LA PENA MAXIMA

En el fútbol, el penal es la pena máxima. Se entiende como la sanción a una infracción ante una acción vedada dentro del área. Pero en un mundial, en una instancia de octavos, para poder dilucidar al ganador de un partido, donde ha existido paridad en todo ámbito de competitividad, la tanda de penales, resulta siendo un castigo para ambos equipos. Una condena de alta tensión para los jugadores y un daño colateral, con el sufrimiento extremo para los hinchas.  Se relaciona al azar, a la técnica, la decisión, personalidad o categoría para la ejecución, pero siempre no pasará de ser una medida extrema y consecuencia, de aquello que no se pudo resolver, en el tiempo reglamentario.
 
En la etapa de octavos del mundial ya no se juega con el plus adicional que hay otro partido para poder reivindicarse. Solo queda seguir en la brega o hacer las maletas de regreso a casa. En esta fase se juega de manera muy táctica y los equipos se someten a la exigencia máxima física y mental. Las estrategias tienen un estudio del rival, sus fortalezas y debilidades, que generan el sistema adecuado para buscar el mejor resultado. Francia hizo un derroche de poderío y vapuleó a una Argentina, que solo pujó hasta lo que le quedó de aliento. Portugal, sucumbió ante el coraje de un Uruguay, que impuso su raza y temperamento. En esta llave hubo, futbol, calidad, sufrimiento, angustia y goles. Hasta el final de la tarde, aún se respiraba un aroma de mundial.
 
Hoy le tocó a España. Un partido para el aburrimiento indigno. Aun con los traumas del inicio de un mundial acéfalo. A 48 horas del debut era despedido Lopetegui. Con un inicio tacaño de cuatro partidos tres empates y un solo triunfo ante Irán sufriendo hasta el epílogo. Esta España ha dilapidado la poca estela que le quedaba de aquel estilo de juego estético y efectividad arrolladora. El toqueteo intrascendente, la horizontalidad obtusa y su propia identidad, tan negada como extraviada, no podían llevarlo a buen puerto. Hoy fue eliminada en la tanda de penales, por el anfitrión Rusia, que tuvo un antecedente negro, pero en base a un juego mezquino, un orden militar y una efectividad impensada, se metió a octavos, sorprendiendo a todos y ahora va a disputar cuartos de final.
 
Rusia es la prueba palpable que hasta para hacer un juego mezquino y formar un muro infranqueable, aprovechando el menor error del rival, en el objetivo de conseguir resultados, hay que tener una planificación, nada es producto del azar. España terminó en una tanda de penales lastimera, el fin del ciclo de una generación que hizo creer que sería eterna. Una despedida indigna para un astro del futbol como Iniesta, que merecía un marco más refulgente. En el estadio de Luzhniki se quedarán las cenizas de esta selección que no estuvo nunca a la altura de las expectativas. Fue candidata, mas por antecedentes que por capacidad mostrada.
 
El otro clasificado fue Croacia que también venció por la tanda de penales a Dinamarca. Partido de ritmo empalagoso, lleno de errores donde ninguno mostró alguna superioridad evidente. Dinamarca se puso en ventaja tan rápido que ni siquiera se dieron cuenta. Mandzukic lo empata en el marcador y en el juego. Croacia empieza a extrañar tanto ese colectivo que lo llevó a ser primero en su grupo, postergando a la Argentina. Ambos rivales quedaron enmarañados a una estrategia de no perder, más que arriesgar a ganarlo. Modric la tuvo en los pies desde los doce pasos antes de que el reloj se los lleve de encuentro. Los peruanos nos sentimos aliviados por Cuevita,  cuando el mejor jugador del mundial –hasta ahora- erró su disparo y dejó abierta la puerta a la temida ronda de los penales. 
 
En la sentencia máxima fue más efectivo Croacia. Un duelo espectacular de los arqueros Schmeichel de Dinamarca y Danijel Subasic que fue el héroe croata al atajar tres remates. Esta vez Modric acertó desde los doce pasos, revirtiendo su error anterior y Rakitic hizo el definitivo para dejar al equipo balcánico a la espera de Rusia en cuartos de final. No fue esquivo ponerse a pensar que Perú pudo estar disputando esta instancia y se nos pasó por la cabeza que pudimos tener otra historia y que estuvimos a un penal que finalmente hizo la diferencia. 
 
España se va del mundial más por una falta de juego y su escasa capacidad de revertir su realidad que por el azar o la efectividad de los penales. Y es que existen muchos imitadores de Guardiola, pero el Tiki Taka debe tener profundidad, dinámica, precisión y velocidad, sino no sirve de nada. Pep solo hay uno, es el puto amo del futbol.

URUGUAY NOMA!!

