Champion Chip

El conmovedor y estupendo triunfo del “Atleti” ante el Chelsea tuvo su valor, por tener al frente a Mourinho, el mayor exponente del futbol defensivo e inexpugnable. Aquel día el colchonero hizo gala de una rebelión provocadora y expuso agresividad, táctica, inteligencia para doblegar al rival, pero sobre todo, jugo bien al futbol. Se hizo una versión mejorada de sí mismo. El título de la liga, fue la consecuencia de su buen momento. Un equipo que no necesitó poner un camión en su arco, presionando arriba, corriendo lo que necesitaba y jugando lo que podía. Demasiado compromiso y mucho vigor para pelear y ser un justo campeón. Hubo desprendido derroche de energías, demasiada celebración, pero un natural desgaste que más temprano que tarde te extiende la cuenta. 
 
El Real Madrid en la previa fue el enunciado del futbol moderno en su máxima expresión, agazapado con inteligencia, jugando a la velocidad del ultra sonido y con la precisión escrupulosa de un bisturí. El cuarteto de porta aviones con Bale, Di María, Cristiano y Benzema, no corrió, voló y muy alto. Ancelotti la tuvo siempre clara, si todos trabajan para el equipo y luego aparece la calidad individual, se da el partido perfecto. La paliza a la aplanadora del Bayern Munich lo confirmó y de qué manera. 
 
Con estos antecedentes, la final de Champions era el partido más esperado y el mundo en forma de balón se hizo uno solo. Una final madrileña, en un lugar lejano de casa y que paralizó los corazones de millones de hinchas. Se habló mucho que en Lisboa, CR7 sería el mimado y que el duelo entre “colchoneros” y “merengues” se definiría en las propias áreas. Pero el futbol de hoy, no solo da respuestas devenidas de la estadística o los fríos números resultadistas. Jugar para cuidar el cero no garantiza nada, un error individual y chau sistema, el replanteo no da espacio para márgenes de error continuo y aquí tiene que ver mucho un factor que se ha hecho ineludible en el futbol de hoy, que es el estado físico. Hoy, más que futbolistas, se requieren verdaderos atletas. 
 
Y fue una final con emociones, con nervios, garra, fútbol y drama, como deben ser todas las finales. Se esperaba que el RM sea el que proponga y el AM el que espere y responda. Pero fue el “Atleti” el que se expuso, Diego Costa se fue rápido, confirmando que su presencia obedecía a una urgencia que se zurró en el parte médico. Un primer tiempo donde el Colchonero se empotraba y presionaba en mitad de cancha complicando la posesión del Merengue. Había que frenar el vendaval blanco y los fines justificaban los medios. Andanada de faltas incesantes que pinto de amarillo a los albirrojos. Hasta que Casillas fue el mejor delantero del AM, salida infantil y nuevamente Godin puso la testa para generar el delirio en la tribuna y consolidar un efecto multiplicador en la cancha. Presión asfixiante, desesperación del rival y defender lejos de su arco, usar el reloj como el viento, para azuzar las velas de este barco que navegaba en mares de intranquilidad, buscando arribar pronto. 
 
El trajín albirrojo y su conmovedora solidaridad lograba que el RM se vea un equipo abrumado, desesperado y predecible. De salir con la mentalidad de ganar de contraataque, se quedó sin espacios y el argumento del bombazo fácil a Di María, porque CR7 estaba en un cerco eléctrico y Bale no acertaba de cara al gol, fue una oda a la improvisación. Ancelotti tuvo que cambiar el chip. El plan ofensivo inicial, se cambió por una exasperada manera de insistir con los centros. Una y otra vez, caían los balones sin punto fijo. Uno insistiendo y el otro aguantando. El tiempo, enemigo cruel para el que va perdiendo, le estaba dando los santos oleos al Real y haciendo realidad, el milagro del “cholo” Simeone. Pero los partidos y sobre todo las finales, se juegan y se viven desde el primer minuto hasta el último. No al 90” ni al 92”, solo hasta el último. Se llegó a ese epílogo milagroso, donde los mil centros del RM se hicieron plegarias y uno se convirtió en bendición. Sergio Ramos –otra vez- para poner su cabeza triunfadora y traer a la vida a este Real Madrid que volvió a respirar, después de haber estado en estado de coma. 
 
El primer suplementario sin novedad al frente. El Real bombardeando y el “Atleti” soportando con valentía, aparecieron los calambres, los cambios obligados que al final se pueden ver equivocadamente como errores del “cholo”, pero las epopeyas de clasificación y el título de liga, empezaron a pasar la factura. El AM había aguantado más de la cuenta, incluso a costa de verse mermado físicamente, hasta el punto de sentirse anémico de vigor, de fuerzas. Es en este trance, donde las piernas no obedecen al cerebro. El cuerpo se hace un guiñapo y solo queda sacar fuerzas de donde no existen y el amor propio, solo permite que se juegue esperando que el tiempo sea generoso.  
 
