Mostrando entradas con la etiqueta Juan Aurich. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Juan Aurich. Mostrar todas las entradas

El ciclon que devastó la caldera

Aquella pelota en la testa del “Burrito” Ascoy que se fue afuera, cuando lo más difícil era fallar. Esa otra pelota envenenada que la esperaba Tejada y apareció la humanidad inoportuna de Zúñiga para mandarla a un costado besando el madero o ese balón caprichoso que pegó en el milagroso horizontal, fueron oportunidades que en el partido de ida, solo quedaron como anécdotas y hasta se asumió la presencia mística de los “Potrillos” fallecidos en Ventanilla, que merodeaban y salvaguardaban el arco aliancista. Pero en ese partido, Alianza no solo se encomendó a todos sus santos para ganar el primer tiempo de los Play Off. Tuvo orden desde el arranque y un planteamiento que le permitió aprovechar el desorden del Aurich y asumir desde la experiencia de Jayo y la frescura de Arroe, sacar una ventaja favorable de cara a la definición en casa, con su gente y con olor a multitud.

Pero cada partido es una historia distinta. En Matute, de local, quienes debían ser los acelerados y descontrolados eran los de rojo y los que tenían la obligación de hacer del control emocional un credo y una divinidad, eran los de pecho blanquiazul. Era una cuestión de poner los hombres pensantes y los que saben ser sabios antes que impetuosos, los que hacen el equilibrio cuando se calienta el partido y los decibeles aumentan desproporcionadamente. Debían aparecer los que saben manejar los tiempos oportunamente y llevan el partido hacia su conveniencia. Era la oportunidad de hacer prevalecer esa jerarquía, tan necesaria para este tipo de definiciones.

Pero esta nueva historia se empezó a forjar desde la actitud. Mientras Alianza se acicalaba para salir a la fiesta preparada con antelación, el Aurich vino vestido con ropa de faena, envalentonado y prepotente, salió arrebatado a definir todo de un solo disparo, sin dejar que Alianza siquiera se diera cuenta que le abrieron la puerta trasera. Un Chiroque avasallador, Tejada encarador y un Merino fantasioso y efectivo por momentos, contagiaban el vértigo de un ciclón que empezaba a soplar y muy fuerte. Un Alianza sorprendido, maniatado, ahogado y respirando por la boca. Tuvo que salir “Periquito” lesionado, para que bajen las revoluciones y ver una reacción grone. Pareció que Montaño despertaba y Hurtado se metía al partido. Se equiparaban las fuerzas y se calentaban los ánimos.

Para el complemento, el banco fue decisivo, pero también la diferencia de plantel. Umaña, viejo zorro de estas lides, tuvo una mejor lectura del juego, tirando a Ciciliano y Zúñiga para forzar que no salga Alianza y Arroe tuvo que cambiar a Ovelar por fatiga muscular. José Carlos Fernández, es voluntarioso e impetuoso, pero de lejos el paraguayo es mucho más valioso, para cuidar el balón y tener presencia en el área. Bazán se fue expulsado y Alianza se vio tocado de nervios. Jugaba con descontrol emocional, se perdió la tranquilidad y aumentó la zozobra. Ciciliano fue tomando los hilos y su figura se elevaba por sobre el resto. Empezaba la danza de las tarjetas amarillas y el condicionamiento de las faltas por Carrillo, a quien se le escapaba el partido.

Alianza en contraataque, genera el gol de Fernández, que la mete escandalosamente con la mano. Debió ser expulsado, Carrillo le perdonó la vida y empezaba a jugar gratis. La respuesta vino con trepada de Guizazola, la arremetida de Zúñiga, para anotar en el arco de Libman y Matute se convierta en un sepulcro. La fiesta se iba al tacho y el partido se hacía más trabado y luchado que jugado. Poca claridad y demasiada fricción. Se empiezan a perder los papeles y cuando se hacía más necesaria la paciencia y el equilibrio, primero se fueron expulsados Zúñiga y Rojas por el Aurich y después al final Montaño. Alianza termina perdiendo el partido, pero recién va a sentir su ausencia cuando extrañe al colombiano, como en toda esta tarde.
Ramos y Fleitas chocando nerviosamente en propia área. Libman haciendo de delantero desesperado y Arroe mirando el banco sin encontrar alguna respuesta. Imágenes paganas de un Alianza que asumió un encuentro con la conformista actitud de buscar un empate y se encontró con un Aurich que vino a ganar o morir y luchó cada pedazo de terreno, haciéndose fuerte de la cabeza, encontrando los hombres perfectos para un plan de asalto a la caldera, que hirvió de pasión, pero se congeló de la impresión. Un Alianza que no supo tener equilibrio emocional y terminó siendo víctima de su propia vehemencia, por no querer perderlo, pero tampoco tener claro, como ganarlo.

