A LA URUGUAYA

Lo tuvo que ganar a la uruguaya. Cuando el reloj se hacía el peor de los enemigos y la confianza iba dando a lugar a la desesperación. José Giménez terminó de héroe, con un testarazo al minuto 89, que levantó al pueblo oriental y le brindó una satisfacción al maestro Tabarez, un viejo zorro del futbol. Solo su sapiencia de los años le pudieron brindar la lectura de las instancias finales, ante un rival como Egipto, que en el tiempo ha mejorado futbolísticamente y no solo por Salah, que es su emblema, porque tiene otros nombres que no son demasiado rutilantes, pero que colectivamente trabajan meritoriamente.

Se había trabado Uruguay, en un juego donde su 4-4-2 clásico lo hacía largo y aislaba a Cavani y Suarez, pues si bien es cierto ha renovado los nombres de Vecino, Arrascaeta, Nández y Bentancur, son hombres técnicamente dotados, pero con un gran énfasis defensivo y al no tener la claridad de los antiguos, para lograr la salida grupal y los replanteos a la hora de hacerse verticales, el funcionamiento táctico, resultaba muy estrecho entre líneas. 



Solo una muy clara tuvo el “pistolero”,  que pudo abrir el partido. Egipto, con juego asociado haciendo un 4-5-1 desdibujó la fluidez del juego charrúa. Sin Salah como referencia ofensiva, le costó hilvanar de cara al arco de Muslera, pero dejó la sensación que con su mejor exponente, debe ser el segundo clasificado.

El maestro Tabarez, tuvo que recurrir al banco para corregir los automatismos y la perdida de la posición para recuperar el balón y ser más incisivo encarando por bandas. Hay un matiz de equipo en plan de renovación, que le falta engranar el medio con Suarez y Cavani, por eso el ingreso del “Cebolla” Rodríguez y Sanchez, volvieron a dar ese aire extrañado en buena parte del encuentro. El gol fue un premio agónico a la insistencia, a veces desesperada, errónea, pero eficaz al fin, imagen típica de la garra charrúa. 

Uruguay o ganó en la recta final, a una Egipto, en la que no jugó finalmente su estrella Mohamed Salah, pero que dejó una sensación de mejora en el tiempo. Este primer partido de la primera jornada del Grupo A del Mundial Rusia 2018, deja a Uruguay y a Rusia adelante en la lucha por pasar esta fase de grupos. 

Finalmente se esperaba que este sea un duelo de faraones. El egipcio Salah quedó en el banco por precaución. El uruguayo Godin, fue baluarte, para empujar el equipo en los momentos difíciles.


LA FIESTA DEL FUTBOL

El futbol nuevamente está de fiesta, como cada cuatro años, ha llegado la hora de la justa mundial. Años que se van haciendo letargos de tiempo cuando la clasificación se va haciendo esquiva para unos y venideros nuevos días, para otros, cuando se aseguran los boletos para la cita mundialista.

Y la fiesta ha empezado en Rusia, el mundial de futbol 2018 ha levantado el telón, para albergar la muchedumbre privilegiada y la atención de todo el planeta futbolero. Una ceremonia espectacular ha dado paso al puntapié inicial. El anfitrión Rusia ante Arabia Saudita, con un resultado de satisfacción desbordada. Un 5-0 que ha hecho olvidar la precariedad futbolística rusa, pero también ha ratificado que Arabia es del grupo de selecciones que solo participan, les queda ancho el papel de competición. 
 
 
 
La selección rusa tuvo un debut ideal en el Grupo A del Mundial, pero el marcador suele ser engañoso, no necesariamente es una muestra de superioridad. Hay factores que suelen darse, mucho más con equipos que han llegado al mundial trastabillando en rendimiento y en resultados. Rusia cerró el partido con todos los goles que de pronto pensó hacer en toda la fase de grupos.
 
