Y fuimos héroes
Los mejores hinchas del mundo
Un equipo que a despecho de su historia futbolística, hoy sea el furgón de cola de este tren llamado Sudamérica. Este hincha peruano, debe ser lo mejor que tenemos, porque sino, no se entiende, como salta y grita un gol de empate, que ni siquiera fue nuestro. Pero igual desata su euforia y lacónicamente hace la pausa para el comentario, hasta que la realidad vuelve a inflar nuestras redes. Pero vuelve a levantarse en cada ataque peruano y se vuelve a sentar emocionado. Suelta su ironía con arengas y jodas, que en el fondo solo tratan de maquillar su impotencia y enfado, al no sentirse recompensado. Será porque este hincha se pone la camiseta, brinda lo suyo y se entrega a su bicolor sin pedir nada a cambio. Si maniobramos el dial del recuerdo, nunca Venezuela había sido mas y tampoco, nos había humillado tanto. Es verdad que en el fútbol las distancias se han acortado, pero también es verdad que algunos –como nosotros- han retrocedido demasiado. Anoche se ha vivido otro capítulo de una novela que tiene el mismo argumento, pero que ha cambiado de títulos y protagonistas, el final es el mismo y en cada actualización los héroes terminan siendo villanos y el galán -léase el Chemo- solo gana popularidad, para que su imagen pueda venderse a costa del sufrido hincha. Un Perú que hace cuatro días, se aferró de la solapa de la fortuna, para hacer creer que había algo porque luchar, salió al campo, sin esconderse, tocando, Solano, Palacios, Fano y hasta Guerrero, que se fue temprano, quizás a ponerse a pensar mas en su futuro alemán, que en arriesgar por nada. Era ese Perú que siempre está en la cancha, aunque no tiene juego, que atropella sus ideas, pero no condensa juego. Pero vino lo de siempre, regaló un gol “primarioso” y de allí para adelante, salieron todos los errores. Al final, nos convertimos en la vitamina perfecta para este Venezuela, que renace y sorprende, que se encarama al árbol de la esperanza y que después de lo de Chile, aguarda callada lo que haga el resto, porque ellos ya la tienen bien clara.
Argentina, ha dejado sus opciones regadas por el piso y sus hinchas pisotean todo lo que hasta ayer era sinónimo de pleitesía. Hoy todos apuntan directo a la frente del Diego y sus jugadores. Ni Messi se salva y así como lo endiosaron y hasta lo compararon con su DT, hoy todo no es mas que una suerte de reproches y exigencias, que lo único que han logrado, es quebrar el endeble andamiaje albiceleste, lleno de individualidades superlativas, pero carente de fluidez, porque nunca pudieron ser una sociedad de ideas colectivas. Todos se preguntan, porqué Messi, Tévez, Agüero y otras estrellas no brillan como en sus clubes, y la pregunta no solo se la hacen en Argentina, es un tema mundial de marketing, que vende la marca registrada de un jugador, como parte de lo que hoy predomina en el fútbol: El vil dinero.
En sus clubes los Mesis, Tevez y Agueros (podríamos incluir los Pizarros, Farfán y Guerreros) tienen socios estratégicos –de nivel A1- que los habilitan o son habilitados y que a partir de una sociedad de responsabilidad ilimitada, invierten en la bolsa de acciones, de juego de conjunto, con horas de vuelo y con kilometraje controlado, que los hace pulir defectos y virtudes de cara al objetivo común. Allí nacen las marcas registradas, los íconos que se venden al mundo y mueven el fútbol, convirtiéndolos en héroes millonarios de la noche a la mañana.
Esos mismos íconos, cuando se enfundan la camiseta de su selección, al no encontrar los mismos socios, tratan de resolverlo todo individualmente y allí pierden protagonismo y hasta credibilidad. Los dioses se hacen terrenales y los resultados no son los mismos. El balance marca en rojo y la paciencia toca el límite del descrédito. Primero fue Bielsa, después Peckerman, Basile y ahora Maradona. Nadie supo manejar esta coyuntura y la crítica ante el resultado es nefasta y el enfado es unánime. Argentina ha dejado de ser ese equipo que avasallaba con juego en conjunto y esa gran virtud de marcar, con la pelota en los pies, ha pasado a ser una suerte de intentos heroicos de Messi y desorden en sus líneas.
Maradona, no encuentra respuestas en los suplentes y quizás sus elegidos no sean los idóneos, o mas cuerdo aún, él mismo sepa que no sea el elegido, aunque no lo aceptará nunca, y ensaya el discurso fácil, fungiendo de mártir extemporáneo, diciendo que dejará su sangre hasta lograr la clasificación. Ahora se tocan nombres que antes los apartaron. suenan los Riquelmes, los Cambiasos y hasta los Crespos. Dicen que la impaciencia es un sentimiento que tiene que ver mucho con la angustia y en medio, siempre hay un extraño temor que infunde la misma muerte, a veces, se muere mucho antes de la hora señalada o quien sabe para cambiar el destino, se deba morir un poco. Argentina tiene a la mano a Perú otra vez en el camino y no le va a pedir permiso para matarlo, porque es conciente que definirá su suerte en el Centenario, ante Uruguay, en un partido que no sabemos si al Diego, aún le sobre sangre.El hincha peruano, hoy no quiere hablar de fútbol. Se enfada si le tocas el tema. Pero mañana, cuando deba ir a Buenos Aires, otra vez se sentará frente a la TV LCD, con su entorno de jolgorio y compañía agradable, especialmente preparado para vibrar, gritar y volver a maldecir, total -se dirá para sus adentros- que importa si Argentina, tiene al D10s enfadado, que Messi no brilla o que ya no jugamos por nada ni por nadie. Que no somos nada en el fútbol y el último lugar nos sienta bien o sea una señal de alarma. Que importa todo, si al final, mañana volveremos como tantas veces, a volver a creer en la ventura de nuestro futuro, en forma de balón.
