Empate Pelado

La mar estaba en calma y la noche Serena, los adictos al fútbol, los que siguen al mejor del mundo, se habían regodeado durante 45 minutos con un equipo argentino, fiel a este nuevo estilo que impone el Tata Martino, de nuevos movimientos tácticos, intentando ser un equipo radicalmente ofensivo, que presiona arriba y la posesión del balón, es una obsesión para dejar que el genio explote en el momento oportuno. Una constelación de nombres que recarga el volumen en cancha contraria y que disimula algún problema defensivo, que se resuelve en la medida que Messi frote la lámpara.
 
 
Y ante un Paraguay con un objetivo directo del “pelado” Díaz de maniatar a Messi, con escalas en su recorrido, de plantar dos líneas de cuatro esperando que Leo no enlace con los de arriba, la predisposición para defender con todo y contra todo. Aguantar el embate hasta donde se pueda. Y Leo creaba, dibujaba y pintaba, Agüero punzaba y Pastore acoplaba. El gol era una cuestión de tiempo, la duda era cuanto tiempo podía aguantar Paraguay. Vino el primero del Kun y el segundo de penal de Messi. Todo pintaba para fiesta, para goleada y en media mitad de juego.
 
 
Pero el fútbol tiene estas cosas, los goles que no se consiguen, cuando el partido se presenta preciso de definir, producen una ansiedad cuando el contrario se repotencia de esa eventualidad. No se presumía que Paraguay podía revertir ni siquiera el juego, no había generado ninguna en el primer tiempo, pero se alimentó de la intranquilidad albiceleste, de su indefinición frente al arco, de sus ansias de seguir siendo netamente ofensivo, se fue quedando largo y Paraguay, cogió las oportunidades. Primero para el empate en una dividida y otra en el epílogo, para mojar la torta de la decepción y apagar las velas de la fiesta por el primer triunfo con aroma de goleada.
 
 
Ni las apiladas y genialidades de Messi, que pudo haber marcado dos goles de antología, ni los cambios del Tata, pudieron mantener el ensueño del primer tiempo, al albirroja se superó a sí mismo, con una presión más lejos de su área y ganando todo por arriba y vivos para la segunda jugada. Lo que pegaron los paraguayos ante la complicidad del arbitro y Argentina se sintió tomada en la torre, se sintió estremecida y el empate final pudo ser un resultado bizarro y hasta trágico. Después de haber estado con las banderas listas para pasearlas por las calles celebrando un debut apoteósico, el equipo de Martino, sintió un mazazo que lo adormeció y paso de hacer un inicio con triunfo asegurado a un simple y luchado empate pelado.
 
 

CHAMPIONS TRI

PARTIDAZO. Así en mayúsculas, negritas y subrayado. Y es que solo las finales de Champions garantizan un encuentro de alto voltaje, con esa adrenalina que copa las mentes de sus protagonistas y los hinchas de todo el mundo. La espera del pitazo inicial, que hace desechar las pancartas de la especulación y uno se deja llevar por la embriaguez de sentir muy cerca al fútbol, para vislumbrar esta lucha de poderes, que logra hacer que el corazón de sus amantes tome forma de balón.
 
El Barcelona de Messi y la Juventus de Tevez y su espumante subida. Para algunos era Real Madrid, pero estaba la Vecchia Signora dispuesto a dar el batacazo, bajo el argumento del furor y la vehemencia de sus jugadores. Un primer tiempo electrizante, con un Barcelona amo y señor del dominio del balón, una Juve tratando de copar cada centímetro de su campo, sacrificando rendimientos individuales y prevaleciendo el orden táctico para arroparse, presionando a Suarez y alejando a Messi del área, esperando forzar el error del rival y buscar la sorpresa. Pero el extremo cuidado solo duró 3 minutos. Rakitic culmina una jugada de Neymar junto a Iniesta y marca el inicio del espectáculo blaugrana con fútbol y movimientos perfectos, en menos de media hora Vidal jugaba gratis y Buffon ya era figura sacando dos tiros de gol y evitando que sea real la goleada. Se fueron al descanso con un Barsa enseñoreado, con un Iniesta y su inmensidad mental para tejer juego y una Juve enmarañada más dedicada a controlar al rival que al balón.
 