Alianza y Aurich, tendrán que definir en un tercer partido y los chiclayanos parecieran haber terminado mas enteros, tienen mejor plantel y hay como echar mano al recambio. Alianza perdió también a Jayo, quizás Ovelar y deberá afrontar con el resto. El nacional deberá albergar nuevamente un partido definitorio que para los íntimos, afligidos por dinero, puede terminar siendo un buen negocio en lo económico, pero si repite esta actuación, se puede quedar devastado anímicamente por este ciclón que hoy arrasó la caldera y aguo la fiesta de color blanquiazul.
 


La fábula del Rei y el burrito Ascoy

Érase una vez un Rey, que nació con su corona puesta y envuelto en una manta blanquiazul. Era muy joven –demasiado inexperto- decían los sabios, para que ejerza un mandato, porque temían que los vecinos de la comarca, podrían vejarlo en su candidez. Peligraba su futuro en forma de balón y el de un pueblo de pecho carbón, que ya empezaba a idolatrarlo. Nadie osaría a estropearle la vida al soberano hacedor de goles y jugadas fantásticas. que sobre esa nación de íntimos de corazón, empezaba a crecer y hacerse hombre demasiado pronto.

Era el Rey, de apellido Manco, de piernas ágiles y compositor de fantasías. Un Rey que crecía muy rápido, pero no se apuraba por madurar. El entorno lo fue haciendo egoísta y roñoso. Sus consejeros, eran amigos del enemigo y sus verdaderos amigos, se fueron haciendo sus cómplices, su servidumbre y oportunistas del poder. No había crecido aún lo suficiente y ya se creía un Dios, su ego fue engordando tanto como su riqueza material, mas su espíritu era pobre y se envilecía con la lujuria que encontraba en su imperio de fantasía. Fue perdiendo a sus consejeros y sabios, hasta que el escándalo marcó la ira del pueblo. Un buen día, fue desterrado hacia tierras lejanas.

Fue el tiempo y la distancia, los que aconsejaron a Reimond Manco, que debía retornar, con su pueblo y con su gente, para demostrar que había cambiado. Ya no podía regresar a su palacio blanquiazul, porque otros habían ocupado su lugar. Decidió irse por lares norteños. Fue a calar entre gente buena y comida exquisita, un lugar apacible para poder demostrar de que estaba hecho y cuanto había meditado. El pueblo de Chiclayo y el Juan Aurich lo cobijó y Suárez lo hizo su protegido. Conoció a un alegre burrito, llamado Ascoy. Quien también tenía el mismo pasado blanquiazul. El mismo carácter irreverente y hasta la similitud en el juego. Solo que este burrito, era mas adulto, había pasado por varios gobiernos y nunca fue protagonista. Fue una revelación y un prospecto de príncipe, pero fue mas borrico que soberano en sus acciones y se quedó en el tiempo, congelado a su suerte.

Reimond Manco, es un jugador de virtudes brillantes, pero escaso de sabiduría. Acostumbrado a la adulación extrema, tiene el ego mas inflado que sus bolsillos y la vanidad, mas que un defecto, es parte de su vida misma. Cada vez que se echó a jugar, siempre dejó una estela fulgurante de crack en potencia. Pero lo que hacía con sus piernas prodigiosas, las borraba con su lengua ligera y su voluntad frágil. Su paso por Europa, de pronto le puede haber dado potencia muscular y su cuerpo pintarrajeado de tatuajes, le pueden fijar un físico distinto, pero no cambia esa pelea interna contra los que se atrevan a siquiera cuestionar algún error o deficiencia suya. Su majestuosidad no lo permite y parece que nunca conocerá, el significado de la palabra humildad.