En el segundo suplementario cambio todo y aquí se consolida un concepto que algunos les cuesta aceptar en el futbol de hoy. Cuando los sistemas del rival son exageradamente defensivos y se hace imposible romper los cercos, o el rival por urgencias o necedad se mete en su arco, la única manera positiva es apelar a la individualidad. Aquí se tiene que poner en la mesa los costos de las plantillas y su verdadero valor en la cancha. Y aquí apareció el ángel salvador. Di María, en una corrida memorable, amontonó rivales, hizo un rush impresionante, se internó al área y definió bien, mejor fue la respuesta de Courtois, pero la dejo libre y Bale en su único acierto, puso en la red el gol de los 100 millones de dólares y allí se acabó todo. La reacción natural del AM solo dejo los espacios necesarios para que los portaviones merengues, concluyan el bombardeo, con detonaciones dirigidas a extinguir las ultimas fuerzas del enemigo. Los goles de Marcelo y el penal de CR7 solo fueron el epílogo, para una final de Champions llena de emociones. 
 
La diferencia en el marcador no es tan “Real” no hay mucho para argumentar un triunfo tan sorpresivo. El sistema inicial del RM tuvo un punto de quiebre desde sus carencias del juego y la imperiosa necesidad de justificar los 700 millones invertidos. Aquella premisa de que los equipos grandes y poderosos son favoritos colisiona con la realidad de encontrarse con equipos de menos presupuesto, pero altamente combativos y vigorosos como este “Atleti” que solo pudo ser vencido cuando las fuerzas físicas se hicieron intenciones y desfalleció en las instancias finales, que es donde realmente se definen los campeonatos. Pero hay un aplauso de pie para el “cholo Simeone y este grupo que lo llenó de orgullo por todo lo que vale y por todo lo que le regaló en esta temporada. 
 
El futbol se ha modernizado tanto que se va haciendo hora de cambiar el chip. Hoy el estado atlético resulta siendo primordial para que los sistemas tácticos tengan éxito. La unión material de lo físico con el talento, es una obligación. Finalmente el respeto por un estilo, solo sea una cuestión de gustos y ser pragmáticos antes que encantadores, quizás sea la tendencia moderna para romper paradigmas. Hoy, el Real Madrid reivindicó el concepto que los sistemas defensivos más inexpugnables, se pueden romper con una individualidad, a cargo de los verdaderos cracks y su jerarquía. Hoy, el AM nos mostró que el corazón, es un músculo sano, que ayuda al ánimo en el futbol, pero a veces y solo a veces, con solo eso no alcanza, mucho menos para una final de Champions.
 
  

La verdadera pasión

Diego tiene 10 años y hoy va con su familia al Estadio Nacional. El chico desde que tiene uso de razón, ha escuchado en su casa hablar de un solo equipo: El Muni, del cual él no tuvo mayor referencia, pero que empezó a querer, casi como una forma condescendiente con su familia. Siempre escuchaba a su abuelo Alejandro, el patriarca de la familia, contar cuando solía ir a ver al “Cholo” Sotil  con la abuela Sara, cuando eran enamorados, aprendiendo juntos a profesarle una devota admiración, que se hizo parte de sus vidas, en una foto que se hicieron con el “Cholo”, después de muchos años y que el niño siempre miraba con curiosidad en el velador de noche.
 
A Diego, nunca nadie lo obligó a ser hincha y mucho menos a profesar una pasión desmedida, siempre escuchaba como sus amigos del barrio y el colegio defendían a capa y espada su hinchaje por la U, Alianza o Cristal, pero se sometía a la burla chacotera cuando le preguntaban de quien era hincha y él muy orgulloso, decía “soy del Echa Muni”, aceptando de buena gana las carcajadas de sus compañeritos, que no comprendían porqué era hincha de un equipo por demás desconocido.
 
Diego aprendió a sentir apego por la franja viendo sufrir y gozar en la cancha a su abuelo y su padre. No entendía porque a veces, sollozando, buscaban sus bracitos para compartir un estrujón interminable, consolando sus lágrimas de tristezas y otras de alegría. Creció asistiendo a estadios que no eran los mismos que iban sus amigos, pero fue haciendo fuerte el apego con su abuelo, quien le contaba sus historias de fútbol. Por eso esta vez en que se celebraba la “Noche de la pasión Edil” el ambiente era propicio, para volver a sentir esa camaradería de la gente vestida de edil. La sonrisa cómplice de alguien que no conoce y los gritos de aliento de una indesmayable “banda del basurero” que siempre le llamó la atención y hoy se emocionaba cuando entonaba el silbido característico que compartía con su abuelo.
 