TRIUNFAZO!!! Para jugar al futbol debe existir primero la amistad entre los compañeros. Para ser parte de una selección, debe ser parte inevitable el compromiso de cada uno de los jugadores. Para jugar un mundial, debe tenerse bien claro el objetivo, de acuerdo a la capacidad del equipo y de cada uno de los seleccionados. Pero para ganar partidos de un mundial, hay que tener la convicción que todo lo dicho anteriormente es real y hay que poner media vida en lograr conseguirlo. Creer en tus fortalezas, olvidarte por 90 minutos de tus debilidades y ser un convencido que las cosas más difíciles se pueden lograr, si se ponen los huevos y se olvida quien está al frente. 
 
Este Uruguay demuestra siempre de lo que es capaz. Convencido de ello, afronta el reto más complicado, siempre fiel a su tradición. Su futbol tiene el condimento perfecto de raza y temperamento, a ello le añade una pizca de técnica. Portugal no sería tan temible si no contara con ese portento de la definición y animal del gol que es Cristiano Ronaldo. Si antes de ser campeones de Europa, debían someterse a una actuación increíble del luso, hoy es un equipo ordenado, que trabaja coordinadamente para que sea su figura estelar, la que brille de cara a la red. 
 
Pero ante este Uruguay, hay que hacer mucho más que contar con una súper estrella. Equipo con las ideas convencionales de su técnico por 12 años, el Maestro Tabáres, que plantea un esquema conservador quizás, pero que explota con los dos misiles que tiene arriba. Suarez y Cavani, que pueden jugar con los ojos vendados y más de tres pases coincidirían. La dupla de Godin y Gimenez, es el respaldo en defensa para ser el soporte que requieren Torreira y Nandez, como contra Portugal o Arriscueta y Sanchez cuando les toca. Con mucha flexibilidad para los posicionamientos, de acuerdo al rival. Un equipo sólido para defender, que achica espacios y que sobre la marcha puede cambiar de esquema, aunque a veces no sea estético, resulta altamente efectivo.
 
Este partido de octavos, es una instancia más seria del mundial, donde se deben asumir riesgos. La premisa del maestro Tabáres, consistió en anular a CR7, respirarle siempre cerca y dejarle sin espacios dentro del hábitat donde se siente cómodo. Cuando fue el 9 de siempre, se eliminó el peligro con los turnos de los centrales. Cuando fue por izquierda era tomado en marcas escalonadas, logrando que sean infructuosos todos sus intentos. En esta labor Torreira el émulo de Arévalo Ríos, jugó el partido de su vida, dejando parte de ella en el sudor hecho sacrificio. Portugal siempre busca la asociación para terminar con centros buscando la cabeza de CR7 o balones perdidos que sabe muy bien aprovechar. Sin ocasiones claras, la impotencia lo fue anulando hasta hacerle perder los papeles.
 
El primer gol fue una pared increíble de 50 metros. Cavani recogido, busca a Suarez al otro lado del campo, en un cambio de orientación perfecto. El “Pistolero” controla, se perfila y lanza un pase largo devolviendo el balón a la cabeza de Cavani que llega justo y define de un testarazo que levantó el Fisht Olympic Stadium. De ahí la labor de aguante uruguayo. Con mucha propiedad para mantener el control del balón, neutralizando a un Portugal que se volvió más incisivo y peligroso. La única ocasión de descuido en la zaga charrúa, lo aprovecha Pepe para poner el 1-1 que no duro mucho.
 
Si hay algo que sabe manejar este Uruguay, son los momentos cruciales, pareciera que es cuando más crece. En la misma férrea idea del principio, encuentra el desnivel a través del mismo héroe. Edison Cavani, de una actuación estelar, recibe de Betancur y define deliciosamente poniendo el 2-1 que a la postre fue el definitivo. Otra vez a soportar los sofocones, sufrir más de lo adecuado. Lo lamentable fue la salida de Cavani. Sintió un pinchazo y se fue lesionado. Ojalá y no sea de consideración, pues Uruguay perdería mucho peso ofensivo.
 
Uruguay despachó a CR7, lo mandó a cruzarse con Messi en el aeropuerto. No será un equipo vistoso, de juego atildado ni tampoco procesa algún código especial que garantice superar el rival que tengan enfrente, con algún sistema distinto a lo tradicional. Tiene la idea de juego clara, utiliza lo que tiene a la mano y se acomoda más a un estilo pragmático. Levanta una fortaleza atrás y lanza dos dirigibles que destruyen murallas ajenas. Es su estilo de siempre, ese que resulta tan conocido, previsible de afrontar, pero tan difícil de superar. Este es URUGUAY NOMA.
 
 

FIN DE CICLO

Era mejor dejar de respirar. La agonía argentina había tenido un leve recupero, pero tan solo para falsear un final que ya estaba escrito en su obituario futbolístico. Era mejor dejarse ir, abandonar el presente para ser pasado. Era mejor que se acabe de una vez esta tribulación, forzarlo más allá de lo humanamente permisible, hubiera tenido rasgos de crueldad y también de masoquismo. El sueño etéreo se ha esfumado en el aire como el humo de ese último cigarrillo, antes que llegue el tren del adiós. Argentina se ha ido del mundial y de la manera más contundente a manos de una Francia categóricamente superior, demostrando una vez más, que, cuando la diferencia del nivel futbolístico se hace tan notoria, con la actitud solamente no alcanza.
 