Hoy, somos los jueces sin rostro, que juzgaremos si Argentina va o no un mundial y ese hincha peruano, recordará que alguna vez les dimos la mano, dejando a Paraguay fuera y en otra nos sacaron, para que Maradona, sea el Rey de México 86’. Algunos fieles al libro de historia, evocarán hasta la hazaña de la Bombonera, de hace 40 años. Pero, será mejor que sigamos viendo el comercial, con el hincha fervoroso, el fanático, el matemático y hasta el que se cree DT. Total todos sienten la blanquirroja, a su manera y cada uno vive el fútbol como mejor lo hace vibrar. Después del partido, seguiremos pensando que somos los campeones mundiales, pero en el mundial de hinchas y que vivimos nuestro sueño, hasta que se apaga el televisor.
Reflexión en el arroyito
En las horas felices de Dunga, hay una acertada pausa y reflexión. Ha pedido controlar la euforia, a esos mismos hinchas que pidieron su cabeza, su cuerpo y su alma y que lo llamaron desde dictador hasta inútil. Esos mismos hinchas que siempre van a exigirle mas y que en estos tres años, ha aprendido a convivir con ellos, de la única manera como entiende el fútbol y que le dieron un nombre propio, cuando era jugador: Autoridad y liderazgo. Ha jugado su partido, de otra manera y ha hecho prevalecer su don de mando. Es medianamente conciliador y ejecutor de una férrea disciplina, que su grupo lo ha entendido y por eso han sellado su pasaporte al mundial. Dunga, podrá sentirse privilegiado de contar con un extraordinario jugador como Kaká o un matador del gol como Luis Fabiano. Un par de torres gemelas que son fundamentales atrás como Lúcio y Luisao. Puede sentirse tranquilo pues por fin, tiene el mejor arquero del mundo, nada menos. Pero quizás, lo que mas le llene de satisfacción, es haber logrado un equipo, que ya no juega para divertirse, sino para ganar. Ha encontrado el punto de equilibrio, donde puede mandar y dirigir, pero sin dejar de lado su ecuanimidad y con los dos pies bien puestos en el piso.
En las horas tristes y amargas de Maradona, hay un sabor a enmienda, pero que va cargada con una embustera forma de evitar la impotencia. Acepta que se viene lo peor y que el camino se va haciendo estrecho. A despecho de Dunga, el D10s pueda que tenga a mano, mas figuras de trascendencia individual y en ello se asemejen a él en todo su genio y figura. Para los Argentinos, Diego, es un tótem, al cual le van a rendir pleitesía por toda la vida. Mas ello en lugar de haberlo hecho santo, lo ha hinchado de un orgullo malsano que ha devenido en un proceder irracional que no tiene nada que ver, con su andar maravilloso dentro de una cancha de fútbol, pero que ha tenido consecuencias funestas y hoy en una coyuntura futbolística, difícil como complicada, han salido a la palestra los yerros y culpas ajenas que empezaron desde el mismo momento en que Grondona, quiso congraciarse con el Diego y de paso, limpiar con agua tibia su gastada imagen, o quien sabe, decidió darle el timón, solo para deshacerse de una vez por todas de alguna deuda personal o de esconder bajo la alfombra, algún pasado tormentoso.Lo que ha dejado el partido para ambos bandos, es una tranquila forma de pensar en el futuro, de parte de Dunga y una oscura presión que empieza a carcomer sus miedos en Maradona. Ha quedado desairado en su afán por valerse de su imagen para vender una ilusión devaluada y fracasó en su intento. Arriesgó hasta donde lo dejó Brasil y una vez asegurado el marcador, sus pequeños soldados rebotaron una y otra vez sobre la pirámide verde amarilla. Brasil jugó sabiendo hasta donde podía arriesgar y tuvo en Kaká, al fenómeno que prendió la lámpara, en el momento justo, en que despertaba el gigante de arroyito, se puso el equipo en la espalda y dejó su sello impregnado en ese pase espectacular que definió con sabiduría Luis Fabiano. Allí quedaron desparramadas las fuerzas argentinas y la cara de Maradona, era el rostro de la desventura, esa que hoy parece un viento lejano que intenta apagar la esperanza de ir al mundial.
De cara a lo que se viene para ambos DT, Dunga, sabe que su equipo está firme y así como definió con eficiencia, es conciente que le falta ser eficaz en sus líneas y no dejarse avasallar de manera frecuente. Tiene la ventaja que sus jugadores son mas concientes a la hora de la verdad y mantienen un perfil bajo para explotar en los momentos claves de un encuentro, su mente y alma ya está en el mundial, lo que le queda por estos lares es jugar un poco, a retomar esa diversión que había perdido en la cancha, congraciarse con sus congéneres y acumular mas kilometraje, para canjearlo por horas de vuelo, directo a Sudáfrica.
En Buenos Aires, hay un descrédito y un Maradona desprotegido. Se avecinan nubes oscuras para esta selección que ya empieza a ser cuestionada y el ambiente no es de lo mejor, el equipo se encuentra expuesto y débil, el chaparrón lo puede encontrar sin paraguas y coger un resfrío mortal. Por querer romper la realidad, ha intentado porfiar a la aventura de cogerle la cola al león, vestido de amarillo, sin darse cuenta lo peligroso que resultaba. Ha sucumbido en su experimento y el zarpazo le ha dejado una herida que ha empezado a sangrar de a pocos, pareciera mentira que con tan buenos jugadores, hoy solo le queda ir a defender el resto o morir en el intento.
El show de los sueños
Acaso y a este hombre ya no le importe que el estadio asome medio vacío, tampoco que no encuentre la misma efervescencia de otros partidos. Acaso y no le importe, que entre la gente hay una suerte de represalia, que no tiene que ver con el honor o la dignidad, que ya fue perdida hace tiempo. Más pareciera una cuestión de querer remendar un presente, a punta de perversidad y a costa de un rival que nos cae pesado por antojo insano. El niño distrae la mirada en esa gente que no se inmuta como otras veces y que solo sonríe con sorna, cada vez que De la Haza, recupera un balón para volver a entregarlo al rival y ensaya un rumor cada vez que el “Loco” Vargas embiste con fuerza y demuestra que está en un nivel por encima del resto o cuando Solano, hace las paces con el “Chorri” a través del balón. Ya nadie se molesta si la salida de Zambrano, es temeraria o que Chavez no se dé cuenta que lleva la blanquirroja en el pecho. Acaso y lo único que en este momento les importe a todos, sea que la selección gane, pero más que para sentirse felices, lo haga para sentirse desagraviados.