 
 
Yury Gazinsky con un testarazo impresionante  ha grabado su nombre como el  primer gol de la Copa del Mundo 2018. En el juego inaugural no hay mucho para analizar, mas allá del marco festivo que se ha vivido en la apertura de otro mundial, donde los amantes del fútbol, ponen a prueba el corazón y logran complacer esa ansiedad tan extraña, tan divergente que produce la espera del silbato inicial. Una pasión desbocada que combina júbilos y contraposiciones, que paraliza el globo terráqueo en cada 90 minutos, que pueden ser 93 o 120  pero igual logra traspasar fronteras y compartir emociones, en el mismo lugar o a miles de kilómetros de distancia, pero unidos en un mismo sentimiento.
 
El mundial de futbol ha comenzado, empecemos a disfrutarlo.
 
 

EN LINEAS GENERALES

Nuestra selección ha culminado su etapa preparatoria, sellando un empate a cero con Suecia y cerrando la puerta de la sala de ensayos. Ahora solo queda reposar el cansancio, adormitar los pensamientos y acomodar las valijas para partir a Rusia. Ha llegado el momento de empezar a cumplir el sueño aletargado por 36 años en las entrañas del deseo peruano de disputar una Copa del Mundo.
 
Gareca a estas alturas y con un record de imbatibilidad en el maletín, ha obtenido muchas conclusiones, sobre todo en capacidades de rendimiento. Esta Suecia, es lo más parecido a lo que encontraremos en los partidos del Mundial. Rivales físicos, muy ordenados y durísimos de entrar. Ya deben tenernos mapeados y con estrategias para frenar nuestras virtudes y atacar nuestras debilidades. La presencia de Paolo Guerrero, si bien es cierto es un bálsamo para el pueblo peruano, para Gareca, es un plus adicional, pero muy lejos de ser el nombre estelar, se ha trabajado –y mucho-  en el tema colectivo, respetando desde todos los ángulos, al plantel, proteger al grupo por encima de fomentar algún ego gratuito y aislado.

Con Paolo se gana presencia en área ajena, en los momentos que el equipo se hace largo. Si bien hemos ganado en dinámica, hay mejoras pendientes en el retroceso, para no estar descompensados. Gareca más que un dilema con Farfán, Carrillo, Cueva o Flores, tiene nuevas variantes según el esquema que decida. Con Cueva y Flores se tiene el control del balón, con Carrillo y la “Foquita” se gana en potencia por los extremos, algo que ayuda el trabajo de Paolo para enfrentar defensas duras. Lo importante se ha visto con los cambios efectuados, el equipo siempre mantuvo el mismo orden y funcionamiento. Algo rescatable del trabajo de Gareca.

En estos encuentros de ensayo, la medición no solo abarca los rendimientos individuales. Hay una evaluación de movimientos tácticos, posicionamientos, planteos defensivos y ofensivos. La horizontalidad del juego cuando el rival se hace difícil de entrar y la verticalidad con los cambios de ritmo, para buscar la sorpresa. En ello Gareca ha encontrado variantes para jugar de acuerdo al rival. Se ha mejorado muchísimo en la recuperación del balón, una falencia recurrente de selecciones en la historia. Se ha potenciado el estilo de juego y la identidad, con dinámica y precisión, para hacer el equipo corto con el toque elegante, pero muy fiero para hacer la presión alta. Es visible el compromiso del plantel, para hacerse muy solidario.

Los errores son parte del riesgo que se toman, hay repuntes físicos y técnicos, pero debe entenderse que cada partido es totalmente distinto de otro. No por el simple hecho que se juegue maravillosamente y se gane en partidos de ensayo, será la garantía de buen rendimiento posterior. Los partidos del mundial son otra cosa, se juegan con otra intensidad, por ello hay que verlos desde otra óptica. Las revoluciones son distintas y la adrenalina suele jugar en contra.