El planteo de Sampaoli en un 4-3-3 nominal para cerrar espacios, resultó inoperante desde el falso 9 que empezó Messi y que a la larga fue un falso 10 y una falsedad total del equipo para hilvanar juego a su alrededor. Banega desconectado, Pavón y Di María demasiado abiertos y obligados a realizar mucho tránsito infructuoso. Mascherano duplicando esfuerzos para apagar incendios. Francia bosquejando la posesión desde la oportuna recuperación del balón con un medio estelar. Pogbá imponiendo su carácter, Kanté laborioso y Matuidi dinámico, teniendo a Griezmann como un enganche funcional y arriba a un Giroud pegado a los centrales y a Mbappé tan veloz como un rayo. Fracaso del plan de Sampaoli y acierto el sistema de Deschamps, referenciando a Messi, en una marca zonal muy efectiva y después para cortar el tenue circuito albiceleste.
 
La superioridad de Francia, mostrada desde un buen posicionamiento y su mejor circulación del balón, tuvieron su mejor expresión, en la profundidad para romper líneas con las diagonales infernales de su joya más preciada Kylian MBappé. El chico fenómeno que nació el mismo año en que Francia alzaba la Copa del Mundo en su país, con una descollante actuación de Zidane en la final ante Brasil. La promesa que se va haciendo realidad y que para superar la defensa argentina le bastó poner un cambio más. Primero ensayó una empilada diabólica que acabó en tiro libre y después un arranque monstruoso que desbarató a Rojo y el penal que cristaliza Griezmann. Fue fundamental para sentenciar el resultado. Hace el tercero internándose en un bosque de piernas definiendo de izquierda y el cuarto, en una jugada colectiva extraordinaria que es una oda a la efectividad. Seis toques desde el arquero, recibe de Giroud para una definición exquisita. Credenciales oficiales presentadas de un portento de CRACK.
 
Argentina solo dio manotazos. Nunca un golpe franco, esos que samaquean y obligan a tomar aire. Mascherano dando su último aliento, Messi sin encontrarse consigo mismo, menos con alguien que sea un partner adecuado. Francia es de esos equipos que tiene fisuras en su sistema defensivo. Pogba con más vocación ofensiva, deja espacios detrás y Kanté debe hacer doble relevo, al igual que Griezmann. Sus laterales resultan mejores en el desborde por bandas. Cuando se hace vertical le cuesta el retroceso dúctil. Pero aunque pueda recibir goles, aprieta el acelerador y marca la diferencia. Estos partidos de octavos es donde recién se aprecian a los equipos en su real dimensión. No hay mucha discusión, Argentina lo dio todo, pero Francia fue demasiado superior. Por algo apunta a levantar la copa.
 
"Lo mismo que nos une hoy nos desintegra" decía Cerati en “Bomba de tiempo”. Esa ilusión pasional, a veces irracional, del hincha albiceleste de ganar la Copa del Mundo, ha estado siempre apañada de una testaruda convicción que se cuenta con jugadores de élite, que en realidad están sobrevalorados. Que basta con la historia, que no termina de construirse, para sentirse los más grandes sin merecerlo siquiera y persignarse a la suerte de contar con el mejor jugador del mundo, el cual tiene una formación ajena a la del argentino intolerante y que su humildad choca contra la petulancia de sus compatriotas. Este mundial ha sido el cachetazo que los devuelve a la realidad. Argentina ha quedado fragmentada, se crearon ilusiones desde la utopía forjada de una resurrección apócrifa y un pase a octavos milagrosa. Lo que se viene es la búsqueda implacable de los culpables. Sean los jugadores o Sampaoli hay algo muy serio que deberán resolver desde su interna, más ceñida a lo organizacional y al margen de lo deportivo.
 
No es el mejor final  para esta generación argentina. Es el fin de ciclo en medio del dolor de un adiós que ya tenía su suerte anunciada. El fútbol no solo se juega en la cancha, menos a nivel de selección, hay detrás todo un soporte dirigencial que marca la pauta para el desarrollo de un proyecto serio. Esta generación, que disputó tres finales, puede que tenga alguna revancha en el corto plazo, pero ya no le quedará espacio en el próximo mundial para muchos jugadores. Quizás éste ha sido el último mundial de Messi y siempre existirá la eterna y absurda comparación, como la descabezada recriminación por no ganar una Copa del Mundo. Pero no será el fin de una carrera exitosa, la cual no está supeditada a un título específico. Lo que no se podrá borrar es este sinsabor, esta amargura que se queda impregnada al recuerdo de este mundial, donde en pocas horas se pasó del sueño a la pesadilla.