En la calle ya no hay carros con bocinazos, ni sonrisas desperdigadas por doquier, solo hay una mirada del niño a su padre, que el hombre interpreta como una promesa silenciosa, porque algún día no muy lejano, ese sueño de estar en un mundial, lo encuentre como protagonista principal. El hombre se va satisfecho. Ha visto a su ídolo bañado en aplausos y pidiendo más, a pesar de los años que no perdonan. Ha podido sonreír ante esta victoria insospechada, como insolente, que ha dejado un sabor a revancha por lo de Montevideo y una encrucijada en los “charrúas” que pueden quedarse sin mundial y sean estos puntos perdidos, los que les hagan falta más adelante.Noche de fútbol, una noche loca
La "pichanga" semanal ha terminado y con los buenos amigos, nos sentamos a departir unos tragos y comentar la humillante goleada de Bolivia 6-1 a la Argentina del Diego. Aquel equipo que ante Venezuela, fue un dechado de virtudes y con un Messi mas cerca de ser el sucesor del D10s. Pero esta vez, mordió el polvo de la derrota, en una versión real, de cómo se debe jugar un partido de local, aprovechando todo lo que se tiene a la mano. Bolivia perdió en Colombia, pero guardó a varios titulares, incluidos sus dos goleadores Martins y Botero, porque el objetivo mayor, era ganarle a Argentina. Su disposición, fue ir desde el saque a presionarle la garganta al rival, quitarle el aire y dejar que su cuerpo acostumbrado al oxígeno limpio y puro dejara de circular por sus pulmones y avasallarlo con su fútbol de ataque constante. Lentamente Argentina se fue adormeciendo y escuchaba la cuenta final, hasta quedar noqueado, inerte y a merced de los golpes bolivianos. La cuenta no llegó a 10, porque cuando iban 6, ya había dejado de respirar.En la TV pasan el Chile-Uruguay. Mas por la vanidad inflamada que por el orgullo mancillado, todos hinchamos por Uruguay, que estuvo a punto de "vengar" nuestra honra, pero el partido se acabó y el cero en los arcos nos dejó con algunos tragos demás y con esa agridulce sensación de que le pudo ir mejor a los platenses. Al final ambos siguen en la pelea de llegar al mundial y cuando todos juntamos nuestros vasos, para el brindis de rigor, nos disponemos a ver a nuestra desahuciada selección, el equipo de todos y el de unos cuantos, según sean las circunstancias.
Perú llegó en un ataúd a Brasil, sin ambiciones, ni responsabilidades y sin ninguna presión, mas que el tan mentado orgullo y el manoseado honor, que solo ha servido de paliativo para digerir el discurso del 'Chemo'. Pero todos quisieron jugar ese partido, solo para estar en el escenario y codearse ante tanta estrella junta, era un lujo que ninguno de nuestros jugadores podían despreciar. Y Brasil salió a divertirse, a regodearse de sus virtudes técnicas y a dar espectáculo para su gente que hacía un carnaval en la tribuna. Perú solo fue una comparsa, un convidado de piedra a este recital de fútbol Brasileño. Mis amigos y yo ya no sufrimos como antes, esta vez no hay nada que perder y solo el temor de avecinar alguna catástrofe de efectos mayores.Un buen amigo hace una visión empresarial de nuestra realidad y asemeja a Del Solar, con un gerente que se nombra en una compañía, previa evaluación del perfil y al que se le mide su labor en base a resultados y que es el responsable directo, si no hizo las previsiones, para contar con su recurso humano o por aceptar el cargo si no estaba preparado. Muy válido, decimos todos. Solo atino a pensar, que esa analogía podría darse, pero en otro escenario y en otra realidad. En una sociedad como la nuestra, de dirigentes de valores escasos, de clubes informales y formación paupérrima de sus futbolistas, el verdadero motor y motivo que mueve el fútbol, es el dinero. Nadie se hace futbolista, entrenador o se muere por ser dirigente, por el honor, la gloria o por el tan venido a menos "amor a la camiseta". Todos buscan vivir por y para el fútbol. Los Pizarros, Farfan o Guerreros, de tanto convivir en un nivel superlativo, se olvidan sus raíces y miran por encima del hombro a su propio país, porque manejan demasiado dinero y desde niños, jamás les inculcaron esa materia innata llamada IDENTIDAD, a querer su tierra y a defenderla con lo mejor que saben hacer en la vida: Darle a un balón. Por lo pronto hay una buena razón, por la cual el "Chemo" y los dirigentes no renuncien.
Mañana se va Del Solar y viene ¿quien? Oblitas, Rivera, Markarían, Bianchi o Bielsa. Igual se van a encontrar con esta misma realidad, no vale de nada cambiar de nombres, si no se mete la mano hasta el fondo y se hace una reorganización desde las raíces. Mientras nuestro fútbol no anhele y trabaje para lograr verdaderas Sociedades Anónimas Deportivas, con buena infraestructura y solvencia económica, con bases sólidas de formación de sus futbolistas y logren equipos fuertes y competitivos, será difícil que primero, mejore nuestro torneo doméstico y por ende tengamos jugadores de élite a nivel internacional y será difícil que tengamos una selección de competencia. Si buscamos la mas fácil, seguro será el nombre de algún culpable, pero sin un cambio radical, todo lo que hagamos o digamos, no será mas que seguir escondiendo la basura debajo de la alfombra.
El marcador indica 3-0 y los tragos van haciendo efecto, todos miran sus relojes, para que acabe de una vez esta amargura. Mis amigos y yo, hacemos "oles" cuando Perú podía hacer mas de cuatro pases seguidos, en una forma irónica, hiriente quizás, para esconder la vergüenza y rezongar por un presente infausto, pero tan real al fin y al cabo. Cuando suena el pitazo final, todos agradecemos que hayamos salvado el papelón y también que Brasil haya jugado solo para divertirse. Mis amigos y yo apagamos la TV y decidimos escuchar música, un rock de estridencia brutal que nos eleva la pasión, nivela las emociones, nos calienta el espíritu y nos aumenta la efervescencia, de esta noche que va llegando a su fin.