Bryan fue siempre un fanático del fútbol, un hincha desmedido de la U. Su primera camiseta la tuvo el día que nació, se la regaló su tío Ramiro, otro flemático apasionado crema, que en su juventud fue un futbolista frustrado. Bryan creció en un entorno violento, lleno de carencias y solo pudo cursar el tercer año de secundaria. Su vida fue tranquila, pero estuvo vinculada entre los amigos del barrio que crecían con él, alimentando odios ajenos para los que hinchaban por los rivales. Fue muy temprano que empezó a frecuentar, las barras bravas, los grupos que desataban la violencia cada vez que asistían al estadio. El nunca atacó a nadie, pero era un observador pasivo.
 
Los padres de Bryan, perdieron el control y su adolescencia fue encaminada por los malos amigos. En su barrio de SJL los grupos de barristas eran su hábitat, fue forjando una pasiva posición ante la violencia y el vandalismo. De día era un chico que trabajaba repartiendo papel higiénico, pero en las noches, buscaba asociación para ser cómplice de un bandolerismo y agresión mutua, que en ocasiones le costaron más de un susto. Su madre le pidió muchas veces que se apartara de esos grupos, pero su pasión desmedida o su falta de carácter para decidir lo mejor, le impidió entender que una madre siempre tiene la razón.
 
Diego salió del estadio feliz. Su familia sonreía y comentaba que había pasado una noche especial. El fútbol y su amor por el Muni, los había vuelto a unir, su abuelo y sus padres se habían reencontrado con viejos amigos hinchas, que lo hicieron enternecer, cuando vio abrazos sinceros y una confianza inigualable.
 
-Abue y tú crees que este año subiremos a primera?- Preguntó el chico con una interrogante marcada en la frente.
 
-No sé hijo, eso solo lo sabe Dios y los jugadores, pero lo que es cierto, es que nuestra pasión siempre es de primera- Respondió el veterano hincha con una sonrisa que iluminó el rostro de su nieto.
 
Bryan no regresará a casa. En un enfrentamiento confuso, por la disputa de unas entradas, un supuesto barrabrava que enarbolaba la misma bandera del mismo club, le descerrajó un balazo, sin ningún miramiento y le quitó la vida. Recién había cumplido los 19 años, era un joven como tantos, que se dejan llevar por desadaptados que utilizan el fútbol para dejar salir sus frustraciones y hacer de la violencia un medio de lenguaje. Bryan ya no tendrá el aliento que su club requería y tampoco llegará a su casa para recibir las súplicas de su madre María. Hoy es otra víctima más de esta realidad que nos aterra, pero que no podemos darle la espalda.
 
Son realidades opuestas es verdad, pero no se trata de cual es mejor ni cual es peor, tampoco de ser caviar o pragmático. Se trata de la vida en toda la extensión del derecho que tiene toda persona y que hoy nuestro jóvenes, muestran un total desapego e irrespeto. Puede que el análisis se haga por lo sucedido en la calle, pero quien sabe y la verdadera violencia es la que se esté creando en este segundo, en cada uno de esos hogares disfuncionales que cría un chico desorientado que no encuentra mejor compañía que lo que tiene a la mano. Lastimosamente para unos, el fútbol solo resulta un pretexto y para otros un medio para involucrarse y vencer sus temores y sus escondidos complejos.
 
Las recetas hoy son de todos los matices, desde las más sesudas hasta los más radicales. Lamentablemente se siguen creando malos precedentes y no se trata del color de una camiseta, de una banderola o un escudo, tampoco de un fanatismo desmedido. Hay que ponernos la mano en el pecho y preguntarnos cuanto nos distrae la apología disimulada, que nosotros mismos aceptamos, haciendo que barrabravas se hagan “ídolos” de la TV, cuanta exposición mediática hay con las previas y antes que el fútbol, se priorice el morbo y los bandidos que cuentan chistes de alto calibre. Cuan racional resulta afirmar que “El hincha de mi equipo nace, no se hace” y lo vestimos con su primera camiseta, sin que entienda lo que sucede. Cuanto de pasión afiebrada inyectamos en nuestros hijos, cuando no somos tolerantes ante una derrota y no aceptamos que el fútbol es un juego. De pronto, exista un trasfondo social detrás, pero también hay una asolapada complicidad nuestra por delante.
 
Nuestro fútbol se hace más pobre cada día, cada vez menos familias asisten a disfrutar un partido de fútbol, sin que tengan que estar pendientes de la puerta de salida, para que el pitazo final los encuentre lejos del caos. Los padres no queremos asumir el riesgo de que unos delincuentes disfrazados de barristas, que caminan sueltos por las calles, lastimen a nuestra familia. Ayer se hizo una advertencia a la defensa de la vida por encima de cualquier fanatismo, cuando sentenciaron a los asesinos de Walter Oyarce, pero hoy el fútbol nuevamente se ha teñido de sangre y mañana se buscará la justicia que no devuelve la vida. Ayer fue uno de Alianza, hoy de la U y mañana puede ser cualquiera, incluso de nuestro propio entorno. La condena es contra la violencia, pero acaso y el más condenado injustamente, resulte siendo el propio fútbol.
 
