La muerte súbita del D10s

Para los argentinos. Diego Armando Maradona, más que un héroe o mito viviente, que tocó la gloria con sus manos en México 86 y que los hace sentir orgullosos del país que ha parido al mejor futbolista del mundo, es un tótem, un Dios alterno, que tiene su religión propia y su credo, que puede ser cuestionado por su vida personal trastornada, o su forma de mirar el mundo desde su omnipotencia creada por la misma gente, de su país y del mundo entero, pero Dios al fin y al cabo que cuando habla, lo escuchan todos, cuando opina, crea polémica y cuando se equivoca, le perdonan todo. Maradona, para los argentinos es un sinónimo de fe, de confianza, pero también de infamia y decepción.

Cuando argentina se venía cuesta abajo en las eliminatorias para Sudáfrica 2006, Basile dijo no voy mas y siguió el mismo camino de Bielsa y Peckerman. De que vale tener tantas individualidades superlativas y al mejor jugador del mundo -pensaron ellos- si no existía una forma de llegarles y convencerlos que podían unirse y dejar de ser los millonarios futbolistas, para ser los soldados que su patria reclamaba dentro de una cancha de fútbol. Cuando las opciones se agotaron en la tierra, Grondona le tiró una plegaria al Olimpo del fútbol, allí donde Maradona tiene su morada. Si no había algún ser humano que podía resolver el problema, la única manera, era recurrir al D10s, al único capaz de enfrentarse a todos, al único capaz de inmolarse, al único D10s del fútbol, que los argentinos le pueden pedir un milagro.

Y Maradona, tuvo que bajar de sus aposentos y vestirse de mortal, para fungir de entrenador. La mitad del mundo le dio la espalda, solo los fieles, lo siguieron bancando. Está claro que un entrenador, debe estar preparado y es esclavo de los resultados y Maradona no tendría que ser la excepción. Argentina llegó al mundial con el pantalón en la mano. Se fajó la primera vuelta y pasó a octavos, dejando la impresión que el teorema maradoniano, la paternidad para con sus jugadores y el feelling divertido entre progenitor y sus vástagos, era suficiente para lograr llegar lejos, sin apelar a un trabajo serio y comprometido. Contra México, el resultado ocultó una falencia defensiva que era evidente y un poder de recuperación escaso. Esa vez, las individualidades, lograron que el D10s mortal pueda seguir creyéndose divinidad y sus fieles, seguir rindiéndole pleitesía.

Pero contra Alemania, era la prueba final para ver cuán grande o creíble era el enigma de Maradona. Y la realidad fue demasiado cruel. Estaba orgullosamente enamorado de su equipo y no lo cambió, a pesar que los códigos del fútbol indican, que todos los partidos no son iguales. No bastó tener al mejor futbolista del mundo en el ataque, ni al D10s en el banco, disfrazado de director técnico. Tampoco alcanzó el carisma y la motivación. Lo de Alemania fue una indiscutible masacre. Primero porque el cachetazo del gol tempranero de Muller, tiró abajo la estantería de una formación caprichosa y para remontarlo, tuvo que apelar a la entrega y el corazón inmenso de Tevez, al impulso de un Messi ensombrecido por camisetas negras y un Di María, laborioso, pero desenganchado. Un mediocampo que siempre dio espacios y un Mascherano sacrificado. Un equipo con mucha gente de vocación ofensiva, pero con poca disposición para ponerse el overol y una defensa que nunca ofreció garantías.

Alemania, en cambio, fue un equipo compacto en todas sus líneas, eficiente, seductor por momentos y muy apasionado para recuperar el balón. El equipo de Joachim Löw, jugó muy cerca de la perfección. Ozil, Muller y Podolski fueron los baluartes, para la recuperación y Klose, tan letal y efectivo, como en cada mundial que ha jugado. Pero si hay alguien que jugó para los diez puntos, ese fue El ‘Kaiser’ Bastian Schweinsteiger. Tremendo jugador, cuanta evolución, desde aquel tractorcito, que recorría la cancha, cumpliendo fielmente su función. Hoy es un jugador, que marca los tiempos, tiene marca y vértigo para llegar al fondo. Un jugadorazo.