La frase “Están pasando cosas” se hace tan cierta. Las volvemos a recordar y siguen pareciendo increíbles. Para el hincha peruano, este recorrido ha tenido una cadena de sucesos, que lo han hecho evolucionar en su factor emocional. Ha reconciliado su confianza y fortalecido su ilusión, en cada lugar del mundo, en cada estadio, cantando el himno de manera conmovedora y convirtiendo su aliento incondicional, en un soporte vehemente de fidelidad descomedida.

Empieza el mundial para Perú, una gran oportunidad para trascender. Es verdad que nos gana la emoción y somos reacios a la mesura. Pero hemos esperado tanto para este momento. Va llegando la hora de disfrutarlo. Los peruanos ya tenemos el corazón en Rusia y solo nos queda retribuirle nuestra confianza a esta selección que ha logrado fundirnos en  unión, fe y esperanza. El rendimiento del equipo invita a soñar. La seguridad de Gareca en este nuevo jugador peruano, son la mejor garantía. En líneas generales.

UN ABRAZO DE GOL

El auto recorre la ruta y va dejando a su paso las imágenes paganas, que fueron compañía en los últimos días. Atrás va quedando el parque “El Arboretum", a orillas del lago Zurich y las noches de insomnio. El destino es el Hotel Lowen Montafon en la ciudad de Schruns, Austria, donde se concentra la Selección Peruana. Paolo Guerrero ha recibido la buena nueva del Tribunal Federal Suizo, quien accediendo a una medida cautelar, le ha otorgado un efecto suspensivo de su sanción y podrá participar en el Mundial. A su lado Edwin Oviedo, presidente de la FPF, lo mira condescendiente como quien lo hace ante el hijo, al que ha podido ayudar. Han sido días complicados y de mucho desgaste mental, pero finalmente, un atisbo de justicia, le permite compartir estos momentos de alegría y satisfacción que celebran todos los peruanos.
 
El goleador reposa su cabeza sobre la ventana y se deja llevar por la nostalgia. Atrás se han quedado los días de vacilación, que no le permitieron estar junto a sus compañeros, recibiendo la gratitud y el cariño de un país entero que vive una fiebre mundialista al extremo. Algo que le pertenece y del que es su estandarte representativo. Aquella sensación de impotencia de no poder realizar su mayor sueño ha cambiado como el cielo austriaco que le regala un horizonte prometedor. En una hora debe estar arribando a la concentración y poniéndose a órdenes de Gareca. Ha pasado la tormenta y la zozobra, ahora puede respirar un aire distinto de tranquilidad y equilibrio emocional.
 
Paolo no pudo estar en la despedida memorable que el país entero le brindó a nuestra selección en el Estadio Nacional y en el Aeropuerto Jorge Chavez. Aunque ha sentido el apoyo moral de todo el país, le fue esquivo sentir directamente el cariño y la admiración sincera de la gente que enfundados en su camiseta bicolor, se apostaron en veredas, calles y sus hogares, con sus hijos en brazos. Su única razón, saludar a sus héroes que respondían desde el bus, cual papa móvil futbolístico, que trasladaba sus ilusiones, abriéndose paso entre canticos vivas y buenos deseos. La gente les brindaba a sus héroes, un baño de optimismo y agradecimiento convulsionado. Una comunión entre el hincha y su selección, que se ha convertido en un dogma de fe. Algo indescriptible y conmovedor que sacó más de una lágrima de alegría.
 
Esta selección de Gareca, ha conseguido ensamblar el apego emocional con un presente futbolístico. Un tramo de invicto con resultados y números positivos, con un funcionamiento colectivo, que se ha impuesto por sobre lo individual. Pero aunque el momento sublime conmueve corazones, también confunde emociones, sobre todo los partidos de preparación antes del debut mundialista. Son solo tubos de ensayo, que permiten visualizar el presente de cada jugador. Todos no llegan igual física y técnicamente. Se debe ajustar personalmente a cada uno para ponerlos al mismo nivel. En la cancha se debe experimentar el posicionamiento, las variantes de juego y los movimientos tácticos. El no hacer partidos extraordinarios, es parte de ello. Jugar diez puntos todos los partidos previos, no garantizan que en el mundial se sufra un revés. Hay que tomar el resultado de estos encuentros con mesura, la presión debe ser de otros.
 