Si algo tuvo esta Juve para llegar a esta instancia, fue fortaleza mental para remontar las circunstancias. Barcelona le había movido la pelota, lo había superado pero no lograba claudicarlo. Con la presión en área ajena como constante de los dos, cuando el tridente asesino empezaba a generar peligro y parecía calco del primer tiempo, la Juve encontró sus 10 minutos de ensueño, primero logrando equiparar el marcador con Morata ante media vuelta de Tevez y luego en el juego, creciendo sus individualidades, con un Pogba y su tranco elegante en un nivel altísimo, sometiendo la defensa blaugrana y dejando la impresión que podía resolverlo contra corriente. Barcelona se samaqueaba en su andamiaje, le costaba encontrarse. Suarez se iba minando, víctima del juego vedado –lo que le pegaron a Luisito- y el juego dio giro de 180 grados. Un ida y vuelta de infarto, con intentos claros en ambos arcos y con la Juve que tomaba por asalto las huestes blaugranas que parecía entrar en tromba.
 
Pero había que llamar al superhéroe, o frotar la lámpara, algo que pueda detener la tempestad que presumía un desastre no previsto. Y una vez más fue Messi, el genio, el mejor del mundo, el que logró una liga española con una actuación individual y colectiva preponderante, en una temporada extraordinaria, para los goles y las asistencias perfectas. El que fue vital para lograr la Copa del Rey y que estaba a un paso de lograr el triplete copero. Y fue Leo el que tomó el balón para agarrar de contra a los tanos y hacer una vez más esas corridas memorables, un arranque espectacular, limpiando rivales y ganando espacios de cara al gol. Intentaron detenerlo de la camiseta, puso quinta y metió un zurdazo fulminante que Buffon dio rebote y allí estaba Luisito, el “pistolero” con lo último de la cacerina para vaciarla en la red y revivir a un Barcelona que bamboleaba y entraba en trance. Era el martillazo necesario para recomponer la calma luego de la tempestad. El grito de Luisito reflejaba el éxtasis de la diferencia de este duelo de titanes.
 
 
Fue el punto de quiebre para la Vecchia Signora, el punto de apoyo para un Barcelona que volvió a tomar el control, cambiando el gesto alegre por el adusto, dejando el futbol de lado y luchar un poco. La tribuna culé remachaba los fallos del juez y la de la Juve seguían empujando por el milagro de Carlitos, que tuvo en sus pies el empate en una corajuda jugada colectiva en el final, pero titubeo en el área. En el epilogo Neymar hace la diferencia cuando encuentra una Juve jugada, entregada al todo o nada y define seco, fulminante ante una contra asesina propia de este Barsa que si hubiera estado fino en definición, no hubiera habido necesidad de pasar tanto susto. Cosas del fútbol.
 
Resulta un gran campeón este Barcelona de Luis Enrique, que ha logrado consolidar un vestuario y potenciado a un Messi en su mejor momento físico y mental, un Neymar más consolidado y vital, a un Mascherano predominante, a un Iniesta más lúcido y a un Luisito Suarez más crack que nunca. Un equipo que sigue apostando al mismo estilo que se genera en la masía. Este Barsa que apuesta a buscar el arco rival aun a riesgo de jugar con dos centrales en el fondo y que a desmedro de poder ser comparado con el equipo glamoroso de Guardiola, tiene su valor agregado en mantener su esencia y su propia identidad. Un equipo que tiene la suerte de contar con grandes cracks y la bendición de tener a Messi, para disfrutarlo y hacerle ganar una extraordinaria triple corona. Una justa y esperada Champions Tri.
 

Super vergüenza

El Superclásico argentino ha sido suspendido en la Bombonera, porque un energúmeno con pinta de hincha tiró gas pimienta a la manga donde salían para el segundo tiempo los jugadores de River y les irritó los rostros de desgracia pero le inflamó la paciencia a todos los que querían un desenlace netamente futbolístico. Ha pasado una hora y media del incidente y los jugadores de Boca y River se niegan a salir del campo. La razón tiene tinte de humorada: “Que se vayan eshos primero” dicen algunos, “La hinchada no me lo perdonaría, si sho salgo primero ” tiran otros.
 
