneo para dirigir a una selección con un entorno tan complejo.

Para Argentina tener a Messi le brinda una categoría especial, pero ello le resulta más para los rivales que para su propia gente y aquellos que viven en una eterna comparación esperando cualquier traspiés para soltar toda su antipatía encubierta. Es cierto que Leo en su selección no logra los picos de rendimiento que en el Barcelona, pero no es el único. Agüero es un 9 brillante en el City y referente de Guardiola, pero tampoco da la talla en este equipo, donde le cuesta asociarse y generar el desequilibrio. Di Maria figura del PSG, flojísimo y pasa desapercibido. Otamendi no es el central de lujo que se requiere al fondo y los recién llegados les va a costar suplir a los nombres en función y rendimiento. Pero siempre será Leo el que reciba los palos.

Colombia ha hecho un cambio estructural en su juego, tiene que ver con la idea de Queiroz, que basado en su potencia muscular imprime precisión, orden e intensidad para jugar, coordinación para presionar enérgicamente y solidez defensiva para avanzar con su 4-3-3 clásico y colectivamente hoy posee mejores jugadores que Argentina. Es un plantel que no tiene suplentes, pues cualquiera que ingresa lo hace mejor que el anterior. La albiceleste en cambio postula un 4-4-2 desprolijo que le cuesta lograr que sus piezas logren el engranaje en la elaboración, se hace demasiado dubitativo y previsible. Entonces las miradas van para Messi, que sin espacios y con tres hombres que le hacen la marca zonal y con relevos, lo desconectan, no encuentra la sociedad, se aísla y se hace más terrenal. La magia no aparece y el rival se devora la imaginación ajena. Leo tiene una forma de jugar, ha crecido en un entorno netamente europeo, donde las licencias y respeto a la integridad es otra. Cuadrado pudo irse antes por una falta a Leo y quizás la historia cambiaba, pero en Sudamérica le cuesta a cualquier figura estelar ser el mismo de siempre.

Tampoco se puede lapidar a Argentina por un partido. Un resultado que se define en el tramo final, en su mejor momento y cuando más cerca estaba de imponer condiciones en el arco de Ospina. James hace un cambió de frente con precisión y Roger Martínez impone el músculo para la diagonal y suelta un bombazo que se clavó como daga filuda en la confianza gaucha que hasta allí, latía con ganas para irse con un mejor resultado. A sufrir cuesta arriba y cuando trataba de esfumar los fantasmas Colombia le dio el cachetazo de realidad, con la triangulación de Lerma, Martinez y la “bestia” Zapata que culminó una contra infernal para terminar de pisotear el orgullo argentino.

Argentina muestra ser un equipo en formación que le va a llevar tiempo consolidar. Colombia en cambio ya tiene una identidad de juego, su individualidad está marcada y tiene un respaldo colectivo que muestra un equipo sólido, muy fuerte atrás y con un trivote con mucha dinámica. Barrios y Cuadrado repercuten más que Rodríguez y Paredes. Martínez y Zapata en eficacia pesan mucho más que Lo Celso y el “Kun” y James insertado en el colectivo trasciende más que el propio Messi. En una valoración objetiva un mejor plantel siempre termina doblegando a un equipo que basa su poderío en un solo jugador.

Colombia le sirvió a Argentina un café amargo y de paso una exposición vivencial de lo que es un equipo que tiene chapa de campeón. Pero el fútbol es generoso y también de momentos, por eso esperemos tranquilos y sigamos disfrutándolo que esto recién empieza.




Se sacó la Ospina

El futbol tiene cosas increíbles e inverosímiles, que sacan de contexto toda la lógica que acompaña una disposición previa dibujada en una pizarra y ejecutada en la cancha. Una individualidad, un error grosero, una ocasión desperdiciada o un gol insospechado en contra, cambia todo, rompe esquemas, tira abajo las estadísticas y se dan resultados impensados. Se puede ser superior en la cancha durante los 90 minutos, pero si no se pone en la red todo lo que se genera, el rival supera su propia adversidad, se hace fuerte y en una sola jugada puede cambiar una historia, reafirmando aquello de que la justicia en el fútbol no existe y que la única forma válida de triunfo, no tiene nada que ver con la ecuanimidad y sí mucho con la efectividad. No basta la eficiencia individual, hace falta la eficacia como equipo.
 