Por un momento Paolo cierra los ojos y recorre sus recuerdos. Tiro libre indirecto y la mano santa de Ospina que nos puso en el repechaje. “La tocó, la tocó". Las cosas enigmáticas que se fueron sucediendo, los astros que se fueron alineando y la fe inquebrantable de un pueblo entero que se fue fortaleciendo con los momentos felices. Las mismas cosas que pasan hoy, para consigo mismo y que han logrado su presencia en Rusia. Por su mente trascurren las horas de incomprensión, cuando no pudo estar en la cancha para disfrutar de la alegría inmortal de clasificar al Mundial después de 36 años. Una alegría que tuvo que celebrar en silencio, masticando su impotencia.
 
El auto se detiene frente al Hotel Lowen Montafon y Paolo Guerrero baja sonriente. Se dirige hacia el comedor donde saluda a cada uno de sus ahora, compañeros de concentración. La tibieza aparente es un mensaje subliminal: “Bienvenido y súmate a nosotros”. Jefferson Farfán, el hermano, el amigo fiel, le brinda su mejor sonrisa. Ya tendrán tiempo para entusiasmarse y compartir su alegría, recordando ese momento glorioso de la celebración del gol de la clasificación, que fue una evocación a la promesa que hicieron de niños, de jugar juntos un mundial. Paolo, luchó indesmayablemente dentro y fuera de la cancha. Jefferson, es el hermano de la vida que nunca perdió la fe. El deseo infinito, es que ambos puedan volver a celebrar juntos, -una vez más- escuchando en el viento la voz de Daniel Peredo y la emoción de su voz conmovedora, que hoy se ha vuelto un canto celestial, cada vez que la explosión de un gol, nos confunde a todos los peruanos, en un solo abrazo bicolor. UN ABRAZO DE GOL.

 

SALAH MADRID

Otra final de Champions. Otra vez el Real Madrid y esa hegemonía para trasladar al verde su sapiencia, su jerarquía obtenida por sus horas de juego. Mientras el Liverpool, es como ese barco viejo que lo renuevan cada cierto tiempo, le dan una mano de pintura, reparan sus velas y lo vuelven a echar al mar. El Madrid en cambio, es como un rompehielos que navega imponente, destrozando los icebergs que se le cruzan en el camino.
 
Jürgen Klopp estuvo acostumbrado a pelear toda su vida. Siempre barbado, mirando firme y con el cabello alborotado, un fiel seguidor del Heavy Metal, que ha sumado a su carácter, ese temperamento que fue el eufemismo para asolapar sus limitaciones en sus épocas de jugador. Hoy como entrenador es un motivador por excelencia, logra trasladar a sus jugadores, ese genio rebelde que libera para ayudarlos a repotenciar sus cualidades transformando una capacidad limitada en una destreza vigorizada
 
Zidane sigue el legado de lo que fue su época de extraordinario jugador. Un exquisito futbolista que jugaba con frac y que desde el banco ha logrado que este Real Madrid sea un equipo con oficio, con un alto grado de eficacia y con ese necesario instinto asesino que le permite agazaparse en el aparente sometimiento, para sacudirse con elegancia y una dosis de perversidad, para rematar los partidos donde se ha sentido sofocado.
 