 


 
 

ROJO APASIONADO

Difícilmente volverá a ocurrir una angustia igual para los argentinos. Será imposible que se vuelva a presentar una situación de tensión al extremo y zozobra tan dramática. Más que por el resultado importante, es por lo que estaba en juego y por todas las cosas que se vivieron alrededor de este triunfo ante Nigeria, que a la postre, le dio el milagroso pase a Octavos.
 
No era un partido para definir cuartos, semifinal o la misma final. Era definir su permanencia en el mundial y evitar la hecatombe que hubiera significado, regresar a Buenos Aires con la vergüenza a cuestas y con todo un país esperando en Ezeiza para destrozar lo poco que les quedaba de orgullo. Lo sabían todos y lo afrontaron de esa manera. Pero les costó un pedazo de vida, jugar contra los nervios, la exaltación y la incertidumbre. Un drama digno de película de terror. 
 
Esta Nigeria, equipo duro, pero también dúctil con velocidad para la contra, había que pararlo en media cancha y hacer pressing. La formación estuvo dirigida a controlar primero y explayar juego después. Pero mientras transcurrió el primer tiempo, hubo más de fricción que lucidez. Mucha tensión y nervios que el juego asociado que no podían recrear.
 
Messi tantas veces reclamado tuvo que abrir el camino. El pase de Banega de 25 metros más fue un encargo para que resuelva Leo. Una recepción excepcional y control dirigido del 10 que dejó fuera al veloz defensa Omeruo, para acomodar el balón a su botín mágico y sacar un derechazo cruzado a lo crack. Un gol esperado, una reconciliación de Messi con el mundial, con su gente, que desgañitaba su emoción  contenida en un estadio conmovido. Un gol que reconfortaba la confianza. Y Leo en ese lapso, tuvo esporádicas, pero valiosas participaciones, dejando un tiro libre en el poste y los dedos del portero Uzoho, aparte de la habilitación a Higuain. Mas nada, de juego muy poco pero si mucho de rebeldía. 
 
Tan cuestionado en la semana y para nada excluyente la presencia Mascherano. Como tantas veces, asumiendo el papel de mariscal de campo. Metiendo, empujando y luchando todas arriba y abajo. Hasta que llegó la jugada fatal que lo puso de protagonista. Jaloneo en el área, falta de penal que puso en verdadero riesgo la clasificación. Porque a partir de ese momento Argentina empezó a jugar contra sí mismo, contra el tiempo y sobre todo contra un equipo africano que se crecía y lo estaba eliminando del mundial.
 
El reloj cruel verdugo en estos instantes, que no cree en nombres ni historias, seguía su marcha infernal. Todo iba camino al descalabro, el carro se desbarrancaba al abismo y no funcionaba ni el freno de mano. Pero desde arriba vino una mano, puede que haya sido el mismo San Petersburgo, quien se metió a la cancha y se fue por derecha, empujó a Mercado para que meta un centro con ayuda suprema y Marcos Rojo, definió con la pierna menos diestra, dándole el golpe de gracia a una agonía que parecía inminente y resucite a todos los argentinos que desataron su locura en el Zenit Arena y a punto estuvo de causarle una desgracia al propio Maradona. 
 
Ha sido una gran descarga emocional que no deja de lado el manejo de la interna mediática y que ha trascendido las esferas deportivas. Una prensa despiadada y una respuesta con retratos que han querido dibujar una realidad que deja interrogantes. La primera citada con el liderazgo de Sampaoli y su cesión en sus modos para que sean los jugadores los que asuman el protagonismo. Ante una situación tan complicada es mejor la conciliación. Las imágenes de Mascherano desmintiendo los comentarios voraces y la de Messi arengando, resultan simples modos y formas que pretenden brindar una imagen distinta, partiendo desde la avenencia que demuestre un compromiso que se refuerza con este agónico resultado. 
 
Argentina sigue en el Mundial, pero la deuda en lo que respecta al fútbol sigue vigente. Es cierto que ha mostrado temperamento, que hubo otra actitud, para evitar una frustración con visos de tragedia, que sigue creyendo en su capacidad y que Messi ha mostrado señales que desea mostrarse contra los mejores. Pero para superar las otras instancias, no solo basta con aquello, también debe mejorar mucho en orden y sobre todo en el juego.
 
Se viene Francia, un rival que tiene tantas individualidades juntas que se diferencian de esta Argentina que han recobrado la confianza, pero su mejor imagen se refleja en el rostro de Mascherano manchado de sudor y sangre, muestra de una lucha intensa para romper una realidad esquiva y por esa postal de Messi apeado en los hombros de Rojo. El mensaje es que el equipo va a entregarse más y los jugadores cargan con la responsabilidad de respaldar a Leo, para marcar una historia diferente.
 

 

GRACIAS MUCHACHOS!!!