Y esto que raya en la ridiculez, no es otra cosa que un orgullo estúpido que se ha enquistado en el fútbol, producto de esa enfermiza rivalidad que traspasa las fronteras del raciocinio y que se gesta en la casa, se lleva a la tribuna y se demuestra tirándolo a la cancha. Lo peor es que los padres lo enseñan a los hijos y estos crecen con un odio contenido, con una enfermedad incurable y que conforme pasa el tiempo se vuelve insostenible, primero con la sorna insensata y después con la agresión verbal, más adelante se vuelve un odio guardado en el corazón.
 
Y nadie se mueve de la cancha, los de Boca se ponen en fila para ver que se retiren los de River y los pocos hinchas (bueno es un decir) rugen y braman como bestias sedientas para hacerle daño al “rival” tirando lo que tengan a la mano. Qué importa que sean pibes o más grandes todos hacen un grupo de bárbaros insensatos que dan rienda suelta a una pasión enfermiza y descontrolada.
 
Pero los jugadores hacen lo suyo. Los de Boca no quieren dar su brazo a torcer. “Tienen miedo de la repercusión con los hinchas”. Como si ellos fueran dueños de este negocio llamado fútbol y se deba hacer lo que “ordenen” sin lugar a la duda. Y se tuvieron que ir por la manga con resguardo de medio pelo los del “millo” porque no quisieron irse por las buenas los del xeneize. Y se quedaron los de Boca en la cancha, cumpliendo un capricho perturbado, lustrando su orgullo inmaculado, levantan los brazos y saludan a su hinchada, que los aplaude con cánticos y los jugadores responden, les dan las gracias por este papelón de nivel mundial.
 
 
De fútbol solo hubo un tiempo, con un River bien instalado en la Bombonera, con el 1-0 de la ida en el bolsillo y una personalidad para hacerle perder los papeles a un Boca descontrolado, peleado entre líneas y sin argumentos ofensivos. El pitazo final de esta primera parte encontró a los mejores exponentes del futbol argentino en el medio de una coyuntura desmejorada, donde el fútbol ha pasado a un segundo plano y hay una obligación por demostrar quién es el más guapo, el más fuerte, el que doblega al otro no por la razón, solo por la fuerza. Una disputa de vanidades magulladas y que en la cancha origina una guerra de orgullos majaderos, que conlleva a una violencia a veces irracional, donde el balón queda sobrando.
 
Lo que debió ser uno de los mejores superclásicos de esta Libertadores, terminó siendo un escándalo de magnitud internacional y el bochorno argentino más grande de los últimos tiempos. Puede que haya sido solo un inadaptado que le quemó los rostros a los de River, que quizás no se debe generalizar, pero si los mismos jugadores bancan esta actitud desatinada, es preocupante, pues ya no se trata solo de la tribuna, hay algo muy feo que se está metiendo en las propias conciencias. La intolerancia está latente en el fútbol hoy ha pasado en la Bombonera, pero pasa en todo lugar, cada día, en diferente lugar y distinto estadio. Una super vergüenza.
 
 

LA JOVEN SEÑORA Y LA VIEJA COSTUMBRE

El “catenaccio” es un sistema defensivo que fue inventado para no asumir riesgos en el fútbol, predispone el “cerrojo” con 8 hombres pensando en arco propio, con marca hombre a hombre y líbero flotando detrás de la defensa. Sistema que renuncia al espectáculo y resultadista por antonomasia, tiene etiqueta italiana que predominó en los 60’s pero que ha sufrido adaptaciones por la modernidad del juego y la óptica de los DTs amantes de este estilo que han tenido en Mourinho su mejor exponente, quien tiene tantos trofeos en su vitrina como detractores en la tribuna. Pero es un sistema válido, que colisiona con la revolución de Guardiola y su tenencia del balón, el toqueteo infernal para conseguir los mismos resultados pero de manera antagonista. Cuestión de estilos y también de consecuencias.
 