La última razón del triunfo de Alemania se basa en ese concepto tan elemental como verdadero: el funcionamiento colectivo siempre es superior a la inspiración individual. Argentina no fue un equipo, sino un conjunto de jugadores, que con ganas intentó dar vuelta una historia. Alemania fue muy superior, ganó por demolición, sometiendo a su rival, hasta dejarlo exhausto y matarlo sin compasión. Los goles fueron producto de esa capacidad y dejaron la tristeza en cada rostro argentino en la tribuna, en esa carita desconsolada de Maradona, buscando el desahogo con sus hijas, reanimando a sus jugadores, en las lágrimas de Messi, de Heinze, de Tevez, de Burdisso... De todos.

Los argentinos tienen una forma de sentir el fútbol muy especial. Es una mezcla de pasión enfermiza y entusiasmo afiebrado. Una eliminación como ésta, deja una sensación de dolor inmensa. Y no solo por el resultado, sino por cómo se dio. Fue una eliminación con paliza, una paliza histórica. Por eso ha sido sorprendente, como los argentinos han recibido a su selección, con una resignación sin precedentes. Han vitoreado a sus jugadores, les han agradecido su esfuerzo. Ellos han pedido perdón y ha existido un abrazo sincero de reconciliación, incluso entre aquellos que antes, no hubieran soportado un resultado tan catastrófico. A estas horas estuvieran pidiendo la cabeza del técnico y crucificando a sus jugadores.

Puede ser que este dolor compartido los haya vuelto sensibles y puede que sea el consuelo a una herida abierta y por allí, el punto de quiebre para recomenzar una nueva era. Otros, los más fieles, dicen que esto, solo lo puede lograr la idolatría por alguien que es su tótem, ese D10s que les hace falta y que tuvo que fungir de guía. Quizás los argentinos no entiendan o no quieran entender que Maradona, será para siempre el D10s del fútbol, por todo lo que hizo dentro de una cancha de fútbol y hoy sea un recuerdo fósil de aquel 86, con el que viven muchos de los que lo admiran en el mundo entero. Pero para ser entrenador, debió ser tan mortal como cualquiera que lo idolatra y en eso, tiene demasiadas cuentas pendientes, porque se ha fallado a sí mismo, a su gente y a su familia, sacando como castigo, tener que morir un poco, con esta eliminación tan penosa de un mundial de fútbol.


Uruguay, bendita locura

De todos los partidos jugados en el mundial, este Uruguay –Ghana será recordado, no por el fútbol mostrado y que se escondió, apareciendo tenuemente en la cancha, sino por esos minutos electrizantes en el epílogo del suplementario, que precedieron a esa jugada inédita, donde Luis Suarez se hizo el villano mas vilipendiado y posteriormente en el héroe, que permitió que la luz de esperanza que alumbraba los corazones uruguayos, no se apague y renazca, por su raza y su temperamento. Si tenía el papel de goleador, del verdugo que tiene un romance con la red, le tocó esta vez hacer de guardameta y salvar la historia gloriosa que viene escribiendo este equipo uruguayo.

Este partido presentaba un equilibrio de poderes. Estaba para cualquiera que propusiera, algo de sí mismos, algo que sea su identidad y algo más que fútbol. Algo que pudiera rimar con entrega, sacrificio y pundonor. Y fue Ghana quien propuso mas, estuvo cerca del primero, más por ocasiones de gol creadas, que por juego mismo. Fue una fase del partido en la que los jugadores africanos dispusieron de varias opciones, lo que se unió a unos minutos plagados de adversidades para Uruguay, primero con la lesión y sustitución del capitán Lugano por Scotti, y luego por un fuerte golpe en la cabeza de Fucile.

Uruguay no entró bien en la segunda mitad, encontró con un rival duro, que lo complicó, ya que al principio mostró las mismas deficiencias que en la primera. Sin embargo, a los diez minutos de juego, una falta lanzada con potencia y colocación por Diego Forlán puso el empate en el marcador. Tremendo golazo, que fácil era para elevar el ánimo al tope y liquidar el partido aprovechando el letargo Ghanes. Y Uruguay tuvo varias, en los pies de Forlan y Suarez .El fútbol brilló por su ausencia en el tramo inicial del partido, con dos equipos indecisos e imprecisos, que no sólo no coordinaban acciones de peligro ante la meta rival, sino que eran incapaces de dar dos pases seguidos.