 

Gracias por existir

Partidazo. Para recordarlo siempre. Cada Derby es una alegoría al fútbol, puede ganar cualquiera de los dos, una vez Barcelona otra Real Madrid, incluso hasta en la igualdad son los partidos que paralizan el planeta y para los amantes del buen fútbol, resulta siendo un bálsamo para terminar la semana contento del espíritu. Y es que solo cuando se apuesta por jugar sin mezquindad resultadista, el fútbol se transforma en un concierto de goles y pasiones.
Queda demostrado que los números y las estadísticas o los buenos momentos que pasan los equipos y hasta los jugadores, se puede esfumar en 90 minutos. Las estadísticas son meros datos referenciales, porque cada partido es una nueva hoja de este libro llamado fútbol. El Real venía avasallador, contundente, con un CR7 hecho un animal, un definidor imparable, un Benzemá efectivo y un Bale destructor con una bazuca en su botín, llegaba mejor que este Barza del “Tata” que no cuaja del todo, porque es como ese amor que se fue y que se compara con la que está de turno. Juega a lo que puede hacer Messi, con una dependencia marcada, a falta de la regularidad de Xavi o de Iniesta, para encontrar su mejor juego o sus futuros reemplazantes. Este Barza cuestionado que a los tumbos levantaba cabeza y debía definir su futuro inmediato en este Bernabeu que gozaba el clímax de una segura victoria.
 
La voluntad de ir por el triunfo le puso la sangre caliente a los dos, ninguno aflojó, ninguno fue mezquino, para proponer juego. Y se vino una secuencia de goles ante la desnudez de las defensas. Pudo ser distinto el marcador, el Madrid después de recibir el primer golpe, arrinconó al Barcelona. Las subidas de Di María eran una daga filuda y el olfato de Benzemá, más la potencia de CR7 se acercaban a la red, pero son estos partidos donde se ve la real capacidad de las individualidades y su trascendencia en el juego. Ronaldo le podrá ganar un balón de oro a Leo, cuando el argentino baje la guardia, pero no le puede quitar esas inmensas ganas de hacer del fútbol un deleite, apareciendo en los momentos claves para definir, jugar y hacer jugar a sus compañeros. Para meterse en la historia con otro record en una noche mágica, memorable, logrando tres goles en la casa del enemigo íntimo, sobrepasando los números y siendo la figura excluyente de este clásico que puso nuevamente al mundo de pie.
 
Y también dan ganas de hacer una campaña mundial, una oración eterna, para que Iniesta nunca abandone el fútbol, que ese toque de lujo y esa capacidad de ser un titiritero refinado no se acabe nunca. Ganas de proponer que todos los partidos que tengan esta categoría sean premiados con 10 puntos adicionales a repartir equitativamente. Ganas de que todos los DT que pierden, sean como Ancelotti que no busca pretextos ególatras y solo habla de los errores futbolísticos que ocasionaron el resultado. Deseos y sueños utópicos que se hacen enemigos de la realidad. Y es que el fútbol fue inventado para jugarlo, para disfrutarlo y disputarlo en buena ley. El resultado será siempre una consecuencia, de ideas y planteamientos previos, pero por encima de todo, de una propuesta de juego.
 
No hay reproches para el vencido. Fue partidazo porque la secuencia de los goles y jugadas emotivas fueron mayores que las acciones polémicas Y uno se engancha cuando siente que ninguno merece perder, que cualquiera que gane resulta indiferente, que cualquiera sea el resultado, hay un aplauso que nace del alma, para agradecerle a los dos por tremendo espectáculo. Goles, penales y jugadas de alto nivel, emoción en cada arco, hacen que el tema técnico táctico, quede para el análisis posterior, para cuando ya todos estemos más reposados, para cuando nos queden ganas de hablar de lo estadístico, numérico y estratégico, por ahora solo es tiempo de disfrute.
FUTBOL, gracias por existir.
 
 

2013: Año del futbol adolescente

Se va terminando este 2013 y por enésima vez se va desarmando el escenario principal, se desmonta el tabladillo donde el hincha peruano descansaba esa eterna ilusión que se enciende cada vez que empiezan las eliminatorias (Esta vez llamadas “clasificatorias”, como para que duela menos el sentirse postergados) y se van desajustando las bases que dejan caer las estructuras que dejan ver el fondo oscuro, sin vida de un mural llamado esperanza que luce ensuciado, chasqueado, como tantas veces, como casi siempre. Un teatro del fútbol vació, que solo deja escuchar el silbido del viento. Una obra inconclusa, pendiente de terminar.
 