Un primer tiempo arrollador del Liverpool, controlando el juego con un pressing asfixiante y movimientos prolijos para sectorizar el campo. Un 4-3-3 de rotaciones justas y su martilleo constante del tridente mortal de Salah, Firmino y Mane –de gran actuación-mantenían la preocupación en el fondo merengue que sufría estragos en la salida. Un Madrid que no podía dar tres pases seguidos era muestra de que Kloop hacía eficaz un planteamiento donde prevalecía la presión alta, la dinámica y la paciencia para rotar el balón. Liverpool tenía posesión y mucha profundidad, dominaba el juego. El Madrid, solo tenía –otra vez- a Navas y a un siempre peligroso Benzemá.
 
Pero este Madrid es una bestia gigante que adormita profundamente. Si logras entrar a sus dominios, a pies juntillas, debes liquidarlo en su peor momento de confusión, herirlo de muerte al menos. Porque si despierta y te pilla que has osado acercarte demasiado, sin haberle hecho ningún rasguño, lo más probable es que mirándote directo a los ojos y sin el más mínimo complejo de culpa, te destrozará el alma de un solo zarpazo.
 
El punto de quiebre del partido tuvo dos momentos distintos pero decisivos. El primero fue ese instante fatídico para el Liverpool, cuando mejor estaba posicionado y tenía sobre las cuerdas al Madrid. Salah hace la diagonal buscando sacar del fondo a Ramos, la maña del español predomina ante la pasividad del egipcio. En una llave típica de lucha libre, Ramos lo engancha y se lo lleva al piso, donde el hombro de Mohamed grita el nombre de Alá y siente el crujido. El español -con antecedentes similares- solo veía complaciente como el mejor valor del Liverpool -que pintaba para levantar la orejona- debe irse de la cancha a la media hora de juego, con el llanto y desilusión dibujado en el rostro.
 
El segundo momento fue algo insólito para estas instancias de exigencia y competencia futbolística. Error amateur de pichangas de barrio del portero del Liverpool. Quiso apurar el juego con las manos sin detectar que Benzemá, sacando su pasado palomilla, esperaba el error grosero que normalmente no sucede, pero que le permitió la apertura del marcador en un momento crucial. Los arqueros son la piedra angular de los equipos, que están para evitar los goles contrarios y salvar muchas veces a su equipo de una derrota. Esta vez al portero del Liverpool, este absurdo error le salió demasiado Karius.
 
Cuando una pareja termina su relación, ambos sufren el dolor de la ausencia, pero siempre uno de los dos termina perdiendo más que el otro. Salah es para el Liverpool, el soporte de habilidad y explosión que desacomoda centrales y ha logrado formar un tridente letal con Firmino y Mané. Carvajal es para el Madrid, la salida prolija y el sostén de la banda derecha que cuida las espaldas de Modric. Si el Liverpol tiene buenos jugadores y un buen funcionamiento colectivo, el Madrid, tiene un gran plantel y una banca de lujo. Mientras uno tiene como sostener el funcionamiento, el otro depende de los once que saltan a la cancha. Con las lesiones de Salah y Carvajal, el Liverpool terminó perdiendo más de la cuenta. No eres tu soy yo.
 
Con el control del partido, el Madrid, se halla en su hábitat. Logra desplegar su juego de contundencia y predomina la jerarquía de sus hombres. Zidane hace gala de su buena óptica. Ante la nube gris que acompañaba a CR7, tira a la cancha a Bale. Un jugador que pareciera jugar por puro hobbie y que le importan dos centavos estar en el verde o en el banco. Esta vez estaba pintado su nombre de héroe. En la prueba más grande que no existe exclusividad de una jugada, ensaya una tijera fabulosa, una acrobática acción para la historia. Le puso nombre y apellido al triunfo. Más tarde desde 30 metros le quiebra las manos a Karius, en otro error grosero del portero que difícilmente va superar este trance en un corto tiempo. Punto final
 
Tantas veces se ha dicho que la modernidad en el futbol camina de la mano del Management para conseguir la acción conjunta de la eficacia, en busca de buenos resultados. Una final de Champions, es una instancia superlativa, que se planifica no solo para ganar un partido, sino para alcanzar la gloria. Pero olvidamos que el futbol siempre será un deporte ejecutado por humanos, tan proclives al error y el acierto. Tan vulnerables a cometer una acción desafortunada, que puede echar abajo todo lo planificado, todo lo que se pudo lograr como equipo, pero que se pierde por un error individual.
 