Uruguay se aferró a esta premisa. En el último minuto del segundo período, llegó el momento que marcó el comienzo de todo para los sudamericanos y el principio del fin para Ghana. Luego de varios rebotes y una tapada de Muslera, un cabezazo ghanés mandaba la Jabulani derecho a la red. Pero en el camino estaba Luis Suárez. El delantero del Ajax no lo dudó: puso la mano y la sacó. Penal y expulsión con el reloj pasando los 120'. Noche cerrada, oscura, para Uruguay.

Asamoah Gyan fue el encargado de devolverle el corazón a todo Montevideo. El delantero remató fuerte arriba, al medio, la pelota dio en el travesaño y salió disparada a la tribuna. Pitazo final y penales. Tabarez y su comando técnico respiraban y establecía su chance final, a todo o nada.
La serie de penales la arrancó, quién si no, Forlán. Sereno, marcó y dio confianza. Luego fue el turno de un corajudo Gyan, que volvió a elegir pegarle alto. Esta vez sí entró. Siguió Victorino y la cruzó. Appiah no falló. Empate. Turno de Scotti y adentro. Llegó Mensah, tomó poquísima carrera y Muslera le adivinó el palo. Pero la ventaja le duró poco a Uruguay: Pereira la mandó a la tribuna. Sin embargo, Muslera volvió a contener el siguiente, esta vez a Adiyiah.

El último penal merece un párrafo aparte. Tranquilo, el Loco Sebastián Abreu fue el que se llevó todos los flashes: definió picando la pelota, como supo hacer tantas veces en el campeonato charrúa y en su paso por el fútbol argentino. Fiesta total en el Soccer City. Dicen que para ganar un partido en un mundial, se debe contar con un buen grupo de jugadores, estar 10 puntos físicamente, tener un cachito de suerte, pero también se necesita un verdadero toque de locura.

Ahora, Uruguay se enfrentará en la semifinal ante Holanda. Será el próximo martes, a las 15.30 hora de la Argentina. El Maestro Tabárez tendrá mucho trabajo para intentar frenar a una Naranja que llega con todo tras vencer en los noventa a Brasil. No podrá contar con el expulsado Suárez y con Fucile por acumulación de amarillas. Deberá rezar por la recuperación de su capitán Diego Lugano, que hoy salió lesionado. Pero queda algo de tiempo: es hora de celebrar.

Brasil, el gigante derrotado

Las cosas que tiene el fútbol. Brasil nuestra mejor carta sudamericana, que dejó en la previa de octavos, una esperanza que no había mostrado todo, que se guardaba, lo mejor para estas instancias, ha tenido que morder su orgullo y agachar la cabeza. Ha hecho su equipaje de dolor y sufrimiento, para regresar a casa, donde le espera una muchedumbre de rostros desencajados y despechados. Por un lado, los hinchas, los de la torcida fiel y por el otro, los enemigos que hizo Dunga, cuando les enrostró sus pergaminos, pregonando su cuestionable argumento resultadista. Este Brasil, que había dejado la impresión que si no reverdecía el “jogo bonito” de antaño, por lo menos mostraba una solidez defensiva, que asolapaba los errores. Este Brasil, del que todos se aferran con sentimiento ajeno, para obligarlo a ser el candidato de siempre, se ha ido del mundial y a partir de este momento, ya lo hemos comenzado a extrañar.

El fútbol es una cuestión de momentos, de oportunidades y circunstancias. Duele esta debacle de la “canarinha”, porque ha sido de una manera indigna. Después de un comienzo vertiginoso, encontró muy rápido la red, pero también al conformismo. Se dejó estar, se cautivó de superioridad y aquella fortaleza defensiva que demostró en sus anteriores encuentros, está vez fue su mayor debilidad. Fue preso de sus errores involuntarios, pero errores al fin, que hicieron que un resultado que en el comienzo, tenía un tinte triunfalista, se fuera diluyendo en una inseguridad, que lo hizo ver como un equipo desconcertado y desequilibrado, herido en su esencia hasta perder el sentido y morir, sin atenuantes, abandonado a su propia suerte.

El partido con Holanda tuvo un comienzo a mucho vértigo. No habían pasado ni 10 minutos y Brasil ya había marcado dos veces en puerta naranja. Uno fue anulado (tranquilamente lo hubiera cobrado) y el otro, fue un pase magistral de Felipe Melo, para que Robinho defina espectacular. Brasil estaba muy concentrado y jugando al compás del reloj. Pero el fútbol, tiene esas cosas impredecibles. Tiene el poder de crear un astro y generar un Rey, pero también de poder destruirlo en un solo segundo. Puede hacer que una jugada o un gol, marque la pauta para definir un resultado y también, hacer que tu mejor defensa, se convierta en tu mayor debilidad y convertirse en esa daga asesina que pulveriza los sueños de mucha gente y los corazones del mundo entero.