Cuando nos despedimos, cada uno enrumba su camino, todos han prendido sus radios para seguir adormeciendo sus oídos y seguir escuchando buen rock. Todos recuerdan lo divertido que la pasamos, lo agradable que disfrutamos una noche de "pichanga" y tragos. Por hoy, y solo por hoy, nadie quiere seguir pensando, ni hablando de fútbol. Mañana se reinicia el campeonato y fieles a nuestra costumbre, nos olvidaremos rápido de estos momentos desabridos y volveremos a esa misma tribuna, a entonar nuevos cánticos y defender otros colores. Como tantas veces, volveremos a esa misma tribuna, donde un día, nuestra ilusión por la blanquirroja, se quedó colgada y abandonada, como una banderola rasgada y con las letras despintadas.
Perú, al fondo hay sitio
Marcelo Bielsa debe ser uno de los técnicos mas obsesivos del mundo. Respira, come y sueña fútbol. Se acuesta abrazado a un balón y despierta dándole un puntapié que rebota una y otra vez la ventana sellada de su cuarto, para evitar el asedio de la prensa. Nunca sonríe, es de poco hablar y cuando lo hace, no te mira a los ojos, como escondiendo alguna timidez extraña o divagante, rezagos de su adolescencia, un semblante que normalmente tienen los genios precoces y deviene en una manía nerviosa a los adultos, que algunos lo califican de extraño y otros solo le asumen, un toque de delirio fugaz. Cuando Chile tocó fondo en la Copa América, decidió meter la mano para revolver las entrañas de su presente futbolístico. Puso como objetivo, hacer una revolución seria. En ello estaba su creciente apego a la ley de Sociedades Anónimas Deportivas que hiciera a sus equipos fuertes y competitivos. Para su selección, necesitaban el cambio de sus pausados entrenadores, por alguien acorde a sus necesidades. Eligieron a Marcelo Bielsa, en un contrato millonario y con la consigna de clasificar al mundial. La prensa -al igual que acá- cuestionó todo, el país futbolero se dividió en dos y se volvieron pro y anti Bielsa. Pero el "loco" fiel a su estilo, cerró las persianas y dictaminó las reglas de juego, en ello estaban involucrados los jugadores y sobre todo los Dirigentes. El dinero era algo secundario, primero había que obtener resultados. Armó su búnker, cerró las puertas a la prensa y empezó un trabajo exigente, de mucha organización y estudio de sus rivales. La obsesión fue su alimento y la tenacidad, su almohada.
La prédica de Bielsa, ha sido una sola "El tren pasa una sola vez, el que quiere llegar al mundial, que se suba". Entrenar tres veces al día, empezando a las 7:00 am, estar concentrados con visitas restringidas, cercos eléctricos, sin celulares, que fomenten la distracción del objetivo, es difícil, sobre todo para jugadores que ya pisan terrenos de ligas mayores. Bielsa apostó por un contingente joven que no pasa los 25 años, edad más moldeable a las exigencias de su carácter y su filosofía de mirar y sentir el fútbol. El trabajo tuvo tropiezos, pero los resultados hoy han puesto a Chile varios escalones arriba, sin figuras rutilantes, con rendimiento colectivo, mirando el mundial, con los ojos abiertos.
Para los peruanos, los partidos contra Chile no se juegan, se ganan. Y ello pasa más por una cuestión de identidad, de nacionalismo coyuntural, que incide mas en un terreno político que una cancha de fútbol. La previa lo marcó con declaraciones más revanchistas que futbolísticas, que solo avivó el interés para que los hinchas llenen el estadio. Más que los tres puntos se jugaba por la dignidad y el honor. Al menos ese era el mensaje.
Bielsa, antes de venir a Lima, sabía lo que conseguiría. Por eso se acordó y recién pasó por el banco y cobró parte de su millón de dólares. Le bastó revisar la formación peruana y se creó una consigna: Aburrir a Vargas, sacarlo de sus casillas y en ello, un "loco" sabe tanto o más que otro "loco". Por ello lanzó al verde los dados a ganador, con cuatro atacantes y un solo recuperador. Darle trabajo de correr a Solano, para que pierda precisión, era la otra premisa. Lo demás pasaba por dejar que sus jóvenes se coman la cancha y sus puntas hagan el ida y vuelta. Alexis Sánchez -tremendo jugador- temprano nos echó agua helada desde el balcón y cuando el reloj marcaba media hora de juego, jugando al límite y un penal con olor a impotencia, daban el aviso que el "loco" Vargas, nuestro emblema, nuestro héroe de otros sucesos, ya estaba fuera del partido. Bielsa había conseguido su objetivo.
Uno miraba a Fano fajarse contra todos y pelear hasta el último cartucho y sentía un orgullo con dolor en el pecho. Más aún cuando un inoperante Chavez o un dubitativo Ramirez, eran figuras decorativas y un descontrolado Zambrano pegándole a todo lo que se mueve y que debió irse con Vargas. Uno miraba a Bielsa, pasearse nervioso, viviendo el partido, increpando a sus jugadores, por no aumentar el marcador en el minuto 90. Uno miraba al "Chemo", lejos de su pasado en la trinchera, vestido de gala, con el bronceado eterno de sus días de playa, sentado, impávido, indolente y entonces, aquello del honor y el orgullo parecía una joda mas, del "Especial del humor". Dos distintas realidades, sin duda, dos distintos entrenadores, con diferente discurso, pero también con diferente futuro.No es hora de mencionar nombres, ni buscar soluciones es hora de aceptar la verdad, de hacernos fuertes y mirar la vereda de enfrente y aprender del ejemplo. Lo que pase en Brasil solo será parte de la historia, ya no jugaremos por nada, porque hasta el orgullo y el honor, se encuentran maltrechos, seguimos rezagados en la tabla y ello quizás no cambie màs adelante. Uno esperará que esto cambie de verdad, pero es más seguro, que quienes dirigen nuestro fútbol, solo van a apretujar la vergüenza en lo que resta de esta eliminatoria y nos van a seguir susurrando al oído, como un consuelo barato y hasta cursi, que donde entran dos entran cuatro, que avancen, porque al fondo hay sitio.