La Juventus pese a ser italiano, no es un exponente del estilo ultradefensivo, pues en el fútbol de hoy nadie se puede dar el lujo de mantenerse 90 minutos cuidando la puerta, porque las individualidades pueden demoler en un segundo todo el andamiaje con una genialidad y peor aún si en el rival hay más de un talentoso. Por ello con el marcador a favor los “bianconeros” con Carlitos como bandera, fueron a Madrid para arroparse en el medio y cortar los circuitos madridistas pero sin dejar de mirar a los ojos a Casillas. Inteligentes para aislar a James y someter al error a Bale, CR7 y Benzemá con un Vidal peligroso, un Tevez laburador, un Pogba sobresaliente ante la desidia de Pirlo y un Morata oportuno y demoledor arriba
 
Control mediano al inicio de la Juventus, luego manejo del balón del Real Madrid y también del marcador con un cobro dudoso a James. El punto de penal da a CR7 su décimo gol en la Champions y enciende la antorcha de la ilusión en el Bernabeu, que conforme sumaba ataques hacia valiosos a Chiellini y Evrá en la Juve que tenía un Marchisio dúctil para el desdoble y ante un Carlitos tapado, un Pogba en la mejor expresión del futbolista total para la recuperación y generación de ataque, aunque impreciso en el último pase. Equilibrio de ataques con su razón de ser en la lucha intensa del mediocampo, lugar donde nacen las ideas y que era compartido por el reparto de opciones. Gianluigi Buffon a desmedro de sus años, desde el inicio se hizo figura descollante. El portero italiano y su potencia de piernas le sacó sendos remates de Bale y otro a Benzemá y fue un envión anímico para su equipo.
 
Morata, un jugador con los genes del Real Madrid, que fue desechado por 20 millones y la imposibilidad de jugar ante tantas figuras, se convierte en el verdugo de capucha negra. En la ida dio inicio al triunfo y en Madrid simplemente fue el elegido. El español recoge un rebote en el área, la acomoda con el pecho y suelta el latigazo que castiga a Casillas que ya había sacado en un mano a mano, el gol de la garganta a Marchisio. Un marcador duro para el Madrid, pues en la remontada había que poner mucho más que gel y piernas. Allí el “catenaccio repotenciado” de la Juve fue vital para ser disciplinados y tapar bien los espacios, dejando sin opciones claras a un Real Madrid que fue diluyendo sus ansias y sucumbiendo lentamente.
 
La Juventus, disputará ante el Barcelona, su octava final de Champions, con su cuarto scudetto en el bolsillo y una historia rica en competiciones. Mientras el Real Madrid solo le hará oídos a la “maldición del campeón” que no permite dos títulos consecutivos desde que otro equipo italiano como el AC Milan logró en el 89-90. Se viene un partido de alto voltaje con dos estilos definidos. El de posesión y desequilibrio del Barsa y el explosivo como disciplinado del “bianconero” que pondrá en el césped del Olímpico de Berlin un duelo sudamericano de Messi y Neymar Jr ante Tevez y Vidal. Pero quizás el encuentro mediático esperado será la de Luisito Suarez y Chiellini, después del mordisco del último mundial.
 
El Barcelona primero debe definir el título de Copa del Rey y la Liga Española antes de pensar en Berlín, habrá un desgaste natural que Juventus, puede aprovechar y que irá preparando desde ahora, primero para utilizar el mejor sistema defensivo similar al “catenaccio” para frenar al tridente MSN y ser letales arriba A la joven señora por estos días no le disgusta para nada, la idea que para ganar la Champions, deba apelar a una vieja costumbre.
 
 

HALLO BERLIN

Era una epopeya para el Bayern remontar el 3-0 del Nou Camp, primero porque debía hacer el mismo marcador y después superarlo, cuidar que no le hagan ninguno y custodiar celosamente que el tridente asesino culé, no funcione y que todos sean relojitos para evitar darle espacios a Messi y no dejar por ningún motivo que frote la lámpara. El Pep había calculado todo en la pizarra, avasallar desde el vamos y meter al Barsa en su cancha. Cuidar los arranques de Suarez con Xabi Alonso de tapón y alejarlo de Neymar con el trabajo dúctil de Schweinsteiger. En 7 minutos Benatia empezó a ilusionar el Allianz Arena con un testarazo y ponía en ámbar un resultado viable desde la actitud de sus jugadores y toda la gente que hacía un mosaico gigante en la tribuna que mostraba “Una ciudad, un sueño".
 