Felipe Melo, va a recordar este mundial para toda su vida. Es de los volantes que le gustan a Dunga, mixtos, con mucha marca y recuperación, sobre todo de buen pié. Esta vez el destino le jugaría una mala pasada. El pase a Robinho, en la apertura del marcador, fue notable. Después, en complicidad con Julio César, fue su cabeza la que se hizo enemiga e introdujo el balón en propia valla, en el empate. Después permitió que Wesley Sneijder conecte el frentazo que dejaba fuera a los brasileños. Más tarde se llevó de encuentro a Robben, y no contento con eso, lo pisó y el árbitro japonés Yuichi Nishimura, lo mandó a las duchas, dejando que la carga se haga más pesada. Lo que hizo con la mano derecha, lo borró con la izquierda.

El punto de quiebre le correspondió vivirlo a Kaká. El del Real Madrid encontró un rebote, midió la parábola y la puso al ángulo, Stekelenburg a mano cambiada, ahogó el grito de gol. Si entraba se aseguraba el partido, Brasil lo sabe jugar en ese escenario. A partir de allí, Holanda fue otro, con cambios de ritmo y marca cerrada. Apelando a la presión y bombardear el área forzando el error, recostando el accionar de Robben para hacer diagonales y sociedad con Sneijder y Van der Wiel. Kaká tuvo el empate en sus botines. Le puso el pie como manda el código, pero la Jabulanni, caprichosamente solo besó el parante. Lo demás no alcanzó.

Brasil se ido del mundial. Duele porque tenemos la sangre sudamericana, pero también porque hoy Holanda desnudó la retaguardia verde amarella, lo atacó como nadie y expuso lo que nadie había visto hasta hoy, Que hasta el mejor arquero del mundo no es invencible y que el fútbol mezquino de Dunga, le dio resultados en otro entorno, pero en Sudáfrica, solo ha sido un espejismo, de la verdadera esencia del fútbol brasileño.


La Copa America del mundial

El mundial Sudáfrica 2010 está en el pico de efervescencia. La fiesta en las tribunas va dejando su huella de vistosidad, belleza y colorido. En el verde algunos participantes han tenido que abandonar la fiesta, porque no fueron invitados a los cuartos de final. Se quedaron con el traje de gala sin usar, con muchas desilusiones rotas, un boleto de regreso a casa y una valija con algunas decepciones individuales que golpean la confianza y esa expectativa que generaron, cuando llegaron a esta cita mundial del balompié.

Si algo ha tenido este mundial, es una clara muestra que las distancias en el fútbol ya no existen y la lógica, es solo una quimera circunstancial y endeble que tiene una credibilidad cada vez menos aceptable. Uruguay, Paraguay y Chile, eran las selecciones que acudían al mundial, con las mismas esperanzas de antaño, buscando cambiar la historia o morir en el intento. No pasar los octavos era predecible, regresar temprano no era sinónimo de fracaso, por la simple razón de no tener la bandera brasileña o argentina, que siempre son los llamados a ser los representantes y candidatos a pelear lugares de privilegio, pues un regreso prematuro tiene repercusiones tormentosas. Pero en ninguno de los pronósticos más creíbles estaba previsto que los representantes de Sudamérica, se pusieran de acuerdo, para colarse a la fiesta y vestidos de etiqueta, primero pasando los octavos y luego cuatro selecciones a esta instancia de cuartos de final, con la cada vez más creíble posibilidad, que hasta se pueda dar una final sudamericana.

Ya se han definido las llaves y los que han llegado a esta instancia lo han logrado de manera diferente y algunos de forma notable, meritoria y hasta histórica. Uruguay ha pasado la barrera generacional que dejó Enzo Francéscoli quien dejó sentado un liderazgo futbolístico, mas nunca pudo colocar su nombre en la siguiente ronda. Hoy en la era de Forlan y Suarez, está escribiendo una página gloriosa, como inolvidable, acaso y después de casi 40 años, se ponga tiro para definir un momento trascendental.