El pitazo final ha sonado. El estadio Olympico Fisth de Sochi, con sus tribunas vestidas de rojo y blanco, deja escapar los canticos y rugidos eufóricos de los peruanos venidos de todo el mundo y se confunden en abrazos que acompañan sus sollozos. Un amasijo de sentimientos encontrados. Un cantico a la algarabía pero también al desconsuelo. Unos se abrazan y ríen, otros descansan su placidez en la mirada fija al horizonte, como queriendo recuperar momentos eclipsados. Algunos no se conocen, pero la magia del fútbol los ha hecho ser de una misma familia. Un panorama conmovedor que hace temblar el alma y quiebra a cualquiera. Resulta imposible poder contener algunas lágrimas que acompañen esa postal. Perú después de 40 años, ha ganado un partido en un mundial y con ello se ha podido romper otra racha, logrando que la despedida sea menos afligida y el regreso a casa no sea con las manos vacías.
 
Abajo en la cancha Christian Cueva se desploma, dejando caer su humanidad acompañado de un llanto inconsolable. El sentimiento de culpa por ese penal fallado ante Dinamarca, que a la postre pudo cambiar la historia de la bicolor en Rusia, lo llena de resentimiento consigo mismo. Seca sus lágrimas que le salen de adentro, con esa camiseta empapada de sudor por todo el esfuerzo compartido con esos compañeros, que se le acercan, que lo abrazan y consuelan, buscando darle ánimos. Siente que será difícil tener que llevar manifiesto ese instante, como una marca indeleble en el alma. Y es que si en algún momento se sintió como un héroe para todos los peruanos, al día siguiente fue el peor de los villanos. 
 
Era importante este partido contra Australia. Más allá del resultado, por cómo se llegaba. Con el ánimo y la desazón de lo injusto que fueron los desenlaces anteriores, la impotencia de no haber podido escribir de otra manera la historia, el susto de Farfán antes de jugar y la expectativa de todos los peruanos que deseaban lavar el alma de alguna manera. Gareca, tan ducho para improvisar formaciones, recurrió al equipo de la eliminatoria. El 4-2-3-1 nominal que inserta a Paolo como el gladiador que se faja arriba en soledad. Ante un equipo tan físico, el juego no se puede hacer estético, pero si funcional. Pero el engranaje costó hacerlo dúctil. Flores y Yotun imprecisos y Tapia que no terminó de recuperarse bien del golpazo. Juego mordido, luchado, sin claridad y con el rival encima siempre.
 
Pero si algo nos teníamos que llevar de este mundial, ha sido los gratos rendimientos de algunos jugadores. André Carrillo. Tantas veces lo decimos, si quisieras André, si quisieras. Este mundial ha sido su escaparate para un mejor futuro. Jugada calcada de eliminatoria. Pelotazo para que Paolo haga la diagonal por izquierda, control perfecto con parsimonia de crack, eleva la mirada y le pone un pase por derecha a Carrillo que sin que caiga al piso, se hamaca y empalma un derechazo monumental que vence Mathew Ryan. GOLAZO. Una alegría inmortal que todos los peruanos celebraron con lágrimas en los ojos, como si fuera la del campeonato mundial. 
 
El epílogo tenía guardado un espacio en la historia para Paolo Guerrero. Tanto tuvo que luchar, tanto tuvo que bregar para poder cumplir su sueño de jugar un mundial. Cueva que no hacia un partido redondo se interna en el área y deja un pase mordido. Y allí, en el área de 9, de goleador, Paolo saca a relucir esa pasta innata de “depredador”. Le gana el vivo al defensa y define incómodo de zurda a un rincón donde el balón entró sonriendo. La celebración, fue con todo el estadio, con todo un país entero. No se podía ir de este mundial sin dejar su sello y firma. El homenaje a su “hermano” Jefferson, fue una conmovedora muestra de retribución al amigo fiel, por el sueño cumplido, aunque no compartido en la despedida. 
 
Pero este triunfo que alegró a todos, a partir de hoy ya resulta anécdota. En el análisis frio y desapasionado, podemos afirmar que hoy nos pasó lo contrario a lo que debió ocurrir ante Dinamarca, que es donde perdimos la clasificación - contra Francia pudo pasar cualquier cosa- Australia nos metió en nuestro campo, no pudimos ser prolijos en el juego, nos salvamos de algunas muy claras, pero en la única que tuvimos, vacunamos. Algo que nos fue esquivo hoy nos tocó, aunque demasiado tarde. Tuvimos la efectividad que nos faltó antes y Gareca demostró su capacidad para recomponer al equipo en momentos adversos. La importancia de tener un plantel antes que un equipo. Echar mano de piezas de recambio y que funcionen de acuerdo a una idea consensuada de juego. Lo importante que ha resultado arriesgar con nuevos chicos que no han defraudado a este nivel de competencia. Nos quedan gratas revelaciones en Santamaría y Aquino que deberán sumarse a un colectivo que no presume de nombres solo de hombres, como el futbol moderno lo exige. 
 