Pero Messi y su banda, son especialistas en destruir sueños cuando se conectan sin necesidad de cables y su Wi Fi mental los enlaza casi sin mirarse, casi sin siquiera hablarse y solo les basta seguirse con los ojos para buscar el espacio justo, picar para el desequilibrio detrás de la defensa rival. Primero Leo con un pase exquisito para Luisito y este habilita a Neymar Jr. que define en la cara de Nuer. Emparejados en el marcador, favorable para el Barsa y cuesta arriba para el Bayern, que debía comenzar a remar de nuevo. El segundo vino de la misma manera y en medio tiempo de fútbol de alto nivel, el tridente hacía oído a la música y el Barsa avasallaba en el marcador final.
 
La obligación de una goleada utópica no amedrentó al equipo de Guardiola que nunca renunció a pelear cada centímetro de posibilidades, las tuvo claras, jugando contra las ansias, cuando el partido se hizo de poder a poder y también en el segundo tiempo cuando se aburguesó el equipo de Enrique, producto de la ventaja de la ida que le permitía sacar el pie del acelerador. Dominio permanente del Bayern pero no llegaba al gol por obra y gracia de Ter Segen, el arquero alemán que pelea el puesto con Neuer en su selección y que paradójicamente se convirtió en el otro muro de Berlin con camiseta culè. Sacando pelotas de gol, impidiendo el grito bávaro. La mejor de todas, una atajada a dos tiempos a Lewandowsk, que dejó la duda en la raya junto al poste.
 
Fueron varios los sustos en arco del Barsa, desde el empuje de Müller y una actuación memorable de Lewandowski que logra el empate en una jugada pintada que dejó en ridículo a Mascherano. Enganche por izquierda y amague por perfil derecho, sacando el toque sutil que dejó parado a Stegen. Crack total. La diferencia la hace Müller con un golazo premio a la insistencia aunque con una fiera lucha contra el tiempo, pero sacando el orgullo interior alemán. Un Bayern luchando hasta el pitazo final con una actitud digna. El 3-2 no alcanzó y Barcelona jugará en Berlín su quinto título de Champions League de su historia, esperando al rival del duelo entre el Real Madrid y la Juventus.
 
Un partido definitorio que encontró a un equipo alemán que no quiso sucumbir a la resignación y que dejó más que intenciones en la cancha, que quizás en la utópica posibilidad que hubiera podido remontar, le hubiera costado un desgaste físico descomunal que le hubiera pasado factura en la final. Este Bayern no tiene a Ribery, Robben y dista mucho de su mejor versión. Barcelona tiene otra realidad, disfruta su mejor momento, es finalista en la Copa del Rey, está a un triunfo del título en la Liga española y cuenta en su pico de rendimiento al tridente MSN (Messi, Suarez, Neymar) el sueño de lograr el triple título tiene color esperanza. Por ahora saluda en idioma Alemán. HALLO BERLIN.
 
 

GENIO de otra galaxia

Dicen que los genios del fútbol viven en una galaxia distinta, tienen su propio hábitat, sus estrellas brillan de otra manera y su vía láctea tiene marca registrada. Dicen que debe existir un Olimpo en donde reposan sus talentos y regodean sus ánimos, disfrutando un confort con privilegios, solo reservados para los que tienen el don especial de tratar bien al balón. Dicen que de cuando en vez, suelen hacerse mortales y aparecer en el momento justo, en una cancha de fútbol, para frotar la lámpara y desparramar gestos inmortales que alegran los corazones de los amantes del fútbol. Debe ser cierto, porque lo que hizo Leo Messi ante el Bayern se acerca mucho a esos rasgos de extraterrestre.
 