Paraguay, con gente corajuda y envalentonada por su raza, también está tejiendo su propio camino memorable. Ha conseguido ser un equipo sólido en defensa y con lo justo ha privilegiado su característica aguerrida y esta vez con una delantera que mete miedo. Puede pasar de ser una agradable sorpresa a una embriagante realidad, porque tiene con qué hacerlo posible.

Chile se ha ido dejando la sensación que su atrevimiento de jovenzuelo avezado, le costó caro y sangró demasiado temprano. Pero ha quedado sentado que hay aires de cambio generacional y actitud en su fútbol. El equipo de Bielsa se fue raspando la posibilidad de querer y no poder, pero dejando latente, que hay madera para seguir la senda. Por lo pronto ya tiene el respaldo de su gente, algo que algunos vecinos les ha quedado como materia pendiente.

Argentina, ha plasmado en la red la calidad individual de sus hombres y con eso le alcanzó mas no le sobró nada. Su ícono Lionel Messi, solo ha jugado para 7 puntos, y solo le falta el gol para convertirse en lo mejor de este mundial. Por encima de los sentimientos encontrados que Maradona tiene para con su engreído, el Lio marca la diferencia con el resto, mucho del éxito de Argentina, dependerá en demasía de los botines del Messi..as, es el único superhéroe que rompe los esquemas y los rivales, apuntan a encontrar la kriptonita. El D10s espera impaciente, que su estrella fugaz, lo siga iluminando, como en el 86, cuando tocó el cielo con las manos.

Brasil, tiene demasiada experiencia y mucha riqueza técnica que ha sabido sacar de pocos y según su necesidad. Es candidato firme para llegar a la final, porque su colectivo lo hace fuerte atrás y fulminante en ofensiva. Dunga puede que haya roto el molde tradicional, pero en esta era resultadista, hasta el mismo Brasil, se somete a los rigores de guardar el frac y ponerse el overol. Su calidad individual prevalece, pero su sistema rígido lo hace impenetrable. Solo le basta meter el cambio de ritmo, para avasallar al contrario, siempre que no haya algún iluminado que les estropee la fiesta.

Los partidos no se pronostican, se tienen que jugar. Cuando culminaban las eliminatorias sudamericanas, nadie en su sano juicio, pudo pensar siquiera, que cuatro representantes sudamericanos se estén jugando la posibilidad de entrar a cuartos de final y hacer que sea posible soñar despiertos. Los sudamericanos, estamos acostumbrados a soñar, es que además de ser gratis, se siente bonito y le hace bien al corazón. Solo queda, cerrar los ojos y esperar que la Copa América, se termine jugando en pleno mundial de Sudáfrica 2006.

Arrivederci Italia, è morto il campione

Adiós Italia, ha muerto el campeón. Lo deben llevar a casa de vuelta, los mismos que enaltecían su grandeza y le rendían culto al resultado y no les importaba como lo conseguían. El tiempo, las circunstancias y el mismo destino, le han dado muerte a ese fútbol mezquino, que alegraba corazones, porque llevaba coronas y trofeos de guerra, de manera generacional. Esos mismos que no les importaban dos centavos, si el equipo jugaba bien o mal, que solo era conjugable el verbo ganar, sin importar a qué precio, ni en qué tiempo ni lugar. En este mundial, donde los técnicos tienen un marcado protagonismo, Marcello Lippi asume su responsabilidad para su campaña, porque para los italianos, que solo les importa ganar, quedar fuera en primera fase, es un desastre total, un fracaso descomunal y una forma de morir demasiado joven.


Su funeral se ha escrito ante Eslovaquia, un equipo que hizo su negocio, que se paró al frente para mirarlo a los ojos y enrostrarle, que ya no existen los mitos, ni las devociones a la historia o los pergaminos. Se paró sin complejos y aprovechó las deficiencias que la escuadra azurra, ya mostraba desde los inicios de este mundial. Italia entró a jugar con su faja de campeón reinante y Eslovaquia fue tan irreverente, para con su estandarte que le bajó el pantalón y le dio las nalgadas de insolencia, para doblegarlo primero en el juego y después en el marcador.


Lo que marca este mundial es que ningún equipo, puede salir a jugar con el peso de su historia o el color de su camiseta. Italia, se aferró a los nombres que hace cuatro años le dieron la copa del mundo. Pero no pasó por la idea de Lippi, que los años pasan y pesan y ello es regla de oro incluso para los que tengan un nombre ganado o se crean dioses del Olimpo del fútbol. Gatusso y Cannavaro fueron en el 2006 los íconos de esa pared infranqueable que hacía de su defensa, una base sólida para ser ordenados y arriesgados en ataque. Pero hoy ya no son los mismos y no se encontraron sus reemplazos.