El sueño se ha terminado y es hora de despertar. Más allá de seguir viviendo de este lindo recuerdo mundialista, quedan temas pendientes que no son excluyentes. La selección es la representación de un país y al margen de aquellos que juegan en el extranjero, son los clubes los que aportan sus jugadores, los que están obligados a la formación de menores y es donde se debe trabajar a fondo. Que de una vez por todas, el plan de la FPF de formalizar el futbol domestico se haga realidad y que los clubes peruanos trasciendan a nivel internacional. No siempre vamos a tener el mismo equipo de selección, ni el mismo DT, tampoco los astros se volverán a alinear. Se ha sembrado la semilla para respetar nuestra identidad y para que esta aventura mundialista se repita, será una consecuencia de acciones y de buenas decisiones. Retener a Gareca es el reto inmediato. Sostener este proceso, emularlo en el tiempo y sobre todo seguir en la misma senda es el objetivo. 
 
Nuestra selección se ha ido del mundial con música y algarabía. Tuvieron que pasar 36 años y 4 días con sus noches, para que los peruanos llenen un estadio lejos de la patria y canten el Himno Nacional conmoviendo al mundo entero. Aquella imagen de los jugadores despidiéndose de todo del estadio. Ese paseíllo que hizo el comando técnico para felicitarlos a cada uno y darle su real valía, el apoyo de todos hacia Cueva, ayudándolo a levantarse, el abrazo conjunto que demostró integración de grupo y la gente vibrando en la tribuna, deben ser las imágenes que signifiquen nuestro eterno agradecimiento a los muchachos, al comando técnico y a todos los que están detrás, por tantas cosas vividas. El futbol es tan generoso, que siempre te regala revanchas.
 
ARRIBA PERÚ!!!!.
 

SAMPALIO ARGENTINO

Argentina vive una hecatombe. Aquel colapso del primer partido con penal fallado incluido de Messi, su emblema futbolístico, lo puso en el abismo de la eliminación. Croacia lo vapuleó ante el mundo con un contundente 3-0 y cada gol fue una puñalada en el ego recurrente de su gente. Pero este desastre tiene un origen visible. No por nada se ha cambiado tanto de técnicos y en tan corto tiempo, que no han permitido culminar un periodo ni del mediano plazo. Imaginamos un vestuario caliente, donde prevalecen los entornos amicales y condescendientes. Un ambiente donde prevalece un desgobierno, más por parte de los que son privilegiados cercanos a Messi, que por propia decisión del capitán argentino. Aquellos que no se ajustan  a los hábitos costumbristas de esa rosca, sencillamente no tienen un lugar que les permita, por lo menos sumar a su selección, futbolísticamente hablando. En ello se incluye al entrenador de turno.
 
Y muy al margen de lo que puedan decir sobre Messi, no pasa por lo que el astro argentino decida que se debe o no hacer, sino por esa devoción extremista de cada técnico que ha intentado rodearlo de jugadores virtuosos, tratando de imitar su rendimiento en el Barcelona. Y nadie se ha puesto a pensar que Leo es un producto de formación netamente del equipo catalán, nunca ha jugado ni sentido el futbol argentino y adicionalmente a ello, es un ser humano con cierto grado de dificultad para manejar las situaciones de presión. Es de esos genios que solo saben expresarse a través de su talento, Pero los argentinos, sometidos a siempre tener un tótem de referencia, han persistido en esa estúpida como antipática comparación con Maradona. 
 
De pronto Messi, sea un jugador de talla limitada y siempre deberá estar rodeado de excelentes jugadores para brillar. En la selección argentina, nunca encontró ese entorno y de ahí habría que partir para generar un análisis más concreto. Y en la opinión mundial, van más allá del raciocinio lógico, pues le asumen responsabilidades que de pronto ni siquiera le correspondan. Le ha pasado tantas veces en situaciones de presión, su carácter esquivo y ermitaño, lo ha hecho desaparecer cuando todos le reclaman que debe asumir ser el mejor del mundo o el salvador de una Argentina, con jugadores sobrevalorados y que ni por atisbo demuestran su real valía a nivel de selección. Pergaminos que él jamás ha pedido que se le concedan y por el cual siempre será juzgado y vilipendiado. 
 
Pero el tema no solo pasa por lo que haga o deje de hacer Messi. Para Sampaoli, que se fue de Chile cuestionado por un problema muy grave de acusación de una actuación dolosa. Le ha costado encontrar un equipo base. Su propuesta ha estado siempre vinculada a preponderar “El equipo de Messi” como una forma de anclar su capacidad al rendimiento de Leo. Hace alarde de dimensión extremista de las habilidades de Messi y sobre ello pretende armarle un entorno. Acaso y entendiendo que Leo requiere que lo acurruquen y lo protejan de todo mal, a costa de no encontrar un funcionamiento básico. Sin una identidad y menos idea de juego. Los cambios constantes de jugadores y sistemas, sobre la marcha, contra el tiempo, no representa un trabajo serio. Es cierto que los jugadores son los protagonistas, pero sin un líder detrás, como dicen los argentinos, todo se hace un quilombo.
 