Y resulta difícil hallar otra explicación a este triunfo culé de marcador abultado, sin subrayar el nombre de Messi, si hasta las premonitorias palabras del Pep Guardiola "Así como está, Leo es imposible de parar" se cumplieron a plenitud, la pulga en tres minutos hizo un doblete espectacular y generó un desequilibrio que buscó todo el partido pero que le costó superar ante la marca escalonada y la buena disposición del Pep, que arrancó con línea de tres pero cambiando ante la avalancha culé en una línea de cuatro definida para tener solidez en el fondo. El inicio vertiginoso del Barsa originó que el mejor arquero del mundo se haga notar. Primero un mano a mano a Suarez, otro a Neymar Jr. y otro a Dani Alvez salvando con el pie. Neuer, era la figura del partido y el muro de Berlín puesto en el arco bávaro. Se jugaba al límite con un ida y vuelta a mucho vértigo, con un Barcelona punzante y profundo, pero un Bayern, solido por momentos y llegando con lo justo arriba. Lewandowsky ante desborde de Müller llega tarde y pierde la mejor ocasión.
 
Luis Enrique priorizó mantener cerrada las subidas de Lam tirando a Neymar por su lado y buscar las asociaciones de su tridente apoyados de un Rakitic siempre prolijo y un Mascherano que remendaba todo lo que se descocía. Pero quien conoce más su obra que su propio creador. En el complemento el Pep cesó el vértigo del Barcelona en base al mejor manejo del balón, un tiki taka pausado y lejos de su arco. Mejor parado en la cancha, se hizo corto aunque sin generar peligro para el arco de Stegen. Era un control del juego pero no del partido. La figura de Mascherano crece cortando avances y habilitando mejor. Las ausencias de Robben y Ribery, se hicieron notar más de lo debido. Pero el equilibrio estaba dado para jugar contra el reloj y partir a casa con las maletas llenas de esperanza. La mano de Guardiola se veía por partida doble en el Camp Nou que empezaba a impacientarse.
 
Pero ante un sistema defensivo escrupulosamente efectivo y las ansias por las agujas del reloj, no había otra, hay que tocarle la puerta al Olimpo, para que el genio se haga mortal y decida bajar a la tierra y nos regale un final feliz de goles. Y no fue uno, fue un doblete. El primero, Dani Alves roba un balón y de reojo habilita a Messi, quien pisando el área suelta un latigazo terrible que bate a un Neuer que parecía un muro inexpugnable. El Pep se exalta por la desconcentración de su defensa y Leo lo celebra efusivamente con la gente. Tres minutos más tarde, vino la oda al embrujo que tiene Messi en los botines. La recibe frente al arco y encara a Boateng, quien en su intento de adivinar el perfil, queda desparramado ante el amague de adentro hacia afuera que hace Leo a una velocidad vertiginosa y frente a Neuer, con segundos para decidir, la pica de derecha para hacer un globo de perfección y encanto, que se cuela junto a la desesperación bávara y la exaltación de la gente culé que se expande por el mundo entero. GOLAZO!!!... Una joya, un pedazo de gol que por su ejecución, sentenciaba todo en Barcelona y se escuchaba el aplauso eterno para esta genialidad descomunal, porque nos dejaba pensando en verdad de qué planeta ha venido.
 

Con un Bayern al borde del KO, el Pep arriesga y pone toda la carne al asador, buscando acortar la diferencia apuesta por ir al frente, pensando más en la revancha que el propio partido. Pero fue una acción suicida, con espacios este Barsa mata, el tridente de Messi, Neymar Jr y Suarez, desacomoda las intenciones y es letal de contra. Se vino el tercero casi en el epílogo y realmente fue una sinvergüencería de Neymar Jr. Balón robado y habilitación de Leo para que el brasileño defina con mucha calle y esquina por entre las piernas de Neuer decretando la diferencia marcada, para ir a la revancha con medio boleto en el bolsillo. Aunque con los alemanes nada es definitivo. Nada tiene final hasta que termina.
 
Solo queda darle gracias al barbas, por el fútbol, por los goles y por esta magia llamada MESSI. Gracias Leo, gracias GENIO, la única manera de vencer al Goliat del arco era con la honda del talento y la magia de tu botín (Te la debía del mundial). Dicen que los genios del fútbol son así, parecen mortales y resulta tan gratificante tenerlos en la tierra para disfrutarlos y admirarlos como exponentes máximos del fútbol, aunque a veces y solo a veces, pareciera que pertenecen a otro planeta y que son genios venidos de otra galaxia.
 