Madrid otra vez, 13 orejonas en su haber. El éxtasis nuevamente lo acompaña como tantas veces. Esta vez Gareth Bale fue el protagonista, antes que un gris CR7 que al final hizo el berrinche del niño mimado, anunciando que nadie quiso jugar con su pelota. Lo conmovedor fueron los rostros compungidos de los vencidos. No había forma de consolar el infortunio. Podrán criticarse las formas, pero el Madrid tiene todas las ventajas, incluso las que le brindan las adversidades ajenas. Hoy se quedó en Kiev la interrogante que pudo existir un trámite distinto, pero el futbol no distingue de posibilidades aventureras y solo acepta realidades. Solo queda saludar al vigente campeón: SALAH MADRID.
 
 

Una gran WADA

Camilo acomoda su indumentaria deportiva que lo acompaña en estos días de efervescencia mundialista. Ata sus gastadas zapatillas, se amolda el short a su cuerpo delgado y acerca la camiseta de la selección a su rostro. La suspira hondamente, sintiendo ese olor a limpio que su madre Carmen le ha infundido. La extiende sobre su cama, pasa su mano por la banda roja y observa con ternura el dorsal, dejando que sus dedos jugueteen por el número 9 y por cada letra del nombre grabado de GUERRERO. A sus casi 7 años siente que el fútbol, es su pasión y que su mayor sueño es llegar a ser como el goleador. Vivir enamorado de la red y gozar de esa sensación extraña que le causa ver explotar la tribuna.
 
José tiene 6 años y está en el Aeropuerto recibiendo a su ídolo. No entiende mucho lo que escucha y dicen por la TV o lo que manifiesta la gente que arremolinada en el Jorge Chávez, hace canticos alusivos a la inocencia de Paolo, a la injusticia y al respaldo que le ofrecen. Apeado en los hombros de su padre, intenta distinguir la figura del héroe a lo lejos, sintiendo para sus adentros, que el máximo placer que se le antoja, es solo poder verlo y tocarlo. Ello lo llenaría de mucha más alegría, que todos los pedidos que grita la gente.
 
Mario celebró su cumpleaños 8 con una torta del mundial. Le cuesta entender, como el sueño de ir al mundial de Paolo Guerrero, se pudo tropezar con el infortunio. Una negligencia involuntaria, pero negligencia al fin y al cabo, que sacudió las entrañas y la frustración de un país entero, que lo ha sentido como una patada artera en la boca del estómago. Aún es muy chico para comprender cuan severos pueden resultar los reglamentos antidopaje de la FIFA, en su afán de evitar que en el fútbol se actúe de forma fraudulenta y se intente sacar ventaja competitiva.
 
La Agencia Mundial Antidopaje (WADA), es el organismo que en su impositivo objetivo de control, aleja el principio de la presunción de inocencia, para hacer primar el de culpabilidad. Su actuar draconiano resulta lesivo contra los derechos fundamentales de los deportistas, que ante todo son seres humanos y no merecen ser tratados como escorias, por el simple hecho de asumir una inconducta. Muy por el contrario, en esa situación, requieren coexistir en su entorno. Con el caso de Paolo -lastimosamente será el chivo expiatorio- se refuerza la reivindicación mundial, para que se evalúen las formas de valoración del acto doloso, así como la proporcionalidad de las sanciones.
 