Otro mundial que nos dejó la única opción de sentarnos frente a la TV. Otra oportunidad que el hincha quedó con la confianza quebrada. Pero si se toma a la selección mayor como la insignia de la decepción y como el eslabón final de la cadena formativa que empieza en las divisiones menores, se afirmaría con total seguridad que nuestro fútbol está perdido y que todo camina mal, por ende no hay visos de mejora al corto plazo. Pero este 2013 fue atípico, pues si bien es cierto la era Markarían generó tanta desilusión como expectativa, dejó para el análisis lo sucedido con las categorías de menores, donde la Sub 15, Sub 17Sub 18 y Sub 20 pintaron alguna sonrisa o quizás una simple mueca feliz que hizo voltear la mirada.
 
Desde siempre las categorías de menores fueron un espejismo frente a la alta competencia. Mala preparación física, degeneración de la base formativa de los clubes y resultados siempre acorde con un nivel paupérrimo individual y colectivo que no dejaban opción para sentar bases de progresión. La obtención del título sudamericano de la Sub 15, a pesar de ser una categoría experimental, un banco de pruebas donde los adolescentes sudamericanos dan sus primeros pasos competitivos, no deja de ser un aliciente para mirar más abajo, desde lo emocionante que ha sido para todos los peruanos que necesitan creer en algo, alegrarse con algo trascedente. Nuevamente JJ Oré en la palestra, siendo el artífice que consigue un nuevo resultado positivo. Demostrando que sabe mucho de los chicos, pero que detrás existe un trabajo serio y apuesta en grande.
 
La Sub 20 de Daniel Ahmed  demostró una actitud distinta para jugar de igual a igual con cualquier rival, con una dinámica de juego que dejó hasta el final la posibilidad de clasificar, nos quedamos fuera por una circunstancia malévola, pero dejó en el camino revelaciones destacables en Yordy Reyna, Deza, Hinostroza, Tapia, Gómez, Guarderas, entre otros. La Sub 18 y los Bolivarianos pujando un segundo lugar entre 6 participantes. La Sub 17 de Teixeira y su audacia para clasificar al hexagonal final, aunque nuevamente aterrizamos en la misma realidad de siempre. Errores puntuales en defensa, que dejan claro que hay demasiado por trabajar en formación de base, pero que al final han sido actuaciones tibias que no terminaron de calentar del todo la seguridad del hincha, pero que no obstante, le brindó las palmas, en señal de confianza.
 
El mensaje está subrayado en negrita. Hay que mirar las canteras y valorar el fútbol adolescente, no podemos vernos en un mundial mientras solo se tengan 3 o 4 jugadores de nivel competitivo. La eliminación de Brasil 2014 echó por la borda toda la buena intención de Markarían, que impermeabilizó los nombres por encima de los hombres, dejando que la Copa América se convierta en una alucinación infame, no se volvió a jugar como equipo chico, se hizo intensa la idea de jugar siempre igual, nunca se logró una idea de juego colectiva y sostenible. Pudimos dar la sensación de ser por momentos un buen equipo, pero jamás logramos dar la talla como un verdadero plantel. El universo de jugadores seleccionables sigue siendo limitado. Por ello, lo hecho por las categorías de menores toma relevancia.
 
La formación de base es impostergable, es la hora de la inversión seria. El fortalecimiento de los CAR (Centros de Alto Rendimiento) que maneja la FPF, deberá acompañarse por una decisión radical para formalizar los clubes, cuyo requisito estricto para existir, sea la formación seria de divisiones menores. Los clubes necesitan verdaderos empresarios, que se dediquen a administrar, el que debe saber de fútbol es el comando técnico. Una organización requiere de líderes, que lleven el timón, la improvisación solo deviene en resultados manchados de color desastre. Emular los proyectos futbolísticos de Colombia, Ecuador o Chile en trabajo de menores a largo plazo, no nos debe sonrojar.
 
Este 2013 ya se va alejando. El hincha ya  abandonó el recinto deportivo. Solo ha quedado relegada una banderola gigante de la bicolor que se niega a ser envuelta y luce orgullosa. Ya no están las manos que la ondeaban con gritos de esperanza y tampoco las bocas que besaron su emblema. Todos han partido, dejando que el tiempo cure heridas y dejar que la ilusión se vuelva a recomponer. Hoy el mensaje nos ha llegado en una botella, hay que bajar la mirada, empezar a reconstruir la base, ponerle atención a nuestro fútbol adolescente, el que finalmente es y será la materia prima para conseguir objetivos serios en el futuro. Por el bien de nuestro fútbol es el mejor deseo para empezar el nuevo año.



Gloria en las alturas

Era un día especial en su vida. Ese día que no lo puedes obviar, está resaltado en el calendario porque significa tu presente y tu pasado. Es el día en que se recuerda la llegada a este mundo y que genera felicidad, aunque con el paso del tiempo se va convirtiendo en preocupación. Erick despertó abrumado por los besos de sus hijas que lo llenaron de mimos, para saludarlo por su cumple. Él y sus engreídas son hinchas cremas a muerte, por ello una vez recuperados de las emociones tempraneras, de súbito, se levantó y ante la mirada atónita de las nenas exclamó: “Ya va a ser la hora del partido”. Todos rieron y abrazados decidieron alentar las ganas para ir preparando la celebración, esta vez estaba unido a un TV y a una definición extra por el título en Huancayo.