Croacia tenía en sus planes hacer un buen partido, sostener algún resultado positivo desde su posicionamiento estratégico del 4-2-3-1, relevos para recuperación del balón. Con un nivel superlativo de Modric y Rakitic, para las coberturas y control del juego y un constante martilleo de contra, con un Rebic efectivo y Mandžukić siempre peligroso. Sampaoli muy avezado tiró una línea de tres, tratando de copar el mediocampo. Agüero de punta, Messi y Meza por los lados. Mascherano y Enzo Pérez por el medio buscando que Salvio y Acuña sean alternativas por bandas  La disputa en el medio dejaba a una Croacia que formaba un triángulo quitando espacios estableciendo mayor posesión del balón pero sin lastimar en extremo.
 
Pero estaba escrito que Messi no quería estar en la cancha, que había un fastidio en el ambiente y que la fatalidad le tocaría a Caballero errar en un despeje y le abra la puerta al enemigo. Rebic primero que lo fusila sin piedad, después Modric, en una jugada monumental, remata y anota de forma exquisita y para cerrar Rakitic, ante la pasividad, holgazanería e impotencia de la zaga gaucha, que se arrastraba en el verde, para colocar este 3-0 que llena de angustia y de dudas el pase de este limitado equipo argentino, que ha dejado en manos de terceros su suerte en este mundial.
 
Resulta decepcionante esta Argentina. Quizás sea uno de los peores equipos, en materia de funcionamiento de los últimos tiempos. Así tengan a Messi, el futbol de hoy reclama primero un funcionamiento colectivo, para que salga a relucir la individualidad. Ese desgano, ese nulo compromiso de los que deben asumir su renombre mundial, tan desprestigiado por ahora, le pueden significar un descalabro imposible de remontar y ser el fin de una era. El final de la presencia cuestionada de Messi y los que hacen de su entorno una anarquía. Lejos de ser solo el fin de un ciclo, podría ser el epilogo de una realidad interna para la selección de un país siempre obligado a ganar una copa, que por ahora solo demuestra nivel de participante.
 
Argentina carga hoy una mochila del pasado que le pesa más de la cuenta. La perturbación y la incapacidad del presente, lo hace ser un espanto para mirar el futuro. A Messi, lo van a seguir cuestionando y vapuleando, desde la bobería de la eterna comparación. Leo es un chico que solo quiere jugar al futbol y conseguir logros con su innegable capacidad. Pedirle que sea líder o el salvador solo es una estupidez creada por los que viven a sus expensas. Para que sus ácidos críticos puedan entenderlo, primero deben convivir con un hijo genio en casa. De carácter noble y ermitaño, con rasgos de Asperger. Con una habilidad extraordinaria para desarrollar su talento, pero con una bizantina capacidad para resolver una situación de conflictos o sostener una responsabilidad extrema. A ese genio no le debes exigir nada, solo apoyarlo y disfrutarlo.
 

COMO NO TE VOY A QUERER


“Como no te voy a querer... Como no te voy a querer, si eres mi país querido, mi país bendito que me vio nacer”...
 
Pero como duele esta derrota. Tanto como la anterior, pero esta es una congoja que rasga nuestra franja del pecho, porque es la despedida. Duele una vez más, por la forma como se ha generado, por todo el entorno apasionado que el pueblo peruano se había forjado en este mundial. Por todo ese tiempo que nos habíamos guardado nuestra emoción y explotado por cada rincón del mundo, donde han conocido en vivencia propia, ese amor que los peruanos tienen por su tierra. Duele tanto, sí. Porque el equipo entregó todo lo que tenía sin reserva, equiparando la misma devoción de su pueblo que lo acompañó en las tribunas de Saransk y Ekaterinburgo, entonando conmovidos el Himno Nacional. Es difícil esconder nuestra tristeza, pero debemos estrujar el pañuelo del desconsuelo y juntar las manos para el aplauso interminable, para mostrar nuestro reconocimiento y gratitud.
 
Ante Dinamarca era el partido clave para buscar la clasificación. La derrota nos condicionó jugar contra Francia, con la ansiedad de buscar obligatoriamente el triunfo. Era una epopeya, por el equipo francés y la constelación de estrellas que tiene y que cuando se unen hacen de su colectivo muy funcional, dinámico y letal de contra. Pero este Perú ha logrado consolidar su forma de jugar como una marca registrada y ha demostrado que puede jugarle de igual a cualquiera. Gareca con un 4-2-3-1, dejaba a Farfán en el banco buscando con Paolo presencia en el área y no dejar salida a Varane y Umtiti. Pero despercudidos de todo apasionamiento, diremos que a Paolo los siete meses de inactividad le pasaron factura. Un mundial es otra cosa. Farfán potencia al equipo y ante Francia, la única forma de emparejar el juego era con jerarquía. 
 