Paolo Guerrero, hoy no es solo el mayor referente futbolístico para los peruanos. El fajarse con los respetables apellidos, Godin, Otamendi o Funes Mori y anotar goles colosales en la gesta mundialista, le dieron el prestigio de goleador beatificado. Ante su inminente ausencia del mundial, tiene paralizado a un país entero, en un rezo magnánimo y al mundo del fútbol compungido y solidarizado. Paolo ya es un tótem. Un emblema de la bandera que los peruanos sienten arrebatada. Es el héroe, el capitán que pierde su selección, como sostén de personalidad, para fortalecer su temperamento. Algo que costó conseguir un país entero y por lo que se luchó demasiado. Tantas veces dijimos, que sería de Perú el día que ya no tengamos a Paolo. Será un antes y un después. Pero jamás, imaginamos que tendría que ser de esta forma, tan fatídica, pero sobre todo tan injusta. Porque si alguien tenía un lugar asegurado en el sitio de los héroes peruanos en el mundial, ese era Paolo Guerrero.
 
Pero el hincha peruano, llevado por el apasionamiento, alborota sus banderas y en su deseo infinito de ver a Paolo en el mundial, cae en un estado de negación. No acepta que es justa y necesaria una autocrítica. Empezando por el mismo Paolo y su entorno familiar. La presencia mediática de su Madre, que desde todo punto de vista es abnegación pura y sentida, pero muchas de sus idas y venidas, como la toma de decisiones, para decir o hacer algo trascendente, han partido del seno maternal.
 
Debe aceptarse que las reglas por muy extremistas o lesivas, son las que están vigentes y rigen los procesos antidopaje, teniendo claro que las instituciones prevalecen por sobre las personas. No dejando de lado hacer un mea culpa, por el mal manejo como se llevó el proceso de defensa, dejando abiertas distintas posibles formas de contaminación, que incluyeron el bendito té y la sombría tetera, el escurridizo mozo, la inexpugnable zona FPF del venerable Hotel, que jamás iba a desprestigiar su renombre internacional, para inmiscuirse en una defensa a ultranza del jugador.
 
La búsqueda desesperada de ruptura de la realidad, ha llevado a Paolo por la reconciliación con la FPF y a su propia solicitud, una visita a la FIFA, para trasladar el clamor de un pueblo y el pedido de clemencia mundial a través de FITPRO. Infantino solo ha accedido a un acto de cortesía, zanjando el tema y derivándolo al TAS y al Tribunal Suizo, que es adonde pertenece jurisdiccionalmente y donde deberá decidirse, si resulta procedente quemar el último cartucho.
 
Camilo, José y Mario no se conocen y quizás nunca lo hagan. Ellos viven un sueño distinto en forma de balón, ligado a esta fiebre mundialista. A sus edades solo respiran el fútbol en su esencia pura, en su contexto primigenio de satisfacción. Acaso y no sepan ni les importe cómo funciona el TAS y menos lo que presume la FIFA. Ellos como todos lamentamos la ausencia injusta de Paolo Guerrero, pero es hora de pasar la página y poner la atención en los otros 23 héroes que se preparan para ir a Rusia. Es hora de recomponer el optimismo y potenciar la mentalidad. A partir de ello, los rezagos que queden de los temas reglamentarios y procesales, resultarán siendo una gran WADA.
 

 
 

TU AMOR ME HACE BIEN

Tu amor me hace bien, pero necesito saber cómo reaccionaré, cuando te sienta ausente, cuando los momentos felices sean escasos y mis sentimientos se pongan a prueba. Tu amor me hace bien, pero necesito experimentar y aprender de los errores. Solo así sabré cuán grande es lo que siento y cuanto debo mejorar para recompensar ese amor, que me hace tanto bien.
 