 
 

El Fuerte Apache

El cielo de Turín albergaba estrellas que se movían al compás de los cánticos de los tifosi en las gradas, que bailaban ansiosos y libertinos por seguir alargando esta resaca efervescente de embriaguez triunfal. Estos partidos de semis de Champions concitan la atención mundial tanto o igual que los partidos de mundial, el nivel superlativo lo amerita y siempre se espera en estas instancias, partidos vibrantes y llenos de adrenalina. Abajo en el verde, estaba el grupo, el plantel de esta Vecchia Signora que aparece repotenciado, con su scudetto bajo el brazo y sus ganas permanentes de querer devorarse el mundo de un solo bocado. El rival, un Real Madrid siempre temible, siempre prolijo y último campeón de Champions. El mundo paralizado esperaba un encuentro vibrante con buen fútbol y una lucha de poderes en el campo que debían definirlos los que saben jugar este tipo de partidos.
 
Salir a matar desde el banco, esa fue la actitud de la Juve. Generar peligro a partir del desconcierto que suele acompañar al Madrid, cuando sus individualidades andan dispersas y no se saludan en la cancha. Una actitud que requiere todo un andamiaje colectivo, para taponar las salidas del rival y disipar los atisbos de ataque merengue, teniendo el balón en su cancha. Arrinconando sus intenciones debajo de su arco. Fue muy temprano que Tevez encuentra un claro para pegarle con el alma, Casillas responde a medias y Morata –gran actuación- vacuna a placer. El mejor inicio del partido aunque no durara mucho tiempo. Antes de ir a la pausa CR7 de actuación intermitente empareja todo debajo del arco, James había errado previamente de “palomita” lo que pudo cambiar el rumbo, era hora de empezar de cero. El gol de CR7 tiene doble validez y puede gravitar en el desempate del Bernabeu.
 



Fue un partido que tuvo momentos de buen fútbol, pero también con algunos baches. Si la Juve se aplanó con el empate, el Madrid no tuvo determinación para buscar el triunfo, teniendo tan buena cuota de fútbol. A pesar de la intensidad que se jugaba, no trascendieron algunas individualidades, trivial Bale, desorientado Ramos de improvisado medio y despistado Isco que no es lo mismo que Modric, quizás James era el más claro con el balón aunque impreciso en el Madrid. Pirlo en la Juventus, demasiado discreto y Vidal bien controlado, solo Morata y Tevez que intentaban más con pasión que con claridad. El 1-1 era buen negocio para el RM y un dolor de cabeza por todo el cuerpo para la Juve. Alguien debía ponerse el casco y arriesgarlo todo.
 
Y tuvo que ser Carlitos, embanderando su cuerpo con decisión y en el mejor momento del Madrid, hizo una corrida memorable de 50 metros, con el corazón de Tevez, con los huevos de Tevez, para inventarse un penal que el mismo cobró con rabia y calidad, mostrando en la celebración el arrebato hacia los hinchas que lo idolatraban en la tribuna. Ese mismo arrebato que lo acompañó en los instantes finales en que Allegri decide su cambio y se fue puteando al mundo entero. Y es que Carlitos es así, siempre intenso y explosivo, quiere jugarlo todo de principio a fin, siempre con esa sonrisa dispareja en los instantes de júbilo y su cara de perro enojado cuando le chocan por atrás, al coche de su paciencia. Hoy su botín derecho puso la diferencia y sabe que en Madrid puede pasar cualquier cosa, incluso perder.
 
Si la Juventus hoy tiene un sello distinto, más que por individualidades es por el colectivo que ofrece, no es un dechado de virtudes, pero es meritoria la intensidad que imponen sus líneas, ha consolidado su sistema táctico, fortaleciendo su forma de juego, pero principalmente porque ha asumido como etiqueta, la personalidad de un Carlitos Tevez, que está en su plenitud física y madurez, es su goleador y máxima figura, que quiere la orejona y va por ella, para besarla en la cúspide de su carrera. Es la bandera turinense que la Vecchia Signora enarbola en su presente mediático que vive. Carlitos es el jugador determinante que desahoga la presión que meten los tifosi, con esa actitud de irreverencia y desfachatez para estar siempre mirando el arco contrario, que le ha valido su momento especial con la Juventus, que lo encuentra fortalecido y convertido en el jefe vigilante de este, su Fuerte Apache.