La Colombia de James enfrentaba a la Argentina de Messi, buscando neutralizar el juego, controlar el balón y crear peligro con sus hombres ofensivos. Pero el equipo de Martino salió decidido a terminarlo temprano, se apoderó de la pelota, sumó hombres a los bloques y fue un ataque y defensa marcado. Argentina copando cada centímetro del campo, sin dejar espacio para que Colombia realice tres pases seguidos y ponerlo en estado de confusión. Un primer tiempo con el “Chiquito” Romero de espectador sin una sola llegada, da cuenta que Colombia no pudo jugar, ni siquiera pensar, porque estaba abocado solo a contrarrestar al rival.
 
Y Argentina la tuvo por todos lados, con Messi animoso, tratando de superar la marca escalonada y con un Di María intentando superar un flojo rendimiento. Pastore metiendo miedo en cada arranque y el Kun Agüero que porfiaba. El dominio argentino fue total, Colombia no pasaba del mediocampo, pero el gol que tranquiliza los ímpetus, no llegaba, por ineficacia, por ansias locas y sobre todo porque en el arco colombiano estaba Ospina, el portero, que presentía desde el camarín, que sería la figura del partido. Primero una atropellada de Pastore, después para la atajada doble descomunal, que impidió el gol del “Kun” Agüero y en una reacción extraordinaria desde el suelo sacarle el testarazo de Messi que entraba como una tromba. Cuando ya el partido se extinguía sacó una mano milagrosa a Otamendi. En los penales no tuvo la misma suerte, pero su actuación fue determinante para el  resultado en los 90’ de juego.
 
Argentina desplegó su mejor futbol, oportuno para anticipar el pensamiento cafetero, frescura y vértigo, con mucha intensidad para buscar la posesión y dinámica en todos los frentes, fueron los mejores momentos en toda la copa. Argentina se confirmaba como equipo atacando y Colombia solo defendiendo. La presión gaucha facilitó mantener las líneas perfectas, con Mascherano flotando y el trabajo eficiente de Garay y Otamendi para mantener en campo ajeno al equipo colombiano. Messi empezaba a deslumbrar obligando a Pekerman a sacrificar temprano a Teo Gutiérrez, para reforzar ese lugar donde Leo hacía trizas la dura marca coludida con la permisividad del árbitro mexicano. James solo fue chispazos jugados al Cuadrado.
 
El tiempo se fue volando, Ospina era un gigante y Messi no encontraba la lucidez de sus socios. Pastore y Di María fueron apagando los motores, Colombia tibiamente se acercaba, hubiera sido corolario insensato, que una de las dos llegadas fuera gol, contra las casi 10 claras que intentó Argentina. Y el final del juego se extinguió junto a las intenciones albicelestes, no entraba el balón así se jugaran 120 minutos. Había un muro impasable llamado David Ospina y lo que pasó antes de los penales queda como recuerdo de esas noches imposibles. La mala fortuna frente al arco, se ponía el traje de oportunidad para definirlo desde la sentencia penal de los 12 pasos.
 
Pero el futbol tiene un espacio para la revancha. Teves entró para jugárselas todas y la tuvo casi finalizando el match, pero la historia le tenía guardado algo especial. Los penales son una odiosa manera de definición, sobre todo cuando no delimitan un equilibrio de fuerzas parejas en el juego y solo son una injusta forma de definir un ganador. Messi y James iniciaban la tanda y el final electrizante puso a Carlitos frente a la historia, el mal recuerdo del 2011 quedó olvidado cuando el “Apache” convirtió en alegría la angustia y la tensión argentina, que mantuvo en vilo la clasificación a semis, habiendo hecho los méritos suficientes, pero que esa justicia que se dice no existe en el futbol, hoy apareciera para darle una mano a Teves con su revancha personal y a esta Argentina,  que logró sacarse una Ospina de la garganta.
 