La razón de esa falta de renovación pueda que tenga que ver el propio calcio, donde prevalecen los nombres de otra nacionalidad. El último campeón de Europa, el Inter, su mayor referencia mediática, no tuvo a ningún titular en la lista, porque son extranjeros. Su base de jugadores, está en la Juventus que tuvo una campaña regular. Para este mundial, Italia apostaba al peso de su camiseta y tratar de ser el equipo de siempre, con defensa ordenada, mediocampo generoso y equilibrado en ofensiva. Por historia, se le daba el crédito de ser el candidato de siempre. Esta vez, se obvió el talentoso y el goleador, cada uno buscando su propio nombre y el resultado fue un equipo partido, sin orden y que solo apelaba a su orgullo marchito. No le alcanzó y aunque le anularon un gol legítimo, la historia ya está escrita.

Para Italia, esta eliminación es una catástrofe, por lo que significa hoy y lo que traerá a partir de mañana. El campeón reinante ha muerto pero el fútbol no descansa, el balón seguirá rodando, hasta encontrar su sucesor. A cada italiano que en el 2006 hincharon el pecho de orgullo cuando alzaron la copa, así como no les importó, que ante Francia fue un partido horrible, que Zidanne siendo Dios, se hizo hombre, para irse sin gloria. Que ganaron el mundial sin fútbol, solo con resultados, ahora no apelan a sus recuerdos, solo piensan en este fracaso de consecuencias funestas. A los jugadores que en el 2006, se convirtieron en héroes, nadie les quitará el mundial ganado, como tampoco le podrán quitar este bochornoso final. Una muerte súbita, una afrenta para su historia, un adiós repentino, un fracaso doloroso, pero tan real, como el mismo fútbol.

Arrivederci Italia, è morto il campione... Viva il nuovo campione


Sangre sudamericana en el mundial

El mundial sigue presentando sorpresas. Las apuestas imaginarias para elegir candidatos siempre pasan por una percepción que se nos queda en la retina, cuando culmina una eliminatoria o se vislumbran equipos que tienen un pasado reciente. Entonces, hay un antecedente para tomar en cuenta. Pero los partidos se deben jugar y en un mundial normalmente, no se reflejan en los resultados, lo que nos dice alguna corazonada o lo que mandan la lógica y teoría de la especulación, porque todo se rompe, cuando la ilusión decide no obedecer órdenes y se acuesta con el raciocinio.


Nadie pensaba que por ejemplo, que los equipos sudamericanos, llámese Paraguay, Chile, Uruguay y hasta la misma Argentina, que incluso llegó a clasificar de milagro y apretando los dientes, tuviera un inicio particularmente exitoso. Todos daban por descontado que Brasil, por historia y calidad de sus jugadores, no sorprenda con su pase a octavos. Que Paraguay y Uruguay lucharían un segundo cupo y que Chile sería un animador interesante. Argentina era la incógnita, porque dependía de cómo afrontaban sus hombres y sobre todo de cuanto explotaría su estrella donde reposa su éxito, Lionel Messi.

Casi finalizada la participación de los equipos, tenemos a una Argentina de los números redondos y un Messi que si sigue el mismo camino, puede ser la figura de este mundial, aún escaso de individualidades. Uruguay y Paraguay, han terminado de la mano en primer lugar y afrontan con optimismo su ascendente carrera para llegar a cuartos. Si todo sigue su curso como se ha venido dando, nada sería tan extraño como fastuoso, que en cuartos de final, se puedan encontrar equipos de sangre latina. Esto es fútbol y todo es posible, más aún después de ver partidos de equipos sorprendentes y otros decepcionantes.

Quizás la razón por la cual equipos como Inglaterra o la misma Alemania, al inicio no encontraron ese funcionamiento dúctil y armonioso del mundial pasado, tenga que ver que los teutones afrontan una renovación de sus jugadores, extrañen a Ballack o les falta un tiempo prudencial para afiatar sus líneas en esta nueva era. Inglaterra es el espejo de su realidad, problemas internos de alcoba, un grupo que no se ha soltado del todo y aunque tengan más tiempo juntos, ello mas puede significar una saturada forma de integración, que una seguridad de conseguir resultados. Ambos se enfrentan en la siguiente ronda y uno de los dos se debe ir a casa. Uno juega con la mixtura de juventud y sangre nueva, el otro con la experiencia de lo que queda de su historia.