Francia ya tenía estudiado a Perú. Su 4-3-3 con Pogba, Kanté y Matuidi con mucha sobriedad para ser soporte defensivo y apoyo ofensivo a Mbappé y Griezman en extremos y Giroud, que entró para incomodar a nuestros centrales. Sin Tapia el reemplazo resulto siendo la consagración para Aquino. No solo para la marca, también para el juego mismo y pisar terreno ajeno. Yotun nunca termina de acomodarse por la presión de Kanté –un jugadorazo- el enganche de Griezman que ocupaba los espacios y las diagonales de Mbappé, que generaban desequilibrio. La salida peruana desde el fondo, fue donde Francia puso atención y la recuperación del balón se hizo en tres cuartos. La movilidad constante de sus atacantes desgastó a Rodríguez, que sintió el trajín. Santamaría, fue una vez más una grata realidad.
 
Si bien es cierto Perú ha demostrado mucha identidad en el juego, no es mal menor que el pelotazo a Paolo, nos hace tremendamente previsibles. Con mucho pressing la asociación de Flores y Cueva generaron la única opción de gol que Paolo define mal. Pelando más que jugando, pero nunca declinando. El propio Paolo pierde en salida y genera la jugada fatal, que termina en el gol que a la postre nos saca del mundial. El ingreso de Farfán fortalece al equipo que gana en la posesión. Carrillo -que ha hecho un mundial excelente- trasciende cuando encuentra espacios o cuando inventa generarlos. Cueva sin hacer un partido redondo, siempre es opción para el desequilibrio. Perú luchó, demostrando amor propio y no se dejó avasallar, puso a Francia en posición defensiva, dominó territorialmente, pero una vez más la efectividad ausente, nos carga la mochila de la capitulación. Francia es candidato a ganar el mundial, su profundidad debe crecer en la medida que pasen los partidos.
 
El resultado nos ha quebrado a todos. Las lágrimas de nuestros jugadores, son las mismas que derraman hinchas en las gradas pintadas de rojo y blanco. Son las mismas que enjugan hoy los 33 millones de peruanos que teníamos la ilusión encendida siempre, quizás algunas más exageradas que otras. Pero son lágrimas también de orgullo marchito, porque peleamos los dos partidos, nos pusimos al mismo nivel, sin ningún tipo de timidez. Quizás hoy tengamos que determinar que esa falta del control de las emociones, nos llevó a cometer los errores en momentos cumbres, cuando la sapiencia y el raciocinio son parte de la jerarquía, esa que se consigue con la competitividad de los jugadores y la trascendencia individual que logren en sus clubes. 
 
Perú ante los ojos del mundo ha dejado un lamento anónimo, de todos los que han resaltado la idea consciente del juego. Esa identidad de la que siempre anduvimos extraviados. La forma atrevida de jugar sus partidos sin importar quien está al frente. La exposición de sus nuevos nombres en la constelación mundial del futbol. La aplicación en la prédica de Gareca, que el futbol se juega con la cabeza y se ejecuta con los pies. Para que de una vez por todas, sintamos que no fuimos a participar simplemente y hemos entrado de manera directa a ser invitados de honor a la fiesta de la competencia mundial del futbol. 
 
Hay que ser conscientes que tenemos carencias y con muy poco los hinchas nos hicimos demasiadas expectativas y es natural, soñar es gratis y despertar a veces suele ser ingrato. Esas cuatro décadas nos hizo guardar mucho apasionamiento. El futbol siempre será regido por el resultado, es inevitable. Pero no es excluyente, que siempre será importante la forma como se llega a él. Aunque la desazón nos impida mirar más lejos, para afrontar el futuro, primero hay que poner los pies en el suelo. El recambio generacional incluye a una gran parte de este plantel, donde todos son necesarios e importantes, adicionando a esos chicos sub 20 que acompañaron la aventura mundialista.
 
Nos queda una última presentación. Australia por su forma de juego, puede ser mucho más difícil que Dinamarca o Francia. Pero aunque ya no sean valiosos los puntos, se espera sea una oportunidad para que el hincha peruano que empeñó la camisa e hipotecó su sueño mundialista, pueda gritar un gol peruano y celebrar un triunfo. Realmente se lo merece, porque en la tribuna fue el campeón mundial. Será la oportunidad que tenga esa muchedumbre de peruanos,  para despedir a su selección que se va con la frente en alto. Será una oportunidad para que todos nos sintamos una vez más representados y agradecidos. La ocasión para decirle mirándolo a los ojos y tocándole el corazón… “Perú, por tantas emociones vividas, como no te voy a querer”.