En la cancha estaban la U y Garcilaso para dar inicio a una definición de este “Play Off” peleado y equilibrado, desde la ventaja de ser locales y la posibilidad de elegir este lugar neutral, que en la práctica favorecía a los celestes. La altura nuevamente como obstáculo, como desagradable escollo que había de superar en la instancia final. Pero si había una ventaja geográfica para los cusqueños, había una ventaja moral y hasta espiritual que acompañaba a los cremas. La U ha hecho leyenda el no perder campeonatos y definiciones, por ello su gente bañada en confianza, solo empacó las ganas de seguir siendo grande y que como compañía de lectura, bajo el brazo, llevó su libro de historia, la suya propia, como para alentar el ánimo y amenguar un poco el desagradable viaje.

La mesa estaba servida, un almuerzo familiar acompañaría la tensión frente a la TV. Allí estaba ella, Sandra, la compañera fiel, la que hoy comparte con Erick la tranquilidad, del apoyo moral y sentimental. Al lado estaba el Nono, con sus 80 abriles bien vividos, enfundado en su camiseta crema -con el modelo que usaba su amigo “Lolo”- con sus ojitos vivaces y sonriendo por cada mohín de sus nietas. Ellas inquietas, revoloteaban por la casa, nerviosas y algo intranquilas. Mas allá los sobrinos y los tíos llenaban la casa. Todos compartiendo el apasionado amor por la U y listos para alentar en la distancia, con esa fidelidad que unía la familia completa en fervor y sentimiento frente al TV.

Un partido, donde la altura es un jugador adicional y las estrategias circulan en como avasallar al rival de arranque, por un lado y como contrarrestar la falta de oxígeno y no perder la posesión del balón por el otro. En la tribuna se divisaban siluetas vestidas de crema que avivaban las ganas de echarse a correr por el verde y dejar la piel en cada jugada. La otra mitad pintada de celeste, apelaban a rezar para irse alegres a casa. Cerrar con un campeonato en tan poco tiempo, era culminar una estupenda campaña. Ambos rivales tenían algo en común. La confianza de sentirse en su hábitat por un lado y el peso de la historia por el otro.
 
La emoción fue subiendo de nivel y la tensión empezó a calar las fibras. La comida podía esperar, todos estaban pendientes de lo que sucedía en la cancha. Garcilaso se iba con todo y cada avance era una agitación al corazón. Le costaba llegar a la U, se le hacía difícil encontrar ese fútbol aplicado y el medidor de oxígeno empezaba a descender en sus pulmones. Hay centro del Guasta que peina Ruidiaz y se la encuentra Galliquio para empujarla debajo del arco. Gol que tranquilizaba la angustia, aunque en el festejo el autor del gol y el “chapu” quedaron cortados al chocar sus cabezas. La sangre se unía al sudor y Garcilaso estrella en el palo el gol del triunfo. Se suceden jugadas de peligro en arco merengue y la ansiedad va haciendo mella. Erick ha sido enviado al segundo piso, como cábala. El Nono sigue alentando con inusitado frenesí, hace arengas a “Lolo”, su referente y su amigo secreto desde antaño.

El partido se hacía de un solo lado, empujando Garcilaso y resistiendo la U con 9 hombres. Duró poco la algarabía, la “máquina celeste” encuentra el gol después de haber perdido varias oportunidades y empareja un marcador hasta ese momento injusto. Ataja Carvallo a medias y Bogado dibuja una mueca de preocupación en la trinchera que copaba la grada. Garcilaso fue más, pero heroico lo de la U que resistía. Se viene el vendaval y había que aguantar. Los 90 minutos se fueron y había un alargue que iba a ser interminable. Erick mira el partido solo, sus hijas se comen las uñas de nervios. Sandra maldice que el tiempo se pase y no haya un gol a favor. El Nono solo sonríe como queriendo darle confianza a los demás, sobre todo a su hijo, que empieza a sufrir en cada minuto que pasa, encerrado en las paredes de su habitación.

Se ha ido el tiempo de juego y hay que ir a penales. La pena máxima es una ruleta de la fortuna y normalmente es definición de los arqueros. En altura el balón pesa menos y hay que estar fino. El “Chino Ximenez” equivoca su disparo y las emociones se apagan y se vuelven a encender cuando el “pitu” Ramos nuevamente falla frente a Carvallo. Van pasando los ejecutantes, Erick ha olvidado el tiempo, su angustia destroza su paciencia y los minutos tienen en vilo su emoción. El instante final llega en el yerro de Retamoso y el acierto de Duarte. Erick ha bajado al primer piso y el festejo se hizo una algarabía total. Todos lo abrazan y se juntan con el Nono. Sus hijas han desatado el loquerío y desatan su furia contenida. Sandra mira complacida y disfruta este instante feliz, este instante supremo.