Si hubo un equipo que hasta ahora ha significado la pasión, la incertidumbre y la alegría consumada ha sido EEUU. Ha sido eficiente para jugar pero no eficaz para ganar sus partidos, aparte que ha tenido una suerte negra con el arbitraje. Logró una clasificación de infarto pero merecida y se encontrará con una difícil Ghana. El equipo americano, de pasar a cuartos será un rival de cuidado y no extrañaría para nada que se pueda colar entre los elegidos. Todo va a depender del arresto físico que le sobre, porque en todos sus partidos ha jugado sin pausa y a 100 por hora. Ese desgaste puede ser su talón de Aquiles, porque lo que más le sobra es voluntad y el arrebato para ir al frente.

Uruguay en el papel le viene bien jugar ante un equipo coreano. Su solidez defensiva puede quebrar los arrestos asiáticos, que se basan en potencia física, pero tiene más oficio para definir arriba. Hay un buen indicador para buscar meterse a cuartos, su clasificación le brinda ese valor agregado, falta que lo demuestre en el campo. Argentina, repite contra México una definición del 2006, fuerzas distintas, realidades opuestas, pero un partido que en mucho va a depender de cuanto signifiquen las individualidades. Cuanto personifique Messi y cuanto lo puedan controlar, en un partido que es de pronóstico reservado, pero que lo puede terminar el que haga las cosas oportunas en el momento oportuno.

Portugal y la teoria del ketchup

Antes de llegar al mundial, uno de los grupos más difíciles de pronosticar, era sin duda el G, que tiene a Brasil, Portugal y Costa de Marfil como los candidatos y a Corea de Norte como el equipo a vencer y hacer puntos. Brasil ha empezado como empieza los mundiales, jugando con el motor encendido, pero sin el pie en el acelerador. Ya hizo sus 6 puntos que lo ponen a punto de pasar el umbral de octavos, no ha hecho partidos redondos, pero ha dejado la impresión que sus jugadores se guardan en los bolsillos, mucho por mostrar, porque la experiencia les dice que no vale la pena desgastarse en esta fase y es mas valioso el resultado, con lo justo y necesario

Portugal, vino precedido a luchar el cupo con Brasil. Su equipo no brindaba esperanzas, pero llegaba más envalentonado por tener en sus filas a Cristiano Ronaldo, como un emblema, una marca registrada que le daba un valor agregado a su nivel competitivo. Su primer partido ante Costa de Marfil dejó muchas dudas, Ronaldo más preocupado en las cámaras de TV y su look mundialista. Un empate a cuestas, un punto con olor a dudas y una paridad con más preocupación que alguna ilusión de triunfo inmediato.

Pero Cristiano Ronaldo y todo Portugal no se imaginaron que ante Corea del Norte, esa vieja teoría del kétchup, se haría realidad. La botella con la salsa de tomate, no sale al querer utilizarlo, pero de tanto agitarse, a la hora que afloja la masa sale un chorro, que puede manchar la camisa y hacer pasar un rato desagradable a la hora de comer. Un primer tiempo dificultoso donde Ronaldo solo hacía los gestos para la publicidad. Un gol y al descanso. Entonces un hombre que no tiene de Ronaldo, pero sí de cristiano, y se llama Tiago, se puso el equipo al hombro, generó juego, puso el toque distinto y se vino la avalancha. No fueron uno, ni dos ni tres, fueron 7, como el número de camiseta de Ronaldo, que también jugó fantásticos 25 minutos, marcó un gol pintoresco y Portugal puso una diferencia a favor muy difícil de igualar.

Costa de Marfil, sufrió un golpe anímico cuando Drogba sufrió la lesión del brazo. No se acomodó a jugar sin su referente mayor al 100%. No se reinventó para ser un rival de fuste y Brasil lo superó y lo ha dejado postergado, no está eliminado aún, pero deberá hacer todos los goles que soñó antes de subir al avión y esperar que el mismo Brasil que lo dejó sin ánimos, le haga los mismos goles a Portugal. Algo muy improbable que suceda, ni con la teoría del kétchup.