Un toque de locura para la tranquilidad
Para ganarle a Argentina, mas allá de apostar por el factor individual, era necesario, poner mucha fibra, ser solidarios, y sumar voluntades como equipo. Esa actitud, tan reclamada, estuvo presente desde el vamos y vaya que si. En la ausencia de jerarquía en ofensiva, el morder los tobillos y soplarle en la oreja al rival, no era una debilidad, sino una necesidad. La premisa estaba centrada en cortar el circuito creativo albiceleste y había que sudar mas de la cuenta. Desde allí, se vio un partido parejo.Dicen que la necesidad, crea riesgo y ello deviene en responsabilidad y madurez. Este Perú de rostros ausentes y de cara lavada, apostaba por jugadores sin cartel pero comprometidos en la entrega. Ahora libre de sus figuras de andar irresponsable, se paraba en la cancha, mirando de frente a los ojos del rival y desdeñándole sus pergaminos. Quien sabe si jugaban los sancionados, la oportunidad de Zambrano o Chavez hubiera demorado mas de la cuenta. Bendita hora entonces porque el defensor fue la figura descollante, jugando para 8 puntos y el atacante no desentonó ni arrugó nunca. Si muchos temían en lo que pudieran hacer Messi, Riquelme o el “Kun” Agüero, estos chicos al igual que Vargas, Torres y el “Cholo” Fano, se robaron el corazón del hincha.
Al final del primer tiempo, el “Chorri” sonríe y nos contesta el saludo, está tranquilo como ésta gente, que espera un segundo tiempo con la misma entrega. Los padres de Fano, frotan sus manos, cuando el pitazo nos devuelve a nuestros asientos. En esta hora hay otro vértigo y la disposición es diferente. Empiezan por asomar las figuras argentinas, Gago se pone el overol y atrás el “Pupi” Zanetti demuestra que es como el vino –tremendo jugador- mas bueno cuando mas añejo. Messi insinúa sus arranques endemoniados, pero siempre hay una pierna blanquiroja que somete sus arrebatos. Las dudas nos asaltan, cuando el “Chemo” arriesga en la apuesta por ganar la banda y manda a Salas, para subir a Vargas para generar riesgo. Al “loco” le viene mejor cuando arranca desde atrás y se complica cuando intenta hacer de enganche.
El partido se está extinguiendo y la gente, no siente reproches por el resultado. Pero el riesgo es un arma de doble filo. Riquelme abre para Gago y éste le gana la posición a Salas, saca un remate buscapié y Cambiasso nos deja a todos mudos. Los argentinos que están delante nuestro, se abrazan entre si y en sus ojos hay una mirada cómplice, por sentir que le están hurtando la suerte a la justicia. Es un cachetazo cruel, que en el final de un excelente partido, nos está dejando con un sabor amargo en la boca y un trago de impotencia, difícil de pasar. Aunque seguimos alentando, algunos se van refunfuñando su mala suerte. Miro al “Chorri” cuando abandona el estadio, resignado a que la suerte está echada o quizás para evitar el tumulto de la gente en la salida.
Pero esta historia no podía ser tan injusta. No para este equipo peruano que intenta reconciliar la ilusión con su gente, con su pueblo. Debía aparecer un héroe, alguien que marque el camino y saque sus poderes en el nombre de la grandeza, aunque esto sonara a chifladura. Y es que los sueños mas inverosímiles, tienen un toque de locura. El “Loco” Juan Vargas, recupera un balón en defensa y desde allí crea la jugada. Recibe el encargo y arremete como un gladiador entre camisetas albicelestes, cruza la media cancha frente a nuestros ojos, Bataglia lo sigue en la pelea cuerpo a cuerpo, el “loco” a punta de una potencia descomunal, ha metido la doble tracción y el argentino ha quedado relegado, llega al fondo y saca el sablazo al corazón del área donde el “Cholo” Fano lanza su humanidad y hace explotar los corazones de todo un pueblo, en un grito eufórico como nunca antes se había escuchado y que estaba guardado muy adentro del alma.El partido ha terminado y abajo en la cancha, todos están abrazados. Al costado los padres de Fano, secan sus lágrimas por la emoción y los amigos del “Chorri” comentan que vio el gol pero en la puerta de salida. Mi garganta está destrozada y de seguro van a pasar unos días para recuperar el habla normal. Acompañando a esta multitud de rostros felices, que abandona este monumental que apaga sus luces, uno piensa que este resultado no es para emocionarse tanto, pero si para disfrutarlo, no tanto por el marcador sino por la forma como se ha logrado, con esa actitud y entrega qua ha contagiado a todos los peruanos.
Mi amigo argentino, me abraza en la puerta y me dice muy apasionado
-Che, pero que pedazo de jugador es ese Varguitas eh?-
-Espectacular el “loquito- Le digo y sonríe cuando escucha mi voz aguardentosa
-Que pasó papá?... como habrás gritado ese gol no?
-Claro que si hermano- le respondo
-Ha sido el gol que nos ha regalado la justicia, por lo que pusieron los jugadores y esta gente, Ha sido el gol de la tranquilidad que necesitábamos todos los peruanos.
Un brindis oportuno con vino tinto
Pero ese ambiente hostil y cargado de incertidumbre, no amilanó a esos pocos hinchas, que fueron llegando en sus autos último modelo, con la calefacción prendida o los que arribaron a pie y haciendo escala en los paraderos de la indigencia. A la hora del inicio de esta fiesta, la concurrencia era escasa y variopinta, empezaban a calentar sus manos, ante el frío y el aire humedecido que envolvía sus nervios. Ni aún cuando la música empezó a sonar marcó algún entusiasmo, había un rasgo de temor confeso en la tribuna y allá abajo se veía un equipo de rostros desconocidos, que apuraba las manecillas del reloj de la impaciencia, para empezar a romper esta indiferencia que se confundía con la casi imperceptible llovizna de este crudo invierno limeño.Cuando iniciamos la eliminatoria, nos jactábamos de contar con delanteros de jerarquía y jugadores de primer nivel en europa, quizás para un estrato social diferente, ello debió ser en la práctica nuestra mejor arma. Pero la realidad nos dio el cachetazo infeliz de ver transformar sus mentalidades y entonces el orgullo nacional o el amor a la camiseta se volvieron simples quimeras que desencadenaron en este presente desabrido. El equipo ayer fue diferente, no se pareció a ninguno de los anteriores presentados por el Chemo, con un Rainer Torres de notable desempeño y Paolo de la Haza, como barrera en la contención, por fin se vio la recuperación del balón que era ajeno a nuestra selección. A falta de delanteros de cartel, Johan Fano y Piero Alva fueron un dechado de ganas y empeño, con un trajinar generoso que incluyó a un novel Chavez, que aunque no encontraba por momentos su ubicación, dejó abierta la puerta de las expectativas a su crecimiento.