La U se ha hecho campeón en una final de infarto que duró hasta el último minuto. Sus jóvenes integrantes los disfrutan por todo lo que ha costado. Erick ha destapado la botella de vino argentino, tiene motivos importantes para celebrar. Este día de cumpleaños que lo ha sufrido con devoción extrema, este título conseguido por su crema de toda la vida, con una recargada dosis de sufrimiento y esta Navidad que ha pintado un retablo en Huancayo la incontrastable, ciudad donde hoy, la U ha logrado conseguir esta gloria en las alturas y ha brindado paz en la tierra, para todos los hombres de buena voluntad y que tienen el pecho de color merengue.


 

Tres boletos para Huancayo

Cuando uno ve el Monumental reventar de hinchas y los rostros de la gente vestida de crema, es un cúmulo de sonrisas y algarabía, se hace fácil creer en esa añeja afirmación de que la U es la mitad más uno y que es más grande que sus problemas. La fiesta se hizo temprano con la trinchera norte abarrotando la grada, gruñendo y cantando desaforadamente y todo el estadio enarbolando banderas de confianza, el sol en su máximo esplendor, pintaba el verde de un brillo especial, un marco exclusivo para que la redonda empiece a rodar.
 
Se veía venir un partido de un solo lado, Garcilaso apremiado atrás y la U encimando desde el camarín. Comizzo puso toda la carne en el asador, carne uruguaya esta vez, pero de un sabor a gol tan sabroso que deleita el paladar. El “Guasta” y el “chapu” desde el arranque, para hacer el mismo planteamiento como terminó en Espinar, pujando las salidas y punzando el juego esta vez por las bandas. El desequilibrio individual sopesado con un armazón defensivo en teoría, con Toñito y un Rainer Torres gigante, pero que tuvo despliegue de parte del “chapu” y Gonzales para apoyar la marca y no dejar ni siquiera pensar al rival que parecía maniatado en su cancha. La U apostó por la posesión y una cuota de fútbol, siendo agresivo y veloz por momentos.
 
El gol llegó temprano, bombazo del Guasta de casi 30 mts, que se le cuela al “pipa” que al minuto de juego ya le había sacado una pelota de gol. El alboroto de la grada y la alegría en el verde, dibujaban una tarde triunfal. El segundo llegó por una “pericotada” de Ruidiaz que roba un balón y habilita al “chapu”. El yorugua define a lo crack. Pudo venir el tercero en una grosería del “cuto” que se la devoró la “pulga” debajo del arco. Tranquilamente se pudo ir la U con un 3-0 al vestuario y reacondicionar las fuerzas con un planteamiento más conservador para el resto. Tranquilamente se pudo generar una goleada tempranera, pero Comizzo empezó a pensar en Huancayo y decidió bajar las revoluciones para sopesar el esfuerzo.
 
Hasta ahora cuesta entender como un jugador como Guadalupe, a los 37 años siga disputando finales, con el único argumento técnico de chocar, levantarse y reclamar. La explicación de los técnicos peruanos que sustentan que lo llevan a sus equipos “para manejar el grupo” resulta por demás insípido y carente de profesionalismo que lo único que hace es empobrecer más la imagen del fútbol peruano. En fin, a veces ver al “cuto” da ganas de llorar, pero normalmente es una invitación a la sonrisa socarrona. Quizás la culpa no sea de él, si no de los resultadistas que miden su capacidad por la cantidad de títulos que disputa y no por su habilidad de resolver en la cancha, lo que sabe hacer bien en el camarín.
 
Es difícil pedirle una opinión despercudida de pasión a un hincha crema, porque les resulta difícil sacarse la camiseta, pero ayer hubo una coincidencia, esta U de Comizzo, es atrevida, tiene dinámica, puede avasallar al rival cuando se decide, pero se puede comer la misma cantidad de goles que genera y que no convierte. Bastó que Garcilaso, más por orgullo que por convencimiento, empujara el juego a punta de bombazos -clásico juego de altura- para que el empate estuviera paseándose por el arco de Carvallo. El “pitu” Ramos fue el protagonista. Primero un balón que no pudo empujar y luego un penal que podía inclinar la balanza. La presión del estadio influyó, se llenó de ansias, le pegó con rabia y la mandó a un palco. Allí se acabó esta historia para la “máquina celeste” que esta vez, estuvo sin aceitar y encendió motor cuando era demasiado tarde. Pero no deja de preocupar lo de la U que se “deja estar”.
 
El epílogo no pudo ser mejor. Una jugada por la banda como había sido la constante, la pisa el Guasta, la mete como puñalada al área celeste, barullo de por medio y le queda linda, apetecible y a merced del chico Guarderas, que se hamaca plásticamente y le pega un zurdazo sensacional. GOLAZO, que hizo recordar al “loco” Vargas de sus inicios. El balón besó la red con alegría y el monumental se bañó de satisfacción y tranquilidad.
 