Pero el fútbol, es el deporte que nos une y nos divide al mismo tiempo, incluso le da un espacio a la revancha. Manco fue parte de la escuadra roja que debía ir a pelear con su antiguo reino, un lugar en esta Libertadores que se ha puesto caliente. En Matute lo recibieron con silbidos y escupitajos. Mojaron con agua sucia su estima e hicieron de su recuerdo una descalabrada muestra del olvido. Aquella vez, estuvo en la cancha poco tiempo y sintió que su pueblo lo había olvidado por completo. Pero vino el partido de la revancha, en su nueva casa. Y el Rei salió distinto, en su cabeza solo estaban las ganas de vengar su estima y callar las voces a punta de fútbol. Cosa que él sabe hacer muy bien y así se empezó a escribir esta historia.

Los partido de copa, son diferentes y grones y chiclayanos así lo entendieron. El estadio pintado de rojo y Aurich que ponía toda la carne en el asador. Con una defensa mas adelantada para frenar el arranque de Aguirre y devolver la moneda de Matute. Presionar las bandas y buscar el desborde. Pero fue Alianza el que rompió el encanto. El “Zorrito” desborda, mete la puñalada y Sánchez empalma su furia. Muy temprano se abrían las sonrisas blanquiazules. Un ida y vuelta con vértigo por ambos lados. El Rei y el “burrito” Ascoy, se van haciendo importantes. Ciciliano mas libre que nunca y Tejada teniendo a mal traer a Solis y Cia. Alianza entraba al juego, a su estilo y a su forma. Pero ni Sánchez ni Tragodara tenían espacios. Opacado Quinteros, el “negro” Gonzales quedaba siempre desairado. Era el tiempo para que el Rei, se vista de soberano. Primero con una jugada excelente para habilitar a Guizazola que le mete tres dedos y empata el partido. Luego un cachetazo soberbio que dejó otra vez a Guizazola libre para el centro que calzó Tejada y se fue besando el poste. Fernández la pierde en la cara de Morales y se esfuma la chance grone. Otro pase magistral del Rei, hace ganar el corner, que deviene en el frentazo de Tejada que daba vuelta al marcador. Encuentro de trajín intenso y fuerzas parejas. El Rei Manco, ya es figura. Fin del primer acto. Partidazo.

El Rei esperaba su hora. La hora del desagravio personal. Balón bien jugado por Ascoy y Ciciliano la deja para que Manco haga lo que debe y el Rei rencoroso, la clava arriba y explota su ira contenida, increpándole a su pueblo que lo olvidó, su revancha, olvidándose por un instante de su cuna, de su gente y sus recuerdos. Era hora de sentarse y reflexionar que no es buena la ira y menos hace bien la venganza. El Rei se va de la cancha y recibe el saludo del respetable. Ha quedado solo el “Burrito” Ascoy. Alianza ha descontado el marcador con un “Buffalo”, pero nadie lo repara.

Minuto final, Es el epílogo. El “Burrito” Ascoy, ha tomado el balón y no pretende dárselo a nadie. Los defensas aliancistas, van quedando como postes, se interna al área cual cazador intrépido y sigue dejando aplanados a sus cancerberos, que no atinan a frenarlo. Ha llegado a la zona de fuego, donde el enemigo era inexpugnable y suelta el sablazo, que se va a colar allá arriba, donde descansan las angustias de color rojo y la tensa calma del fundo aliancista. Una maravilla de gol y un broche de oro para una noche fantástica. Este Aurich ha dejado huella. Ha sido protagonista con esa forma simple de ser efectivo. Arrollando con lo que tienes y defendiendo hasta con lo que solo te imaginas.

Ha terminado el encuentro y el Rei, suelta un tardío arrepentimiento por celebrar afiebradamente su gol, ante su recordado pueblo. Dijo muchas cosas, pero vale mas lo que sintió cuando marcó en la valla que antes defendía. Esta vez fue sin mayor remordimiento, pero convencido que era lo justo. Mientras el “Burrito” Ascoy, secándose el sudor, empieza a darse cuenta de la tremenda joya que dejó en la cancha. Alianza no ha jugado mal, Aurich jugó demasiado bien. Quien lo diría, Guizasola también tiene un pasado aliancista y anoche también fue figura. De alguna manera, forma parte de esta fábula de aquel Rey Manco y el “Burrito” Ascoy, que tuvieron que esperar una noche de cuento, para sentirse un poco saneados en su estima, un poco recompensados en su orgullo y algo tranquilos del corazón.

MORALEJA
A veces mas recordamos a los hijos, por lo que nos hacen sufrir por ingratos, que por lo que nos puedan alegrar por orgullo o recuerdos gratos.