Venezuela vino demasiada cargada de emblemas prestados, fue atrevida para mirar con lástima ajena a los nuestros, pero respetando demasiado a la historia, terminó siendo lo que siempre fueron, solo un equipo de mucha entrega y nobleza en su juego. Por ello Perú generó innumerables ocasiones de cara al gol, el buen pie de Solano funcionó hasta donde alcanzó el combustible, pero fue el desborde por las bandas, una constante de Piero Alva y que a la larga se viera recompensado en una actuación relevante. Minuto 38 y en un momento clave, una jugada llena de picardía en la que participa el recogebolas, entrega el balón rápido a Prado para cobrar el lateral, el “Zorrito” encara a Rey, aguanta la marca llanera y la clava arriba ante la salida del portero, en un gol de buena factura, que hizo explosionar las gargantas dormidas de estos pocos hinchas que ya estaban impacientando sus temores.
En general el equipo metió todo el partido y se vio otra actitud, en el fondo valiosa labor de Zambrano, aunque mostrando novatos errores en la marca, acompaño bien a Rodríguez que ya quedó fuera del próximo partido. Pero si hay alguien que es el emblema de este equipo se llama: Juan Vargas, el “loco” es el referente distinto, con un físico impresionante, Europa lo ha devuelto maduro, aprendió a leer los partidos y desde allí medir las revoluciones para manejar los tiempos, fue prolijo en las subidas y determinante en la marca. Su accionar contagia de fervor al resto y es el soporte de la banda izquierda. Lamentablemente, seguimos adoleciendo de un marcador derecho de similares características, para darle categoría al fondo y crear el vértigo en las subidas.
El marcador pudo ser mas amplio, igual hubiera servido para lograr renovar el espíritu deteriorado, es un triunfo que levanta los ánimos pero resulta muy poco aún para sentirnos tranquilos. Esa misma gente que salió sonriente de Ate, que fue fiel en los momentos aciagos, tiene otra disposición de cara al partido contra Argentina, aunque es conciente que será una historia diferente, de mucha más exigencia y que puede magullar su ilusión, en el fondo esperaba un buen resultado para comprar su boleto y subirse al tren del optimismo, consecuencia de una forma de sentir el fútbol, que tiene el hincha peruano, cada vez que salta a la cancha el equipo de todos.
La asfixiante presión Guaraní
Este Paraguay es quizás, de los mejores exponentes del fútbol total en Sudamérica, con una defensa sólida y un contraataque que hace daño, realiza un pressing intenso, total de toda la cancha, que desespera las voluntades del rival, buscando que se atragante con su propio aliento. Se parece a esos males cancerígenos que empiezan a distribuir sus microbios por el cuerpo y van primero, minando las piernas, para hacer débiles los órganos vitales, hasta dejarlo totalmente indefenso. Es de esos equipos que muestran un físico privilegiado, que no dejan espacios libres y le respiran la nuca al rival los 90 minutos de juego.En ningún cálculo estaba que en la primera jugada a fondo paraguaya, Nelson Haedo Valdéz, obligue a Gabriel Heinze, a que lo toque la fatalidad y sin quererlo siquiera, haga cómplice al “Pato” Abbondanzieri, con un autogol que dejaba perpleja la tribuna, ponía adelante a los guaraníes en el marcador y excluía del partido al portero ante una seria lesión. Después vino la intranquilidad, el deseo de revertir todo a cualquier precio, ello contagia a Tévez, que en una jugada dividida se gana la roja y acrecienta mucho mas las dudas que ya estaban regadas en toda la cancha. De allí para adelante se vio el mismo panorama, Messí, Riquelme y el debutante Di María presionados, Argentina sin encontrar el camino y un Paraguay como dueño absoluto del lugar.
Para el segundo se vino el “Kun” Agüero, ganando en agresividad, pero con un hombre menos, el marcador en contra y camisetas albirrojas por toda la cancha que no paraban de correr y morder, era difícil. Había que frotar la lámpara. Tuvo que aparecer el genio: Lionel Messí, el distinto, el único que podia zafarse de esta marca asfixiante. Toma el balón la pega a su botin izquierdo para eludir rivales, cede en cortada al “Kun” Agüero que doblega la muralla Paraguaya. Una tremenda jugada individual y que era la única forma de encontrar esa igualdad que pudo cambiar la historia en cualquier momento y para cualquier bando, pero que al final, ha dejado a un Paraguay tranquilo de su trabajo consistente y prolijo, pero a una Argentina con demasiada sangre en el ojo.Basile justifica la igualdad, asumiendo que salvaron un partido conflictivo, que les pasó de todo y que les queda resto para revertirlo en el próximo partido contra nuestra bicolor, no contará con Tévez, pero tiene una baraja muy favorable. De seguro que los albicelestes vendrán a lavarse la cara a Lima. Pedir que nuestra selección haga la misma presentación que la Parguaya, está tan distante de la realidad y quizás lo único que nos asemeje a ellos sean los colores de la camiseta. Aunque esto es fútbol, señores y cualquier cosa puede pasar.
Un rezo en el nombre del fútbol
Perú, se juega la chance, primero contra Venezuela y luego contra Argentina, con un equipo remendado, a falta de figuras estelares, con castigos, dizque ejemplares, cuando en la práctica, solo resultan antifaces para ocultar a los verdaderos culpables. El “Loco” Vargas, que ha quedado como mayor referente, ha marcado con fastidio, que se sienten solos y jugarán contra Venezuela, pero también contra la gente y los periodistas. Siente que todos esperan que Perú pierda para avasallarlos, pero subraya, que la única forma de callar a todos es ganando a Venezuela. Con esto nos refleja su actitud en la previa, pero nos deja dudas respecto a los demás, que solo se quejan del hincha y su apatía ante esta convocatoria. Será una tarea harto complicada contagiar al resto y de cara al primer partido, logren asumir una actitud que muestre un Perú distinto. Los Venezolanos están en Lima y lo primero que declaran, es que vienen por los tres puntos, no pasa por su cabeza perder, de pronto lo consigan y no será precisamente una mera casualidad. Esto no pasaba años atrás, en que veíamos a los ‘venecos’ como conejillo de indias o el comodín para acumular puntos. Pero aunque nos duela, hoy esa cenicienta del fútbol sudamericano es una realidad distinta y cruda para nosotros, una señal que todos avanzaron y nosotros nos quedamos estancados en el fango hediondo de nuestros problemas, dejando que los ineptos hambrientos de poder, sigan sentados en sus tronos, saboreando placeres y abundancias, a costa de los hinchas que a pesar de todo y en el nombre del fútbol, seguimos rebuscando en los bolsillos, alguna moneda que sin desearlo, sigue alimentando sus angurrientos deseos.