 

 
 
 
 
 
 
 

 

 

Un café para el Scratch

En el fútbol moderno se hablan de dos momentos claves para ganar un partido. Primero es neutralizar al rival y segundo lo atacas, es la regla máxima del juego, el argumento más sólido para un equipo que se jacte de organizado tácticamente o que presuma de ser ordenado para defender y atacar en el momento justo. Pero el tema siempre será polémico, porque el fútbol nunca dejará de ser una cuestión de momentos y la duda siempre será, qué se entiende por neutralizar y como se ejecuta en la práctica. Para unos es tirarse atrás, marcar a todos en su campo y para otros es la tenencia del balón, sin él nadie te puede hacer daño. Pero para todo siempre será una prioridad, saber en qué momento oportuno ejecutas uno de esos dos momentos y para ello se debe contar con los jugadores idóneos. Lo que es bueno para unos, no necesariamente es para los otros. Lo que pueda hacer un equipo va a depender de cómo se plantee y el rival que se tenga enfrente.
 
El Brasil de esta Copa América, como suma de individualidades, deja mucho que desear, puede que sea el denominado “Neymar y 10 más”, pero no es válido tampoco menospreciar la calidad de los que integran este “scratch” pues los resultados han acompañado al equipo de Dunga, priorizando el colectivo para buscar el buen juego y exquisitez de la técnica brasileña, intentando recuperar su estilo añorado, dejando libre la inventiva y la magia de su joya más preciada Neymar, quien ha logrado que el equipo camine a su ritmo. Colombia es sin exagerar el equipo que ha llegado más consolidado y con figuras individuales que lo hacen fuerte en todos sus líneas. El resultado adverso contra Venezuela, son esos errores que se comenten cuando se intenta jugar igual todos los partidos, los venecos hicieron el gol y el resto solo neutralizaron el juego.
 
Y Dunga se equivoca, cuando enfrenta a una Colombia decidida a recuperar los puntos, quitando el 9 que inquieta los centrales y saturando su mediocampo de volantes, en un pensamiento apresurado de minimizar la asociación de James y Cuadrado, buscando proteger a Neymar y llegar al gol en base a la posesión del balón. Pero Colombia tiene un equipo con individualidades de buen kilometraje, que saben ocupar bien los espacios y desdoblar cuando recupera la pelota. Desde el saque impuso agresividad, temperamento y su cuota de fútbol. Brasil se sintió cómodo para tocarla y moverla en su cancha, pero no encontró nunca la forma de penetrar el cerco impuesto a Neymar, para maniatarlo, alejarlo del área y sacarlo de sus casillas. En esto hubo todo un complot armado que los cafeteros cumplieron a la perfección.
 
Las llegadas fueron colombianas, por fuera y por dentro, con un laborioso Teo para potenciar el lado por donde se mueve Dani Alves, llegadas de Falcao que sigue lejos de su mejor nivel y la presencia de Sánchez con su cara de perro molesto, que quitaba todo, habilitaba y rascaba si era necesario, dándose tiempo para dar una mano arriba. Brasil lateralizaba y Colombia copaba el campo. Hasta la jugada del enredo donde Murillo, que había trepado, la empuja y hace la diferencia del partido. No se volvió a encontrar Brasil y solo respondió con un centro pase de Alves que Neymar mete la mano casi sin querer y queda out por segunda amarilla. La impotencia empezaba a ganarle la cabeza, en lugar a jugar rumiaba y en vez de habilitar solo chocaba. El objetivo se iba haciendo real.
 
El segundo tiempo puso en juego la capacidad de Colombia para sostener el juego y Brasil para cambiar los roles. Coutinho le dio la claridad que necesitaba. El volante del Liverpool administró mejor el juego en el medio sector. Hubo la mejora para los de Dunga pero sin encontrar la luz. Firmino pierde la mejor ocasión con el arco vacío Brasil busca el empate con intensidad pero sin claridad. Colombia retrasa líneas y recupera los espacios. James pierde el segundo poco. La paciencia de Neymar se va colmando y no aparece nadie que tome la batuta.
 
El final encuentra a un Brasil rabioso, descontrolado y una Colombia con seguridad en el campo. Pekerman logró anular a Neymar como parte de una bien jugada estrategia y fragmentó a un Brasil que lució diezmado y sin luz. Dunga tuvo una lectura ajena del partido, iniciando sin 9 y dejando sin peso el ataque, logró el equilibrio a medias, pero la reacción llegó tarde. Para terminar un partido oscuro, cuando ya el triunfo colombiano se coreaba en la tribuna, Neymar reacciona con impotencia y se arma una trifulca, que lo deja con una tarjeta roja que le costará una fecha y una ausencia para el equipo, pero será un sufrimiento para todo un país.