Se ganó con contundencia, sirve para este resultado, pero el desempate en Huancayo es otra historia. La ventaja de los 3,271 metros juega en el papel, esta vez para los celestes, que de altura sabe y mucho. Pero los partidos tienen que jugarse y esta U que se sabe superior a sus propios problemas, ya tiene mentalizado dejar más que sudor y sacrificio en las alturas. Para alcanzar la gloria no solo bastará la garra y un balón de oxígeno, en la maleta deberá llevar también una cuota de paciencia y otra de inteligencia. Huancayo espera una gran final, ya están comprados los boletos, el tren está a punto de partir. En la altura el balón es tan caprichoso como el propio destino, que a veces suele decidir más por sentimiento que por propia convicción.
 


No contaban con su astucia

Ellos no crecieron juntos y quizás nunca se conocieron, son de distinto país y lugar de nacimiento. Sebastian Mauricio Fernandez es uruguayo, dueño de una picardía para jugar, frisa los 24 años, andaba por México, cuando Universitario decidió contratarlo como refuerzo. Alfredo Sebastián Ramua, es argentino, acaricia los 27 abriles y ya conocía el Perú. En el 2010 pasó por el CNI de Iquitos de manera intrascendente. Este año el Garcilaso lo trajo para sumar. Ambos son de aquellos que tienen unas de cal y otras de arena, uno diestro y el otro zurdo, a veces si, a veces no, Ambos son suplentes en sus equipos y quizás la única coincidencia sea su curioso apelativo del “Chapu” o el mate y el Río de la Plata.

Partidazo el que se jugaron la U y Garcilaso. Un marcador de 5 goles, a 4,000 mts de altura, es para valorar el esfuerzo. Un primer tiempo predecible, con el equipo del “petróleo” García avasallador, con la consigna de asfixiar desde el inicio. En dos minutos ya tenía el viento a su favor. Comizzo debe haber entrenado toda la semana el balón parado, pero es difícil creer que ello te garantice una vacuna anti-error. En altura, el balón corre y rebota distinto. Entrenar en esa cancha antes, cosa irreal y tampoco te aseguraba el resultado. Hoy en día el aclimatarse ya dejó de ser una póliza de seguro, para llevarte los puntos.

El segundo le llegó a la U casi de la misma manera. Bombazo, buscando el error ajeno, para que el balón quede por ahí extraviado, picando, haciendo una plegaria. Ferreyra la encuentra fácil para meter el fierro y dejar que la leña en la chimenea deje de arder. Parecía que cualquier intento por reaccionar, sería fatal y terminaría en desgracia. Lo difícil se hacía imposible y lo espinoso era dañino. Tranquilamente la U se pudo ir con tres o cuatro en la canasta y nadie se sonrojaba. Se defendía mal, trastabillaba y todo se ponía cuesta arriba. “Oh y ahora, quien podrá salvarnos”.

Comizzo hizo una lectura agresiva y apostó por algo que podría haber sido un suicidio. Buscar variantes en ofensiva con las diagonales del Guasta y el Chapu, dejando la recuperación a un prodigioso Romero, que si en algo se diferencia con “Toñito”, es que juega más y pelea menos. Ganar la espalda de Herrera y el “cuto”, buscando ponerle una cuota de fútbol, para encender la leña. Primero el penal y luego una definición de Fernandez ponen la igualdad en el marcador. La U emparejó lo que parecía imposible y niveló el barco en zozobra de Comizzo. “Que no panda el cúnico”.

Pero el fútbol, es una cuestión de circunstancias de juego, provocadas para inducir al error del rival. Cuando no se puede romper un planteamiento de manera colectiva, debe aparecer la individualidad, el gesto técnico, la decisión personal de alguien que cree en sus virtudes técnicas. Primero fue el “chapu” Fernandez, generando la jugada que culminó en la igualdad y en el epílogo, el “Chapu” Ramúa, se envalentona, encara con su perfil zurdo, error crema de no tapar, acierto del argentino, que en un amague movió toda la defensa. El zapatazo acarició la red y rompió en mil pedazos la ilusión crema. “Síganme los buenos”.

La U no hizo un partido bueno, hizo lo correcto. Pero en estos primeros 90 minutos del Play Off, ha dejado como protagonistas, a dos jugadores de distinta nacionalidad, que saltaron desde el banco para hacerse presentes, cada uno en su momento, en su oportunidad. Uno se fue más feliz que el otro, aunque falte mucho por definir. Ambos no tienen mayor coincidencia, salvo compartir el mismo apodo. Nadie los hubiera tomado en cuenta, sobre todo en este partido. Fue una película, donde de actores secundarios, pasaron a ser principales y hasta uno de ellos, Ramúa, terminó siendo el gran héroe,  "El Chapulin Colorado". “No contaban con su astucia”.