En esta coyuntura dividida de encontronazos emocionales, cabe ponerse a meditar y mucho, en lo pobre que se encuentra nuestra autoestima futbolística. Estas fechas eliminatorias, vienen justas, para resarcir un presente o echar a rodar la misma bola de nieve que nos dejan los continuos fracasos: Llegar a los mismos diagnósticos y seguir en el mismo hoyo. Nos viene justo el balón de las circunstancias, es nuestra casa y es aquí donde realmente se verá de que madera estamos hechos, muchas veces, cuando peor estuvimos, las cosas salieron favorables, será pues una ocasión, para que aquellos que despotricaron contra los sancionados y pidieron renovación, se sienten en la grada y aprieten los dientes para que sus deseos se cumplan. Será también la oportunidad de sacarnos la venda de los ojos y asumir de una vez por todas, nuestra endeble realidad o cambiar la historia por completo, aunque se sientan arcadas de tan solo pensarlo.
Después vendrá Argentina, pero esa es otra historia. Viene con una constelación de figuras relevantes, flamantes campeones olímpicos, que siempre salieron airosos visitando Lima. En el fondo, quizás resulte mas cuerdo o realista si se quiere, mirar con incertidumbre ese encuentro asumiendo que somos un equipo liviano y frágil, aunque todo puede pasar en el fútbol. Por ello, en aquel banco de la iglesia, rezaré en silencio para pedir una ayuda divina, para lograr lo que resulta imposible, pero es nuestro máximo deseo. Al salir de la iglesia, algunos comentan que los hinchas irán al monumental, para alentar a la bicolor, es verdad, pero muchos ocultarán asolapadamente, ese travieso deseo de mirar a Messi, Riquelme, Tevez y al “Kun” Agüero en vivo y en directo. Confieso que dentro de ellos estoy incluido y en el nombre del buen fútbol, la verdad que no me arrepiento.Crónica de un desastre anunciado
Ha empezado el partido y un extraño escozor recorre mi sangre, abajo hay un equipo de camisetas rojiblancas que empiezan a ordenarse y al otro lado un equipo celeste que poco a poco veo brillar mas de la cuenta. No hemos pasado los 10 minutos y un pase al vacío encuentra a Rodríguez y Forlan a contracara, el delantero del Atlético de Madrid le gana a la ingenuidad del peruano y le pega de manera sutil para hacer una parábola perfecta que supera a Butrón. El frío Centenario estalla como un bombazo y yo solo atino a esconder mi banderita bicolor entre tanto bullicio, empiezo a sentir un extraño presentimiento que me hiela la sangre.Veo un equipo peruano de andar pausado y actitud temerosa, este Uruguay no es un gran equipo, pero empieza a ponerle raza a sus acciones y de a pocos va tomando las riendas, Guerrero nos demuestra que es lo mejor que tenemos y Vargas empuja con todo, Ñol, dice a gritos que no está para jugar los 90’, Mariño se va enredando con sus ganas de querer hacerlo todo y sigo sin entender que hace Cevasco en el campo, acaso y si se trate de escoger, resulte mas útil un Neyra para que al menos le pegue de afuera. Perez y Gonzales se anticipan y ganan las divididas, Lugano es un paredón y para entonces se ve de un lado a un Uruguay decidido y a un Perú ausente de categoría. Llega la jugada confusa y un penal discutido que el árbitro y Forlan inclinan la cancha, veo la cartulina roja a Paolo y ahora si que mi temor se hace desconfianza, tiemblo y me tomo el rostro, he perdido mi banderita bicolor, en señal de incertidumbre. Cuando Vargas deja el campo, me doy cuenta que ha quedado un equipo esmirriado, sin cuerpo ni sentimiento.
Para el resto del partido, no dejo de estar quieto, presiento que algo malo va a ocurrir. Jugada simple de rigor, esta vez Forlan le gana a Villalta y con testarazo débil hace explotar nuevamente el Centenario. Es el comienzo del fin, quiero irme de allí, pero algo mas fuerte que mis ganas hacen que recoja mi banderita bicolor para volver a sentarme en la grada, algunas lágrimas contenidas humedecen mis mejillas, aprieto los dientes y estoicamente miro como una y otra vez la furia celeste, se ensaña contra mi pesadumbre, uno a uno le va haciendo trizas a mi ilusión y en silencio, he terminado pidiendo piedad para este desastre que me deteriora el espíritu.Resulta fácil en esta hora, despotricar y lanzar toda nuestra furia contra este equipo peruano, sin alma, que ha terminado entregado a su verdugo y se encuentra desangrado y moribundo, quizás muchos estén deseando bajar a la cancha para seguir pateándole en la cara, quien sabe son esos mismos peruanos moralistas que hoy están pidiendo a los sancionados, después que exigieron hasta que les dieran cadena perpetua. Quizás el "Chemo" haya pagado el derecho de piso y eso sea un argumento estúpido o inteligente, porque no ha renunciado, vaya uno a saber por cuantos miles de verdes razones contractuales. Quizás la renuncia de Juvenal Silva solo sea una gota en este desierto de torpezas dirigenciales. Talvez la razón de esta debacle no esté en estos jugadores, sino en el pobre entorno en que nos manejamos y del que a veces nos sentimos tan presuntuosos, como ese orgullo insensato que nos llena los bolsillos de satisfacción, cuando algún peruano se va a jugar por algún equipo sin nombre y en un país anónimo para el fútbol.
Algunas voces dirán que se vayan todos y que traigamos al mejor DT del mundo, hasta quizás sugieran nombres, pero esta no será la primera ni la última vez que nos pase esto, porque siempre llegamos a los mismos diagnósticos, pero la bola sigue rodando, se cambiarán jugadores, de técnico y hasta de camiseta, pero los de cuello y corbata seguirán en sus mismos lugares. Aún no ha terminado la eliminatoria, pero ya nos quedamos prácticamente fuera de otro mundial, a partir de mañana seremos la piñata de la fiesta, la carne de cañón para los otros que lucharán por llegar a Sudáfrica 2010, mientras los peruanos, una vez mas lo veremos por TV.