Otro triunfo y otra demostración que se va por el camino correcto. Otra oportunidad para revalidar la pasión del peruano que vive un estado de gracia y sumido en la embriaguez mundialista. Ese hincha que hoy embandera su pecho con orgullo y camina por la calle con su camiseta bicolor o se vuelca en muchedumbre al estadio en cualquier parte del mundo. Ese hincha que se ve reflejado en su selección, que solo le regala ocasiones para tener una sonrisa imperecedera. Ese hincha que hoy saborea su presente y mira con optimismo el futuro mundialista, sintiendo confianza y credibilidad en ese grupo que representa a su patria.
 
Islandia fue el rival aparente para mostrar cuan fuertes estamos de la cabeza –literalmente- por ese encadenado trance que pasamos cada vez que un equipo de juego frontal, con jugadores de físico superior, cimienta su juego en meter bombazos al área, donde siempre hemos pasado zozobra y mas expuestos a errores nos mostramos. Además resulta exigente al ser extremadamente ordenado defensivamente en el repliegue, formando una cortina de hierro infranqueable, obligando a la inventiva para penetrar el muro, con paciencia y movimientos adecuados, llevando el balón a zonas específicas de la cancha, buscando la oportunidad de profundizar y generar riesgo. Es cuando se debe ensayar en pleno partido, la rotación de puestos, los cambios de ritmo y variantes para equilibrar las acciones, acomodando el juego a nuestro antojo y conveniencia.
 
Rendimientos para resaltar: Tapia más sólido que nunca y Flores de buen “partner”. Cueva con mejor panorama por el medio. Carrillo sobresaliente en ese atrevido perfil que se necesita para romper esquemas y un Jefferson Agustin Farfán, en toda la expresión de CRACK, solidario, eficiente y eficaz, con un despliegue encomiable en bien del colectivo. En la dificultad encajamos un gol en pelota parada y aún falta ser más prolija la determinación para vincularse con el balón, buscando el control del juego. Un PT áspero y equilibrado, se corrigió en el segundo sin ejercer presión alta. A un equipo rustico, sin buen manejo del balón en salida, es mejor darle espacios que venga y triangular para salir desde el fondo sin rifarla.
 
Han quedado reflexiones y también algunas dudas, quizás solo de nombres, pues el funcionamiento que requiere el equipo para que se potencien, hace sinergia con la idea de Gareca, que en líneas generales, apuesta por un ESTILO DE JUEGO, no tenemos porque ser rústicos ni mecánicos, nuestra esencia es ese toque fino, la triangulación, la filigrana, a ello debe adicionarse la potencia, el musculo, la velocidad y precisión, requisitos ineludibles del futbol de estos tiempos.
 
Los partidos de ensayo son valiosos, cuando más allá del resultado se justiprecia la forma como se ha conseguido. Gareca viene apostando por lograr un modo de juego, una identidad que predica ejercerla de acuerdo al rival con quien se enfrenta y que prime el juego colectivo por encima de la individualidad. Este partido fue especial por la similitud del rival con Dinamarca y Australia, que permitió hacer ese juego en bloque vertical y al ras el piso, buscando la profundidad para desarmar un esquema defensivo a ultranza. En ambos partidos se hizo notorio ser uno mismo e imponerse al rival en base a una capacidad propia, no negociable.
 
Hay un balance positivo y existe una sintonía agradable en este amor de música ligera que genera en el hincha, pero requiere hacerse fuerte desde el aprendizaje de los errores, no hay que cegarse por un presente auspicioso, hay que ser permeable para aceptar que en la dimensión como se piensa afrontar el futuro en Rusia, debe existir mucho de raciocinio y sentido común, el ensayo es el mejor método para discernir las dificultades y superarlas, no solo con el marcador a favor, sino con un rendimiento que sea soporte de la confianza. Aunque falte aún parte del tramo experimental, de cara a la justa mundialista, se ha consolidado el amor filial entre el hincha y su selección, se ha esperado tantos años, pero hay que ir con calma, seguir experimentando de los errores y las falencias para fortalecer las virtudes y este amor por la blanquiroja siga creciendo y haciéndonos tanto bien.