Esa es la realidad, dolorosa y fatal, pero tan nuestra, que nos ha hecho cómplices de su desidia y como que ya nos acostumbramos a dormir junto a ella.
Punto suspensivo, pronostico reservado
Es mas tranquilo escribir cuando la sangre ha bajado su efervescencia y las revoluciones están volviendo a su nivel, cuando la calentura se hace llevadera y las ansias empiezan a desatarnos las manos de tanta angustia contenida. Cada peruano que se vistió de bicolor y decidió ir al monumental lo hizo creyendo cerradamente que mucho de lo que pasaría en el verde, tendría luz divina, porque los antecedentes pintaban mas para el desastre que para la victoria, pero el hincha peruano tiene arraigado en el alma ese ancestral proverbio andino del “mas me pegas, mas te quiero”, por eso a pesar de la coyuntura nada favorable, muchos fueron a darle aliento a esta blanquirroja, a sabiendas que podían pasar momentos ingratos.Pero no es un factor de confianza y tampoco de fe, es solo de coherencia y de realidad, tenemos un equipo livianito que no mete miedo y no cuenta con muchos jugadores de jerarquía, ello estuviera solventado con una buena disposición táctica, pero hasta en ello estamos en desventaja. Del partido contra Colombia solo queda ese segundo tiempo, donde se vio las ganas y el espíritu del grupo, que se pudo ganar el partido, es verdad pero aquella atajada de Butron ante el disparo de Bustos, pudo ser la puñalada que nos hubiera dejado sin aliento. Tuvimos varias para embocarla y el pitazo final nos encontró arrinconando al rival, con un Perú atrevido y una Colombia temerosa.
Este empate deja el sinsabor que se pudo hacer mas, que la suerte no quiso regalarnos una sonrisa y nos fuimos masticando esas mismas ansias con que llegamos al monumental, las caras tristes de algunos eran contrastables con las de ese hincha corajudo que gritó hasta el final y que finalmente fue lo mejor de la noche, una noche que nos ha dejado con un punto insignificante de cara a lo que resta en la eliminatoria, aún queda mucho trecho y el consuelo que podremos mejorar en el camino, esa premisa está latente, pero que se nos venga la noche también, por eso este punto nos ha dejado con la sensación que se puede hacer algo mas, aunque contra Uruguay el pronóstico es demasiado reservado.Desnudez de sentimientos futboleros
No habían pasado ni 10’ de juego y ya México nos había encajado dos goles y en el primer cuarto de hora el marcador reflejaba un 3-0 contundente y lapidario. Me imaginaba dentro de la cancha y sentía ofuscación por la forma como se estaba perdiendo, pero mas frustrante era ver el rostro del “Chemo”, taciturno, impávido y sin un atisbo de culpabilidad por un grupo sin alma y decisión, desde la formación ya era un equipo entregado, el marcador solo era fiel reflejo de la improvisación, mandar en solitario a Rainer Torres para hacer la del genio defensivo, a sabiendas que lo mejor de los aztecas, es el desdoblamiento de sus hombres de avanzada, era una osadía irresponsable, no se entiende como pueden estar en una selección jugadores de categoría insignificante, como Hernández o el mismo Villalta, amén de Salas que sigue demostrando que no es de fiar, pero quisimos entender el pensamiento del “Chemo” y nos dijimos: Bueno es un ensayo hay que saber con quienes se cuenta, de pronto no interese mucho el resultado y si, el funcionamiento del grupo y el accionar de algunos jugadores, vamos a evaluar su poder de reacción. No acabamos con la idea y nos cayó el cuarto gol, pudieron venir otros tres, gracias a Dios los mexicanos sacaron el pie del acelerador y Forsyth salvó varias.Mirar como los mexicanos jugando a media máquina, pasaban a cada rato al frente y ganaban las espaldas descubiertas de nuestros defensores, era desesperante, ni un asomo de reacción y voluntad para ordenarse. Para el segundo ya se vio otra disposición, también otros hombres, la banda izquierda es de Vargas sin discusión, después del “Loco” la verdad no tenemos a nadie (tiene tarjeta amarilla) por derecha es nuestro talón de Aquiles, los rivales se recuestan por ese lado y la verdad que es la puerta abierta que no nos cubre de la avalancha. Quizás este ensayo más allá del resultado catastrófico nos deje algunos chispazos de Mariño, la garra de Paolo, la fuerza de Vargas y el toque de Solano, paramos de contar y para afrontar el resto de la eliminatoria, resulta muy precario. No vale hablar de los sancionados, pero como se van hacer de necesarios e imprescindibles.
Solo quedan algunos días para jugar contra Colombia y después Uruguay, con lo visto hasta hoy, solo quedaría pasar todas las mañanas por la iglesia, hoy sentimos con justa razón mucha rabia y desesperanza, pero a veces la gitanería de nuestros futbolistas le ha dado la vuelta a las circunstancias mas adversas, esta vez no sería la primera, porque confiar en argumentos netamente futbolísticos, la verdad que no hay de donde sacar tela para parchar la bandera, tenemos un hoyo muy visible y ningún optimista se atrevería a pronosticar una buena actuación contra Colombia, a menos que los cafeteros jueguen un partido para 3 puntos y ello mas está unido a los buenos deseos, al azar y al misterio, que a la propia capacidad de conjunto y también individual del equipo de todos.
Lo mas seguro es que los hinchas vayan al estadio con su estampita bajo el brazo y que el aliento se haga visible hasta con estos antecedentes, así somos los peruanos prendemos nuestra velita y nos aferramos a la utopía que nuestro fútbol logre con resultados borrar de un plumazo toda la pobredumbre dirigencial que hoy existe y nos sigue haciendo tanto daño. Ellos estarán agazapados a mirar desde el balcón que la catástrofe prosiga, para salir muy orondos por la mañana a decir un secreto que se cocina a voces: El Chemo, no va más, como si con eso se solucionara la incapacidad que viene matando nuestro futuro en forma de balón. 

